domingo, 11 de septiembre de 2022

LA SANTA MISA, MISTERIO DE LA REDENCIÓN

  


               La Santa Misa… es fecundísima fuente de santificación y de gracias siempre renovadas; por ella puede ser realidad en nosotros, cada día, la súplica de Nuestro Señor: “Yo les he dado de la gloria que Tú me diste, para que sean una misma cosa, como lo somos nosotros, yo en ellos y tú en mí, a fin de que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que tú me has enviado y amándoles a ellos como a mí me amaste” (Evangelio de San Juan, cap. 17, vers. 22-23)

                El espíritu del mal nada teme tanto como una Misa, sobre todo cuando es celebrada con gran fervor y cuando muchos se unen a ella con Espíritu de Fe. Cuando el enemigo del bien choca con un obstáculo insuperable, es que en una iglesia, un Sacerdote, consciente de su propia debilidad y de su pobreza, ha ofrecido la Omnipotente Hostia y la Sangre Redentora. 

               Hay que recordar el caso de Santos que, asistiendo a Misa, en el momento de la elevación del cáliz, han visto desbordarse la Preciosa Sangre y deslizarse por los brazos del Sacerdote, y los Ángeles venir a recogerla en copas de oro para llevarla a aquellos que tienen mayor necesidad de participar en el Misterio de la Redención.

               No puede, pues, darse en la tierra un culto más grande, más santo, más litúrgico, en el que mejor se practiquen para con Cristo -oculto bajo las especies sacramentales-, las virtudes de Fe, de Esperanza, de Caridad, de Religión, de humildad, y los dones correlativos del Espíritu Santo, todos los cuales constituyen la perfección sacerdotal.


Padre Reginald Garrigou Lagrange O.P.





sábado, 10 de septiembre de 2022

LA NOBLEZA DEL ALMA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, por Plinio Corrêa de Oliveira

 

               Si hoy nos pusiéramos a analizar la vida interna de las naciones, notamos un estado de agitación, de desorden, de disolución, de apetitos y ambiciones desatados, de subversión de todos los valores, que nos encaminan hacia el caos.

               Ningún estadista contemporáneo supo presentar un remedio que corte el paso a este proceso mórbido universal.

               Lo hizo, sin embargo, Nuestra Señora en Fátima, abriendo los ojos de la humanidad para la gravedad de esta situación y señalando los medios necesarios a fin de evitar la catástrofe. En Fátima, la Madre de Dios analiza la propia historia de nuestra época y, más que ello, su futuro.



               Si es verdad que el gran San Agustín anunció la caída del Imperio Romano de Occidente, San Vicente Ferrer previó el ocaso de la Edad Media y San Luis Grignion de Montfort profetizó la Revolución Francesa de 1789, a nuestro siglo le tocó la mejor parte: en la inminencia del desenlace de la crisis universal, la Santísima Virgen en persona vino a hablar a los hombres.

               Y Ella, al mismo tiempo, explica las raíces de la crisis, señala el remedio y profetiza la catástrofe, en caso que los hombres no la escuchen.

               En 1917, la Santísima Virgen se apareció a tres pastorcitos en Fátima (en la Cova da Iría, Portugal) anunciando al mundo entero los terribles dramas y los castigos que habrían de flagelarlo si éste, contrito y humillado, no se volviese hacia Ella en un movimiento sincero de regeneración de alma.

               Precisamente el día 17 de Julio de 1972, ocurría en Nueva Orleans (EE. UU.) el estupendo milagro de la lacrimación de una imagen de Nuestra Señora de Fátima. La Santísima Virgen corroboraba, esta vez con el lenguaje elocuente de las lágrimas, su Mensaje.

               Como un homenaje de pleitesía y gratitud filiales por las apariciones de Nuestra Señora en Fátima —el acontecimiento más importante del siglo XX— y también por la lacrimación de Nueva Orleáns, que pasamos a proclamar la incomparable nobleza de alma de la Santísima Virgen.

               En cierto sentido, se puede decir que la virtud es la nobleza del alma. Es decir, ser noble en el orden espiritual es ser virtuoso, es vivir en estado de gracia. De tal manera que, en un alma en esas condiciones, el propio Jesucristo Nuestro Señor hace su morada.

               Así como la Nobleza terrena tiene grados, que van en orden ascendente desde el barón hasta el duque o el príncipe, así también vivir en la gracia de Dios tiene grados. Y, entre todas las criaturas, Aquella que alcanzó el ápice de esa escala ascensional de virtudes y de gracias fue María Santísima. No tratamos, pues, en este artículo de la nobleza terrena de Nuestra Señora, también verdadera e importante —puesto que pertenecía a la Casa real de David—, sino tan sólo de su nobleza espiritual.

               Un elemento para que valoremos la nobleza de alma de Nuestra Señora es considerar que en todo matrimonio bien constituido debe haber una cierta proporción entre esposo y esposa. En caso contrario se está en presencia de una mésalliance (casamiento desigual).

               Ahora bien, María Santísima es la Esposa del Divino Espíritu Santo. Hija, Madre y Esposa del propio Dios, Ella concibió a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad en su claustro virginal (que permaneció virginal antes, durante y después del parto) por obra del Espíritu Santo. Es, por lo tanto, aquella criatura por excelencia, única e incomparable, que por la gracia tuvo cierta proporción para ese desposorio con la perfección infinita.

               La auténtica nobleza de alma comporta dos importantes trazos, que se manifiestan en el valor y en el desprendimiento. En el Alma Santísima de Nuestra Señora ambas características resplandecieron de modo incomparable.

               Nuestro Señor Jesucristo vivió treinta años con su Madre amantísima y algo menos con el castísimo San José. Éste le servía admirablemente de padre. Nuestro Divino Redentor consagró tres años a su actuación pública, al cabo de los cuales Nuestra Señora, que tenía un perfecto conocimiento de las Escrituras, sabía que Él habría de morir crucificado.

               También a lo largo de esos tres años, Nuestra Señora acompañó paso a paso —personalmente o en espíritu— a su Divino Hijo.

               Después del fallecimiento de San José, Ella vio que la gloria de su Hijo maravillaba y encantaba a las multitudes, en el primer año de su apostolado con los judíos. Esto, muy naturalmente, le causaba gran alegría, aun más por ser Dios que por el hecho de ser su Hijo.

               En el segundo año, Ella comenzó a notar los odios y las intrigas articuladas contra Nuestro Señor por los sacerdotes del Templo, escribas y fariseos. Y comprendió bien que, en medio de toda aquella conspiración, se preparaba el momento en que una tempestad habría de desatarse sobre su Divino Hijo, llevándolo a la muerte.

               María Santísima, con total desprendimiento, consideraba la aproximación de la hora en que Ella debería, una vez más, renunciar al mayor tesoro que jamás fue dado a una criatura poseer: el propio Hombre-Dios.

               Ella concordó plenamente con que su Hijo cumpliese hasta el fin su misión siendo muerto como víctima expiatoria por los pecados de los hombres. Y adorándolo como nadie, lo entregó en las manos de la justicia divina con valor y desprendimiento.

               El Padre Eterno quiso el consentimiento de Ella para que su Hijo muriese. Tuvo conocimiento de todos los hombres que habrían de salvarse por los méritos de la Sangre infinitamente preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, hasta el fin del mundo, y de la gloria que así era dada a Dios. Por eso Ella consintió.

               Y es precisamente en esa entrega del tesoro más precioso al Padre Eterno que se venera uno de los trazos más sobresalientes de la nobleza por excelencia de Nuestra Señora.

               Con ese acto de generosidad, se dispuso Ella a aceptar un diluvio de dolores, sufridos en unión con los de su Divino Hijo. Y por eso Nuestra Señora es realmente la Corredentora del género humano. He ahí la nobleza perfecta: el valor, el desprendimiento completo, seguidos de la gloria perfecta, de Aquella que es la “honra, gloria y alegría” del mundo entero. 



viernes, 9 de septiembre de 2022

LA NOVENA DE LAS ROSAS A SANTA TERESITA DE LISIEUX

 

No soy un guerrero que haya combatido 
con armas de la tierra, sino con la espada del espíritu, 
que es la Palabra de Dios. Así que la enfermedad 
no ha podido rendirme… Moriré con las armas en la mano

Santa Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz



Entre los días 9 al 17 de cada mes
únete a la oración mundial en honor de
Santa Teresita del Niño Jesús


               La Piedad Católica, aquella que nos lleva a la amistad con Jesús y María, también ha querido honrar a Sus imitadores, los Santos, máxime cuando éstos relucen por la integridad de su vida y por la claridad de sus palabras; leyendo la vida de los Santos, apreciamos que tuvieron defectos y miedos, como el resto de los mortales, pero que en la aceptación de su nada y en su entrega confiada a Dios, obtuvieron el premio de la Santidad. Es este el caso de Santa Teresita de Lisieux, "la Santa de las Rosas".


ORIGEN DE LA NOVENA DE LAS ROSAS


                El Padre Putigan, Sacerdote Jesuita, el día tres de Diciembre de 1925, comenzó una Novena en honor de Santa Teresita del Niño Jesús, que había sido Canonizada el 17 de Mayo de ese mismo año, por el Papa Pío XI; el buen Sacerdote se encomendó a la Santa carmelita pidiendo una gracia importante.

                Con esta intención comenzó a rezar durante la Novena, 24 Glorias al Padre, en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los favores y gracias concedidos a Santa Teresita del Niño Jesús durante los 24 años de su existencia terrenal. Pidió una señal de que su Novena era escuchada; esta señal sería recibir una rosa fresca y entreabierta. En el tercer día de la Novena, una persona busca al sacerdote y le ofrece una rosa encarnada...¿casualidad?. Los católicos le llamamos Providencia.

                  El día 24 de Diciembre del mismo año, el Padre Putigan, comenzó una segunda Novena y pedía ahora como señal una rosa blanca. En el cuarto día de la Novena, una Hermana enfermera del hospital, le trajo una rosa blanca diciendo:

                     - Aquí está una rosa blanca que Santa Teresita envía a su Paternidad.

                  Sorprendido pregunta el Padre: 

                     - ¿De dónde viene esta rosa?

                  La Hermana le comenta:

                     - Fui a la capilla donde se encuentra adornada una imagen de Santa Teresita, y al aproximarme al altar de la Santita, cayó a mis pies esta rosa. Quise colocarla de nuevo en el jarrón pero me acordé de traerla a Vd.

                  El Padre Putigan alcanzó las gracias pedidas en la Novena; resolvió propagarla formando una cruzada de oraciones en honor a Santa Teresita.

                  La Novena de los 24 Glorias se suele hacer del 9 al 17 de cualquier mes  y participar así en la comunión de oraciones de los que la rezan esos días, pero se puede hacer igualmente en cualquier otra fecha; los más devotos de Santa Teresita le dedicamos a diario los 24 Glorias...





jueves, 8 de septiembre de 2022

EL NACIMIENTO DE NUESTRA SEÑORA, por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira

   


               El nacimiento de la Virgen María aportó a la humanidad algo desconocido hasta ahora: una criatura exenta de cualquier mancha, un lirio de incomparable hermosura que debería alegrar a los coros angélicos y a la tierra entera. En medio del destierro del género humano corrompido, aparecía un ser inmaculado, concebido sin pecado original.

               Traía consigo todas las riquezas naturales que pueden caber en una mujer. Dios le concedió una personalidad valiosísima y su presencia entre los hombres representaba, también a ese título, un tesoro verdaderamente incalculable.

               Ahora bien, si a los dones naturales le añadimos los inconmensurables tesoros de la gracia que la acompañaban —los más grandes que jamás hayan sido concedidos por Dios nuestro Señor— podremos entender el enorme significado de su venida al mundo. El nacimiento del sol es una pálida realidad en comparación con la resplandeciente aurora que fue la aparición de María Santísima en esta tierra.



La Santa Cueva de Covadonga, Asturias, España;
trono de Nuestra Señora y punto de inicio de la
reconquista de la Península Ibérica

               La entronización más solemne de un rey o de una reina o los fenómenos más grandiosos de la naturaleza no son nada ante el nacimiento de la Virgen. En ese bendito momento, ciertamente saludado por la alegría de todos los ángeles del Cielo, se puede conjeturar que hayan surgido inusuales sentimientos de júbilo en las almas rectas esparcidas por el orbe; los cuales bien podrían ser expresados con una paráfrasis de las palabras de Job: «¡Bendito el día que vio nacer a Nuestra Señora, benditas las estrellas que la contemplaron pequeñita, bendito el momento en que vino al mundo la criatura virginal destinada a ser Madre del Salvador!».

               Si es posible decir que la redención de los hombres comenzó con el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, lo mismo se puede afirmar, guardadas las debidas proporciones, con relación a la natividad de María, pues todo lo que el Salvador nos trajo empezó con aquella que lo daría al mundo.

               Entonces se entienden las esperanzas de salvación, indulgencia, reconciliación, perdón y misericordia que se le abrieron a la humanidad en aquel bendito día en que María nació en esta tierra de exilio. Momento feliz y magnífico, fue el marco inicial de la existencia insondablemente perfecta, pura y fiel de quien estaba destinada a ser la mayor gloria del género humano de todos los tiempos, por debajo de Nuestro Señor Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado.

               Muchos teólogos afirman que la Virgen, al haber sido concebida sin pecado original, fue dotada de uso de razón desde el primer instante de su ser. En el seno de Santa Ana, donde vivía como en un sagrario, ya tendría, por tanto, altísimos y sublimísimos pensamientos.



               Se puede trazar un paralelismo entre esa situación y lo que narra la Sagrada Escritura con respecto a San Juan Bautista. Éste, que había sido engendrado en el pecado original, al oír la voz de Nuestra Señora mientras saludaba a Santa Isabel se estremeció de alegría en el vientre de su madre.

               Por consiguiente, es probable que la Bienaventurada Virgen, con la altísima ciencia que había recibido por la gracia de Dios, hubiera comenzado a pedir ya en el seno materno la venida del Mesías y que se estableciera en su espíritu el elevadísimo objetivo de llegar a ser, algún día, la servidora de la Madre del Redentor.

               De cualquier manera, su mera presencia en la tierra era una fuente de gracias para los que se acercaban a Ella y a Santa Ana y lo sería aún más después de su nacimiento. Si de la túnica de Nuestro Señor, como narra el Evangelio, irradiaban virtudes curativas para quien la tocara, ¡cuánto más de la Madre de Dios, Vaso de elección!

               Si la Venida del Salvador derrotó al mal en el género humano, la natividad de la Santísima Virgen marcó el inicio de la victoria del bien y del aplastamiento del demonio; él mismo percibió que parte de su cetro se habría roto irremediablemente. Nuestra Señora empezaba a influir en los destinos de la humanidad.

               El mundo de entonces se hallaba hundido en el paganismo más radical, en una situación muy parecida a la de nuestros días: los vicios imperaban, las más variadas formas de idolatría habían dominado la tierra y la decadencia amenazaba a la propia religión judía, prenuncio de la católica. En todas partes el error y el demonio eran victoriosos.



Interior de la Santa Cueva de Covadonga

               Sin embargo, en el momento decretado por Dios en su misericordia Él derrumbó la muralla del mal, haciendo que María viniera al mundo. Del tronco de Jesé brotaría el divino lirio, Nuestro Señor Jesucristo. Con su nacimiento había comenzado la irreversible destrucción del reino de Satanás.

               Ese primer triunfo de Nuestra Señora sobre el mal nos sugiere otra reflexión.

               ¡Cuántas veces, en nuestra vida espiritual, nos vemos inmersos en la lucha contra las tentaciones, contorciéndonos y revolviéndonos en dificultades! Y ni siquiera tenemos idea de cuándo vendrá el bendito día en que una gran gracia, un insigne favor, pondrá fin a nuestros tormentos y luchas, proporcionándonos, por fin, un gran progreso en la práctica de la virtud.

               En ese momento se verificará como un nacimiento de la Santísima Virgen en nuestras almas. Surgirá en la noche de las mayores pruebas y de las tinieblas más espesas, venciendo desde el inicio las dificultades a las que nos estuviéramos enfrentando. Se levantará como una aurora en nuestra existencia, pasando a representar en nuestra vida espiritual un papel hasta entonces desconocido por nosotros.

               Ese pensamiento nos debe llenar de alegría y de esperanza, y darnos la certeza de que Nuestra Señora nunca nos abandona. En las horas más difíciles, como que irrumpe entre nosotros, resolviendo nuestros problemas, aliviando nuestros dolores y dándonos la combatividad y el coraje necesarios para que cumplamos nuestro deber hasta el final, por más arduo que éste sea. El mayor consuelo que Ella nos trae es precisamente ese fortalecimiento de la voluntad, que nos permite emprender la lucha contra los enemigos de nuestra salvación.

               La Virgen también nos da fuerzas para que nos convirtamos en celosos hijos de la Iglesia y defensores de la Religión Católica. Existen elementos históricos para afirmar que todas las grandes almas que combatieron las distintas herejías a lo largo de los siglos fueron especialmente suscitadas por Ella. Así lo insinúa de un modo muy bonito el blasón de los Claretianos, donde, además del Inmaculado Corazón de María, figuran San Miguel Arcángel y la divisa: «Sus hijos se levantarán y la proclamarán Bienaventurada».

               ¿Ese levantarse de los devotos de la Santísima Virgen para glorificarla no es también una forma de su nacimiento, como magnífica aurora, en la trama de la Historia?

               Así pues, los verdaderos hijos de Nuestra Señora deben desear y pedirle a Ella la gracia de ser indomables e implacables contra el demonio y sus secuaces que, en nuestros días, tratan de cubrir de inmundicias la gloria de la inmortal Iglesia de Cristo.



miércoles, 7 de septiembre de 2022

SÚPLICA CONFIADA A NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ

   



SÚPLICA CONFIADA A NUESTRO PADRE Y SEÑOR 
SAN JOSÉ

               -Nuestro Padre y Señor San José, por ese alto privilegio que tuviste de ser esposo de la Madre de Dios, y de tener sobre el Hijo de Ella y Salvador Nuestro autoridad y providencia de padre, consígueme apreciar nada más que la gracia de Jesús y la protección de María.

     Dios te salve, José, lleno eres de gracia, el Señor es contigo. Bendito tú eres por la íntima unión con Jesús y María. San José Virgen, Padre Virginal de Jesús y Esposo Virginal de María, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

               -Nuestro Padre y Señor San José, por ese carácter singular, que fue en ti reconocido por el propio Evangelio, que te llamó "hombre justo", consígueme vivir siempre como justo con Dios, con el prójimo y conmigo mismo, teniendo siempre a la vista mi propia santificación.

     Dios te salve, José...

               -Nuestro Padre y Señor San José, que fuiste feliz por ese inefable privilegio de morir asistido por Jesús y por María, consigue de Dios para mí la misma gracia y, confortado a la muerte por Jesús en el Sacramento Eucarístico, que mis últimas palabras sean: Jesús, José, María, os doy el corazón y el alma mía.

     Dios te salve, José...




martes, 6 de septiembre de 2022

LETANÍAS DE REPARACIÓN AL DIVINO ROSTRO DE JESÚS

 

Quiero que Mi Rostro sea honrado 
de un modo particular el Martes

Revelación de Nuestro Señor a la mística Sor María Pierina de Micheli


               ¡Yo Te saludo, Te adoro y Te amo, Rostro adorable de Jesús, mi Amado, ¡noble Sello de la Divinidad! Ultrajado de nuevo por los blasfemos. Te ofrezco, por medio del Corazón de Tu Santísima Madre, la adoración de todos los Ángeles y Santos, con la humilde súplica de que repares y renueves en mí y en todos los hombres Tu Imagen desfigurada por el pecado.

               Rostro adorable, que fuiste adorado con profundo respeto por María y José cuando Te vieron por primera vez

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que en el establo de Belén llenaste de alegría, a los Ángeles, los pastores y los Reyes Magos

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que en el Templo traspasaste con un dardo de amor, al santo anciano Simeón y a la profetisa Ana

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que llenaste de admiración a los Doctores de la Ley cuando apareciste en el Templo a la edad de doce años 

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que posees la belleza siempre antigua y siempre nueva

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que eres la obra maestra del Espíritu Santo, en el que el Padre Eterno se complace

    -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que eres el espejo inefable de las perfecciones divinas

   -Ten misericordia de nosotros

              Rostro adorable, brillante como el sol y radiante de gloria en el Monte Tabor
   -Ten misericordia de nosotros.

               Rostro adorable, que lloraste y Te afligiste ante la tumba de Lázaro

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que Te entristeciste al ver Jerusalén y derramaste lágrimas sobre esa ciudad ingrata

   -Ten misericordia de nosotros

              Rostro adorable, que Te inclinaste hasta el suelo en el Huerto de los Olivos y Te cubriste de confusión por nuestros pecados

   -Ten misericordia de nosotros

              Rostro adorable, cubierto del sudor de sangre

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que con Tu divina mirada heriste el corazón de San Pedro con un dardo de dolor y de amor,

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que fuiste golpeado por un siervo vil, cubierto con un velo de vergüenza y profanado por las manos sacrílegas de Tus enemigos,

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable de Jesús, que el día de Tu Pasión Te inclinaste lleno de Misericordia en la Cruz por la salvación del mundo

    -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, lavado y ungido por María y las santas mujeres y cubierto con una sábana

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, resplandeciente de gloria y belleza el día de la Resurrección

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que Te ocultas en la Eucaristía

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que aparecerás al final de los tiempos en las nubes con gran poder y majestad

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que harás temblar a los pecadores

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que regocijarás a los justos por toda la eternidad

   -Ten misericordia de nosotros

               Rostro adorable, que mereces toda nuestra reverencia, nuestro homenaje y adoración

   -Ten misericordia de nosotros

          Señor, muéstranos Tu Divino Rostro y seremos salvos

          Señor, muéstranos Tu Divino Rostro y seremos salvos

          Señor, muéstranos Tu Divino Rostro y seremos salvos

ORACIÓN

               ¡Sé misericordioso con nosotros, Señor! No desprecies nuestras oraciones cuando, en medio de nuestras aflicciones, clamemos Tu Santo Nombre y busquemos con amor y confianza Tu Divino Rostro. Así sea.



lunes, 5 de septiembre de 2022

SUBIDA AL MONTE CARMELO, por San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Parte II

 

"...porque hay también muchas almas que piensan 
no tienen oración, y tienen muy mucha; 
y otras, que tienen mucha, y es poco más que nada"




               Y así, para este saberse dejar llevar de Dios cuando Su Majestad los quiere pasar adelante, así a los principiantes como a los aprovechados, con su ayuda daremos doctrina y avisos, para que sepan entender o, a lo menos, dejarse llevar de Dios. Porque algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas al camino, hechos semejantes a los edificantes de Babilonia que, habiendo de administrar un material conveniente, daban y aplicaban ellos otro muy diferente, por no entender ellos la lengua (Gn. 11, 1-9), y así no se hacía nada. 

               Por lo cual es recia y trabajosa cosa en tales sazones no entenderse una alma ni hallar quien la entienda. Porque acaecerá que lleve Dios a una alma por un altísimo camino de oscura contemplación y sequedad, en que a ella le parece que va perdida, y que, estando así, llena de oscuridad y trabajos, aprietos y tentaciones, encuentre quien le diga, como los consoladores de Job (2, 11-13) o que es melancolía, o desconsuelo, o condición, o que podrá ser alguna malicia oculta suya, y que por eso la ha dejado Dios; y así, luego suelen juzgar que aquella alma debe de haber sido muy mala, pues tales cosas pasan por ella. 

               Y también habrá quien le diga que vuelve atrás, pues no halla gusto ni consuelo como antes en las cosas de Dios; y así doblan el trabajo a la pobre alma. Porque acaecerá que la mayor pena que ella siente sea del conocimiento de sus miserias propias, en que le parece que ve más claro que la luz del día que está llena de males y pecados, porque le da Dios aquella luz del conocimiento en aquella noche de contemplación, como adelante diremos; y, como halla quien conforme con su parecer, diciendo que serán por su culpa, crece la pena y el aprieto del alma sin termino, y suele llegar a más que morir. Y no contentándose con esto, pensando los tales confesores que procede de pecados, hacen a las dichas almas revolver sus vidas y hacer muchas confesiones generales, y crucificarlas de nuevo; no entendiendo que aquel, por ventura, no es tiempo de eso ni de eso otro, sino de dejarlas así en la purgación que Dios las tiene, consolándolas y animándolas a que quieran aquella hasta que Dios quiera; porque hasta entonces, por más que ellas hagan y ellos digan, no hay más remedio. 

               De esto habemos de tratar adelante con el favor divino, y de cómo se ha de haber el alma entonces y el confesor con ella, y que indicios habrá para conocer si aquella es la purgación del alma, y, si lo es, si es del sentido o del espíritu, lo cual es la noche oscura que decimos, y cómo se podrá conocer si es melancolía u otra imperfección acerca del sentido o del espíritu. Porque podrá haber algunas almas que pensarán, ellas o sus confesores, que las lleva Dios por este camino de la noche oscura de purgación espiritual, y no será, por ventura, sino alguna imperfección de las dichas; y porque hay también muchas almas que piensan no tienen oración, y tienen muy mucha; y otras, que tienen mucha, y es poco más que nada. 

               Hay otras que es lástima que trabajan y se fatigan mucho, y vuelven atrás, y ponen el fruto del aprovechar en lo que no aprovecha, sino antes estorba, y otras que con descanso y quietud van aprovechando mucho. Hay otras que, con los mismos regalos y mercedes que Dios les hace para caminar adelante, se embarazan y estorban y no van adelante. Y otras muchas cosas que en este camino acaecen a los seguidores de el, de gozos, penas y esperanzas y dolores: unos que proceden de espíritu de perfección, otros de imperfección. De todo, con el favor divino, procuraremos decir algo, para que cada alma que esto leyere, en alguna manera eche de ver el camino que lleva y el que le conviene llevar, si pretende llegar a la cumbre de este monte. Y por cuanto esta doctrina es de la noche oscura por donde el alma ha de ir a Dios, no se maraville el lector si le pareciere algo oscura. Lo cual entiendo yo que será al principio que la comenzare a  leer; mas, como pase adelante, irá entendiendo mejor lo primero, porque con lo uno se va declarando lo otro. 

               Y después, si lo leyere la segunda vez, entiendo le parecerá más claro, y la doctrina más sana. Y si algunas personas con esta doctrina no se hallaren bien, hacerlo ha mi poco saber y bajo estilo, porque la materia, de suyo, buena es y harto necesaria. Pero pareceme que, aunque se escribiera más acabada y perfectamente de lo que aquí va, no se aprovecharan de ello sino los menos, porque aquí no se escribirán cosas muy morales y sabrosas para todos los espíritus que gustan de ir por cosas dulces y sabrosas a Dios, sino doctrina sustancial y sólida, así para los unos como para los otros, si quisieren pasar a la desnudez de espíritu que aquí se escribe. Ni aun mi principal intento es hablar con todos, sino con algunas personas de nuestra sagrada Religión de los primitivos del Monte Carmelo, así frailes como monjas, por habermelo ellos pedido, a quien Dios hace merced de meter en la senda de este monte; los cuales, como ya están bien desnudos de las cosas temporales de este siglo, entenderán mejor la doctrina de la desnudez del espíritu. 



domingo, 4 de septiembre de 2022

sábado, 3 de septiembre de 2022

SAN PÍO X, EL PAPA DE LA COMUNIÓN DIARIA




               Según el Calendario Católico la Santa Iglesia hace memoria hoy del gran Papa San Pío X; para acceder a una síntesis biográfica del Papa antimodernista solo tienes que tocar en el siguiente título


SAN PÍO X, EL CUSTODIO DE LA INTEGRIDAD CATÓLICA



jueves, 1 de septiembre de 2022

SU VIDA ENTERA FUE INVADIDA POR EL DOLOR



               ...para comprender la extensión y la intensidad de los sufrimientos de Nuestra Señora, es necesario conocer lo que fue su amor por Jesús. Y su amor aumentó su sufrimiento. La naturaleza y la gracia concurren para producir en el Corazón de María impresiones profundas. Nada es más fuerte y más imperioso que el amor que la naturaleza da por un hijo y que la gracia da por un Dios

               Jesucristo fue llamado por el profeta Isaías de Vir Dolorum – “Varón de Dolores” (Isaías,cap. 53, vers. 3). La Pasión de Cristo no fue un hecho aislado en su vida, sino el ápice de una secuencia enorme de dolores, que comenzaron desde el primer instante de su Ser y fueron hasta el momento en que, en medio de un diluvio de dolores, exhaló el terrible Consummatum est — “Todo está consumado” (San Juan, cap. 19, vers. 30).

               La Santísima Virgen, siendo un espejo de la Sabiduría y de la Justicia, refleja en sí todo cuanto es de Nuestro Señor Jesucristo. Así, se puede afirmar que Ella fue la Mulier Dolorum, la Dama de los Dolores. Su vida entera fue invadida por el dolor. Fue sin embargo un dolor proporcional a las fuerzas incalculables que la gracia le daba.

              Como un dolor impuesto por la Providencia, por más lancinante que haya sido, no era de aquellos dolores que todo lo ponen en turbulencia, en probación y que devastan el alma. Eran dolores inmensos, pero muy arquitectónicos, sabios, y que fueron recibidos con una serenidad de alma admirable. En la suprema amargura, conservaba la paz. Así, también de la Virgen María se puede decir que estaba en paz en medio de una suprema amargura.

               Dios mucho amó a la Virgen y por eso le dio una inmensidad de cruces, que Ella cargó eximiamente, haciéndose así Corredentora del género humano. 


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira