martes, 9 de abril de 2019

NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO: UNA LLAMADA A LA ORACIÓN Y A LA PENITENCIA


               En Chauchina, un pueblo de la Vega de Granada, en España, el 9 de abril de 1906, una virtuosa anciana llamada Rosario Granados Martín, apoyada en el respaldo de una silla, por no poder caminar de otra manera, se dirigía muy de mañana a las afueras del poblado para curarse las llagas purulentas que hace mas de tres años padecía en la pierna y cuyo estado nauseabundo obligaba a huir de ella a cuantas personas la encontraban.

               Abrumada iba la triste anciana, cuando vio que hacia ella venia una dama enlutada, llevando en sus manos un modesto rosario negro, la cual detúvose a preguntarle qué le sucedía. Contestóle Rosario que estaba casi desesperada, porque ni Dios ni la Virgen se dignaban oírla.

               Mandóle entonces la Señora que siguiera sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual, la anciana soltó la silla que le servia de sostén y con gran agilidad, que sorprendió a los que la vieron, siguió a la Señora por la angosta vereda, hasta llegar a un arroyo donde la Señora le dio la mano para ayudarle a pasar y como Rosario alargase la suya para asir la de la Señora, un joven que la vio en tal actitud, juzgó que estaba loca. Una vecina de las ultimas casas del pueblo la invitó a descansar y como rehusara hacerlo por ir siguiendo a una Señora de "ojos hermosísimos y cara llena de gracia", la tomó por ilusa.




               Llegó por fin al cementerio y la Señora enlutada le dijo con acento de compasión y tristeza "Oremos por los desgraciados del mundo que no temen la Divina Justicia". En seguida y puestas ambas de rodillas en el umbral del cementerio, comenzaron el rezo del rosario observando la anciana la reverencia y devoción con que la Señora pronunciaba el nombre de Dios Padre. No había terminado el rosario, cuando la anciana sintióse adormecida por dulcísimo éxtasis, a cuyo despertar se sintió completamente curada.

               Corrió presurosa preguntando por la Señora y nadie supo darle razón de ella. Conmovióse el pueblo a la vista de la prodigiosa curación, la prensa granadina comentó el hecho, al parecer milagroso y Chauchina y los pueblos comarcanos se persuadieron de que la misteriosa enlutada fue la Santísima Virgen, conocida bajo la advocación del Pincho, por el espino junto al cual se apareció primeramente y de los Dolores, por las negras vestiduras que llevaba la misteriosa aparecida.

              Una pobre estampa, rodeada de rústicas piedras, fue el primer monumento que la piadosa gratitud de Rosario levantó a la Santísima Virgen. Un piadoso matrimonio levantó una capilla espléndidamente dotada para el culto; y junto a esa capilla ya ampliada porque era incapaz de contener las multitudes que en fervorosas romerías acuden de muchos pueblos, se levanta la esbelta silueta de un monasterio de Capuchinas, llevado allí por la piedad del Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo, D. Vicente Casanova y Marzal, para que adorando al Santísimo Sacramento y viviendo en perpetua oración y penitencia por los pecados del mundo, cumpliesen los deseos de la Santísima Virgen. En efecto, antes de morir manifestó Rosario a un Padre Capuchino que la Santísima Virgen le había dicho: "Quiero que en este lugar se dé culto al Santísimo Sacramento, por religiosas franciscanas".

La vidente de Nuestra Señora: Rosario Granados Martín

               Rosario Granados Martín es una mujer sencilla que nació en Chauchina el 25 de Abril de 1839; el 4 de Abril de 1859 contraerá matrimonio con Manuel de Cantos Romero, muy pronto quedará viuda con 3 hijos: José, Diego y Francisco, a los que procuraba educar cristianamente y daba buenos ejemplos, enseñándoles las oraciones y la práctica de la caridad cristiana.

               Todos los que la recuerdan dicen en el proceso sobre las Apariciones: era humilde, muy caritativa y muy piadosa... Seguía cumpliendo sus quehaceres domésticos, y nadie recuerda una palabra de Rosario o un gesto, que descubriera complacencia propia por haber recibido la visita de la que humildemente llamaba Señora desconocida o buena Mujer. Varias personas le habían ofrecido dinero para aliviarle la pobreza familiar en que vivía; pero ella no lo aceptaba.

               Así, se acomodaba también al noble deseo de su hijo Francisco, que le dijo cuando marcho a Buenos Aires (Argentina): "Madre, no acepte usted dinero por haber visto a la Virgen; que nadie se piense que hacemos un negocio con la religión". Jamás la religión fue un negocio para Rosario ni para su familia, fue, eso sí, el supremo valor de toda la vida. Por eso, dedicaba sus ratos libres a rezar, ya solitaria en su pequeña habitación, ya en la Iglesia parroquial. A todos impresiona como reza el Rosario a la Virgen.




               Todos coinciden en decir que Rosario estaba siempre apacible, con el mismo estado de ánimo, bondadosa, sin enfadarse nunca... siempre hablaba de la Virgen, enseñaba a los niños a rezar y decía a las niñas que no jugaran con los chicos y daba muy buenos consejos.

                Rosario no murió de enfermedad, sino de vejez, muere el 24 de septiembre de1921, es enterrada en el Cementerio y 40 años después de su muerte sus restos se trasladan a la cripta que, con permiso del Sr. Arzobispo de Granada, se le construyó junto al Camarín de la Virgen en la Iglesia conventual. He aquí lo que está inscrito en la lápida de su sepulcro actual, donde sus restos esperan la Resurrección de la Carne:

              AQUÍ REPOSAN LOS RESTOS MORTALES DE ROSARIO GRANADOS MARTÍN, CURADA MILAGROSAMENTE POR LA STMA. VIRGEN EL DÍA 9 DE ABRIL DE AÑO 1906. MURIÓ SANTAMENTE EL DÍA 24 DE SEPTIEMBRE DEL AÑO 1921 A LOS 82 AÑOS DE EDAD. SUS RESTOS MORTALES SE TRASLADARON A ESTA CRIPTA EL DÍA 30 DE SEPTIEMBRE DEL AÑO 1961.

                Como en otras apariciones la Virgen en Chauchina también dio un Secreto a Rosario. ¿En que consistió este Secreto? Una amiga de Rosario y vecina de Chauchina, de edad aproximadamente igual a la de Rosario, llamada Ángeles Díaz García nos cuenta que Rosario le confío que había recibido de la Señora enlutada que vio el Lunes Santo del 1906 una confidencia misteriosa que debía guardar en secreto. Más adelante en 1921, Rosario se siente agotada y próxima a morir. Un sobrino suyo la visita y oyó este ruego: "Que venga mi confesor, el padre Francisco de Sevilla - capuchino que vive en Granada - pues tengo que comunicarle una cosa antes de morir". El sobrino sale en seguida hacia Granada, para ir al convento de los padres Capuchinos y buscar al Padre Francisco.

               Mas no necesitó ir al convento, ni siquiera detenerse en Granada. La suave providencia de Dios dispuso que cuando su tranvía llegaba a la que entonces llamaban Estación de Andaluces, viese que en aquel momento el Padre Francisco de Sevilla acababa de llegar en tren. Le expone los deseos de Rosario, y el caritativo fraile, en vez de ir a su convento, toma el primer tranvía que sale para Chauchina; entra en casa de la enferma; la oye en confesión y recibe el secreto con permiso de comunicarle después de que ella fallezca.

              Aquel Secreto contenía una Profecía, un anuncio para el tiempo futuro:

                 "EN EL LUGAR DEL ESPINO DONDE FUE LA PRIMERA APARICIÓN, SE EDIFICARÁ UNA CASA DE ORACIÓN Y PENITENCIA, UN MONASTERIO DE RELIGIOSAS FRANCISCANAS QUE ADORARÁN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO".

               En el momento en el que Rosario hace esta confidencia parece algo totalmente imposible, pero la Providencia va preparando el camino y hará posible que esta fundación se realice. Coincide que la que entonces era abadesa del Monasterio de las Capuchinas de San Antón (Granada capital), llamada Sor Trinidad del Inmaculado Corazón de María, devotísima de Jesús Sacramentado, se sentía inspirada por Dios a tener en la Iglesia de su comunidad el Santísimo Sacramento expuesto durante todo el día y adorado por las religiosas Capuchinas en turnos de una hora. Sus deseos fueron aprobados por el Cardenal Arzobispo de Granada, Monseñor Vicente Casanova y Marzol,. sin embargo, no todas las Capuchinas de su comunidad veían con claridad ese deseo y proyecto de recargar la regla capuchina, ya muy austera por si misma...

              Es entonces cuando el Padre Francisco de Sevilla les sugiera la idea de ir a Chauchina, ya que la Virgen lo ha pedido y coincide la petición de la Virgen con la inspiración de la Madre Trinidad.

             El 11 de Abril de 1925, Sábado Santo, el Cardenal de Granada, junto con su clero reciben en Chauchina a la Madre Trinidad que junto con otras 11 monjas vienen a iniciar la vida recoleta de las Capuchinas en la ermita de la Virgen del Espino, convertido desde entonces en Santuario Monasterio.



lunes, 8 de abril de 2019

CON DIOS A SOLAS ( XXVI ) por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo


              Cumplan estas MEDITACIONES-LECTURAS el fin que me he propuesto, o sólo resulten un poco de ceniza fría en lugar de brasa encendida, te las presento con el deseo de que Dios, por medio de ellas, te ayude y esfuerce a vivir santamente en tu retiro la vida espiritual, la vida verdaderamente santa y que más alegrías y dulzuras hace gustar aun en este mundo.


(Padre Valentín de San José, en el prólogo de "Con Dios a solas")




               Si quiero ser el corazón de la Iglesia, como es mi deber y el fin de mi Orden, quedo obligado a vivir ininterrumpidamente escondido en el pecho y en el Amor de Dios. Mostraré mis pulsaciones y mi amor por las obras que realice.

               Dios me ha señalado como fin en Su Iglesia amar, expiar, comunicar calor y vida a todos los demás miembros del Cuerpo Místico de Cristo, llorar los pecados, apostasías e incredulidad de todos los hombres sin excepción; rogar por todos los apóstoles del Señor para que sean fieles y por todas las almas, para que vengan a vivir la luz de Cristo.

               Veo con frecuencia pintado sobre Vuestro Corazón, oh Jesús, una Cruz, con la que se me enseña que en la tierra, del amor vuestro brota Vuestra Cruz, y que el amor que es abanderado que lleva el emblema Vuestro, y que el amor, la expiación y el sacrificio han de estar unidos al amor y al sacrificio que Vos vivisteis tan maravillosamente en la tierra, ni es posible haya amor de Dios que no vaya sellado y coronado con la Cruz.

               Al abrazar Vuestro Amor me abrazo también con Vuestra Cruz y sé que mis miembros han de ser también clavados y maniatados como los Vuestros y todo yo he de hacerme una misma cosa con Vos. ¡Oh Amor infinito, dame amor para que aprenda a ser amor! Corazón mío, ama a tu Dios con todas tus fuerzas; sé todo de tu Dios. Las llamas que ardan dentro de ti se manifestarán en el resplandor de la Cruz. Señor, apiádate de mí y de todos. Dadme Vuestro amor y que todos os amen.




domingo, 7 de abril de 2019

EL APOSTOLADO DE LA NOBLEZA


              "La presencia de nobles, de alto abajo, en las diferentes clases sociales de una sociedad burguesa, es como un polvo resplandeciente esparcido en todos los escalones de esa sociedad. La Nobleza así difusa en el medio social, no es apenas preciosa, sino hasta indispensable para la sociedad, siempre y cuando ella no exista para el gozo de la vida, sino para la elevación del alma.

               El apostolado que debe ser hecho por la Nobleza es, por excelencia, el apostolado de la Tradición. Pues ella es una clase que debe ser tradicional y debe conservar las tradiciones de un pasado católico en una sociedad como la de hoy, que ha dejado de ser católica.




               Pío XII insiste en que el apostolado de la Tradición es el mayor servicio que la Nobleza puede prestar a la Iglesia y a la Patria. Nada mejor se puede hacer por la Iglesia y por la Patria que conservar esa Tradición.

                Ese respeto a la Tradición, que hace parte del espíritu católico, constituye una misión no solamente de la Nobleza, sino también de las élites tradicionales, análogas a la Nobleza. Si éstas tuviesen conciencia de su papel, deberían brillar por el pudor, por el respeto a la moralidad, por la reverencia a todas las tradiciones del pasado. Y en vez de construirse casas extravagantes, amobladas y decoradas con el mal gusto característico del arte moderno, deberían mantener la tradición del pasado tanto dentro como fuera de sus casas, y asimismo en el modo de vestirse, de comportarse, etc.

               Este apostolado no es exclusivamente de los nobles. Quien no es noble también puede y debe enseñar al noble a ser noble. Cuando vea que un noble quiere rebajarse haciéndose el gracioso, el vulgar, etc., no debe causarle gracia, sino todo lo contrario, debe hacerle sentir al noble su pesar. En cambio, cuando se encuentre con un noble que mantiene su tradición, debe manifestarle su respeto, su afecto y su estima. Es un apostolado de abajo hacia arriba.

               La Nobleza debe mantener vivo el esplendor de los siglos pasados que aún hoy la ilumina y la pone de realce. Y ese papel lo debe conservar incluso en la mendicidad, para que aquel perfume de los siglos pasados, aunque sean apenas algunas gotas, perfume aún al mundo contemporáneo y llegue hasta el Reino de María."


(Doctor Plinio Corrêa de Oliveira)





sábado, 6 de abril de 2019

PRIMER SÁBADO DE MES: Desagraviemos al Inmaculado Corazón de María




               La que había sido la principal vidente de Nuestra Señora en Fátima, Lucía Dos Santos, contaba en 1921 con 14 años de edad, cuando decidió ingresar en el Colegio de las Hermanas Doroteas en la localidad de Vilar, cerca de Oporto; en 1928, sintiendo deseos de consagrarse por entero a Dios, se une a las Hermanas como postulante y se traslada al Convento de esta Orden en Tuy, Pontevedra (Galicia, España), para más tarde ser trasladada al convento que tenían en la ciudad de Pontevedra, donde el 10 de Diciembre de 1925 se le volvería a aparecer la Virgen Santísima.

                En esa nueva ocasión, Lucía narra que vio a la Madre de Dios sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. La Virgen Nuestra Señora puso Su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía Su Corazón rodeado de espinas. El Niño le dijo entonces: 

          "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas."

Inmediatamente dijo Nuestra Señora a Lucía: 


          "Mira, hija mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación."




REPARACIÓN SABATINA EN HONOR DEL 
INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

ORACIÓN

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro santísimo Nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro, que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. 

Deseo reparar con este acto de amor y rendimiento, que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

 Aceptad, oh Corazón Inmaculado esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, oh Corazón amabilísimo, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.



DEPRECACIONES

I.- Os venero, amabilísimo Corazón de María, que ardéis continuamente en vivas llamas de amor divino; por él suplico, Madre mía amorosísima, abraséis mi tibio corazón en ese divino fuego en que estáis toda inflamada.

Rezar Avemaría 

II.- Os venero, Purísimo Corazón de María, de quien brota la hermosa azucena de virginal pureza. Por ella os pido, Madre mía inmaculada, purifiquéis mi impuro corazón, infundiendo en él la pureza y castidad.

Rezar Avemaría 

III.- Os venero, afligidísimo Corazón de María, traspasado con la espada de dolor por la pasión y muerte de vuestro querido Hijo Jesús, y por las ofensas que de continuo se hacen a su divina Majestad; dignaos, Madre mía dolorida, penetrar mi duro corazón con un vivo dolor de mis pecados y con el más amargo sentimiento de los ultrajes e injurias, que está recibiendo de los pecadores el divino Corazón de mi adorable Redentor.

Rezar Avemaría


Jaculatorias


¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
¡Refugio de pecadores, rogad por nosotros!

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!






viernes, 5 de abril de 2019

SANTO VIACRUCIS, Decimosegunda Estación: "JESÚS MUERE EN LA CRUZ", por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


              Siguiendo el esquema de piedad de LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedicamos este día viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar en reparación al Mismo Corazón, los sufrimientos que padeció Nuestro Señor en Su Dolorosa Pasión.

             Un sencillo método -tanto para los que se inician en esta necesaria devoción como para aquellas personas piadosas que carecen de tiempo- es centrarnos en una de las Estaciones del Santo Viacrucis, si bien siempre será lo ideal, rezarlo completo para poder lucrar las indulgencias que lleva concedidas.




               Llegó por fin el ápice de todos los dolores. Es un ápice tan alto que se envuelve en las nubes del misterio. Los padecimientos físicos alcanzaron su extremo. Los sufrimientos morales alcanzaron su auge. Otro tormento debería ser la cumbre de tan inexpresable dolor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” De cierto modo misterioso, el propio Verbo Encarnado fue afligido por la tortura espiritual del abandono en que el alma no tiene consolaciones de Dios. Y tal fue este tormento, que Él, de quien los evangelistas no registraron ni una sola palabra de dolor, profirió aquel grito dilacerante: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

              Sí, ¿por qué? ¿Por qué, si era Él la propia inocencia? Abandono terrible seguido de la muerte, y de la perturbación de toda la naturaleza. El sol se veló. El cielo perdió su esplendor. La tierra se estremeció. El velo del templo se rasgó. La desolación cubrió todo el universo.

              ¿Por qué? Para redimir al hombre. Para destruir el pecado. Para abrir las puertas del Cielo. El ápice del sufrimiento fue el ápice de la victoria. Estaba muerta la muerte. La tierra purificada era como un gran campo devastado para que sobre ella se edificase la Iglesia.

               Todo esto fue, pues, para salvar. Salvar a los hombres. Salvar a este hombre que soy yo. Mi salvación costó todo ese precio. Y yo no regatearé ningún sacrificio más para asegurar salvación tan preciosa. Por el Agua y por la Sangre que vertieron de Vuestro divino Costado, por la Llaga de Vuestro Corazón, por los Dolores de María Santísima, Jesús, dadme fuerzas para desapegarme de las personas, de las cosas que me pueden apartar de Vos. Mueran hoy, clavadas en la Cruz, todas las amistades, todos los afectos, todas las ambiciones, todos los deleites que de Vos me separaban.




Para leer las Estaciones del Vía Crucis publicadas hasta el momento
sólo tiene que tocar AQUÍ





SAN VICENTE FERRER


           Nació en 1350 en Valencia, España. Sus padres le inculcaron desde muy pequeñito una fervorosa devoción hacia Nuestro Señor Jesucristo y a la Purísima Virgen María. Le encargaron repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar. Así lo fueron haciendo amar el dar ayudas a los necesitados. Lo enseñaron a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada sábado en honor de la Virgen Santísima, piadosas costumbres que ejercitó durante toda su vida.

           Se unió a la Orden de Predicadores, Padres Dominicos y por su gran inteligencia, a los veintiún años ya era profesor de Filosofía en la universidad.

           Siendo un simple diácono lo enviaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces SanVicente, en un sermón anunció una tarde que esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a San Vicente, el predicador. Los superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.






           San Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas a consecuencia del Cisma de Avignón, y hasta tal punto fue su preocupación que enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos y campos. Y San Vicente, a base de predicar sin descanso, recuperó inmediatamente su salud.

           En adelante, durante treinta  años, San Vicente recorre el norte de España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales, siendo los primeros convertidos judíos y moros. Dicen que convirtió más de diez mil judíos y otros tantos musulmanes en España.

           Las multitudes se apiñaban para escucharle, donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle y entenderle a mucha distancia.

           Sus sermones duraban casi siempre más de dos horas, sin embargo los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con tal emoción y de temas tan propios para esa gente, y con frases tan propias de la Sagrada Biblia, que a cada uno le parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.


           Su predicación conmovía hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. gentes que siempre habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta quince mil personas se llegaron a reunir en los campos abiertos para oírle.

           Después de sus predicaciones lo seguían dos grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios, alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban hasta el próximo pueblo a donde el Santo iba a predicar, y allí le ayudaban a organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.

           Como la gente se lanzaba hacia él para tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.


           Las gentes se quedaban admiradas al ver que después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la costumbre de hablar cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad y gusto de aparecer. Y hay un dato curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.





           San Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la Comunión. Hablaba de la sublimidad de la Santa Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del Cielo y del Infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios, era inmenso.

           Pero el tema en que más insistía este Santo predicador era el Juicio de Dios que espera a todo pecador. La gente lo llamaba "El ángel del Apocalipsis", porque continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis enseña acerca del Juicio Final que nos espera a todos. El repetía sin cansarse aquel aviso de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras" (Apocalipsis 22,12). Hasta los más empecatados y alejados de la religión se conmovían al oírle anunciar el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).


           Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación: uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas, siendo que él solamente hablaba su lengua materna (el valenciano) y el latín. Y sucedía frecuentemente que la gente de otras regiones le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés, cuando al llegar el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, las gentes de 18 países escuchaban a los apóstoles cada uno en su propio idioma, siendo que ellos solamente les hablaban en el idioma de Israel.

           San Vicente se mantuvo humilde a pesar de la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas". 

           En sus últimos años, ya lleno de enfermedades, lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de entusiasmo. Y su entusiasmo era contagioso. Murió en plena actividad misionera, el Miércoles de Ceniza, 5 de Abril del año 1419. Fueron tantos sus milagros y tan grande su fama, que el Papa lo declaró Santo a los 36 años de haber muerto, en 1455.






jueves, 4 de abril de 2019

POR LA SANTIDAD SACERDOTAL







CENTENARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO MARTO, EL NIÑO VIDENTE DE FÁTIMA


          Se cumplen hoy cien años de la entrada en el Cielo de Francisco de Jesús Marto, uno de los tres niños que en 1917, tuvieron la gracia de recibir la visita de Nuestra Señora en Fátima, Portugal. Francisco nación en Aljustrel, el 11 de Junio de 1908, era hermano de Jacinta y primo de Lucía Dos Santos, las otras dos videntes; en el momento de la Primera Aparición (13 de Mayo de 1917) a Francisco apenas le faltaba un mes para cumplir los nueve años. 




               Aunque pocas personas lo saben, el niño tan sólo veía a Nuestra Señora, su hermana, Jacinta, la veía y escuchaba y tan sólo Lucía dialogaba con la Virgen, pero luego compartían con Francisco las confidencias con la Virgen.

             En una ocasión, mientras Lucía y Jacinta jugaban corriendo detrás de mariposas, Francisco se aisló para rezar. Después las dos niñas fueron a llamarlo:

   — Francisco, ¿no quieres venir a comer?


   — ¡No! Coman ustedes.

   — ¿Y a rezar el Rosario?

   — A rezar, después voy. Vuélvanme a llamar.

   — Pero, ¿qué estás haciendo aquí tanto tiempo?

   — Estoy pensando en Dios que está tan triste por tantos pecados... ¡Si yo pudiera darle alegría! (Y pasó el día en ayuno y oración). […]

   — Francisco, ¿qué te gusta más? [preguntó Lucía].

   — Me gusta más consolar a Nuestro Señor. ¿No te diste cuenta cómo la Santísima Virgen, todavía en el último mes, se puso tan triste cuando dijo que no ofendieran más a Dios Nuestro Señor, que ya estaba muy ofendido? Yo querría consolar a Nuestro Señor y después convertir a los pecadores, para que no le ofendan más”.




               En una ida a la escuela en Fátima, Francisco le dijo a Lucía: “Mira, anda tú a la escuela, que yo me quedo aquí en la iglesia con Jesús Escondido (en el Sagrario). De nada me vale la pena aprender, porque dentro de poco me voy al Cielo. Al salir me llamas”.

               Mas que nada Francisco quería ofrecer su vida para aliviar al Señor quien él había visto tan triste, tan ofendido. Incluso, sus ansias de ir al cielo fueron motivadas únicamente por el deseo de poder mejor consolar a Dios. Con firme propósito de hacer aquello que agradase a Dios, evitaba cualquier especie de pecado y con siete años de edad, comenzó a aproximarse, frecuentemente al Sacramento de la Penitencia.

               El día 28 de Diciembre de 1918, Francisco y Jacinta enfermaron gravemente, atacados por la terrible epidemia de bronconeumonía, que tantas víctimas causaba entonces en toda Europa.

               Jacinta le dijo a su hermano: “No te olvides de ofrecer [tus padecimientos] por los pecadores”. A lo que Francisco respondió:

              “Sí, pero lo ofrezco primero para consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora y después es que lo ofrezco por los pecadores y por el Santo Padre”.
       
               Ya en vísperas de su muerte, le dijo a Lucía:

        — “Estoy muy mal; me falta poco para ir al Cielo.


        — Entonces vete; pero no te olvides allí de pedir mucho por los pecadores, por el Santo Padre, por mí y por Jacinta.

        — Sí pediré; pero mira: prefiero que pidas esas cosas a Jacinta, porque yo tengo miedo de que se me olvide en cuanto vea a Nuestro Señor. Sobre todo quiero consolarle a Él”.

          El proceso canónico registra, según la declaración del Padre Manuel Marques Ferreira, que poco antes de su fallecimiento, Francisco recibió la Sagrada Comunión “con gran lucidez y piedad”.

          El día 4 de Abril de 1919, a las 6 de la mañana, le dijo a su madre: “Oh madre mía, qué luz tan bonita”. Instantes después, el rostro de Francisco se iluminó con una sonrisa angelical, y él, sin agonía, sin una contracción, sin un gemido, expiró suavemente en su habitación. 

          El 17 de Febrero de 1952, sus preciosos restos mortales serían trasladados a la Basílica de Nuestra Señora de Fátima.




martes, 2 de abril de 2019

SANTA MARÍA EGIPCIACA, de pecadora a penitente




          Una hermosa tradición cuenta que en el siglo V un santo sacerdote llamado Zósimo después de haber pasado muchos años de monje en un convento de Palestina dispuso irse a terminar sus días como eremita en el desierto de Judá, junto al río Jordán. Y que un día vio por allí una figura humana, que más parecía un esqueleto que una persona robusta. Se le acercó y le preguntó si era un monje y recibió esta respuesta: "Yo soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia de mis pecados". 

          Según la tradición, aquella mujer le narró la siguiente historia: Su nombre era María. Era de Egipto. Desde los 12 años llevada por sus pasiones sensuales y su exagerado amor a la libertad se fugó de la casa. Cometió toda clase de impurezas y hasta se dedicó a corromper a otras personas. Después se unió a un grupo de peregrinos que de Egipto iban al Santo Sepulcro de Jerusalén. Pero ella no iba a rezar sino a divertirse y a pasear.

          Y sucedió que al llegar al Santo Sepulcro, mientras los demás entraban fervorosos a rezar, ella sintió allí en la puerta del templo que una mano la detenía con gran fuerza y la echaba a un lado. Y esto le sucedió por tres veces, cada vez que ella trataba de entrar al santo templo. Y una voz le dijo: "Tú no eres digna de entrar en este sitio sagrado, porque vives esclavizada al pecado". Ella se puso a llorar, pero de pronto levantó los ojos y vio allí cerca de la entrada una imagen de la Santísima Virgen que parecía mirarla con gran cariño y compasión. Entonces la pecadora se arrodilló llorando y le dijo: "Madre, si me es permitido entrar al templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia". Y le pareció que la Virgen Santísima le aceptaba su propuesta. Trató de entrar de nuevo al templo y esta vez sí le fue permitido. Allí lloró largamente y pidió por muchas horas el perdón de sus pecados. 
Estando en oración le pareció que una voz le decía: "En el desierto más allá del Jordán encontrarás tu paz".

          María egipciaca se fue al desierto y allí pasó cuarenta años rezando, meditando y haciendo penitencia. Se alimentaba de dátiles, de raíces, de langostas y a veces bajaba a tomar agua al río. En el verano el terrible calor la hacía sufrir muchísimo y la sed la atormentaba. En invierno el frío era su martirio. Durante los primeros años años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a Egipto a dedicarse a su vida anterior de sensualidad, pero su amos a la Virgen Nuestra Señora le obtenía fortaleza para resistir a las tentaciones. Y Dios le revelaba muchas verdades sobrenaturales cuando ella estaba dedicada a la oración y a la meditación.

          La penitencia le hizo prometer al santo anciano que no contaría nada de esta historia mientras ella no hubiera muerto. Y le pidió que le trajera la Sagrada Comunión. Era Jueves Santo y San Zósimo le llevó la Sagrada Eucaristía. Quedaron de encontrarse el Día de Pascua, pero cuando el santo volvió la encontró muerta, sobre la arena, con esta inscripción en un pergamino: "Padre Zósimo, he pasado a la eternidad el Viernes Santo día de la muerte del Señor, contenta de haber recibido Su Santo cuerpo en la Eucaristía. Ruegue por esta pobre pecadora, y devuélvale a la tierra este cuerpo que es polvo y en polvo tiene que convertirse".




          El monje no tenía herramientas para hacer la sepultura, pero entonces llegó un león y con sus garras abrió una sepultura en la arena y se fue. Zósimo al volver de allí narró a otros monjes la emocionante historia, y pronto junto a aquella tumba empezaron a obrarse milagros y prodigios y la fama de la santa penitente se extendió por muchos países.

          San Alfonso de Ligorio, en su obra "Las Glorias de María" y muchos otros predicadores narraron muchas veces y dejaron escrita en sus libros la historia de María Egipciaca, como un ejemplo de lo que obra en un alma pecadora, la intercesión de la Virgen María Nuestra Señora, la cual se digne también interceder por nosotros pecadores para que abandonemos nuestra vida de tibieza y empecemos ya desde ahora una vida de penitencia y santidad.





lunes, 1 de abril de 2019

Emperador Carlos de Austria: Nobleza obliga a Santidad


                    Tal día como hoy, en 1922, comparecía ante Dios Todopoderoso el alma de Don Carlos de Hansburgo-Lorena y Sajonia, que fuera en esta vida el último Emperador de Austria y el postrer Rey de Hungría, Bohemia y Croacia, que por encima de cualquier rango y obligación, destacó por ser un ferviente católico.

           Carlos de Austria nació el 17 de Agosto de 1887 en el Castillo de Persenbeug, en la región del Austria Inferior. Sus padres eran el Archiduque Otto y la Princesa María Josefina de Sajonia, hija del último Rey de Sajonia. El Emperador José I era el tío abuelo de Carlos.

           Recibió una educación expresamente católica y desde su niñez fue acompañado con la oración por un grupo de personas, porque una religiosa estigmatizada le había profetizado grandes sufrimientos y ataques contra él. De aquí surgió, tras la muerte de Carlos, la «Liga de oración del Emperador Carlos por la paz de los pueblos». 






          Muy pronto creció en Carlos un gran amor por el Santísimo Sacramento y por el Corazón de Jesús. Todas las decisiones importantes provenían de la oración.

          El 21 de Octubre de 1911 se casó con la Princesa Zita de Borbón-Parma. Durante los diez años de vida matrimonial feliz y ejemplar la pareja recibió el don de ocho hijos. En el lecho de muerte, Carlos decía aún a Zita: «¡Te quiero sin fin»!

          El 28 de Junio de 1914, tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando
, en un atentado, Carlos se convierte en el heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro. Mientras se encarnizaba la primera Guerra Mundial, con la muerte del Emperador Francisco José, el 21 de Noviembre de 1916, Carlos se convierte en Emperador de Austria. El 30 de Diciembre es coronado Rey Apostólico de Hungría.

          Este deber lo concibe como un camino para seguir a Cristo: en el amor por los pueblos a él confiados, en el cuidado por su bien y en la donación de su vida por ellos. El deber más sagrado de un Rey - el compromiso por la paz - Carlos lo puso al centro de sus preocupaciones a lo largo de la terrible guerra. Fue el único, entre los responsables políticos, que apoyó los esfuerzos por la paz del Papa Benedicto XV.




El Emperador Carlos y su esposa, Zita de Borbón-Parma


          Por lo que respecta a la política interior, incluso en tiempos extremadamente difíciles, abordó una amplia y ejemplar legislación social, inspirada en la enseñanza social cristiana. Su comportamiento hizo posible al final del conflicto una transición a un nuevo orden sin guerra civil. A pesar de ello fue desterrado de su patria.

          Por deseo del Papa, que temía el establecimiento del poder comunista en Centroeuropa, Carlos intentó restablecer su autoridad de gobierno en Hungría. Pero dos intentos fracasaron, porque él quería en cualquier caso evitar el estallido de una guerra civil.

          Carlos fue enviado al exilio en la Isla de Madeira (Portugal). Como consideraba su misión como un mandato de Dios, no pudo abdicar de su cargo. Sumergido en la pobreza, vivió con su familia en una casa bastante húmeda. A causa de lo cual enfermó de muerte y aceptó como un sacrificio por la paz y la unidad de sus pueblos.

          Carlos soportó su sufrimiento sin lamento, perdonó a todos los que no le habían ayudado y murió tal día como hoy, el 1 de Abril de 1922 con la mirada dirigida al Santísimo Sacramento. Como él mismo recordó todavía en el lecho de muerte, el lema de su vida fue: «Todo mi compromiso es siempre, en todas las cosas, conocer lo más claramente posible y seguir la Voluntad de Dios, y esto en el modo más perfecto».