domingo, 1 de enero de 2023

LXXX Aniversario de Sor María Teresa Desandais

  

              “Quisiera hacer comprender a las almas que Mi Amor Misericordioso no es una cosa nueva, es lo que Mi Iglesia enseñó desde el principio... es el Amor del Salvador, su manifestación en la Ley Nueva... No quiero Yo que los que en él crean y abracen esta devoción esperen encontrar en ella alguna nueva forma de espiritualidad” 


Nuestro Señor a Sor María Teresa Desandais



               En el siglo se llamó Adriana y nació en Dreux (Eure-et-Loir), en 1876. Educada en la Fe Católica desde niña, quedó huérfana a los seis años y a los nueve ya estaba determinada a ser esposa virginal de Cristo. Su piedad y confianza en Dios la llevó con 20 años de edad a ingresar en el Monasterio de la Visitación de Dreux (Francia). Tomó el Santo Hábito el 4 de Mayo de 1897, cambiando su nombre civil por el religioso de María Teresa.

               A partir de 1900 fue bendecida con una serie de revelaciones místicas sobre el Amor Misericordioso de Jesús. Comenzó a escribir dichas experiencias sobrenaturales bajo el pseudónimo de "Sulamitis" (en referencia a la doncella del Cantar de los Cantares).

                En 1902 escribirá “El tesoro escondido” un opúsculo que habla de los méritos ganados por Jesús para nosotros, la Cruz es su camino. Ese mismo año escribe la oración Ofrenda al Amor Misericordioso, pero no será sólo la escritura donde proyecte su revelaciones místicas, será la pintura uno de sus canales privilegiados, escribiendo y pintando al dictado.

               En 1904, sin tener conocimiento particular de pintura, pintó el cuadro del “Amor Misericordioso”: Cristo crucificado, con los ojos en el Cielo y en el fondo una gran Hostia con las siglas JHS; del Corazón de Jesús irradian unos rayos de luz que iluminan la Biblia que se encuentra al pie del Crucifijo con el versículo: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado"; también al pie de la Cruz se encuentra una corona real que indica el despojo de Nuestro Señor de Su Gloria Divina para asumir nuestra naturaleza mortal convirtiéndose en Siervo.

               Desde 1915 la actividad literaria de Sor María Teresa fue aumentando considerablemente, y hacia el final de la Primera Guerra Mundial la doctrina del Amor Misericordioso, así como la imagen, ya se encontraba difundida por Francia y parte de Europa. En España, para poder difundir el mensaje del Amor Misericordioso, Sor María Teresa contó con la ayuda del Padre Juan Arintero González OP, Dominico español, publicando los mensajes en su revista  “Vida Sobrenatural” a partir de 1922.

               En 1918 Sor María Teresa leyó la vida de Sor Benigna Consolata, que había fallecido dos años antes. Fue para ella un momento importante que recogió en su Autobiografía: “Cuando apareció la vida de Sor Benigna sentí una gran alegría ya que en ella vi la respuesta del Amado: ahí me hizo comprender que Él la había escogido para abrir después el camino a Teresa del Niño Jesús”.

              Sor María Teresa vivió en el Monasterio de la Visitación de Dreux hasta 1940. Más tarde, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la Comunidad se trasladó a Vouvant, provincia de la Vendée, donde ejercería el cargo de Superiora; después de una vida de dedicación y ocultación, murió en olor de Santidad el 1 de Enero de 1943, Primer Viernes de Mes; tenía 66 años de edad y 44 como esposa de Cristo.

               En estos años la obra del Amor Misericordioso se difundió por toda España y contó con la aprobación de muchos Obispos y en particular con la bendición del Papa Pío XI, que indulgenció la fórmula de la Ofrenda al Amor Misericordioso. El culto se celebraba principalmente en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, Madrid, donde, por encargo del Padre Arintero se instaló un gran cuadro pintado por "Sulamitis". El 20 de Julio de 1936, a los dos días de comenzar la Guerra Civil Española, la Basílica fue incendiada y el cuadro ardió; los Frailes Dominicos que custodiaban el templo fueron martirizados por odio a la Fe Católica.

               La misión de María Teresa Desandais fue enseñar a los hombres a conocer a Jesucristo, Amor Misericordioso. Para ello debía suscitar en el mundo una legión de almas pequeñas que siguieran la estela de Santa Margarita María, Santa Teresita de Lisieux y Sor Benigna Consolata, para ofrecerse como Víctimas al Amor Misericordioso de Dios y conseguir de este modo el Reinado de la Caridad de Cristo en el mundo y el triunfo de Su Santa Iglesia.


"Quiero una Asociación del Amor Misericordioso 
para corresponder a Mi Plan Divino 
y satisfacer los deseos de Mi Corazón"


Nuestro Señor a Sor María Teresa Desandais
29 de Enero de 1919




¿Qué es la Obra del Amor Misericordioso?

               Esta Asociación no tiene más Centro que el Corazón de Jesús. El Registro donde están inscritos los nombres, es el mismo Sagrado Corazón.

               El Director, es el Espíritu Santo, que con la cooperación de la Santísima Virgen, transformará las almas poco a poco para hacerlas vivir de la Caridad Evangélica (Amor y Misericordia) que es la vida misma del Corazón de Jesús.

               Bien se la podría llamar la precursora de esta obra, como lo es también en pos de ella Sor Benigna Consolata, Religiosa Salesa, de la que el mismo Jesús ha manifestado que la había escogido para abrir el camino de su Amor Misericordioso después de Santa Teresita, y la llamó su secretaria.

               Pero ni Santa Teresita ni Sor Benigna Consolata habían recibido la misión de extender esta devoción, como la recibió P. M. Sulamitis, alma privilegiada, escogida por el mismo Jesús. Esta hermosa obra empezó a propagarse en Francia, lugar donde reside esta bendita alma, bajo la dirección del Padre Juan Arintero OP.

               P. M. Sulamitis es un seudónimo que encubre el verdadero nombre de esta devota alma, escogida de Dios. Ella es la voz del que clama en el desierto, como la de un nuevo precursor, por la cual Dios nos llama, nos invita, nos amonesta; es la voz de un alma enamorada y pequeñita mano de la que Dios quiere servirse para recordarnos sus preceptos y su Amor; la eterna historia y el perenne esfuerzo de Jesús que los hombres conozcan su amor. Para informar nuestras almas en este espíritu e inflamarlas en el celo de esta cruzada evangélica, nada tan a propósito como las obritas y folletos, ya numerosos de esta alma piadosa que escribe a religiosos, sacerdotes, padres de familia, jóvenes y toda suerte de personas de todos los estados y condiciones.


(De la revista “Acción Antoniana” de los Franciscanos de Valencia, 
Septiembre de 1932, número 140, con licencia eclesiástica)


EL REMEDIO SUPREMO ES JESÚS...

(de las Revelaciones a la Madre Desandais)

               La Obra del Amor Misericordioso, es un gran regalo de la diestra del Excelso, que no ha sido abreviada a pesar de nuestras ingratitudes, es la que salvará a España, salvará al mundo entero. Él nos dice:

               Confiad en Mí; no os abandonaré; tened confianza, os lo repito, a pesar de todo; aunque el universo entero pareciese bambolearse, ahí estoy Yo, que Soy el Salvador, no perdáis la paz de vuestras almas; venid a Mí todos, Yo os aliviaré, con vosotros estoy hasta la consumación de los siglos con tal de que permanezcáis Conmigo en Caridad. La Caridad, he ahí el Mandamiento supremo de Mi Santa Ley.

              El remedio supremo, eficaz, inmejorable, insustituible, es Jesús, Jesús más conocido, amado, mejor imitado, intensamente vivido, esta es la devoción y la Obra del Amor Misericordioso, es el mismo Corazón de Jesús bien comprendido, su devoción mejor interpretada y aun completada y perfeccionada.




               Santa Teresita del Niño Jesús se ofreció como víctima bajo este dulce Nombre de Amor Misericordioso; y que esto sea muy del agrado divino lo muestra el hecho sorprendente de la gloriosa glorificación que Dios otorgó a la Santa. Ella, formada delicadamente por el Espíritu Santo en la Escuela del Amor y de la Confianza, es la que recibió el encargo de mostrar a las almas el camino de la sencillez evangélica y la Infancia Espiritual, que nos llevase a creer y a corresponder a las tiernas efusiones del Amor Misericordioso del Corazón de Jesús; ¿no es ella acaso la primera víctima del holocausto al Amor Misericordioso?




sábado, 31 de diciembre de 2022

LA INTENCIÓN DE SOMETERME A VUESTRA SANTÍSIMA VOLUNTAD

  


               Oh Señor, cuya Misericordia no tiene límites, cuya Bondad es un tesoro inagotable, doy gracias a vuestra Majestad piadosísima por todos los beneficios que me habéis hecho, y en particular, por el tiempo que me concedéis para llorar mis culpas, y reparar mis desórdenes. ¿Quién sabe si el año que hoy acaba, no será tal vez el último entero de mi vida?.

               No, no quiero más resistir a vuestras invitaciones tan amorosas. Pésame, oh mi Bien supremo, de haberos ofendido y propongo hacer de hoy en adelante continuos Actos de Amor, a fin de compensar el tiempo perdido.

              Sin embargo, como las ocupaciones de la vida no me permiten dirigir mis pensamientos sin interrupción para Vos, hago hoy el siguiente propósito, que será válido durante todo el año que viene y todo el tiempo de mi vida: 

          - Cada vez que levante los ojos para contemplar el Cielo, tengo intención de glorificar vuestras perfecciones infinitas. 

          - Cuantas veces respire, quiero ofreceros la Pasión y la Sangre de mi Divino Redentor, así como los merecimientos de todos los Santos, para la Salvación del mundo entero y en satisfacción de los pecados que se cometieron. 

          - Toda vez que me golpee en el pecho, quiero maldecir y detestar cada uno de los pecados cometidos desde el principio del mundo, y quisiera poder repararlos con mi sangre. 

          - Finalmente, a cada movimiento de las manos, o de los pies, o de cualquier otra parte del cuerpo, tengo la intención de someterme a vuestra Santísima Voluntad, deseando que de conformidad con ésta, se hagan todas las cosas. 

               Para que este propósito mío nunca más sea violado, lo confirmo y lo sello con las Santas Llagas de Jesucristo y lo deposito en Vuestras manos, Santa María Madre de la perseverancia.


Fórmula compuesta por San Clemente María Hofbauer, Redentorista



jueves, 29 de diciembre de 2022

AMA Y NADA TEMAS... Sor Josefa Menéndez, Víctima escogida del Sagrado Corazón de Jesús

  


               Jesús mío, una sola cosa deseo: que el mundo entero os conozca, y sobre todo, las almas que escogisteis por Esposas de vuestro Corazón adorable. Si os conocen os amarán, porque sois el Único Bien. Abrasadme en vuestro Amor y esto me basta. Abrasad a las almas todas, y correremos hacia Vos por el camino más recto, que es el camino del Amor. 

               No quiero más que amar y amar a Vos sólo. Todo lo demás será para mí como sendas para ir a Vos. Si yo pudiera, aún a costa de mi vida, todas las almas traería a vuestro Divino Corazón... Jesús, me has dado hambre y sed de que Te amen todas las almas; y con esta intención, Te lo ofreceré todo, saldré al encuentro de lo que más me cueste. Te prometo que en todo me sujetaré a Tu obediencia, siendo sencillo y pequeño, como un niño, y así dejarme guiar de Ti.


Sor Josefa Menéndez en "Un Llamamiento al Amor", 
el Martes 29 de Junio de 1920



               María Josefa Menéndez y del Moral nació en la ciudad de Madrid, el 4 de Febrero de 1890 y fue bautizada a los cinco días, en la Parroquia de San Lorenzo. Su padre, Leonardo, era un reconocido militar de artillería y su madre, Lucía, una mujer fuerte y piadosa. 

               Josefa tuvo una infancia feliz rodeada por tres hermanas menores y un hermano menor que murió pronto. Pertenecía a una familia modesta pero muy cristiana, por eso, desde su tierna infancia confesó y se dirigió espiritualmente con el Padre José María Rubio, jesuita, conocido como "el Apóstol de Madrid". 

                Como costurera, e hija mayor, desde 1907, tuvo que intensificar el trabajo para contribuir a la maltrecha economía familiar; por eso abre con su hermana Mercedes un taller de costura.

               Para responder al Divino Llamamiento no vaciló en dejar su Patria; así, el 4 de Febrero de 1920, justo cuando cumplía 30 años, ingresó en la Sociedad del Sagrado Corazón de Poitiers (Francia), donde tomó el santo hábito el 16 de Julio del mismo año. 

               Nuestro Señor había fijado en ella una mirada de predilección, y por eso, desde su entrada a la vida religiosa le manifiesta Su Corazón y Su sed de salvación de las almas, asociando íntimamente a Sor Josefa a los sufrimientos de Su Pasión.

               Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad.

               Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió Su Corazón. "Quiero – le dijo- que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios".

               Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el Mensaje que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad.

               Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser.

               


Tumba de Sor Josefa en el Cementerio de Poitiers


               
 
Apenas tres años bastaron al Divino Dueño para acabar y perfeccionar Su obra en Josefa, y confiarle sus deseos. Como Él había dicho, llegó la muerte en el momento señalado, dando realidad a sus palabras: "Como eres víctima por Mí escogida, sufrirás y abismada en el sufrimiento morirás". 

               Y así habían de realizarse, de manera imprevista los designios de amor que Nuestro Señor Jesucristo le había manifestado el 7 de Octubre de 1923: "Pronto te llevaré a la claridad sin fin. Entonces Mis palabras se leerán y se conocerá Mi Amor."

               Sor Josefa murió para este mundo el Sábado 29 de Diciembre de 1923, a los 33 años, consumida por la ardiente sed de las almas que le había comunicado el Corazón de Jesús.

               Pronto se dejó sentir la intercesión de Sor Josefa. El Corazón de Jesús cumplía Su promesa: "Este será nuestro trabajo en el Cielo: enseñar a las almas a vivir unidas a Mí". y otro día: "Mis palabras llegarán hasta los últimos confines de la tierra". 



martes, 27 de diciembre de 2022

ANIVERSARIO DE LA PRIMERA REVELACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS a Santa Margarita María de Alacoque

 

“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, 
y renueva en mí un espíritu firme” 

(Salmo 51)




               Santa Gertrudis de Helfta, religiosa cisterciense, tuvo una profunda experiencia mística en la que llegó a reclinar su cabeza en el Costado de Cristo y oír los latidos de Su Corazón.

               En esta visión le llegó a preguntar a San Juan Evangelista por qué no había hablado de lo que sintió y entendió cuando reclinó la cabeza en el Costado de Nuestro Señor y escuchó los latidos. Él le respondió que su misión en ese tiempo en el que la Iglesia se formaba era hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado, pero que en los últimos tiempos es cuando les estaba reservada la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y será inflamado en la Llama del Amor Divino.

               Tal día como hoy, el 27 de Diciembre de 1673, Festividad litúrgica de San Juan Evangelista, el Sagrado Corazón de Jesús manifestaba a Santa Margarita María de Alacoque la conocida como Primera Gran Revelación.

               Nuestro Señor le hace reposar en Su Divino Pecho, donde le descubre las maravillas de Su Amor y los Secretos de Su Corazón y así le confía...

               "Mi Divino Corazón está tan apasionado de amor a los hombres, que pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones"

               Jesús le pide enseguida su corazón, el cual ella le rogó que tomara. Y lo hizo poniéndolo en Su propio Corazón, (1) donde se lo enseñó como un pequeño átomo que se consumía en aquella ardiente hoguera. El corazón de Santa Margarita se convierte al contacto con el Corazón de Jesús, en llama encendida, llama que viene del Corazón de Jesús, que luego se lo deja de nuevo en el pecho de la Santa, como una llama ardiente en forma de corazón. Esta llama nunca se consumirá.


   NOTAS ACLARATORIAS

          1 El cambio o intercambio de corazones es una experiencia mística y a la vez corpórea, que consiste en intercambiar el corazón propio por el de Cristo Nuestro Señor; una profunda transformación sobrenatural de la voluntad y los afectos que el así favorecido no quiere o ama a otra cosa, sino lo que Dios quiere y ama. Fenómeno muy singular que se ha dado en pocos Santos, elevados místicos, almas muy piadosas, con un grado elevadísimo de unión con Dios Trino. A parte del caso de Santa Margarita también se produjo en algún momento de la vida de Santa Gertrudis, Santa Verónica Giuliani y Santa Rosa de Lima entre otras.




lunes, 26 de diciembre de 2022

LA CARIDAD CON NUESTROS DIFUNTOS

          

Una breve Meditación sobre la caridad de rezar
 por las Almas del Purgatorio 
en la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo


                En estos días cercanos a la Navidad muchos andan realmente ocupados: compran regalos, preparan banquetes, adornan la casa, viven como un frenesí de felicidad... falsa felicidad, porque olvidan el origen de esta Festividad: el Nacimiento de Cristo Nuestro Redentor.

               Tal vez encontremos católicos que sí se toman estos días como lo que son, de gozo espiritual, de alegría cristiana, de esperanza en que una vez más, vemos en pañales y en la pobreza a Aquél que un día volverá como Juez; por eso nos enternece que Dios se ha hecho hombre, de nuestra misma condición y Su Testimonio, como el de la Virgen y San José, es el mayor ejemplo de amor a la Pobreza, de ser humildes hasta el punto de guarecerse en una gruta destinada al ganado.

               Y si seguimos contemplando este Misterio del inicio de nuestra Redención, pronto nos vendrán a la mente aquellos que un día compartieron la Navidad con nosotros y hoy, ya no están en este mundo... nuestros padres, abuelos, hermanos, amigos... Que ese recuerdo por nuestros Difuntos no sea un mero sentimiento fugaz de pesar o angustia, sino un momento de oración sincera, de súplica que brote del corazón, para rogar a Dios y a la Virgen María que les ayuden a alcanzar el Cielo. Y es que pocas veces pensamos en las realidades eternas, aquellas mismas que nacen de la Misericordia de Dios, como lo es el Bendito Purgatorio, también llamado Cárcel de Amor.




                La Fe Católica nos enseña que así como los Ángeles fueron creados como espíritus puros, y por eso están en presencia de Dios, en un continuo acto de adoración, el hombre fue creado originalmente puro en cuerpo y alma, pero cayó por el pecado de nuestros padres Adán y Eva. Desde allí hasta ahora el hombre nace con el pecado original manchando su alma, y tiene su vida, gracia divina, para elegir el camino estrecho que conduce al Creador o la amplia calle para perderse eternamente. Sólo las almas puras pueden estar en Presencia de Dios, en el Cielo, como lo están los Ángeles ("Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" Evangelio de San Mateo, cap. 5)

               El Bendito Purgatorio es pues una ayuda que Dios nos regala para completar lo que no hicimos en nuestra vida en la tierra, purgando los pecados y falta de amor en que incurrimos, así como para purificar nuestro afecto al pecado.

                Las Almas retenidas en el Purgatorio nos tienen a nosotros, sus Hermanos en la Fe, a quienes acudir para ser socorridas en el trance de sus sufrimientos purificativos; buscan que tengamos presente su existencia, su dolor y también su alegría de ser almas que ya están salvadas. Cuando un familiar nuestro fallece, debe ser motivo de inmensa alegría pensar que el alma está en el Purgatorio, que se ha salvado. Pero también, y mucho más importante aún, es la necesidad urgente y apremiante de orar e implorar a Dios por esta alma, para que sea liberada del Purgatorio lo antes posible.

                 Toma unos minutos y plantéate: ¿Cuántos de nuestros familiares habrán ido al Purgatorio?, ¿hacemos algo para liberarlos?, ¿rezamos por sus almas?, ¿ofrecemos Misas por su salvación en el Paraíso?

               ¿Y cómo podemos ayudar a las Almas del Purgatorio?. La forma más efectiva es ofrecer y escuchar Misas por Ellas, el Cuerpo Santísimo de Cristo, Su Preciosísima Sangre, que se inmola y derrama cada día en nuestros Altares, es el modo más poderoso de liberarlas por anticipado.

               "...cuando queramos liberar a nuestros seres queridos que están en el Purgatorio... ofrezcamos al Padre, por medio del Santo Sacrificio de la Misa, a Su Hijo Dilecto, junto con todos los méritos de Su Pasión y Muerte, así no podrá rechazarnos nada." San Juan María Vianney

               También es muy efectiva la oración por ellas del Santo Rosario de la Virgen  o repetir la oración de Santa Gertrudis. Sea nuestra caridad acordarnos cada día de las Almas del Purgatorio, conversar interiormente con Ellas, pedir a Dios repetidas veces su liberación... Cuando se pasa cerca de un cementerio, hagamos sobre nosotros la señal de la Cruz y no dejemos de saludarlas y pedir a Dios por Ellas. Difundir la importancia de reconocer y ayudar a las Benditas Almas, reducir la enorme ignorancia que existe sobre tan fundamental tema, es también un modo poderoso de socorrerlas.





                Toda ocasión es buena, como lo son también los pequeños sacrificios corporales que suframos y que podemos ofrecer a Dios a cambio del alivio de las Almas del Purgatorio; también es más que recomendable soportar las contradicciones, humillaciones o cualquier agravio hacia nuestra persona: ofrécelo todo por la pronta liberación de aquellas Almas que sufren en el Purgatorio por la soberbia que derrocharon en este mundo. 

                San Alfonso María Ligorio decía que "aunque las Santas Almas del Purgatorio no pueden ya lograr méritos para sí mismas, pueden obtener para nosotros grandes gracias." No son, formalmente hablando, intercesores, como lo son los Santos, pero a través de la dulce Providencia de Dios, pueden obtener para nosotros asombrosos favores, espirituales y materiales así como defendernos de los peligros que nos puedan acechar. Santa Catalina de Bolonia, hablando sobre la intercesión del Purgatorio aseguraba: “He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas del Purgatorio”.

            No son pocos los Místicos que afirman que en días señalados por la Fe, como el día de Pascua de Resurrección o en la Fiesta de la Navidad, las puertas del Purgatorio se abren de manera especial para liberar a multitud de Almas, al igual que Nuestro Señor mandó abrir la puerta del sepulcro de su difunto amigo Lázaro; no desaprovechemos estos días para incrementar nuestras oraciones por nuestras Hermanas del Purgatorio y conseguir así, en la Patria Eterna, una legión de santos amigos a los que nos uniremos en alabanza a Dios.



             

domingo, 25 de diciembre de 2022

NAVIDAD, EL PRIMER DÍA DE LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA

  


               El día de Navidad fue el primer día de vida de la Civilización Cristiana. Vida aún germinativa e incipiente, como las primeras claridades del sol que nace, pero vida que ya contenía en sí todos los elementos incomparablemente ricos de la esplendida madurez a la que estaba destinada.

               En efecto, si es cierto que la civilización es un hecho social, que para existir como tal ni siquiera puede contentarse con influenciar un pequeño puñado de personas sino que debe irradiarse sobre una colectividad entera, no puede decirse que la atmósfera sobrenatural que emanaba del Pesebre de Belén sobre los circunstantes, ya estaba formando una Civilización.

               Pero si, por otro lado, consideramos que todas las riquezas de la Civilización Cristiana se contienen en Nuestro Señor Jesucristo como en su fuente única, infinitamente perfecta, ya que la luz que comenzó a brillar sobre los hombres en Belén habría de extender cada vez más sus claridades hasta difundirse por el mundo entero transformando las mentalidades, aboliendo e instituyendo costumbres, infundiendo un espíritu nuevo en todas las culturas, uniendo y elevando a un nivel superior todas las civilizaciones, se puede decir que el primer día de Cristo en la tierra fue desde luego el primer día de una era histórica.

               ¿Quién lo hubiese dicho? No hay ser humano más débil que un niño. No hay habitación más pobre que una gruta. No hay cuna más rudimentaria que un pesebre. Sin embargo, este Niño, en aquella gruta, en aquel pesebre, habría de transformar el curso de la Historia.

               ¡Y qué transformación!. La más difícil de todas, pues se trataba de orientar a los hombres en el camino más opuesto a sus inclinaciones: la vía de la austeridad, del sacrificio, de la Cruz. Se trataba de convidar para la Fe a un mundo descompuesto por las supersticiones, por el sincretismo religioso y por el escepticismo completo. Se trataba de convidar para la justicia a una humanidad inclinada a todas las iniquidades. Se trataba de convidar al desapego a un mundo que adoraba el placer bajo todas sus formas. Se trataba de atraer hacia la pureza a un mundo en que todas las depravaciones eran conocidas, practicadas, aprobadas. Tarea evidentemente inviable, pero que el Divino Niño comenzó a realizar desde el primer instante en esta tierra, y que ni la fuerza del odio, ni la fuerza del poder, ni la fuerza de las pasiones humanas podría contener.

               Dos mil años después del Nacimiento de Cristo, parecemos haber vuelto al punto inicial. La adoración del dinero, la divinización de las masas, la exasperación del gusto de los placeres más vanos, el dominio despótico de la fuerza bruta, las supersticiones, el sincretismo religioso, el escepticismo, en fin, el neo-paganismo en todos sus aspectos invadieron nuevamente la tierra. Y de la gran luz sobrenatural que comenzó a resplandecer en Belén muy pocos rayos brillan aún sobre las leyes, las costumbres, las instituciones y la cultura. Mientras tanto crece sorprendentemente el número de los que se rehúsan con obstinación a oír la Palabra de Dios, de los que por las ideas que profesan, por las costumbres que practican, están precisamente en el polo opuesto a la Iglesia.

               Asombra que muchos pregunten cuál es la causa de la crisis titánica en que el mundo se debate. Basta imaginar que la humanidad cumpliese la Ley de Dios, que ipso facto la crisis dejaría de existir. El problema, pues, está en nosotros. Está en nuestro libre arbitrio. Está en nuestra inteligencia que se cierra a la verdad, en nuestra voluntad que, solicitada por las pasiones, se rehúsa al bien. La reforma del hombre es la reforma esencial e indispensable. Con ella, todo estará hecho. Sin ella, todo cuanto se hiciere será nada.

               Y no terminemos sin descubrir una enseñanza más, suave como un panal de miel. Sí, hemos pecado. Sí, inmensas son las dificultades que nos deparan para volver atrás, para subir. Sí, nuestros crímenes y nuestras infidelidades atrajeron merecidamente sobre nosotros la Cólera de Dios. Pero, junto al pesebre, está la Medianera clementísima, que no es jueza sino Abogada, que tiene hacia nosotros toda la compasión, toda la ternura, toda la indulgencia de la más perfecta de las madres.

               Puestos los ojos en María, unidos a Ella, por medio de Ella, pidamos en esta Navidad la gracia única, que realmente importa: el Reino de Dios en nosotros y en torno de nosotros.

               Todo lo demás nos será dado por añadidura. 



sábado, 24 de diciembre de 2022

SENTÍ QUE ENTRABA EN MI CORAZÓN LA CARIDAD

  



Pintura de Celine Martin, hermana de Santa Teresita, que retrató
a la Santa como un Ángel junto a la Sagrada Familia

               En la Nochebuena de 1886, a pocos días de cumplir los catorce años, Santa Teresita recibió una gracia espiritual que le marcará el resto de su vida. Aspiraba desde esa edad a ser esposa de Cristo, como Carmelita Descalza pero fue en esa Navidad, cuando el Divino Niño Jesús, hecho hombre, inocente y débil, encantó el corazón de Teresita, que dejó por escrito este hecho en su biografía:

               «No sé cómo podía ilusionarme con la idea de entrar en el Carmelo estando todavía, como estaba, en los pañales de la infancia…

               Era necesario que Dios hiciera un pequeño milagro para hacerme crecer en un momento, y ese milagro lo hizo el día inolvidable de Navidad. En esa noche luminosa que esclarece las delicias de la Santísima Trinidad, Jesús, el dulce Niñito recién nacido, cambió la noche de mi alma en torrentes de luz… En esta noche, en la que Él se hizo débil y doliente por mi amor, me hizo a mí fuerte y valerosa; me revistió de Sus armas, y desde aquella noche bendita ya no conocí la derrota en ningún combate, sino que, al contrario, fui de victoria en victoria y comencé, por así decirlo, «una carrera de gigante».

               Se secó la fuente de mis lágrimas, y en adelante ya no volvió a abrirse sino muy raras veces y con gran dificultad, lo cual justificó estas palabras que un día me habían dicho: «Lloras tanto en la niñez, que más tarde no tendrás ya lágrimas que derramar…»

               Fue el 25 de Diciembre de 1886 cuando recibí la gracia de salir de la niñez; en una palabra, la gracia de mi total conversión. Volvíamos de la Misa de Gallo, en la que yo había tenido la dicha de recibir al Dios fuerte y poderoso.

               Cuando llegábamos a los Buissonnets, me encantaba ir a la chimenea a buscar mis zapatos. Esta antigua costumbre nos había proporcionado tantas alegrías durante la infancia, que Celina quería seguir tratándome como a una niña, por ser yo la pequeña de la familia… Papá gozaba al ver mi alborozo y al escuchar mis gritos de júbilo a medida que iba sacando las sorpresas de mis zapatos encantados, y la alegría de mi querido rey aumentaba mucho más mi propia felicidad.

                Pero Jesús, que quería hacerme ver que ya era hora de que me liberase de los defectos de la niñez, me quitó también sus inocentes alegrías: permitió que papá, que venía cansado de la Misa del Gallo, sintiese fastidio a la vista de mis zapatos en la chimenea y dijese estas palabras que me traspasaron el corazón: «¡Bueno, menos mal que éste es el último año…!»

                 Yo estaba subiendo las escaleras, para ir a quitarme el sombrero. Celina, que conocía mi sensibilidad y veía brillar las lágrimas en mis ojos, sintió también ganas de llorar, pues me quería mucho y se hacía cargo de mi pena. «¡No bajes, Teresa! -me dijo-, sufrirías demasiado al mirar así de golpe dentro de los zapatos».

                Pero Teresa ya no era la misma, ¡Jesús había cambiado su corazón! Reprimiendo las lágrimas, bajé rápidamente la escalera, y conteniendo los latidos del corazón, cogí los zapatos y, poniéndolos delante de papá, fui sacando alegremente todos los regalos, con el aire feliz de una reina. Papá reía, recobrado ya su buen humor, y Celina creía estar soñando … Felizmente, era un hermosa realidad: ¡Teresita había vuelto a encontrar la fortaleza de ánimo que había perdido a los cuatro años y medio, y la conservaría ya para siempre…!



                Aquella noche de luz comenzó el tercer período de mi vida, el más hermoso de todos, el más lleno de gracias del cielo… La obra que yo no había podido realizar en diez años Jesús la consumó en un instante, conformándose con mi buena voluntad, que nunca me había faltado.

                Yo podía decirle, igual que los apóstoles: «Señor, me he pasado la noche bregando, y no he cogido nada». Y más misericordioso todavía conmigo que con los apóstoles, Jesús mismo cogió la red, la echó y la sacó repleta de peces… Hizo de mí un pescador de almas, y sentí un gran deseo de trabajar por la conversión de los pecadores, deseo que no había sentido antes con tanta intensidad… Sentí, en una palabra, que entraba en mi corazón la Caridad, sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz…!»


Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz

Historia de un alma



jueves, 22 de diciembre de 2022

EL SACRIFICIO REPETIDO TODOS LOS DÍAS EN EL ALTAR

    


              La Santa Misa es la fuente primaria e indispensable del verdadero espíritu Cristiano. La Santa Misa es en sí misma una oración, incluso la más excelsa oración que existe. Es el Sacrificio, ofrecido por Nuestro Redentor en la Cruz, y repetido todos los días en el Altar. 

               Si deseas escuchar la Misa como debe ser escuchada, tienes que seguir con los ojos, con el corazón y con la boca todo lo que ocurre en el Altar. 

               Además, tienes que rezar con el Sacerdote las santas palabras pronunciadas por él en Nombre de Cristo y que Cristo pronuncia a través de él. 

              Tienes que asociar tu corazón con los santos sentimientos contenidos en estas palabras, y de ese modo debes de seguir todo lo que ocurre en el Altar. Cuando te portas así, haz rezado la Santa Misa.

               Las devociones de la Iglesia católica son todas bellas, todas santas, pero la devoción al Santísimo Sacramento es, entre todas ellas, la más sublime, la más tierna y la más eficaz.

              Jesucristo y su Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al Sagrado Convite, principalmente para que unidos con Dios por medio del sacramento en él tomen fuerzas para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas, e impedir los pecados graves a que está expuesta la debilidad humana.


Papa San Pío X



martes, 20 de diciembre de 2022

Promesas a los Devotos de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo. 2ª Gracia: Unión continua con Cristo

 


               Eran casi mediados del convulso siglo XIX, cuando Jesucristo Nuestro Señor se reveló a una sencilla carmelita descalza, Sor María de San Pedro y de la Sagrada Familia, en la ciudad francesa de Tours, para manifestarle Su deseo de ser reparado y consolado en Su Santa Faz. 

               A la vez que el Señor instruía a la carmelita en los Misterios de Su Pasión, le animaba para dar a conocer a las almas la necesaria Devoción por la Santa Faz, donde quedaron esculpidos los sufrimientos redentores de Cristo Nuestro Señor. 

               De los escritos de la mística francesa concluimos que quien venera la Santa Faz de Jesucristo, es devoto de Su Pasión y de Su Cruz Santísima, por tanto, amigo fiel e íntimo de Aquél que dio Su Vida por nosotros, por cada alma. Y porque Nuestro Señor sabe premiar a los que le aman y defienden Su Causa, reveló a la misma Sor María de San Pedro una serie de Promesas, gracias espirituales, a cuantos abrazasen con amor y fidelidad la reparación a Su Santa Faz. 


Únete a las oraciones de cuantas almas hoy Martes, 
elevan plegarias de reparación y súplica a la Santa Faz;
si tienes unos minutos, recógete en silencio y reza las






domingo, 18 de diciembre de 2022

LA FE PURA E INMACULADA: PARA QUE LA VERDAD SEA AMADA, por Monseñor Pío Espina

 

               Es preciso que Él crezca y nosotros disminuyamos... ¿en qué sentido? En que nosotros debemos ser la Luz de Cristo, la sal de la tierra, los faros puestos en medio de la oscuridad, pero no para que la gente nos siga a nosotros personalmente.




               La Iglesia es Una porque Dios es Uno, la Doctrina es una, la Verdad es una. Es preciso que Él crezca en los corazones de la gente y que si es a través nuestra ¡bendito sea Dios!, porque eso son méritos que Dios nos va a premiar en el Cielo y ésa es la función del Cristiano, que otros vean, como dice Nuestro Señor Jesucristo "que vean nuestras buenas obras para que glorifiquen al Padre que está en los Cielos", no para que nos glorifiquen a nosotros... que otros vean que detrás de cada uno de nosotros está Dios y que uno haga como San Juan Bautista, disminuya, para que el que verdaderamente brille refulgentemente siempre sea Nuestro Señor en el corazón de la gente. No somos seguidores de hombres, "yo soy de Cristo".

               Nosotros tenemos que ser instrumentos de Nuestro Señor Jesucristo para que la Verdad crezca en los corazones de los Fieles, para aumentar su número... ése es el verdadero sentido del Catolicismo, de la Iglesia, que es Católica, Universal, geográficamente y temporalmente. La verdad es la misma que Cristo Nuestro Señor enseñó en Su Evangelio, que venía preparando desde el Antiguo Testamento, desde la Creación del Mundo y del Hombre, que se cumplieron todas las Profecías del Antiguo Testamento en la Venida del Mesías y que comenzó en el Nuevo Testamento; todo gira alrededor de Cristo Nuestro Señor: el Antiguo y el Nuevo Testamento. 

               La Verdad es Una, fue allí la Verdad, es hoy la Verdad y mañana será la Verdad, porque Jesucristo es ayer, hoy y para siempre, y nosotros debemos ser como espejos de esa Verdad, para que cuanta más gente la vea y la adquiera en su corazón, ame a la Verdad y se salve. 

               Dios siempre da la gracia para salvarnos y nosotros debemos ser instrumentos unidos a Dios para que la ignorancia que padecen muchas almas se disipe, para que ese error desparezca y para que la Verdad sea amada. Y la Verdad no es otra que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro amor a la Verdad entonces se va a traducir por el amor a Jesucristo, a Su Doctrina, a Su Iglesia, a Su Magisterio, la Verdad de siempre, porque ésta no disminuye.

               "En vuestra paciencia salvareis vuestras almas" enseña San Pablo; y también, enseña Nuestro Señor Jesucristo, "el que perseverare hasta el fin ése será salvo". Por supuesto que la perseverancia tiene que ser en la Verdad y en la consecuencia de los Dogmas Cristianos, en la consecuencia de la Doctrina Cristiana, en la consecuencia de la Moral Cristiana, de las prácticas de la Iglesia Católica: la recepción de los Sacramentos, escuchar la Santa Misa, el rezo cotidiano del Santo Rosario, las oraciones diarias de la mañana y por la noche, santificar los alimentos antes de sentarnos a la mesa, ofrecer a Dios el trabajo antes de comenzar la labor, vivir en Presencia de Dios, porque así nos vamos a santificar... ésa es la paciencia que nos da el consuelo y la esperanza de que algún día vamos a ser retribuidos en el Cielo por ese Niño que está por nacer.

               Pidamos a la Virgen que nos enseñe a agradar a Nuestro Señor Jesucristo en la tierra para que lo gocemos por la eternidad en el Cielo. 


Monseñor Pío Espina
Extractos del Sermón del II Domingo de Adviento, 
Molinari, Córdoba, Argentina, 4 de Diciembre de 2022