jueves, 5 de noviembre de 2020

PRIMER JUEVES DE MES: RECEMOS POR LOS SACERDOTES

  



              El Jueves es el día tradicionalmente dedicado a recordar a los Sagrados Ministros de Dios al haber Nuestro Señor Jesucristo instituido el Jueves Santo el Sacerdocio juntamente con la Eucaristía. 

              Práctica particularmente laudable es la de los Primeros Jueves de Mes, en el que se hacen especiales ejercicios de piedad para pedir por los Sacerdotes y religiosos, así como por las vocaciones, para que el Señor envíe operarios a Su mies y extiendan Su Reino en el mundo entero.

              El Sacerdote ordenado tiene un carácter indeleble, que lo hace ontológicamente hombre-Sacerdote: su Ministerio implica una forma y estado de vida y no un ejercicio transitorio. No se puede ser, como hoy en día se pretende, una suerte de “Sacerdote a tiempo parcial”, un simple funcionario de lo sagrado sujeto a nómina y a horarios. El Sacerdote lo es las veinticuatro horas de cada día de su existencia, aunque no se encuentre ejerciendo su sacerdocio. Y seguirá siendo sacerdote por toda la eternidad, ya sea que se salve o que tenga la desgracia de condenarse.

              Sin los sacerdotes estaríamos desamparados espiritualmente. No tendríamos la Misa ni los Sacramentos, es decir que no dispondríamos de los medios ordinarios para salvarnos. La Vida Católica no podría desarrollarse normalmente sin ellos. Allí donde han faltado o faltan por diversas circunstancias (por falta de clero, por persecución, por abandono) los fieles sufren y languidecen espiritualmente, aunque ciertamente, Dios no abandona a Sus hijos. Por eso es tan importante rezar por las vocaciones y por la santificación y perseverancia del Clero: para que haya muchos Sacerdotes que santifiquen al pueblo de Dios y lleven las almas al Cielo. La santidad no es indispensable para que el Sacerdote Católico ejerza eficazmente su Ministerio. Nuestra salvación no depende de la bondad o maldad de los Sacerdotes, que no son sino los instrumentos a través de los cuales Jesucristo actúa: ya darán cuenta a Dios de su vida personal. Pero qué duda cabe que un Sacerdote santo edifica, consuela y llama a la santidad.

               El quinto Precepto General de la Santa Madre Iglesia manda “contribuir al sostenimiento de la Iglesia de Dios” (antiguamente se decía “pagar los diezmos y las primicias”, que viene a ser lo mismo). Quiere decir que los fieles tienen el deber de mantener el Culto Católico y a sus Ministros, que es por quienes nos viene la gracia. Es natural, pues como dice San Pablo: “tiene el operario derecho a su salario” y los Sacerdotes son los operarios de la viña del Señor. También dice el Apóstol de las Gentes que “quien sirve el altar que viva del altar”, por lo cual los Sacerdotes, que son los Ministros del Altar tienen el derecho a vivir de él, del cual, por cierto, nos beneficiamos todos.

               Ahora bien, contribuir al sostenimiento de la Iglesia se hace de dos maneras: material y espiritualmente. Se contribuye materialmente aportando dinero, bienes y trabajo en la medida de las posibilidades reales de cada quien. Debemos considerar siempre si en conciencia hacemos todo lo que podemos. Muchas veces no somos generosos con la Iglesia mientras somos capaces de gastarnos dinerales en caprichos, vicios o cosas superfluas. Tengamos siempre en cuenta que, como pasa con nosotros, los Sacerdotes no se alimentan del aire y tienen necesidad de nuestra asistencia material. A cambio ellos nos dan los medios de salvación. Realmente, siempre ganan más los fieles, que dan bienes perecederos, mientras que los Sacerdotes les dan a cambio la posibilidad de ganar el bien duradero de la Vida Eterna.




S.E.R. Monseñor Sanborn, en compañía de formadores y seminaristas  
del Seminario de la Santísima Trinidad en Brooksville, Florida (USA)


               Pero también espiritualmente podemos sostener a la Iglesia y a sus Ministros: encargando Misas, ofreciendo nuestras oraciones y difundiendo propaganda a favor de las vocaciones. En esta categoría de limosna, entra la práctica de los PRIMEROS JUEVES DE MES, en los cuales invertimos una pequeña parte de nuestro tiempo para orar por los sacerdotes, religiosos, vocaciones y misiones, es decir, para mantener vivo el organismo de nuestra Religión Católica. 

               Acostumbrémonos a santificar los Jueves Sacerdotales, ofreciendo en ellos nuestras preces y nuestros pensamientos, el rezo meditado del Santo Rosario... Es la mejor manera de preparar el Primer Viernes, consagrado al corazón Divino según el cual queremos que sean nuestros sacerdotes. 



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miércoles, 4 de noviembre de 2020

SAN JOSÉ, EJEMPLO DE CASTIDAD EN CUALQUIER ÉPOCA

 



               "San José es así ejemplo de una de las virtudes más necesarias de nuestros tiempos perturbados. La castidad significa el dominio del hombre sobre los propios apetitos, aun los más violentos, el respeto a la propia dignidad y al honor ajeno, la limpieza y decoro delante de Dios y delante de los hombres. 

               Perdida esta virtud, trae como consecuencia toda clase de terribles castigos; y el mundo moderno lo sabe perfectamente porque a un especial desenfreno de impureza, vemos cuántas plagas, desórdenes y catástrofes siguen. Sois vasos del Espíritu Santo, Dios mora en vosotros, sois miembros de Cristo, no ensuciéis vuestros cuerpos con torpezas, nos dice San Pablo".


Reverendo Padre Leonardo Castellani


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 ORACIONES A NUESTRO 

PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ



VIENDO TUS HERIDAS Y TU SANGRE... por San Carlos Borromeo

 


               Oh, dulce Jesús, amigo afectuoso, Hermano, Esposo, ¿es posible que haya quien no se conmueva con Tus palabras y no se enternezca viendo Tus Heridas y Tu Sangre?

               ¿Cómo puedo permitir que Tú sigas llamando sin descanso? Entra, entra en Tu casa, en Tu estancia: aspérjeme, lávame, embriágame con Tu Sangre, para que pueda estar siempre Contigo y jamás vuelva a alejarme.

               Abre, oh Señor, el oído y el corazón de Tus Fieles, para que escuchen Tus llamadas, Te busquen con urgencia durante toda su vida, Te hallen, Te lleven con ellos y jamás dejen que Te alejes: Te custodien en su interior como algo propio, hasta el momento en que Tú los conduzcas a Tu Reino, donde gozarán eternamente. 


San Carlos Borromeo, Vercelli, Septiembre de 1583



Celebra hoy la Santa Iglesia la Memoria de

San Carlos Borromeo

toque aquí para leer una breve reseña biográfica



martes, 3 de noviembre de 2020

OFRENDA DEL DÍA, por Santa Teresita de Liseux

  

               Esta oración fue compuesta por Santa Teresita del Niño Jesús en 1895, y la formuló pensando que iba destinada "para una persona del mundo", Edith de Mesmay (1860-1927), que nació en La Porte de Sainte Gemme, amiga predilecta de la prima de Santa Teresita, María Martin; su amistad nació desde que ambas coincidieron como alumnas en el internado de la Visitación de Le Mans. Se sospecha que María pidió a Teresita esta oración para su amiga Edith. 






BIENAVENTURADO MARTÍN DE PORRES Y VELÁZQUEZ, EL MULATO QUE QUISO SER FRAILE

 


               Nació el 9 de Diciembre de 1579, en el barrio limeño de San Sebastián, Virreinato del Perú. Su madre, Ana Velázquez era negra liberta, nacida en Panamá; su padre, Juan de Porres de Miranda, Hijodalgo, natural de Burgos y Caballero de la Orden de Alcántara, lo que le impedía casarse con la madre de Martín, ya que había emitido voto de castidad; llegaría a ser el Gobernador de Panamá y si bien tardó algunos años en reconocer la legitimidad de Martín y a su única hermana, Juana de Porres Velázquez, siempre les procuró una buena educación y sustento.




               Martín fue acristianado el 9 de Diciembre de 1579 en la Iglesia de San Sebastián de Lima. La instrucción religiosa la recibió de su madre. Desde niño sintió compasión por los pobres, les ayudaba y les daba dinero. Sería enviado a Guayaquil, para aprender a leer y a escribir. A su regreso a Lima, aprendió a ser barbero y de ahí llegó a interesarse por la Medicina y la Cirugía, conocimientos que puso al servicio de los necesitados. En su contacto con los enfermos, aprovechaba y les hablaba de Dios, moviéndolos a la auténtica conversión.   

               Por invitación de Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico, teólogo y hombre de virtudes, Martín ingresó en la Orden de Santo Domingo de Guzmán en 1555, pero solo pudo hacerlo en calidad de terciario, por ser aún entonces hijo ilegítimo. Se le encomendaron las labores y recados más humildes del convento, de ahí nacería el apelativo "Fray Escoba", por el mucho esmero con que Martín barría el convento.

               No sería admitido como Hermano de la Orden hasta que en 1603 su padre lo reconoció como hijo natural, aunque con ello no aprobaba la decisión de Martín de ser fraile, sino que tenía aspiraciones distintas para él, como una profesión más digna a su nueva condición. Sin embargo, y en contra del parecer de su padre, Martín perseveró en su vocación en la Orden de Santo Domingo y en 1606 emitió los votos de pobreza, castidad y obediencia.

               El piadoso fraile seguiría con sus obras de misericordia como hasta entonces: recogía enfermos o heridos para cuidarlos, hasta el punto que poco a poco convirtió el convento en un hospital, lo que provocó protestas de otros religiosos, ya que infringía la clausura. También curaba animales heridos, y aunque administraba medicinas a los enfermos, sobre todo les hacía recuperar la salud por el contacto con sus manos, que obraban milagros.

               Pudo fundar el Asilo de Santa Cruz para acoger vagabundos, huérfanos y otros desafortunados, gracias al apoyo y generosidad de cuantos veían en Martín a un hombre de Dios; incluso el mismo Virrey, Don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, daba personalmente, cada semana al fraile mulato, una generosa cantidad de dinero.

               Fueron muy famosos y conocidos sus éxtasis y levitaciones, así como el don de la bilocación, confirmado por numerosos testigos. Pero por encima de todo, destacó Martín por su profunda y sincera humildad y entrega sin reservas a los pobres y enfermos. Cuando se desató una gran epidemia de viruela en Lima, el Santo trabajó día y noche para ayudar a enfermos y moribundos y debido al esfuerzo que realizó, cayó enfermo y supo que su vida en este mundo llegaba a su fin. El Virrey, al enterarse de la agonía de Martín de Porres, se apresuró a su lecho para besar por última vez la mano de aquél Santo.

               Martín entregó su alma al Altísimo tal día como hoy, el 3 de Noviembre de 1639. A su velatorio asistieron todas las Autoridades Civiles y Religiosas de la ciudad y los Nobles portaron con piadosa dignidad su féretro. 

               En la actualidad sus restos descansan en la Basílica y Convento de Santo Domingo, de Lima, junto a los restos de Santa Rosa de Lima y del Beato Juan Macías, en el conocido como "Altar de los Santos de Perú". Fue Beatificado por el Papa Gregorio XVI en 1837.



lunes, 2 de noviembre de 2020

LOS FIELES DIFUNTOS, LA IGLESIA PURGANTE

 


"La pena más insignificante en el Purgatorio es muy superior

 a la mayor que hayamos de soportar en esta vida" 

Santo Tomás de Aquino


               Hoy, dice el Martirologio, la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Después que la Iglesia, como Madre buena de todos, se ha esforzado por honrar con dignas alabanzas a aquellos hijos suyos que se alegran en el Cielo, quiere ayudar también con sus solícitos ruegos a las Almas que todavía están retenidas en el Purgatorio, intercediendo por ellas ante su Señor y Esposo Cristo para que, cuanto antes, puedan gozar de la compañía de los Santos en la Gloria.




               Hoy es un día de maternal y amorosa solicitud de la Iglesia por sus muertos. También el pensamiento de un día consagrado al recuerdo de los difuntos es muy antiguo: San Isidoro, hacia el año 600, escribiendo su Regla Monástica, señalaba un día, el que sigue a Pentecostés, para ofrecer Misas y sacrificios por todos los hermanos desparecidos. Cuando los Clunicenses entraron en España, a finales del siglo X, encontraron en ella esta costumbre, y el Abad de Cluny, San Odilón, que murió en 1048, la extendió a todos los monasterios de la Orden Benedictina, de los cuales la tomaron todas las iglesias de Occidente.


"Aquel fuego purificador resulta mucho más terrible 

que cuanto pueda sufrirse en esta tierra" 

San Agustín de Hipona


                 Entremos nosotros en el espíritu de nuestra Madre la Iglesia y recordemos en este día a nuestros difuntos con un amor afectivo y efectivo. Ellos sufren ahora en el lugar de la purificación, tienen que expiar por medio del dolor de la pena de sus pecados. La Iglesia conoce la necesidad, el desamparo y la impotencia en que se encuentran, por eso, llena de compasión por Ellos, quiere que nosotros nos asociemos cordialmente a esta compasión suya; pero nuestra compasión, como la de la Iglesia, debe ser efectiva.

               Podemos y debemos ayudar a las Benditas Almas del Purgatorio con la intercesión, con la limosna, con el ofrecimiento de nuestras obras y, sobre todo, con el Sacrificio de la Misa. Cada Sacerdote puede este día decir hasta tres Misas, y todos los buenos Cristianos deben asociarse a este triple Sacrificio, para que, desde el Altar, fluya hasta el Purgatorio un torrente de Gracia.

               La Iglesia no define con toda claridad si en el Purgatorio existe ciertamente un fuego real que atormenta y purifica a las Almas. De acuerdo con las enseñanzas de San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio, San Cipriano, el Venerable Beda y otros, hablan del fuego purificador del Purgatorio. San Ambrosio utiliza expresiones tales como "ardere", "uri", "exuri", es decir, arder. En Santo Tomás de Aquino encontramos la expresión "ignis purgatorius", fuego purificador, con la que suele describir el lugar de purificación. Enseña el Doctor Angélico que allí las almas, ab igne corporali puniuntur, esto es, son castigadas con un verdadero fuego material.

               San Buenaventura explica el fuego del Purgatorio como un ignis corporalis, un fuego real, y además añade: "Las Almas del Purgatorio son castigadas por medio de un fuego material, por todas aquellas faltas que no expiaron suficientemente en la tierra; fuego que las atormenta más o menos de acuerdo con lo que les quede que expiar... Por ello la Justicia Divina exige que el espíritu sea castigado por el fuego material, de manera que así como el alma se une con el cuerpo para dar a éste la vida, según el orden de la naturaleza, así el alma sea purificada por el fuego, según el orden de la justicia".

               San Agustín es de la misma opinión cuando argumenta "Aun cuando las almas estén separadas de sus cuerpos, son, sin embargo, purificadas por el fuego de manera maravillosa e imposible de expresar, no para servirse del mismo a modo de sustento, sino para recibir del mismo la pena o castigo que se merecen".




"No es posible encontrar palabras, representaciones ni figuras 
para explicar los tormentos de las Almas del Purgatorio. 
Su sufrimiento es tan extraordinario 
que no hay lengua que pueda expresarlo, 
ni inteligencia capaz de comprenderlo, 
si Dios no se lo manifestase con Su inmensa Bondad" 

Santa Catalina de Génova 


               Entre los detractores del Dogma del Purgatorio, se suele formular la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que un alma separada del cuerpo, o sea, una esencia espiritual, pueda sufrir la poena sensus, pena de sentido,  y sobre todo, la pena del fuego?. El Papa San Gregorio Magno explica: "Esto puede suceder de dos maneras. Se puede considerar al fuego en sí y por sí como fuego natural; en dicho caso, naturalmente que no puede obrar sobre las almas. Pero también se le puede considerar como instrumento de la Justicia punitiva de Dios, que exige que las almas, que por el pecado se apegaron a los objetos sensibles, estos mismos les sirvan de pena y castigo. Así como un instrumento no obra tan solo por su propia fuerza, sino también por medio de la misma fuerza impulsora, así no es contrario a la razón suponer que este fuego material, al ser impulsado por un agente espiritual, actúe efectivamente sobre las almas, lo mismo que el Santísimo Sacramento por medio de signos, exteriormente comprobados, produce la santificación de las almas".

               Este fuego del Purgatorio no es ciertamente fuego terreno, sino un fuego especial y característico, preparado por mismo Dios, como instrumento de Su Justicia, un fuego que atormenta el alma, pero que no destruye en absoluto su sustancia misma.




domingo, 1 de noviembre de 2020

INDULGENCIAS QUE SE PUEDEN LUCRAR EN EL MES DE NOVIEMBRE, APLICABLES A LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

 




                  Con motivo del mes dedicado a los Fieles Difuntos, existe la posibilidad de ganar una indulgencia plenaria aplicable a las Benditas Almas del Purgatorio. Sólo se puede ganar una indulgencia plenaria por día.


1.- Desde el día 1º al 8 de Noviembre:

     Visitar un Cementerio y rezar allí por los Difuntos.


2.- El día 2 de Noviembre:

     Visitar una Iglesia u Oratorio público, y rezar allí un Padrenuestro y un Credo.


CONDICIONES PARA GANAR LAS INDULGENCIAS


     1.- Estar bautizado y no estar excomulgado.


     2.- Tener la intención al menos general de ganar la indulgencia.


     3.- Confesión: puede ser hecha dentro de los ocho días anteriores o posteriores al día en cuestión.


     4.- Recibir la Santa Comunión en el día.


     5.- Rezar por la Restauración del Papado un Padrenuestro y un Avemaría (u otra oración). Esas intenciones son las siguientes:

   -Exaltación de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

   -Extirpación de las herejías.

   -Propagación de la Fe.

   -Conversión de los pecadores.

   -Paz y concordia entre los príncipes cristianos.

   -Los demás bienes del Pueblo Cristiano.


     6.- No tener afecto actual a ningún pecado, ni venial.


     7.- Cumplir con la obra particular prescrita.





LXX ANIVERSARIO DEL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA NUESTRA SEÑORA EN CUERPO Y ALMA A LOS CIELOS

 


"Oh Virgen, Vos sois el júbilo de los Santos"

-San Efrén, Diácono-




               "Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios Omnipotente, que otorgó a la Virgen María Su peculiar benevolencia; para honor de Su Hijo, Rey inmortal de los siglos y Vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la Gloria de la misma Augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la Autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser Dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de Su Vida terrenal, fue asunta en Cuerpo y Alma a la Gloria del Cielo"


Papa Pío XII, 1 de Noviembre de 1950


 

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 


Gaudéte et exsultáte quoniam 

merces vestra cópiosa est in Caelis

Alegraos y gozaos porque vuestra 

recompensa es grande en el Cielo


- Evangelio de San Mateo, cap. 5 -




               El pensamiento de honrar a todos los Santos en una Fiesta única aparece en Oriente desde el siglo IV, pues vemos que el primer Domingo después de Pentecostés se consagraba a la memoria de todos los Mártires juntos, como se hace todavía entre los griegos. 

               En Siria, esta conmemoración se hacía el Viernes después de Pascua, y esta vieja costumbre ha dejado un recuerdo en el Misal Romano, pues ese día se señala como iglesia estacional la de Santa María "ad Mártyres". A principios del siglo VI el Papa Bonifacio IV, habiendo transformado en iglesia el antiguo Panteón consagrado por Agripa en honor de Augusto y de todos los dioses, trasladó a él una multitud de reliquias de Mártires ( veintiocho carros ), sacadas de las Catacumbas, y el nuevo templo fue dedicado el 13 de Mayo de 610. Por este motivo empezó a celebrarse en ese día  la Fiesta de todos los Mártires, trasladada por Gregorio IV ( 827-844 ) al 1 de Noviembre, con el título de Todos los Santos.

               Esta Fiesta es el triunfo de la gracia sobre la naturaleza corrompida. Es la apología de la Iglesia, de su Historia, de su actuación en el mundo y en el interior de las almas. Es el triunfo de la Doctrina, de la Predicación, de los Sacramentos y del Sacerdocio de la Iglesia. Es, sobre todo, el triunfo de la Sagrada Eucaristía. Con la fuerza de la Eucaristía recorrieron nuestros hermanos en Cristo, débiles pecadores se suyo como nosotros, el camino de las Ocho Bienaventuranzas, y así lograron santificarse. 

               Con ayuda de ellos, que siguen siendo buenos amigos nuestros, y con el mismo Alimento que ellos tomaron, llegaremos también nosotros al fin glorioso de nuestra carrera.




EL EVANGELIO DE HOY

             "Viendo a la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron Sus Discípulos; y abriendo Nuestro Señor Jesucristo Su boca, los enseñaba, diciendo: 

             Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. 

             Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

             Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 

             Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. 

             Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán Misericordia.

             Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 

             Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

             Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. 

             Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por Mí. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los Cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los Profetas que hubo antes de vosotros."



Tradicional Novena en sufragio de las Almas del Purgatorio. Día 9

    



INICIO


          Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor, + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN 


          Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

          Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra Bondad y Misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS


          Padre Celestial, Padre amorosísimo, que para salvar las Almas quisisteis que vuestro Hijo Unigénito, haciéndose hombre, se sujetase a la vida más pobre y mortificada y derramase Su Preciosísima Sangre en la Cruz por nuestro Amor: ¿Cómo dejarías sufrir largo tiempo en el Purgatorio a unas Almas que tanto costaron a Jesucristo y que son vuestras hijas amadísimas? ¿Cómo permitirías que fuese malograda Sangre de tan gran valor?

          Compadeceos, pues, de estas pobres Almas retenidas en el Purgatorio y libradlas de sus penas y tormentos. Compadeceos también de la mía y libradla de la esclavitud del vicio. Y si vuestra Justicia pide satisfacción por las culpas cometidas yo os ofrezco por las obras buenas que haga en esta Novena y las uno con los Méritos infinitos de vuestro Hijo Divino, con los Dolores de Su Madre Santísima y con las virtudes heroicas de cuantos han existido en la tierra. Miradnos a todos, vivos y difuntos, con ojos de compasión y haced que celebremos un día vuestras Misericordias en el Eterno Descanso de la Gloria. Amén.




              Ahora pide interiormente a Cristo Crucificado lo que deseas conseguir por medio de esta Novena en sufragio de las Almas del Purgatorio. A continuación reza despacio y con piedad un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

               Y a continuación:

               - Dales, Señor, el descanso eterno...

     Y brille para Ellas la Luz Eterna

              - Por la Misericordia de Dios, las Almas de todos los Fieles Difuntos, descansen en Paz. 

     Amén.


SÚPLICAS FINALES


          María, Reina del Purgatorio, Madre de Misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el Purgatorio y, presentando nuestros sufragios y Tus Méritos a Tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de Su Gloria, donde gocen de Tu vista dulcísima y de la de Tu Hijo Bendito.


          Glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las Almas del Purgatorio.

          En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.