domingo, 18 de diciembre de 2022

LA FE PURA E INMACULADA: PARA QUE LA VERDAD SEA AMADA, por Monseñor Pío Espina

 

               Es preciso que Él crezca y nosotros disminuyamos... ¿en qué sentido? En que nosotros debemos ser la Luz de Cristo, la sal de la tierra, los faros puestos en medio de la oscuridad, pero no para que la gente nos siga a nosotros personalmente.




               La Iglesia es Una porque Dios es Uno, la Doctrina es una, la Verdad es una. Es preciso que Él crezca en los corazones de la gente y que si es a través nuestra ¡bendito sea Dios!, porque eso son méritos que Dios nos va a premiar en el Cielo y ésa es la función del Cristiano, que otros vean, como dice Nuestro Señor Jesucristo "que vean nuestras buenas obras para que glorifiquen al Padre que está en los Cielos", no para que nos glorifiquen a nosotros... que otros vean que detrás de cada uno de nosotros está Dios y que uno haga como San Juan Bautista, disminuya, para que el que verdaderamente brille refulgentemente siempre sea Nuestro Señor en el corazón de la gente. No somos seguidores de hombres, "yo soy de Cristo".

               Nosotros tenemos que ser instrumentos de Nuestro Señor Jesucristo para que la Verdad crezca en los corazones de los Fieles, para aumentar su número... ése es el verdadero sentido del Catolicismo, de la Iglesia, que es Católica, Universal, geográficamente y temporalmente. La verdad es la misma que Cristo Nuestro Señor enseñó en Su Evangelio, que venía preparando desde el Antiguo Testamento, desde la Creación del Mundo y del Hombre, que se cumplieron todas las Profecías del Antiguo Testamento en la Venida del Mesías y que comenzó en el Nuevo Testamento; todo gira alrededor de Cristo Nuestro Señor: el Antiguo y el Nuevo Testamento. 

               La Verdad es Una, fue allí la Verdad, es hoy la Verdad y mañana será la Verdad, porque Jesucristo es ayer, hoy y para siempre, y nosotros debemos ser como espejos de esa Verdad, para que cuanta más gente la vea y la adquiera en su corazón, ame a la Verdad y se salve. 

               Dios siempre da la gracia para salvarnos y nosotros debemos ser instrumentos unidos a Dios para que la ignorancia que padecen muchas almas se disipe, para que ese error desparezca y para que la Verdad sea amada. Y la Verdad no es otra que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro amor a la Verdad entonces se va a traducir por el amor a Jesucristo, a Su Doctrina, a Su Iglesia, a Su Magisterio, la Verdad de siempre, porque ésta no disminuye.

               "En vuestra paciencia salvareis vuestras almas" enseña San Pablo; y también, enseña Nuestro Señor Jesucristo, "el que perseverare hasta el fin ése será salvo". Por supuesto que la perseverancia tiene que ser en la Verdad y en la consecuencia de los Dogmas Cristianos, en la consecuencia de la Doctrina Cristiana, en la consecuencia de la Moral Cristiana, de las prácticas de la Iglesia Católica: la recepción de los Sacramentos, escuchar la Santa Misa, el rezo cotidiano del Santo Rosario, las oraciones diarias de la mañana y por la noche, santificar los alimentos antes de sentarnos a la mesa, ofrecer a Dios el trabajo antes de comenzar la labor, vivir en Presencia de Dios, porque así nos vamos a santificar... ésa es la paciencia que nos da el consuelo y la esperanza de que algún día vamos a ser retribuidos en el Cielo por ese Niño que está por nacer.

               Pidamos a la Virgen que nos enseñe a agradar a Nuestro Señor Jesucristo en la tierra para que lo gocemos por la eternidad en el Cielo. 


Monseñor Pío Espina
Extractos del Sermón del II Domingo de Adviento, 
Molinari, Córdoba, Argentina, 4 de Diciembre de 2022 



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