domingo, 10 de febrero de 2019

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ -Segundo Domingo-


PREPARACIÓN

               Este ejercicio piadoso en honra del Glorioso San José apenas te llevará unos minutos; procura hacerlo teniendo cerca una imagen suya, que bien puede ser la que acompaña este artículo. Luego, recogido de las preocupaciones cotidianas, intenta adentrarte en espíritu en la casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia? 





           Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mi me pesa, pésame, Señor, de todo corazón de haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracias para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo.






DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

               -Segundo Dolor: Al ver al Divino Niño Jesús en la pobreza.

"Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron" (Evangelio de San Juan, cap. 1, vers.11)

              -Segunda Alegría: al escuchar la armonía del Coro de los Ángeles y observar la Gloria de esa noche.

"Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al Niño reclinado en el pesebre" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers.16) 


ORACIÓN

           Oh Bienaventurado Patriarca, Glorioso San José, escogido para ser Padre Adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el Dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en Alegría celestial al oír el armonioso concierto de los Ángeles y al contemplar las maravillas de aquella Noche tan resplandeciente.

           Por este Dolor y aquella Alegría, alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los Ángeles y a gozar de los resplandores de la Gloria Celestial.

           Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, para terminar diciendo

           San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

           Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén




viernes, 8 de febrero de 2019

"EL AMOR Y EL SUFRIMIENTO UNEN AL ALMA ESTRECHAMENTE CON DIOS..."


                Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de su corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo, alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su Comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó, siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Sor Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales. 

                 Sólo después de su muerte, cuando contaba 33 años de edad, fueron compiladas sus confidencias con el Sagrado Corazón de Jesús y publicadas bajo el título "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"(1); el entonces Cardenal Pacelli -luego Papa Pío XII- envió una carta a la Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón en la que recomendaba la lectura y difusión del Mensaje de Reparación, Amor y Confianza que Sor Josefa escribió bajo el dictado de Nuestro Redentor.




               "El Lunes, 24 de Enero de 1921 -cuenta Sor Josefa- todo el día estuve suplicando a la Virgen que me ayudase. De repente, al empezar la adoración, me sentí totalmente en paz."

              La Virgen Nuestra Señora está a su lado, con Su sonrisa maternal y le revela:

               "Vengo, hija mía, a decirte que conviene que sufras. El amor y el sacrificio todo lo alcanzan. No te canses... Es por las almas."

               La Virgen desaparece, pero a la Aurora ha de seguir el Sol... 

              Al día siguiente, Martes 25 de Enero escribe Sor Josefa:

              "Vino Jesús al empezar la Misa. Le pregunté si había lastimado Su Corazón, pues ya sabe que esto es lo que más me duele"

              "No -respondió Él, lleno de bondad; Escucha esta palabra: el oro se purifica en el fuego; así tu alma se purifica y fortalece en la tribulación, y el tiempo de la tentación es de gran provecho para ti y para otras almas."

              Animada por tanta compasión, Josefa confía al Maestro su mayor ansiedad, el tormento más doloroso de estos días de prueba:

              "Jesús mío, tengo mucho miedo de que esto ponga en peligro mi vocación."

              Él le responde:

              "Quién podrá desconfiar de tu vocación, que ha resistido a tantas y tan fuertes tentaciones? Dos fines me propongo al permitirlas: 1º Convencerte de tu impotencia para el bien y de que todo lo que recibes es puro don gratuito de Mi bondad y de Mi Amor. 2º Servirme de tus sufrimientos para la salvación de muchas almas."

               "Sí, sufrirás para ganarme almas, porque eres víctima escogida por Mi Corazón. Pero nada te perjudicará. No lo consentiré."

               A esta regalada promesa, Sor Josefa responde con una nueva entrega, total y plenamente confiada.

               Al otro día, Miércoles 26 de Enero, Jesús insiste de nuevo en la necesidad de padecer. Así lo escribió la confidente del Sagrado Corazón:

               "Durante la oración vino y me hizo sentir los latidos de Su Corazón. Le pedí que me enseñara a marle y que nunca le causase pena. Como si se alegrara de estas palabras me dijo:

                "El alma que ama desea sufrir, y el sufrimiento aumenta el Amor. El Amor y el sufrimiento unen al alma estrechamente con Dios hasta hacerla una misma cosa con Él."

               Y al quejarse Josefa de su debilidad:

                "Nata temas. Yo Soy la misma fortaleza. Cuando el peso de la Cruz te parezca superior a tus fuerzas, pide socorro a Mi Corazón."

                En cuanto a la oscuridad en que a veces la deja, el Señor vuelve a repetir lo que ya le había indicado en otra ocasión:

               "¿No sabes dónde estoy, Josefa, con gran seguridad?... Déjate guiar. Mis ojos están fijos en ti; tú fíjalos en Mí y abandónate."




NOTAS ACLARATORIAS:


                1- Para conocer más de la vida de Sor Josefa Menéndez toque AQUÍ . Puede encontrar otros extractos de "Un Llamamiento al Amor" por la etiqueta que lleva el mismo nombre en el ÍNDICE DE TEMAS situado en el margen izquierdo de este Blog.





jueves, 7 de febrero de 2019

PRIMER JUEVES DE MES: Oremos por la Santidad de nuestros Sacerdotes


                En el tradicional esquema de piedad de La Semana del Buen Cristiano dedicamos el día Jueves al Misterio Eucarístico y a orar por la santidad de los sacerdotes católicos; lo hacemos precisamente este día porque fue Nuestro Señor mismo quien eligió el Jueves Santo para instituir el Sacerdocio Católico y el Santo Sacrificio de la Misa. 

                De forma sencilla explicaba esto mismo el Romano Pontífice Pío XI en la Encíclica "Sobre el Sacerdocio Católico"; hacía poco de la valiente entrega de tantos Sacerdotes en México, que dieron su vida por Dios y Su Santa Iglesia. Transcurridos unos meses, aquella entrega martirial de los cristeros mexicanos, sería nuevamente rubricada en la Madre Patria, donde también miles de seglares, Sacerdotes, religiosos y algunos Obispos, fueron asesinados por el simple hecho de ser católicos.

               Por tanta sangre derramada por nuestros Gloriosos Mártires, los sacerdotes de hoy debemos dar valiente testimonio de ser hombres de Dios, íntegros, austeros, pobres y dispuestos siempre a abrazar la cruz martirial de la indiferencia o marginalidad.




La presente estampa está diseñada para ser imprimida a doble cara.
Se recomienda su copia y difusión. 






A LOS CATÓLICOS TIBIOS Y PAPÓLATRAS


                Los católicos integristas, aquellos que subsistimos en las catacumbas, que no acudimos a los templos que han ocupado los modernistas de guitarras y liberales opusinos, que vivimos en la tranquilidad de permanecer fieles a la Fe de siempre, hemos venido advirtiendo de la deriva de la Roma apóstata desde hace años. Tal vez la última declaración conjunta de Francisco y Gran Imán de Azhar, termine de abrir los ojos de aquellas pobres almas que andan confundidas...

                 Nunca ha sido nuestra intención escandalizar, sino exponer los errores gravísimos que se suceden en la iglesia "católica" oficial, la que dirige -aparentemente- Jorge Mario Bergoglio, pero que lejos de lo que muchos creen, no se originan cuando éste accede al Trono de San Pedro; Francisco es heredero de un "Concilio" que significó un antes y un después, que creó una nueva Misa, un nuevo Catecismo y en general, una nueva religión que se alejaba -y se aleja aún cada día- de los fundamentos de la Verdadera Fe Católica. 





                  Así fueron cómplices y artífices de este desastre los sucesores del masón Juan XXIII: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI (el primero fue autor de la nueva misa y el segundo el que aplicó la doctrina liberal del Concilio Vaticano II; entre otras, eliminó la excomunión a los masones y propició los encuentros inter religiosos, como el de Asís en 1988, donde se profanó la Basílica por los rituales paganos que se celebraron en su interior).

                Los católicos que amamos la Integridad del Dogma, nos honramos de ser llamados integristas, pues abrazamos la pureza de la Doctrina aún en contra de nuestro sentir personal, en contra de la "verdad" democrática y de la corrección política... siguiendo la máxima evangélica salida de los labios de Nuestro Señor "... si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo... que tome su cruz y me siga".

                Decir que la Iglesia se equivoca -como dicen los católicos tibios- es blasfemar, pues la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y Él no cabe pecado alguno ni imperfección. El Papa, puede equivocarse, pero NUNCA podrá enseñar el error. Si lo hace, tendremos que admitir que NO es Papa, pues un hereje, queda fuera de la Iglesia Católica en el momento mismo de caer en herejía; no es necesaria una condena ni una declaración. La herejía, la apostasía, son pecados contra el Espíritu Santo, que nos apartan de la Comunión con Cristo y nos impiden la felicidad eterna en el Paraíso a menos que antes de morir nos retractemos de corazón.

                Los que amamos profundamente la institución divina del Papado, en conciencia, no podemos reconocer como Papas válidos ni legítimos, a los que han ocupado la Sede de San Pedro después de la muerte del Venerable Pío XII. Por tanto permanecemos fieles a la Doctrina Católica tal y como fue enseñada y vivida hasta entonces y nos adherimos, con el mayor apego posible, a los Obispos y sacerdotes que no han doblado la rodilla ante el nuevo Baal del Concilio, sino que han permanecido íntegros en la Fe Católica pese al ostracismo en que se ven sumidos.

                La Santa Iglesia Católica es indefectible, perfecta y siempre asistida por el Espíritu Santo; en estos tiempos en que la Jerarquía ha apostatado, en que Pedro ha vuelto a negar a Jesús y los Apóstoles se han escondido, la Santa Iglesia sigue viva en cada bautizado que crea y practique la genuina Fe Católica, aunque para ello tenga que hacerlo en las catacumbas de su propia casa.

                A los que deseamos seguir en la Religión de siempre,  debemos empezar a amar la soledad del Calvario, porque a Cristo Nuestro Señor, le han vuelto a crucificar; de nuevo Jesús se ve solo con Su Madre y el Discípulo amado, que, como aquél Viernes Santo, le acompañan y consuelan mientras la soldadesca y el populacho judío se mofan de la escena.

                ¡Ánimo! El Cielo nos espera, pero para ello, debemos superar la prueba en medio de la Apostasía. El Martirio de los primeros cristianos fue cruento, mediante la persecución sangrienta... el Martirio de los últimos fieles, será incruento, por la difamación, la calumnia, el ridículo... que nada de ello nos importe si con padecer hemos de ser recompensados con el premio eterno.






EL AMOR DE FRANCISCO POR LOS INFIELES


                "El islam es una religión de paz, compatible con el respeto a los derechos humanos y la coexistencia pacífica" "Papa Francisco", 23 de Diciembre de 2014

               "La De­cla­ra­ción que he fir­ma­do con el Gran Imán apli­ca el Con­ci­lio" "Papa" Francisco, 6 de Febrero de 2019

               "En nombre de Dios, para salvaguardar la paz, necesitamos entrar juntos en una misma arca, para navegar los mares tormentosos del mundo: el arca de la fraternidad" ..."todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntos". (De la Declaración con el Imán de Azhar, Febrero de 2019)


LOS PAPAS DEL "CONCILIO" Y LOS MUSULMANES

               “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno“.

Nostra Aetate, apartado 3 "Papa" Pablo VI ( "Santo") Octubre de 1965.





              "Como cristianos y musulmanes, compartimos la fe en «el Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo». Aunque entendemos de modo diferente a este Dios único, coincidimos en nuestro esfuerzo por conocer y cumplir su voluntad. Esta aspiración religiosa constituye de por sí un vínculo espiritual entre cristianos y musulmanes, vínculo que puede representar una sólida y amplia base de colaboración en muchos campos. Esto es importante en cualquier lugar donde convivan cristianos y musulmanes, y de manera especial en Nigeria, en la que cristianos y musulmanes están presentes en tan gran número.

"Papa" Juan Pablo II, ("Santo")Discurso durante el encuentro con los líderes musulmanes en Nigeria, Marzo de 1998.


miércoles, 6 de febrero de 2019

LOS DOLORES Y ALEGRÍAS DE NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ




                Dos padres franciscanos navegaban por las costas de Flandes, cuando se levantó una horrorosa tempestad que sumergió el buque con trescientos pasajeros que llevaba. La Divina Providencia dispuso que estos dos religiosos se amparasen de una de las tablas del buque, sobre la cual se sostuvieron entre la vida y la muerte durante tres días, teniendo siempre el abismo debajo de ellos, que amenazaba tragarlos. 

               Siendo muy devotos de San José, llenos de confianza en su protección poderosa, se encomendaron a él como verdadera tabla de salvación, y como benigna estrella que debía conducirles al puerto. Apenas terminada su plegaria, fueron atendidos; la tempestad cesó, el cielo se puso despejado y sereno, la mar se calmó y la esperanza volvió a tener cabida en el fondo de sus corazones. Pero lo que colmó su alegría fue la aparición de un joven lleno de gracia y majestad, quien después de haberlos saludado bondadosamente, se ofreció a servirles de piloto, lo que hizo con tanta felicidad, que al cabo de poco saltaban ya en tierra. 

               Allí los dos religiosos se arrojaron a los pies de su libertador, y después de haberle declarado con afectuosas palabras su eterno agradecimiento, le rogaron encarecidamente que se dignase decirles quién era. “Yo soy José, les respondió; si queréis hacer algo que me sea agradable, no dejéis pasar día sin rezar devotamente siete veces la oración dominical y la salutación angélica en memoria de los siete dolores con que mi alma fue afligida y en consideración a los siete gozos con que mi corazón fue consolado en grado eminente, durante el tiempo que pasé sobre la tierra viviendo con Jesús y María”. Dichas estas palabras desapareció, dejándolos llenos de alegría y penetrados de un sincero deseo de honrar y servir durante toda la vida a su glorioso Protector.

               Devoto josefino, acepta esta promesa y está seguro que el mejor medio de alcanzar los favores de este gran Santo es, como él mismo lo ha declarado terminantemente, tomar parte en sus dolores y sus gozos, rezando con esta intención las oraciones aprobadas y enriquecidas de indulgencias por los Sumos Pontífices. Los sentimientos que llenarán tu corazón meditando estos tiernos misterios, serán uno de los más poderosos testimonios de amor que puedes tributar a san José y le inclinarán infaliblemente a protegerte en vida, a socorrerte en todas tus necesidades y a alcanzarte una santa muerte.




A LOS DEVOTOS DE SAN JOSÉ
o a aquellos que deseen serlo


               1º. Cada día. Tus primeras palabras al despertarte, y al dormirte las últimas serán: Jesús, María y José. Asimismo, cada día le rezarás al Santo bendito, mañana y noche, a lo menos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, recordando uno de sus siete dolores y gozos.

               2º. Cada semana. Conságrale el Miércoles, y en este día rézale los Siete Dolores y Gozos.

               3º. Cada Mes. Conságrale el día 19 y confiesa y comulga o el Domingo inmediato, si no puedes en dicho día. Hazle la visita y el ejercicio propio de aquel día, y guarda más silencio y recogimiento y retiro.

              4º. Cada año. Conságrale el mes de Marzo y haz siete días de ejercicios espirituales, si te es posible.

              5º. Celebra sus fiestas: Desposorios, Patrocinio, Huida a Egipto, etc. Sobre todo el día de su Fiesta principal (19 de Marzo) no dejes de confesar y comulgar, ayunando y haciendo
alguna limosna u obra de misericordia en honor del Santo.

              6º. Haz los Siete Domingos, como preparación remota a su Fiesta y la novena, como preparación próxima a la misma; y siempre que necesites alcanzar por intercesión del Santo alguna gracia especial.

             7º. En todo tiempo y lugar hazte un deber de imitar las virtudes del Santo, y de alabar, invocar y pregonar sus bondades y excelencias, propagando su Devoción y culto siempre que tengas ocasión propicia. Sobre todo, ante todo y más que todo, pide a Dios, por intercesión del Santo Patriarca, la gracia de la buena muerte, porque es la gracia de las gracias, y todas las otras gracias sin ella serían para ti mayores desgracias. A este fin que te sea muy familiar la jaculatoria: Jesús, José y María, expire en paz con vos el alma mía. (100 días de indulgencia).



Esta imagen está diseñada para el apostolado; se recomienda su copia y difusión siempre
que se respete en su originalidad y no se use con fines económicos


               No olvides por fin, devoto josefino, que las devociones y practica de piedad que más agradan al santo patriarca, son las que logran más eficazmente que Jesús viva por amor y gracia en las almas y muera el pecado, y que , por consiguiente, la oración, confesión y comunión frecuentes son las devociones que más le agradan. Ora, pues, confiésate y comulga lo más a menudo que puedas, y con esto, no lo dudes, merecerás la protección y amor del Santo en vida y en la hora de la muerte. Haz esto, devoto josefino, y serás feliz en el tiempo y por toda la eternidad. 


De los escritos del Padre Enrique de Ossó en su "Devocionario josefino"




martes, 5 de febrero de 2019

SAN FELIPE DE JESÚS, el primer Santo Mártir de México


               Se llamaba Felipe de Las Casas, hijo primogénito de Alonso de Las Casas y Antonia, nació en la Ciudad de México, el 1 de Mayo de 1572, en la Fiesta del Apóstol San Felipe, de quien toma su nombre. Tuvo diez hermanos. De padres españoles acaudalados, quienes le educaron en el ambiente de su época y de clase. Don Alonso era teniente-factor, comerciante de los fuertes, que negociaba o intermediaba entre el Galéon que llegaba a Acapulco, “La Nao de China” y el que fondeaba en Veracruz, procedente de España. Felipe creció en la abundancia.




               Su “nana” que lo amamantaba en la niñez, pasará a la historia como profeta, al exclamar que “Felipillo sería santo, sólo si la higuera –seca que conservaban en su patio- reverdecía”, cosa que sucedió el día en que Felipe moría Mártir en Nagasaki, el 5 de Febrero de 1597. Acapulco cuenta hoy, custodiada en un vivero, para posteriormente ser colocada en la nueva Catedral, un retoño de esa bendita higuera, testimonio de la santidad de San Felipe de Jesús.

               Su educación se realizó en el Colegio jesuita de San Pedro y San Pablo, en la Ciudad de México. Más tarde ingresaría al noviciado de Santa Bárbara, con los Padres Franciscanos en Puebla de los Ángeles, sin perseverar. Sus padres lo pusieron a trabajar en la orfebrería, mostrando habilidad para trabajar la plata, pero nuevamente le faltó constancia.

              Entonces Felipe optó por una solución extrema, se alejaría de México, rumbo a un mundo misterioso y perdido en la distancia del mar, iría a Filipinas, y el paso inevitable, abandonar para siempre Acapulco y su preciosa bahía de Santa Lucía. La intención era actuar como agente de compras de su padre en Manila.

               Se embarcará en Acapulco en el Galeón Santiago, en el que navegaba también el nuevo Gobernador de Luzones, Gómez Pérez Dasmariñas, en 1590.

               Fray Juan Pobre, su compañero de travesías nos deja una admirable descripción de Felipe: “mancebo distraído, criado en regalos, cambióse en mucho recogimiento y silencio”. En Manila, conoce la labor misionera de los franciscanos descalzos e ingresa con ellos para dedicarse a la Evangelización, mientras se educaba para ser sacerdote.




               Al finalizar sus estudios, no habiendo Obispo que lo ordenara en Manila, recibió la orden de volver a México para ser ordenado. En la travesía, una fuerte tifón hizo el barco San Felipe naufragara durante 40 días y encallara en las costas de Japón, donde una fiera y universal persecución ordenada por Taicosama lo llevará a la muerte. Apresado en Kyoto, desde donde fueron llevados hasta Nagasaki, donde serían martirizados, recorrieron 900 kilómetros a pie, el trayecto durante 32 días. Durante el camino les cortaron parte de la oreja para ser reconocidos en caso de escapar, y a su paso sufrían el escarnio de la gente que los escupía y maldecía, cargaban su cruz sobre sus hombros en largo vía crucis. Murió junto con otros 25 compañeros (6 frailes franciscanos, 3 jesuitas y 17 seglares japonese) entre los cuales, los más pequeños eran: Tomás de 14 años, Antonio de 13 y Luis Ibaraki de 12. Era el 5 de Febrero de 1597.

               Los testigos del Martirio dan fe, de que Felipe, al llegar a la Colina Santa de Nishizaka, presentaba una palidez de muerte, señal de que ya había perdido toda la sangre, solo lo mantenía en pie su fe en la Resurrección, al ser crucificado, la cruz le quedó muy grande para su tamaño, y al serle colocada una argolla en el cuello, eso le provocó la muerte por asfixia, todavía los verdugos, para asegurar su muerte lo flecharon. Cabe recordar que esa Colina es el mimo lugar donde cincuenta años más tarde alcanzaría el martirio nuestro paisano acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel, franciscano descalzo como nuestro San Felipe de Jesús.

               Felipe de Jesús murió, diciendo como últimas palabras: ¡Jesús!¡Jesús!¡Jesús!. Fue Beatificado, junto con sus compañeros el 14 de Septiembre de 1627 y Canonizado el 8 de Junio de 1862, convirtiéndose en el primer Santo Mártir mexicano.





lunes, 4 de febrero de 2019

SAN ANDRÉS CORSINI


               Lo llamaron Andrés por el Apóstol del mismo nombre, en cuyo día nació, en Florencia, en 1302. Pertenecía a la distinguida familia de los Corsini, y nos dicen que sus padres lo consagraron a Dios antes de su nacimiento; pero a pesar de todos sus cuidados, la primera parte de su juventud la pasó en el vicio y la disipación, entre malos compañeros. Su madre no dejaba de rogar por su conversión, y un día, en la amargura de su pena dijo, «Veo que ciertamente eres el lobo que vi en mi sueño», y explicó que antes de nacer él, había soñado que había dado a luz a un lobo que entró corriendo a una iglesia y se había cambiado en cordero. Añadió que ella y su padre lo habían consagrado al servicio de Dios, bajo la protección de la Santísima Virgen, y que esperaban que llevaría una vida muy diferente de la que llevaba. Estos reproches le causaron honda impresión. Lleno de vergüenza, fue Andrés al día siguiente a la iglesia de los frailes carmelitas, y después de haber rezado fervorosamente en el altar de Nuestra Señora, la gracia de Dios lo alcanzó de tal modo, que resolvió abrazar la vida religiosa en aquel convento. Todos los artificios de sus antiguos camaradas, y las solicitudes de un tío suyo, que trató de volverlo de nuevo al mundo, fueron inútiles para cambiar su propósito: nunca abandonó el primer fervor de su conversión.






               Andrés se ordenó sacerdote en el año de 1328; pero para escapar a la fiesta y música que su familia había preparado -siguiendo la costumbre de la época- para el día en que celebrara su primera Misa, se retiró a un pequeño convento, a siete kilómetros fuera de la población, y allí, desconocido y con muchísima devoción, ofreció a Dios Todopoderoso los primeros frutos de su sacerdocio. Después de dedicarse algún tiempo a predicar en Florencia, fue enviado a París, donde asistió a las escuelas por tres años. Continuó sus estudios por un tiempo en Aviñón con su tío, el Cardenal Corsini, y en 1332, cuando regresó a Florencia, fue electo Prior de su convento. Dios premió su virtud con el don de la profecía, y también se le atribuían milagros de curaciones. Entre los prodigios de orden moral y conquista de almas endurecidas, fue especialmente notable la conversión de su primo Juan Corsini.

               Cuando el Obispo de Fiésole murió, en 1349, el capítulo eligió por unanimidad a Andrés Corsini para ocupar la sede vacante. Sin embargo, tan pronto como le informaron de lo que estaba sucediendo, se escondió con los Cartujos de Enna. Los canónigos, desesperados ya por no encontrarlo, iban a proceder a una segunda elección, cuando su escondite fue revelado por un niño. Después de su consagración como Obispo redobló sus anteriores austeridades. Diariamente se daba una severa disciplina mientras rezaba la letanía, y su cama era unas ramas de vid esparcidas en el suelo. Decía que la recreación de sus labores era el meditar y leer las Sagradas Escrituras. Evitaba lo más posible hablar con mujeres, y rehusaba escuchar aduladores o soplones. Su ternura y cuidado para con los pobres eran extremos, y era particularmente solícito en buscar a los que tenían vergüenza de que se supiera su desgracia; a estos ayudaba con toda discreción posible. San Andrés también tenía talento para aplacar disputas, y con frecuencia tenía éxito para restablecer el orden en donde brotaban disturbios populares. Por esa razón, el Papa Urbano V lo envió a Bolonia, donde la nobleza y el pueblo se hallaban lastimosamente divididos. Después de sufrir muchas humillaciones los apaciguó, y permanecieron en paz durante todo el resto de su vida. Todos los jueves lavaba los pies a los pobres, y nunca despachaba a ningún mendigo sin darle limosna.

               Cuando cantaba la Misa de Navidad la noche de 1372, san Andrés cayó enfermo y murió en la Epifanía siguiente, cuando tenía setenta y un años de edad. Inmediatamente, por la voz del pueblo fue proclamado santo, y el papa Urbano VIII lo canonizó solemnemente en 1629. Andrés fue sepultado en la iglesia carmelita de Florencia. El Papa Clemente XII, que pertenecía a la familia Corsini, construyó y dotó una capilla en honor de su pariente en la Basílica de Letrán. El arquitecto de esta capilla, en la cual sepultaron al propio Clemente, fue Alejandro Galilei. En 1737, el mismo papa añadió al calendario general de la Iglesia occidental a San Andrés Corsini.

"Vidas de los Santos de A. Butler", Herbert Thurston, SI



domingo, 3 de febrero de 2019

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ -Primer Domingo-


PREPARACIÓN

               Este ejercicio piadoso en honra del Glorioso San José apenas te llevará unos minutos; procura hacerlo teniendo cerca una imagen suya, que bien puede ser la que acompaña este artículo. Luego, recogido de las preocupaciones cotidianas, intenta adentrarte en espíritu en la casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia? 





               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mi me pesa, pésame, Señor, de todo corazón de haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracias para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo.




DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ


          -Primer Dolor: Cuando San José estaba dispuesto a repudiar a su Inmaculada Esposa 

"Estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo" (Evangelio de San Mateo, cap.1, vers.18).

          -Primer gozo: Cuando el Arcángel le reveló a San José el sublime Misterio de la Encarnación 

"El Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús" (Evangelio de San Mateo, cap.1, vers. 20-21).


ORACIÓN

          Glorioso San José, Esposo de María Santísima. Como fue grande la angustia y el dolor de tu corazón, en la duda de abandonar a tu Purísima Esposa, así fue inmensa la alegría cuando te fue revelado por el Ángel el soberano Misterio de la Redención.

          Por este Dolor y aquella Alegría, te rogamos nos consueles en las angustias de nuestra última hora y nos concedas una santa muerte, después de haber vivido una vida semejante a la tuya junto a Jesús y María. 

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, para terminar diciendo

         San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


sábado, 2 de febrero de 2019

LA VIRGEN DE LA CANDELARIA, Madre de canarios e hispanos

Breve relato de la Aparición 
de Nuestra Señora de la Candelaria
a los aborígenes de la Isla de Tenerife



Nuestra Señora de la Candelaria, Patrona del Archipiélago Canario


                Tal y como señala Fray Alonso de Espinosa en su Historia de Nuestra Señora de Candelaria, es difícil averiguar la fecha precisa de la aparición de la Virgen dado que el relato de este hecho fue pasando de boca en boca sin una constatación escrita. No obstante Fray Alonso de Espinosa señala como probable la fecha de 1400 (105 años antes de la evangelización de la isla). La imagen de la Virgen apareció en un lugar desierto y muy seco a la orilla de la mar, junto a una playa de arena en la que desemboca un barranco. El relato de la aparición narrado por la fuente documental más directa es el siguiente:

          “Yendo dos naturales por aquella costa repastando su ganado, habiendo de pasar por aquella playa, llegando el ganado, que por la playa iba derramado, a la boca del barranco, se espantó y, no queriendo pasar, remolinaba. Uno de los pastores, creyendo que su ganado se espantaba porque sentía gente y pensando que fuesen algunos naturales que le querían robar (...) para certificarse pasó adelante y mirando hacia aquella parte del barranco, vio la santa imagen que estaba en pie sobre una peña (...).

          Y porque entre ellos era costumbre que, si topaban alguna mujer a solas y en un lugar solitario no la hablaban, porque incurrirían en pena de muerte, le hizo señas para que se apartase, porque su ganado que remolinaba tuviese lugar de pasar. Pero como la imagen no hiciese movimiento alguno, ni respondiese palabra, amohinóse el pastor y acudió a sus acostumbradas armas, que eran piedras y, haciendo de una, levantó el brazo, y fuese para amenazarle, o para tirarle con ella. 

          Y así como levantó el brazo, yendo a desembrazar para hacer su tiro, se le quedó, yerto y extendido sin poderlo rodear. 

           El otro compañero, habiendo visto lo que pasaba, y no quedando escarmentado, cobrando atrevimiento de que no había mudamiento ni voz y de que, aunque hablaban al bulto o imagen, no respondía, quiso hacer nueva experiencia, aunque a costa suya y de ver si era cosa viva; Y llegándose cerca con más miedo que vergüenza, tomó una tabona, que es una piedra prieta y lisa como azabache que, herida una con otra, se hace en rajas y queda con filo como navaja, con que sangran y sajan; tomando pues, esta piedra se llegó a la santa imagen para quererle cortar un dedo de la mano, por satisfacer a su ignorancia y ver si sentía; Y poniendo el dedo de la imagen sobre el suyo y comenzando a cortar en él, hallándose el necio burlado porque la herida se daba a sí propio en sus dedos, sin hacer daño a la mano de la santa imagen (...)

          Estos fueron los dos primeros milagros que esta Señora, para bien de los naturales hizo en ellos mismos, y confirmólos después, como se verá”.

("Del origen y milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Candelaria, que apareció en la Isla de Tenerife con la descripción de esta Isla" por Fray Alonso de Espinosa)

              Los pastores admirados, deciden comunicar el hecho al Mencey Acaimo (rey aborigen canario) de Güimar, tierra de la que eran vasallos y donde la imagen apareció. Este convoca a sus nobles y vasallos en el Tagoror y deciden visitar el lugar indicado.

               Cuenta Fray Alonso de Espinosa, el asombro que causaba la contemplación de la imagen al no ver en ella movimiento alguno. Deciden llevarla a casa del rey a pesar del miedo que les causaba esa extraña mujer vestida con ropas para ellos desconocidas. Fueron los pastores que la hallaron los primeros en alzar la imagen y en ese instante se curaron de sus males. A continuación todos querían cargar con ella pero era tan pesada que pronto pedían socorro para que les ayudasen a portearla.

               La depositaron en la cueva del rey de Güimar donde fue agasajada con pieles de cabra y oveja. El mencey ordenó comunicar el hallazgo y el milagro ocurrido a los restantes menceyatos. Reunidos todos los menceyes (Taoro, Abona, Adeje, Anaga, Tegueste y Tacoronte) acuerdan rendir obediencia y admiración a esta imagen “que aquello debía ser alguna cosa del cielo, y como tal fuese reverenciada”. La imagen permaneció en la cueva del mencey de Güimar durante treinta o cuarenta años.




               Es ahora el momento en el que aparece la persona de Antón, lugareño que fue apresado por los españoles y educado en la fe cristiana. Narra Fray Alonso de Espinosa que alrededor de 1420, las islas de Fuerteventura y Lanzarote ya estaban evangelizadas y que con frecuencia salían de ella moradores en navíos a saltear y llevar presos cautivos. Uno de ellos fue un muchacho que hallaron pescando en las costas de Güimar, al que bautizaron con el nombre de Antón.

               Años más tarde, Antón es liberado y regresa al Menceyato de Güimar. Allí le muestran la imagen que con tanto cuidado custodiaban, al verla se postra de rodillas ante ella e indica a los presentes que hagan lo mismo.

               En este momento Antón predica el bien, el tesoro y las virtudes de esta imagen. Les explica que con esta Señora, Patrona no tienen nada que temer, que es la Madre del sustentador del Cielo y la Tierra. Por consejo de Antón, los menceyes deciden darle una morada más digna en la cueva de Achbinico, hoy llamada cueva de San Blas. Antón fue el guardián de esta ermita y empezaron a celebrarse fiestas como las de Febrero al terminar las sementeras y la de Agosto después de la recogida de las cosechas. En esta memorable fiesta se vio sobre la arenosa playa una procesión católica, siendo paseada la imagen a hombros de los Menceyes de Taoro, Güimar, Anaga y Tacoronte.

               Con los años, la continua emigración canaria hacia Hispanoamérica, llevó consigo que el culto a Nuestra Señora de la Candelaria se extendiese por el todo el continente, desde Chile a Texas, pasando por Argentina, Colombia, Uruguay, Venezuela, México... claros ejemplos de ello son el Hermano Pedro de Betencur y el Padre José de Anchieta, cofundador de la ciudad de Saõ Paulo.

              Una vez más, los canarios volveremos a rendir homenaje a Nuestra Madre y Señora.




viernes, 1 de febrero de 2019

PRIMER VIERNES: Unirnos a los sentimientos del Sagrado Corazón


          La Devoción de LOS PRIMEROS VIERNES DE MES es una tradicional práctica de amor hacia el Sacratísimo Corazón de Jesús, según Sus propios deseos, manifestados a Santa Maragarita de Alacoque en 1675:

              Yo te prometo, en el exceso de la Misericordia de Mi Corazón, que Mi Amor omnipotente concederá a todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, y que no morirán en Mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, asegurándoles Mi asistencia en la hora postrera.

               Consiste esta piadosa práctica en recibir la Sagrada Comunión en el primer viernes durante nueve meses consecutivos. Implica estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 





               Debemos ofrecer también -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.

               El Sagrado Corazón de Jesús, que nada ha escatimado por conquistar nuestro amor, hasta el punto no sólo de dar Su Vida en el Calvario, sino que además renueva ese Sacrificio a diario en los altares por manos de Sus sacerdotes, se presta a ser encerrado en el Sagrario, esperando paciente la limosna de nuestra visita... 

               Ese Divino Corazón es nuevamente traicionado: ayer por Judas, hoy por aquellos que más debieran amarlo y que sólo le ofrecen las migajas de sus afectos. No quieras contar tú en la lista de los tibios, de los que aman a ratos, pero que no se entregan del todo a las exigencias de una vida cristiana.

                La Piedad Católica no consiste sólo en rezar vocalmente, sino que esas oraciones deben salir de un corazón que desea enamorarse de Jesús y de María; no reces sólo porque tengas problemas o dificultades, pues también el tener salud  y vida es motivo de agradecimiento a Dios. No reces sólo porque tengas ganas de hacerlo o sientas fervor, porque rezar así es bien fácil y consuela mucho; sin embargo, cuando te obligas a rezar, negándote a la pereza, aunque te sientas frío, esa oración será aún más valiosa ante los ojos de Dios, pues Él verá tu superación y el deseo de reparar por aquellas almas que viven de espaldas al Señor.



Condiciones para ganar esta gracia

                 1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (obviamente, sin estar en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la Misa dominical). Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón.

                2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

                3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.



Estampa para seguir la Devoción de los Primeros Viernes


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