viernes, 12 de abril de 2024

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA PARTIDA DE AMPARO ORTEGA

 



QUIEN PARTICIPA EN LAS PENAS DE MI PASIÓN PUEDE OBTENER LO QUE QUIERE, de las revelaciones de Luisa Piccarreta sobre la Pasión de Nuestro Señor

 

Bienaventurados los que lloran, 
porque ellos serán consolados 

Evangelio de San Mateo, cap. 5, vers. 5



Hija Mía, el primer significado de la Pasión contiene gloria, alabanza, honor, agradecimiento, reparación a la Divinidad. El segundo es la salvación de las almas y todas las gracias que se necesitan para obtener esta finalidad.

Entonces, quien participa en las penas de Mi Pasión, su vida contiene estos mismos significados, no solo, sino que toma la misma forma de Mi Humanidad, y como dicha Humanidad está unida con la Divinidad, también el alma que participa en Mis penas está en contacto con la Divinidad y puede obtener lo que quiere.

Es más, sus penas son como llaves para abrir los tesoros divinos,  esto mientras vive acá abajo, y después allá en el Cielo también le está reservada una Gloria distinta que le es dada por Mi Humanidad y Divinidad, en modo de semejarse a Mi misma Luz y Gloria, y será una Gloria más especial para toda la Corte Celestial, que le será dada por medio de esta alma, por lo que Yo le he comunicado, porque por cuantas más almas se han asemejado a Mí en las penas, tanto más de dentro de la Divinidad saldrá Luz y Gloria, y toda la Corte Celestial participará  de esta Gloria.


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, 
el 30 de Mayo de 1904



jueves, 11 de abril de 2024

MI CREDO, DONACIÓN TOTAL Y AMOROSA, de las Revelaciones al Hno. Estanislao José

 



                1. Yo creo Padre mío, en Vos y os amo como hijo. 

                2. Yo creo en Vos, Hijo de Dios y os amo como a Hermano. 

                3. Yo creo en Vos Espíritu Santo y os quiero como a mi amor. 

                4. Y en Vos Madre mía, creo y os amo de corazón, y porque obedecer a la voz interna que se oye en mi alma, he aquí como os expongo las creencias que Vos habéis sembrado en mí. 

                5. Creo, Santísima Trinidad y Madre que Vos habéis arrancado de mi alma las criaturas y que no ha sido mi esfuerzo. 

                6. Creo que la atracción interna hacia Vos que siento en mí, sois Vos quien la origináis. 

                7. Creo que vuestra gracia ha sido la que ha operado en mí este cambio tan sensacional que siento en mí. 

                8. Creo que vuestra intervención es la que me hace desamar todo lo vil y vano y que me punza sin cesar para ocultarme en Vos y morir allí mártir de vuestro Amor. 

                9. Creo que la acción que se opera en mi alma sois Vos la causa y que vuestra diestra me sostiene, me guía y me enseña sin cesar. 

                10. Creo que Vos os hospedáis en mí y que yo resido en Vos, que yo con Vos y Vos conmigo vivimos en íntima unidad. 

                11. Creo que me habéis de unificar más a Vos cada día y que siempre os he de amar sin reflexión, y que os he de ser fiel, y que os he de dar gloria. 

                12. Creo que durante la vida seré siempre vuestro templo humilde, pero hermoso. 

                13. Creo que vuestra constante protección me llevará siempre a cumplir vuestros quereres y que al fin de mi vida me daréis el abrazo de paz y de gozo intenso y eterno. 

                14. Creo que la voz interna que oigo en mí es vuestra porque no la puedo rechazar, y creyendo con vuestra disposición y deseando sólo lo que Vos queréis, accedo a esa misma voz y creo cuanto ella me enseña, creyéndolo porque me uno a Vos, porque me santifica. 

                15. Creo, pues, estando intensamente unido a Vos, cuanto esa dulce y penetrante voz me ha enseñado. 

                16. Movido, pues, muy a pesar mío, por esa voz intensa y accediendo a ella os digo, pero ya veis con qué disposición, que creo (y esto es lo más sublime y lo que más me cuesta) os digo, pues, que creo en lo referente a la Misión de que habéis hablado, pero con esa creencia, con ese querer, con ese amor que me une, que me intima, que me unifica más a Vos, únicos seres a quienes pertenezco y a quienes de corazón amo. 

                17. Creo, pues, en lo referente a la Misión, creo que eso viene de Vos y como proveniente de tal conducto lo recibo, por ello os adoro y amo y beso vuestra voluntad y creyendo que soy movido por vuestra gracia, desde hoy acepto esas enseñanzas, creyéndolas venidas de Vos, pues bien sé que de mí no vienen, jamás he tenido pretensiones. 

                18. Y procuraré creer todo esto tal como lo creo en los momentos en que me siento más asido por vuestra Presencia, durante los cuales ya sabéis que vuestra gracia se apodera de mí y no me deja dudar. 

                19. Creo en que según me habéis dicho tengo de ser vuestro, niño vuestro, juguete vuestro, vuestra Víctima, vuestro Apóstol, vuestro hijo: creo que siempre seré el Mártir de vuestro querer. 

                20. Creo que viene de Vos lo referente a Roma como de vuestra procedencia y porque creo que Vos lo queréis, porque así oigo que me lo decís, lo creo, lo recibo. 

                21. Creo pues que cuando llegue la hora Vos confirmaréis estas mis creencias que Vos habéis sembrado en mi alma, con el cumplimiento de vuestro querer, sobre mí y sobre aquel (*) a quien Vos me habéis unido. 

                22. Creo que aunque halla mil y mil contradicciones, persecuciones, dudad, etc. etc. Vos habéis de hacer esta Obra, pues creo que Vos mismo repetidas veces me habéis dicho que es vuestra. 

                23. Creo que trabajaré en ella tal como Vos lo exigís de mí, y que ese trabajo me santificará y que con ello os daré la mayor gloria. 

                24. Creo que Vos seréis mi sostén, mi consuelo, mi apoyo, mi todo, durante la vida y al fin de ella me llevaréis con Vos a la Gloria. 

                25. Creo que os agrado, que os amo, que os doy gloria con mi modo de vivir y que Vos tenéis en mí la más cumplida alegría y satisfacción. 

                26. Creo que Vos Madre, me sostendréis siempre como a vuestro hijo, a vuestro Apóstol y a vuestra Víctima, y que así me cuidaréis siempre. 

                27. Creo que siempre he de vivir por Vos y que por Vos moriré. 

                28. Creo, Madre mía amadísima, que siempre viviré en Vos, que viviré para Vos y para vuestra gloria, y que amaros será siempre el móvil de todas mis empresas, y creo que éstas sólo las llevaré a cabo, sean cuales fueren, por vuestro amor y para daros gloria a Vos y a la Santísima Trinidad. 

                29. Creo, Madre que al fin de mi vida, Vos recibiréis mi alma y que Vos la abriréis las puertas del Cielo y que con Vos me presentaré ante el Padre, y que Vos le hablaréis de mí. 

                30. Creo todo cuanto Vos queráis que crea, amar cuanto Vos queráis que ame, trabajar cuanto Vos queráis que trabaje y donde Vos queráis que trabaje y hasta cuando Vos queráis que trabaje. 

                Recibid, Madre mía, mi CREDO que hago para obedecer al Espíritu Santo. Leed en mi alma la impresión que esto me produce, la intención con la cual lo hago y el deseo que siento al hacerlo. Sea siempre vuestra azucena purísima, vuestro vergel inmaculado, esa sonrisa vuestra que constantemente me arrebata y que me hace obrar siempre por puro amor Junto con este CREDO, que también os lo ofrezco, os doy toda mi alma, todo mi ser, todo lo que tengo, si es que algo poseo aún. 

                Y todo lo dicho, Madre mía y Santísima Trinidad, lo creo porque creo que Vos queréis que lo crea porque siento que Vos me mandáis creerlo, y accediendo a vuestra petición y con el permiso de mi superior, firmo estas creencias que creo Vos habéis puesto en mi alma; las firmo, digo, con la sangre de mis venas. 

                Lembecq (Bélgica), 23 de Mayo de 1926, Fiesta del Espíritu Santo; 30 de Mayo de 1926, Fiesta de la Santísima Trinidad. Vuestra víctima de amor, Madre, te amo, te juro amarte y defenderte. Firmado Hermano Estanislao José. 

                Admirable acto de FE el de este CREDO de nuestro Hermano Estanislao José en la época misma en que se burlaban de su doctrina, que no era suya sino del Cielo. Cada uno de sus artículos merece la pena de releerse y meditarse; en ellos se ve, se siente la sencillez y a la vez la fortaleza y energía de su fe viva, dispuesto a dar la vida por defenderla. Despide luz, gracia, amor de Dios. 

                Ésta no es un alma vulgar, no se trata de un alucinado, ni de un loco; se trata de un joven sensato, valiente, audaz, heroico y enamorado locamente de los Corazones Eucarísticos de Jesús y María, como le mandaron llamase a nuestros amadísimos Soberanos. 

                Leed a este joven maravilloso que supo entregarse del todo a la acción de la gracia, a las exigencias de todo un Dios puesto a pedir… Este Credo con sus 30 actos de Fe, lo creo con Fe explicita y rotunda y creo también que el artículo 21 (*) se refiere a mi persona que firmo así: Hno. Ginés de María Rodríguez Martínez Manrique Álvaro.


"Hermano Estanislao José, un joven heroico desconocido"

Hno. Ginés de María Rodríguez f.s.c.


               Olimpio Fernández Cordero nació el 23 de Septiembre de 1903; vio la vida en Bustillo de la Vega, una pedanía de la provincia de Palencia (España). Desde muy pequeño dio claras muestras de una sincera piedad y de gran temor de Dios. Cuando estaba próximo a cumplir los 18 años ingresó en el Noviciado de Los Hermanos de La Salle de Bujedo (Burgos). Tornó su nombre por el de Estanislao José; según sus coetáneos siempre se comportó como un perfecto religioso. 

               Nuestro Señor y la Virgen Purísima se manifestarían a este joven consagrado para sumergirlo en una gran realidad sobrenatural: la Presencia de María Virgen en el Santísimo Sacramento del Altar, unida mística y realmente a Su Divino Hijo, desde que lo llevó en Sus entrañas virginales, hasta que los sostuvo entre Sus brazos tras el descendimiento de la Cruz, actuando así como Sagrario, Corredentora y Víctima junto a Nuestro Señor. 

               El Hermano Estanislao José murió en Griñón (Madrid), el 28 de Marzo de 1927, tras haberse ofrecido incesantemente como Víctima por el Reinado Eucarístico de los Sagrados Corazones. 

               "He leído casi de un tirón su Vida del Hno. Estanislao José. Me pregunto: ¿Por qué no se ha escrito y divulgado desde hace muchos años la heroica santidad de este Hermano? Ejemplar en los tres votos no canónicos como asimismo en las virtudes ejercitadas para cumplirlos... El mundo entero necesita “ver” vidas tan ejemplares como la del Hermano Estanislao José" (Nota introductoria a la biografía del Hno. Estanislao José escrita por el Padre Pelayo de Zamayón, O.F.M. C. Decano de la Facultad de Filosofía de Salamanca).




martes, 9 de abril de 2024

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS por la Santa Faz de Nuestro Señor

 


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El Señor habló a Moisés, diciendo: Habla 
a Aarón y a sus hijos, diciendo: De este modo 
habréis de bendecir a los hijos de Israel: 
"El Señor te bendiga y te guarde; 
haga brillar el Señor Su Faz sobre ti 
y tenga misericordia de ti; vuelva el Señor 
Su Faz sobre ti y te conceda la paz". 
Así invocarán Mi Nombre sobre 
los hijos de Israel, y Yo les bendeciré. 


Libro de Los Números, cap. 6, vers. 22-27



lunes, 8 de abril de 2024

MI FELICIDAD PARA SIEMPRE. "YO EN DIOS o EL CIELO", por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo de Las Batuecas, capítulo VI, punto 33

 


               Se habla de cambiar los modos sociales del mundo para llegar a obtener un mundo mejor. Es la ilusión y el anhelo de todos: vivir un mundo mejor. Y está fomentado este estímulo y este deseo de la transformación del mundo en el deseo de ver y poseer a Dios, Sumo Bien, pues para Dios y para el Sumo Bien hemos sido criados todos los hombres. Sin la esperanza de la felicidad faltaría el atractivo para vivir esta trabajosa vida de la tierra tan llena de sinsabores y muy duras necesidades. 

               Vivimos "una mala noche en una mala posada". Esperamos el amanecer del mañana en el Palacio de Dios, Nuestro Padre, lleno de delicias y de todos los gozos sin límites, ni en el número, ni en el tiempo, ni en la intensidad y variedad. La tierra no es el centro de las almas. El centro de las almas y de la felicidad es Dios glorioso en el Cielo, donde le veremos y poseeremos. Dios es el Cielo verdadero y la felicidad cumplida. 

               Alma mía y cuerpo mío, habéis sido creados para disfrutar la dicha del Cielo en la Vida y en el Gozo de Dios. Aquí en la tierra estáis de paso para sembrar buenas obras y obtener méritos que disfrutaréis después en el Cielo para siempre. 

               Quiero cerrar estos ojos del cuerpo y recrearme en el esplendor y dicha del mañana del Cielo, que no tiene término. Quiero recrearme en lo que será mi felicidad para siempre, mirándolo con mirada de Fe. ¿Cómo será, Dios mío, mi felicidad?. Porque ahora estoy contra mi voluntad y mi deseo, viviendo y viendo vivir descontentos, desazones e intranquilidades. La vida de la tierra está llena de necesidades, de miserias, de quejas y de lágrimas. Aun los hombres que abundan en bienes y gozan de buena salud y de la estima y admiración de los demás están en continuas preocupaciones, en incertidumbres y no son de envidiar.

               San Hilario nació en el paganismo y fue criado y educado en la doctrina y en los modos de vida de la gentilidad, y se hacía esta reflexión: "Muy poco favor nos han hecho los dioses y nada tenemos que agradecerles por habernos criado para esta vida tan llena de dolores, de desgracias, de luchas y toda ella tan arrastrada e incierta". Hablaba en él la razón natural del hombre de talento. Cuando se convirtió al Cristianismo y aprendió que hemos sido criados para la felicidad del Cielo, y qué es el Cielo, comprendió la grandeza de haber nacido y el agradecimiento que por ello se debía a Dios. 

               No he sido criado para la tierra; sólo estoy de paso en la tierra, haciendo méritos que me premiarán eternamente con la felicidad del Cielo. La Fe y la Esperanza Cristiana hacen de la muerte el arco triunfal para entrar a tomar posesión del Cielo. Cuando falta la Fe y no luce la luz de la Esperanza que ilumina la puerta del Cielo y su atmósfera de felicidad indeficiente, se agolpan a la mente las lamentaciones e imprecaciones del doliente de Idumea para repetir su frase de "bienaventurados son los no nacidos" (Job 3, 16). Las desgracias de la vida, envueltas en negruras sin esperanza, han ofuscado a muchos y conducido a buscar el descanso dejando de existir sobre la tierra con una muerte violenta, no conociendo que iban a la desgracia perdurable. El suicidio es el fruto nocivo de no creer y de carecer de la esperanza del Cielo. 

               ¡Oh luz de la Esperanza! ¡Tú transformas en hermosura y en alegría todas las penas y sufrimientos míos mostrándome su premio en el Cielo!. Por eso los Santos estimaban los sufrimientos y las cruces como las más valiosas joyas. Aun sin la alegre aceptación que las almas héroes sentían por los dolores, enseñados por la Fe, cantaba y alababa a la muerte en dulces versos un poeta diciendo: 


Yo te saludo, oh muerte redentora, 
y en tu esperanza mi dolor mitigo. 
¡Oh, de un día mejor, celeste aurora!
Yo tu rayo benéfico bendigo, 
y lo aguardo impaciente de hora en hora. 
¡Ante las plagas del linaje humano 
lo que fuera la vida sin la muerte! (1). 


               Idea que expresaba ya siglos antes en versos vigorosos la fe de Quevedo, diciendo: 


Si agradable descanso, paz serena, 
la muerte, en traje de dolor, envía 
a rescatar piadosa viene 
espíritu en miserias añudado. 
Llegue rogada, pues mi bien previene, 
hálleme agradecido, no asustado; 
mi vida acabe y mi vivir ordene.


NOTA

1)  Federico Balart: Poesías. A la muerte



domingo, 7 de abril de 2024

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO. DOMINICA IN ALBIS

 

                El primer Domingo después de Pascua, celebra la Iglesia el Domingo in albis o de Quasimodo. También es frecuente referirse a él con el popular nombre de Pascuilla. Recibe el nombre de in albis, más correctamente, in albis vestibus depositis, "quitadas las vestiduras blancas", porque en la Iglesia primitiva, en este día, se recibía a los neófitos (recién bautizados en la Vigilia Pascual), que acababan de dejar sus túnicas blancas que portaban desde el Domingo de Pascua, en oración y penitencia, y se les recibía con inmensa alegría y como miembros de la Santa Iglesia Católica.

              Se despojaban de sus túnicas albas dando a entender que abandonaban unas vestiduras viejas, como si dejaran un mundo perteneciente al pasado y lleno de pecados para entrar, a través del Bautismo, a la vida de Cristo Resucitado.




               Es una Fiesta muy antigua que ya es constatada en occidente a finales del siglo IV cuya finalidad era la de prolongar durante una semana entera la Solemnidad del día de Pascua, única fiesta bautismal del año, para permitir a los neófitos saborear, en su original frescura, la alegría de su bautismo y dar gracias a Dios por el insigne beneficio que acababan de recibir.

               Recibe este Domingo el nombre de Quasimodo, de las palabras de la Primera Carta del Apóstol San Pedro (cap. 2, vers. 2), que el Sacerdote lee como antífona de entrada en la Misa del Domingo in Albis, y que son las siguientes:


Quasi modo geniti infantes, aleluia,
rationabile, sine dolo, lac concupiscite, 
aleluia, aleluia, aleluia.

Como niños recién nacidos, aleluya,
Ansiad la leche espiritual y pura, 
aleluya, aleluya, aleluya.

               Estos recién nacidos eran para la Iglesia los que se acababan de bautizar, los cuales se incorporaban a la comunidad en este Domingo, como se ha dicho, después de una semana de oración y penitencia. El Bautismo, en tanto en cuanto abre a los cristianos las puertas del cielo es denominado semen gloriæ, puesto que es la semilla de la Gloria, el germen de la vida en el Cielo.


EL EVANGELIO DE HOY
San Juan, cap. 20, vers. 19-31


              Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". 

              Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré". 

              Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros". Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira Mis Manos; trae tu mano y métela en Mi Costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Le dice Jesús: "Porque Me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído". 

              Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en Su Nombre.



sábado, 6 de abril de 2024

JESÚS QUIERE ESTABLECER EN EL MUNDO LA DEVOCIÓN A MI INMACULADO CORAZÓN. PRIMER SÁBADO DE MES

 

Tríptico explicativo de la Devoción de los Primeros Sábados, 
consagrados a desagraviar al Doloroso e Inmaculado 
Corazón de María, según el pedido que Nuestra Señora 
le hiciera a Sor Lucia Dos Santos, vidente de Fátima




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viernes, 5 de abril de 2024

MI ASISTENCIA EN LA HORA POSTRERA. PRIMER VIERNES DE MES

  

Yo te prometo
en el exceso de la Misericordia de Mi Corazón,
 que Mi Amor Omnipotente concederá a todos 
los que comulguen los Primeros Viernes de Mes, 
durante nueve meses consecutivos, la gracia 
de la penitencia final, y que no morirán en desgracia, 
ni sin recibir los Santos Sacramentos, 
asegurándoles Mi asistencia en la hora postrera 

Revelación del Sagrado Corazón de Jesús a Su Confidente, 
Santa Margarita María de Alacoque en 1675


¿DE QUÉ MANERA SE PRACTICAN 
LOS PRIMEROS VIERNES?


               Esta piadosa práctica consiste en recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión en el Primer Viernes durante nueve meses consecutivos. Implica que el alma que se propone hacer esta Devoción ha de estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un Sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 

               Debemos también ofrecer  -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en Sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.


AMOR CON AMOR SE PAGA


               El Sagrado Corazón de Jesús, que nada ha escatimado por conquistar nuestro amor, hasta el punto no solo de dar Su Vida en el Calvario, sino que además renueva ese Sacrificio a diario en los altares por manos de Sus Sacerdotes, se presta a ser encerrado en el Sagrario, esperando paciente la limosna de nuestra visita... 

               Ese Divino Corazón es nuevamente traicionado: ayer por Judas, hoy por aquellos que más debieran amarlo y que sólo le ofrecen las migajas de sus afectos. No quieras contar tú en la lista de los tibios, de los que aman a ratos, pero que no se entregan del todo a las exigencias de una Vida Cristiana.


CORRESPONDER AL AMOR


                La Piedad Católica no consiste sólo en rezar vocalmente, sino que esas oraciones deben salir de un corazón que desea enamorarse de Jesús y de María; no reces solo porque tengas problemas o dificultades, pues también el tener salud  y vida es motivo de agradecimiento a Dios. No busques a Dios porque tengas ganas de hacerlo o sientas fervor, porque rezar así es bien fácil y consuela mucho; sin embargo, cuando te obligas a rezar, negándote a la pereza, aunque te sientas frío, esa oración será aún más valiosa ante los ojos de Dios, pues Él verá tu superación y el deseo de reparar por aquellas almas que viven de espaldas al Señor.


INDULGENCIAS

               El 7 de Septiembre de 1897, la Sagrada Congregación de las Indulgencias concedió UNA INDULGENCIA PLENARIA por CADA Primer Viernes que se observe la práctica según las condiciones que anteriormente hemos citado. Si no logramos alcanzar la Plenaria, la Misericordia de Dios permitirá que consigamos algunas indulgencias parciales; en uno u otro caso, son aplicables a las Benditas Almas del Purgatorio, especialmente a aquellas que este mundo terrenal fueron devotas del Sagrado Corazón.



jueves, 4 de abril de 2024

LOS BUENOS DÍAS A JESÚS SACRAMENTADO. PRIMER JUEVES DE MES


              Recuerda que hoy es Primer Jueves de Mes, día que la Piedad Católica dedica a rezar de forma especial por los Sacerdotes y las vocaciones a la Vida Religiosa; centremos nuestras súplicas y sacrificios personales buscando la amorosa mirada de Jesús Sacramentado, oculto en el Sagrario, donde la Fe nos enseña que se encuentra con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad y en donde el amor nos empuja a ir en busca de ayuda y consuelo... si no puedes acercarte a una iglesia o a una capilla donde esté el Señor, vuela con tu espíritu al Sagrario de tus amores, represéntate ante aquel Tabernáculo que una vez te llenara de felicidad el alma, o bien visita espiritualmente a aquel otro que sabes que tiene pocas visitas y menos afectos. 



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               ¡Oh Jesús mío! Dulce Prisionero de Amor, heme aquí Contigo de nuevo, Te dejé con decirte “adiós”, y ahora vuelvo a Ti diciéndote: “Buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta Prisión de Amor para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos, mis deseos ardientes, y toda yo misma para infundirme toda en Ti y dejarme toda en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

               ¡Oh, mi siempre adorable amor Sacramentado!, ¿Sabes? Mientras he venido para entregarme toda yo misma a Ti, he venido también para recibir de Ti todo Tú mismo, yo no puedo estar sin una vida para vivir, y por eso quiero la Tuya, pues a quien todo da todo se le da, ¿no es cierto, ¡oh! Jesús? 

               Así pues, hoy amaré con Tu latido de amante apasionado, respiraré con Tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con Tus deseos inconmensurables Tu Gloria y el bien de las almas; en Tu latido divino correrán todos los latidos de las criaturas, las tomaremos todas, las salvaremos, no dejaremos que escape ninguna, aun a costa de cualquier sacrificio, aunque tenga que sufrir yo todas sus penas. Si Tú me echases de Tu Presencia, me arrojaré aún más adentro, gritaré más fuerte para implorar junto Contigo la salvación de Tus hijos y hermanos míos. 

               ¡Oh mi Jesús! Mi vida y mi todo, cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio Tuyo, pero el emblema con el cual Te veo todo marcado es el emblema de las almas, y las cadenas que tan fuerte Te atan son el amor. Las palabras "Almas" y "Amor" parece que Te hacen sonreír, te debilitan y Te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos Tus excesos amorosos, estaré siempre en torno a Ti, y junto Contigo, con mi estribillo de siempre: "Almas y Amor". Por eso en este día Te quiero a Ti, siempre junto conmigo, en la oración, en el trabajo, en los gustos y en los disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo, y estoy segura que no pudiendo obtener nada por mí misma, Contigo obtendré todo, y todo lo que haremos servirá para aliviarte cada dolor, endulzarte cada amargura, repararte cualquier ofensa, compensarte por todo y conseguir cualquier conversión, aunque fuese difícil y desesperada. Iremos mendigando a todos los corazones un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, ¡oh! Jesús?.



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              ¡Oh amado Prisionero de Amor, átame con Tus cadenas, séllame con Tu Amor! ¡Ah!, muéstrame Tu bello Rostro. ¡Oh Jesús, qué hermoso eres!, Tus cabellos rubios atan y santifican todos mis pensamientos; Tu frente calmada y serena en medio de tantas afrentas, me da la paz y me deja en la más perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, en medio de Tus mismas privaciones, y de Tus caprichos que me cuestan la vida. ¡Ah! Tú lo sabes, pero sigo adelante, esto Te lo dice el corazón que Te lo sabe decir mejor que yo. ¡Oh Amor! Tus bellos ojos azules, refulgentes de luz divina me raptan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ¡ay de mí! con sumo dolor mío se prolonga mi destierro todavía. Pronto, pronto, ¡oh Jesús! Sí, eres bello oh Jesús, me parece verte en ese Tabernáculo de Amor, la belleza y majestad de Tu Rostro me enamora y me hace vivir en el Cielo; allá, Tu boca graciosa me da Sus besos en cada momento; Tu voz suave me llama e invita a amarte en cada momento, Tus rodillas me sostienen, Tus brazos me estrechan con vínculo indisoluble, y yo mil y mil veces pondré mis besos ardientes sobre Tu Rostro adorable. 

               Jesús, Jesús, sea uno nuestro querer, uno el Amor, único nuestro contento, no me dejes nunca sola que soy nada, y la nada no puede estar sin el Todo, ¿me lo prometes, oh, Jesús? Parece que me dices que sí. Y ahora bendíceme, bendice a todos, y en compañía de los Ángeles, de los Santos, y de la dulce Mamá y de todas las criaturas Te digo: Buenos días, ¡oh! Jesús, buenos días.


El Canónigo Aníbal María de Francia 
concedió censura eclesiástica (Nihil obstat
a una parte de las obras de la mística italiana 




lunes, 1 de abril de 2024

UNA ALEGRÍA SERENA Y SIN NUBES. "YO EN DIOS o EL CIELO", por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo de Las Batuecas, capítulo 5, puntos 29-32

 


               No puedo decir lo que se siente cuando el Señor la da a entender secretos y grandezas suyas; el deleite tan sobre cuantos acá se pueden entender, que bien con razón hace aborrecer los deleites de la vida, que son basura todos juntos. Es asco traerlos a ninguna comparación aquí -aunque sea para gozarlos sin fin-, y de estos que da el Señor, sola una gota del agua del gran río caudaloso que nos está aparejado (1). 

               No se cansa Santa Teresa de repetir de mil modos diferentes, siempre encantadores, y en muchísimos lugares, esta idea que la dominaba. Tan sólo ya quiero trasladar ésta: El alma no sabe cómo ni por dónde -ni lo puede entender- le vino aquel bien tan grande. Sabe que es el mayor que en la vida se puede gustar, aunque se junten todos los deleites y gustos del mundo...; déos, nuestro Señor... a gustar... qué es el gozo del alma cuando está así... Allá se avengan los del mundo con sus señoríos, y con sus riquezas, y con sus deleites, y con sus honras y con sus manjares; que si todo lo pudiesen gozar sin los trabajos que consigo traen -lo que es imposible-, no llegara en mil años al contento que en un momento tiene un alma a quien el Señor llega aquí. San Pablo dice que «no son dignos todos los trabajos del mundo de la Gloria que esperamos». Yo digo que no son dignos ni pueden merecer una hora de satisfacción que aquí da Dios al alma, y gozo y deleite. No tiene comparación -a mi parecer- ni se puede merecer un regalo tan regalado de Nuestro Señor, una unión tan unida, un amor tan dado a entender y a gustar, con las bajezas de este mundo (2). 

               ¿Qué será el Cielo y qué tendrá Dios preparado para el bienaventurado? Mientras los Santos gustaban de estas regaladísimas mercedes que Dios les hacía, se sentían como en el Cielo, llenos de gozo y contento. Pero los Santos en la tierra no sólo no eran felices, aun cuando en esos momentos eran los más dichosos del mundo, sino que esas regaladas delicias les hacían más penoso el destierro de esta vida, y les producían ansias casi irresistibles de ir al Cielo, y de que Dios rompiera la tela de esta vida y los llevara ya al Cielo. Con esas delicias vividas deseaban más vehementemente ir a ver a Dios, a la felicidad verdadera y única. Se sentían en angustiosa soledad lejos de Dios. Con la brisa del Paraíso que oreó su rostro gustaron de gozos de Eternidad, cercanos a los Ángeles, y, al comparar con ellos los de la tierra, veían que los de la tierra eran como asco y estiércol, en frase de San Pablo y de Santa Teresa. ¿Cómo podían abrazarse y besar con gozo este asco de estiércol los que vieron el centellear de los ojos divinos y gozaron la delicia de su sonrisa? ¿Qué es el palpitar gozoso del corazón y la alegría de los contentos humanos en comparación con la hartura jubilosa del inexplicable e insoñable bien y delicia de la belleza sobrenatural? Los gozos de Dios inundan el alma. La esperanza confiada tiene fija la atención y el ansia en esos gozos. 

               El alma de amor, envuelta en la Luz de la Fe, y mucho más cuando ha recibido especiales luces y mercedes del Señor, desea vehementemente ir a Dios y nada de la tierra le llena. Esto hacía decir a San Pablo: Tengo deseo de verme libre de las ataduras del cuerpo y estar con Cristo (Filip 1, 23). Nada de la tierra llena al alma abrasada en amor de Dios. Sólo Dios, el Cielo, atrae su atención. Y tanto más la atrae y pone vacío y aun hastío de las cosas de la tierra cuanto se tiene más claro conocimiento de las Verdades sobrenaturales. 

               En esto, como en tantas otras verdades, tenemos el modelo clarísimo en la misma Santa Teresa. Modelo por los deseos de ver a Dios; modelo en lo pesado y largo que se la hacía el destierro de esta vida; modelo de la soledad y tristeza que sentía por no llenarla nada de las criaturas y querer sólo al Criador. En las "Exclamaciones" abre su corazón diciendo a Dios: ¡Oh deleite mío, Señor de todo lo criado y Dios mío! ¿Hasta cuándo esperaré ver vuestra presencia? ¿Qué remedio dais a quien tan poco tiene en la tierra para tener algún descanso fuera de Vos? ¡Oh vida larga! ¡Oh vida penosa! ¡Oh vida que no se vive! ¡Oh qué sola soledad! ¡Qué sin remedio! Pues ¿cuándo, Señor, cuándo, hasta cuándo? ¿Qué haré, Bien mío, qué haré? ¿Por ventura desearé no desearos? ¡Oh mi Dios y mi Criador!... Mas ¡ay, ay, Criador mío! Que el dolor grande hace quejar y decir lo que no tiene remedio hasta que Vos queráis; y alma tan encarcelada desea su libertad, deseando no salir un punto de lo que Vos queréis. Quered, gloria mía, o remediadla del todo. ¡Oh muerte, muerte! ¡No sé quién te teme, pues está en ti la vida! (3). 

               Muy conocidos y frecuentemente citados son los versos en los que expresa las ansias intolerables de salir de este destierro e ir a Dios...

Vivo sin vivir en mí. 
Y tan alta vida espero, 
que muero porque no muero. 
¡Ay qué vida tan amarga, 
do no se goza el Señor! 
Porque si es dulce el amor, 
no lo es la esperanza larga; 
quítame, Dios, esta carga 
más pesada que de acero, 
que muero porque no muero (4) 

               Las mercedes excepcionales y regaladísimas que el Señor comunicaba algunas veces a algunos Santos les hacían gozar de deliquios muy superiores a los que se pueden soñar y desear en las alegrías de la tierra, pero aumentaban su sed de felicidad verdadera, que es ir a ver y poseer gloriosamente a Dios, y mientras llegaba ese momento por la muerte, se veían desterrados en esta cárcel y estos hierros en que el alma está metida y consideraban la vida en la tierra como una mala noche en una mala posada, y aunque dos horas son de vida, y grandísimo el premio (5), se les hacían horas interminables y se veían en angustiosa soledad. 

               Es la tremenda soledad que nos dice Santa Teresa pasaba, en tanto grado que la privaba hasta del sentido y era superior a otro dolor. ¡Sólo suspiraba por Dios! Tenía esta soledad como merced muy grande de Dios, superior a los éxtasis que nosotros tanto admiramos. Como vehemente enamorada de Dios, nos describe los efectos que sentía con estas palabras tan impresionantes: Paréceme que está así (crucificada) el alma, que ni del Cielo le viene consuelo ni está en él, ni de la tierra le quiere ni está en ella, sino como crucificada entre el Cielo y la tierra, padeciendo sin venirle consuelo de ningún cabo. Porque el que le viene del Cielo -que es... una noticia de Dios tan admirable, muy sobre todo lo que podemos desear- es para más tormento, porque acrecienta el deseo de manera que... la gran pena algunas veces quita el sentido, sino que dura poco sin él. Parecen unos tránsitos de la muerte, salvo que trae consigo un tan gran contento este padecer, que no sé yo a qué comparar. Ello es un recio martirio sabroso, pues todo lo que se le puede representar al alma de la tierra, aunque sea lo que le suele ser más sabroso, ninguna cosa admite... Bien entiende que no quiere sino a su Dios, mas no ama cosa particular de Él, sino todo junto le quiere y no sabe lo que quiere... Lo más ordinario, en viéndose desocupada, es puesta en estas ansias de muerte, y teme cuando ve que comienzan, porque no se ha de morir; mas llegada a estar en ello, lo que hubiere de vivir querría en este padecer; aunque es tan excesivo que el sujeto lo puede mal llevar (6). 

               Es muy cierta la verdad expresada por San Agustín que no es pequeña la alegría que produce la esperanza (7). La esperanza del Cielo es el bálsamo que todo lo suaviza y la luz que lo ilumina. Al mismo tiempo que llena del mayor gozo, produce también la mayor ansia mientras llega ese momento. Nada la satisface a la tal alma fuera de Dios, y se encuentra en la soledad de todo mientras llega la que espera: ver a Dios. Al alma abrasada en Divino Amor se la hace insufrible la espera y no puede menos de expresarlo y comunicarlo. Así decía y glosaba la misma Santa Teresa: ¡Cuán triste es, Dios mío, la vida sin Ti! Ansiosa de verte deseo morir (8). 

               No era menor el deseo de ir al Cielo y de estar ya con Dios el que sentía San Juan de la Cruz, ni lo expresaba con menor vehemencia a pesar de su dulcísima mansedumbre y del grandísimo dominio que de sí tenía. No sólo canta la muerte de amor y la alegría que sienten tales almas al conocer su anuncio, ni sólo dice que esas almas mueren de un ímpetu de amor, aun cuando parezca muerte de enfermedad, sino que en la poesía, similar a la de Santa Teresa, le dice al Señor que ya no puede llevar esta vida del destierro y que le lleve con Él. 

Esta vida, que yo vivo, es privación de vivir; 
y así es continuo morir, hasta que viva Contigo; 
oye, mi Dios, lo que digo: que esta vida no la quiero; 
que muero porque no muero. 
 
Estando ausente de Ti, ¿qué vida puedo tener, 
sino muerte padecer la mayor que nunca vi? 
Lástima tengo de mí, pues de suerte persevero, 
que muero porque no muero. 
 
Sácame de aquesta muerte, mi Dios, y dame la vida; 
no me tengas impedida en este lazo tan fuerte; 
mira que peno por verte, y mi mal es tan entero 
que muero porque no muero (9). 

               Dios era su único Amado y en Dios amaba todas las cosas. Sólo suspiraba por ver directamente a Dios en su esencia ya en el Cielo. Esta verdad le ilumina para escribir las bellísimas páginas de la más entusiasta alabanza a la muerte. Cuando se la anunciaron, recibió la alegría más grande y exclamó con las palabras del Salmo, como otros muchos Santos: Qué grande alegría he recibido con lo que me anuncian: ¡que voy a la casa de Dios! Voy al Cielo. 

               Siempre resalta la idea y recuerdo de la felicidad y del premio del Cielo, tanto en los Santos de los siglos pasados y lejanos como en los Santos de nuestros días. Todos sentían ansias del Cielo y se les hacía muy pesado y largo el destierro de esta vida. Santa Teresa del Niño Jesús, que vivió muy cercana a nosotros y nos la presentan siempre con la sonrisa y como la Santa de las rosas, ya de niña decía: Me parecía la tierra un lugar de destierro y soñaba con el Cielo... La tierra me parecía más triste y pensaba que sólo en el Cielo gozaría de una alegría serena y sin nubes. Y los Domingos, cuando la gente se divierte, un sentimiento de alegría embargaba mi alma... sentíase mi corazón desterrado en el mundo, suspirando por el descanso del Cielo (10). 

               Produce intensa emoción la lectura del hecho de Santa Catalina de Siena. En un rapto en que decía había llegado a las puertas del Cielo y oído ya sus armonías, cuando esperaba entrar, recibió de Dios el mandato de volver a la tierra para realizar la difícil y comprometida misión que se la encomendaba, y recuperada en sus sentidos, se deshacía en continuo llanto recordando que había estado a las mismas puertas de la felicidad, y ahora continuaba viviendo en la tristeza y amargura del destierro sin ver a Dios. ¿No era para llorar inconsolable y desear poseer a Dios, suma delicia? Pero era Voluntad de Dios que continuara en la lucha de la tierra y abrazaba Su Voluntad, aunque con las lágrimas en el corazón y en los ojos (11). Y no menos impresiona, enseña y anima lo que de sí misma dice Santa Angela de Foligno sobre estas ansias: Me sentí llena de amor, saciada de amor... Esta saciedad engendra un hambre inefable; mis miembros se rompían por la fuerza del deseo y yo languidecía... ¡Oh la muerte, la muerte! Porque la vida no se puede tolerar y pide a la Virgen y a los Ángeles digan a Dios, de rodillas, que no permita por más tiempo este martirio (12). Muere de deseos por volar al Cielo. Esta vida, decía, es una muerte. Como lloraba Doña Sancha de Carrillo, en plena juventud, porque aún la faltaba un año para morir e ir a ver a Dios, según la comunicó el Señor (13). 

               Las vidas de los Santos están llenas de estas conmovedoras escenas de Fe y ansias de ir a ver a Dios, que es el ansia de la felicidad y del Cielo, que todos sentimos aunque, de ordinario, remisa y equivocadamente, porque nos faltan las virtudes y el amor que ellos practicaban, y con los cuales hacían crecer la Llama de Amor que los quemaba. Si tan maravillosos efectos y ardientes deseos por ver a Dios producían los recuerdos del Cielo en esas almas privilegiadas, ¿qué será el Cielo? ¿Qué será Dios, pues Dios es el verdadero Cielo y quien produce la felicidad con sólo verle? Cuando una persona encuentra sus complacencias relativas en abrazarse con la tierra en las disipaciones y pasatiempos del mundo, huyendo del trato y amistad con Dios y no apreciando la grandeza de la vida espiritual, es indicio de la Fe lánguida y moribunda que tiene. Porque en estar con lo que se ama y mirar a lo que se ama, aun cuando no se sepa hablar, produce gozo y contento.


NOTAS

1) Santa Teresa de Jesús. Vida, 14, 5.
2) Id.: Conceptos del Amor de Dios o Meditaciones sobre..., 4, 4-5.
3) Santa Teresa de Jesús: Exclamaciones, 6ª. 
4) Id.: Poesías.
5) Id.: Camino de Perfección, 40, 9.
6) Santa Teresa de Jesús: Vida, 20, 11. 
7) San Agustín: Sermón 21
8) Santa Teresa de Jesús: Poesías.
9) San Juan de la Cruz: Poesías. Pena del alma por ver a Dios.
10) Santa Teresa del Niño Jesús: Historia de un alma, cap. II. 
11) Juan Jorgensen: Santa Catalina de Siena, lib. II, pf. IV. 
12) Le Livre de la Bienheureuse Soeur Angela de Foligno, du Tiers Ordre de S. François. Documents originaux edités et traduits par le Pere Paul Dancoeur, págs. 126-127, VII. Cy commence du cinquieme pas. 
13) P. Marín Roa: Vida y maravillosas virtudes de Doña Sancha de Carrillo, lib. II. cap. IX.