miércoles, 27 de octubre de 2021

LA SÚPLICA A SAN JOSÉ que recomendara el Papa León XIII

  



               Durante periodos de tensión y de prueba —sobre todo cuando parece en los hechos que toda ausencia de ley es permitida a los poderes de la oscuridad— ha sido costumbre en la Iglesia suplicar con especial fervor y perseverancia a Dios, su Autor y Protector, recurriendo a la intercesión de los Santos —y sobre todo de la Santísima Virgen María, Madre de Dios— cuya tutela ha sido siempre muy eficaz. El fruto de esas piadosas oraciones y de la confianza puesta en la Bondad Divina, ha sido siempre, tarde o temprano, hecha patente. 

               ...conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la Religión Cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la Fe, raíz de todas las Virtudes Cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la Caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia... Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar la asistencia del Poder Divino.

               Estando en el mes de Octubre, que hemos consagrado a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, exhortamos encarecidamente a los fieles a que participen de las actividades de este mes, si es posible, con aún mayor piedad y constancia que hasta ahora. 

               Sabemos que tenemos una ayuda segura en la maternal bondad de la Virgen, y estamos seguros de que jamás pondremos en vano nuestra confianza en Ella. Si en innumerables ocasiones, Ella ha mostrado Su Poder en auxilio del Mundo Cristiano, ¿por qué habríamos de dudar de que ahora renueve la asistencia de Su Poder y favor, si en todas partes se le ofrecen humildes y constantes plegarias?. No, por el contrario creemos en que Su intervención será de lo más extraordinaria, al habernos permitido elevarle nuestras plegarias, por tan largo tiempo, con súplicas tan especiales. 

               Para que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con Misericordia y prontitud en auxilio de Su Iglesia, juzgamos de profunda utilidad para el Pueblo Cristiano, invocar continuamente con gran piedad y confianza, junto con la Virgen Madre de Dios, Su casta Esposa, a San José; y tenemos plena seguridad de que esto será del mayor agrado de la Virgen misma... es de gran importancia que la Devoción a San José se introduzca en las prácticas diarias de Piedad de los Católicos.

               Es conveniente y sumamente digno del Bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la Familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su Celeste Patrocinio a la Iglesia de Cristo.




               ...destinado a ser el Custodio de la Religión Cristiana, debe ser tenido como el Protector y el Defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la Casa del Señor y el Reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse a la confianza y tutela del Bienaventurado José. 

              Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el Modelo y Protector de la integridad virginal. Los Nobles de nacimiento aprenderán de José como custodiar su dignidad incluso en las desgracias; los ricos entenderán, por sus lecciones, cuáles son los bienes que han de ser deseados y obtenidos con el precio de su trabajo. En cuanto a los trabajadores, artesanos y personas de menor grado, su recurso a San José es un derecho especial, y su ejemplo está para su particular imitación. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia... 


Papa León XIII, extractos de su Encíclica 
"Quamquam Pluries", 15 de Agosto de 1889



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