viernes, 5 de agosto de 2022

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 5º

       

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 5



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



jueves, 4 de agosto de 2022

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, celoso guardián de la Doctrina Católica

         



              Nació en Caleruega (Burgos, España) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, Félix de Guzmán y Juana de Aza, parientes de los reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Santo Domingo tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

               De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

               De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

               Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

               Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

               Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

              En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al Obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los Obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

              En 1208, Nuestra Señora se le aparece y le enseña a rezar el Santo Rosario, compuesto por 150 Avemarías, número similar a los Salmos de las Sagradas Escrituras; la Virgen aseguró a Santo Domingo que el Rosario es la mejor arma contra los enemigos de la Fe.

              Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.

              En Septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.

               Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

              Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Santo Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

               Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

               En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

               Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de Agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.







LAS QUINCE PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA
 A QUIENES RECEN EL ROSARIO


    
      1.- El que me sirva, rezando diariamente Mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

          2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen Mi Rosario.

          3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el Infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

          4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la Misericordia Divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

          5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

          6.- El que con devoción rezare Mi Rosario, considerando sus Misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la Vida Eterna.

          7.- Los verdaderos devotos de Mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

          8.- Quiero que todos los devotos de Mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los Bienaventurados.

          9.- Libraré pronto del Purgatorio a las Almas devotas del Rosario.

          10.- Los hijos verdaderos de Mi Rosario gozarán en el Cielo una Gloria singular.

          11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

          12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen Mi Rosario.

          13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los Bienaventurados del Cielo.

          14.- Los que rezan Mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

          15.- La Devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la Gloria.



La Tradición atribuye al Beato Alan de la Roche (1428 aprox. - 1475)
 de la Orden de los Dominicos el origen de estas promesas hechas 
por la misma Virgen María. Es mérito suyo el haber restablecido
 la Devoción al Santo Rosario enseñada por Santo Domingo
 apenas un siglo antes y olvidada tras su muerte





HORA SANTA (V) Dictada a la mística María Valtorta

  


“Uno de vosotros me traicionará"

Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 21


               ¡Uno de vosotros! Sí, en la proporción de uno a doce, uno de vosotros me traiciona. Cada traición es más dolorosa que una lanzada. Mirad la Humanidad de vuestro Redentor: desde la cabeza hasta los pies es toda una herida. La flagelación hace horrorizar a quien la medita y agonizar a quien la padece. Fue un dolor atroz, pero duró una hora. Vosotros, que me traicionáis, me flageláis el Corazón, y lo hacéis desde hace siglos.

               Yo os he amado, Yo os amo y os compadezco; Yo os perdono, Yo os lavo quitándome la Sangre para daros un baño purificador, y vosotros me traicionáis.

               Soy el Verbo de Dios, estoy glorioso en el Cielo; pero en este Cielo no estoy sólo como Espíritu, sino también como Carne. La carne tiene sentimientos y afectos ¿por qué queréis renovarme continuamente ese fuego corrosivo que es la cercanía de un traidor? ¿Está lejos el Cielo? No, hijos que me traicionáis, Yo estoy cerca de vosotros, estoy entre vosotros, y vosotros me quemáis con la llama de vuestro traicionar.

               Miro, buscando un consuelo, entre las distintas clases de personas y en cada una encuentro miradas y miradas de traidores ¿por qué me traicionáis? Yo estoy entre vosotros para haceros el bien ¿por qué queréis hacerme daño? Yo os traigo mis dones ¿por qué me lanzáis víboras mordaces? Yo os llamo “amigos” ¿por qué vosotros me respondéis: “Maldito”? ¿Qué os he hecho? ¿Qué hombre conocéis que sea más paciente y más bueno que Yo?

               Mirad. Cuando sois felices nadie os abandona, pero si lloráis, si la riqueza os abandona, si una enfermedad os hace contagiosos, es entonces cuando todos se alejan de vosotros. Yo permanezco. Más aún os acojo precisamente entonces, porque es cuando venís. Ya no tenéis a nadie con quien llorar y hablar, y entonces os acordáis de Mí, y Yo no os digo: “Vete que no te conozco”. Podría decirlo porque de hecho mientras que erais ricos, sanos y felices nunca habéis venido a decirme: “Lo soy y te lo agradezco”.

               Pero no, ni siquiera pretendo esto de quien aún no es un gigante de amor. Las “gracias” no las pretendo. Me conformaría con que me dijerais: “Soy feliz”. Decídmelo. No me consideréis un extraño. Acordaros de que Yo también estoy aquí y dedicad un pensamiento a este Jesús. Las “gracias” las diré Yo por vosotros a Dios: Padre mío y vuestro. En cambio nunca venís. Y podría decir: “No os conozco”. En cambio, heme aquí que os abro los brazos y digo: “Ven, que lloramos juntos”.

               Mirad. Estoy en las cárceles, en las celdas pequeñas y viles, sentado a la misma mesa que el presidiario, y le hablo de una libertad más verdadera que esa que está más allá de las cuatro paredes, de una libertad que ya no teme el ser herida por culpas que deben ser castigadas. Y sin embargo, aquel encarcelado es uno que me ha traicionado, ofendiendo mi ley de amor. Quizás ha matado, quizás ha robado, pero ahora me llama y heme aquí con él. El mundo le desprecia, Yo le amo. He llamado “amigo” a quien me mataba y me arrancaba de la vida. Puedo llamar “amigo” a este infeliz que vuelve a Mí.

               Estoy, llama de amor, cerca de los enfermos. Sus fiebres conocen mis caricias, su sudor mi sudario, sus languideceres mi brazo que les sostiene, sus angustias mi palabra. No obstante, muchos están enfermos por haberme traicionado, traicionando mi ley. Han servido a la carne y la carne, fiera enloquecida, se ha extraviado y les pierde, ahora, también en la vida. Y de todas formas, Yo soy el único que no me canso de su mal y velo con ellos, y sonrío ante sus esperanzas y, en cuanto que el Padre lo permite, las transformo en realidad. Mas si veo que el decreto es de muerte, entonces tomo a este hermano que tiembla ante el misterio de la muerte y que me llama, y le digo: “No temas. Crees que sea tiniebla: es luz. Crees que sea dolor: es alegría. Dame tu mano, conozco la muerte, la conocí antes que tú. Sé que es un instante en el que Dios auxilia sobrenaturalmente, para mitigar los sentidos y evitar que el alma se abata en la lucha final. Fíate. Mírame. Sólo a Mí... ¡Ya está! ¿ves? has atravesado el umbral. Ven conmigo, ahora, al Padre. No temas tampoco en este momento. Yo estoy contigo, y el Padre ama a quien amo”.

               Estoy en las casas desiertas. Antes había voces alegres. Ha pasado la muerte o la miseria. El superviviente vaga solo. Los amigos huyeron. Los amados, lejos por trabajo o por la muerte. Hay sol en el cielo, pero para el superviviente todo es tiniebla. Hay paz en el aire de la noche, pero para el superviviente no hay descanso. Y sin embargo muchas veces se me ha traicionado en esa casa, deificando a las criaturas. Se ha amado idólatramente a las criaturas traicionando mi ley. Pero Yo entro, y voy a poner un rayo en las tinieblas, a infundir paz donde hay tempestad. Aquel superviviente me ha llamado... quizás distraídamente, quizás sin una auténtica voluntad de tenerme, pero Yo voy sin tardar.

               ¡Oh! sólo pido estar con vosotros. Todo recuerdo de los errores pasados se desvanece cuando me llamáis: “¡Jesús!”.

               Pero no flageléis mi Corazón. Ya está abierto y desangrado. No irritéis su herida. Y a quienes me han entendido en mi dolor de traicionado, digo: “Uno de vosotros me traicionará. Dadme vuestro fiel amor como bálsamo”. Y lo digo a todos: a los santos, mis predilectos como Dios; a los pecadores, mis predilectos como Jesús. Porque también los pecadores, por quienes me hice Jesús, pueden curarme esta herida.

               ¿Sois samaritanos? Ya lo sé, pero mi parábola habla de un samaritano bueno que cura las heridas que no fueron curadas por los hijos de la ley que pasaron de largo, absortos por las prisas de servir a Dios. No saben que a Dios se le sirve más amando que cumpliendo preceptos.

               Yo soy el Herido que languidece en vuestros caminos. Los salteadores me han asaltado y desnudado. Los salteadores: los que indignamente se aprovechan de mi sacrificio de Dios que se hace carne. Me desnudan: negando mis atributos con sus múltiples herejías. Desnudan a la Verdad, les apetece ese ropaje porque es resplandeciente. Pero no saben que resplandece porque lo lleva puesto quien es Sol, y que en sus manos, que lo cubren con las babas de sus mentes soberbias, se convierte en un trapo cualquiera.

               La Verdad es verdad, y con esta luz se ilumina todo cuando se ve unido a Dios. Separada, se convierte en lenguaje babélico. Porque la Verdad es Ciencia y Sabiduría, pero desarraigada de Dios se convierte en caos.

               Curadme vosotros, aunque seáis samaritanos. Dadme vuestro aceite y vuestro vino: el aceite, el amor; el vino, la contrición de vuestro yo. Medicadme, no os desdeño. Que la pecadora que refresca mis pies cansados os hable, y diga si desprecio al pecador.

               Pero no me traicionéis nunca más. Id y no pecad más. Todo os lo perdono si todo en vosotros me ama. Dadme un beso sincero. Mi mejilla arde por el beso de los traidores. Curadla con el beso de la fidelidad.



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 4º

       

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 4



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



miércoles, 3 de agosto de 2022

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 3º

      

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 3



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



martes, 2 de agosto de 2022

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, Doctor de la Iglesia

 

               Nació en Marianella, cerca de Nápoles, el 27 de Septiembre de 1696. Sus padres fueron José de Ligorio, Capitán de la Armada naval y Ana Cabalieri, ambos pertenecientes a la Aristocracia napolitana.

               San Alfonso fue el primogénito de siete hermanos; cuando aún era niño sus padres recibieron la visita del misionero jesuita San Francisco Jerónimo, que bendijo a Alfonso y profetizó: "Este chiquitín vivirá 90 años, será Obispo y hará mucho bien".

               Siendo un muchacho, San Alfonso ingresaría en la Hermandad de la Nobleza, donde comenzó su formación intelectual aprendiendo varios idiomas: español, francés, griego y latín. A los 16 años, obtuvo el grado de Doctor en Derecho Civil y Canónico.



               Su padre deseaba hacer de él un brillante político, estudió varios idiomas y aprendió música, artes y detalles de la vida caballeresca. En su profesión de abogado iba obteniendo grandes triunfos. Todo esto no le dejaba satisfecho por el gran peligro que hoy existe en el mundo de ofender a Dios. A sus compañeros les repetía: "Amigos, en el mundo corremos peligro de condenarnos".

               Más tarde escribió: "Las vanidades del mundo están llenas de amargura y desengaños. Lo sé por propia y amarga experiencia".

               Su noble padre quería que se casase con alguna joven, de familia muy distinguida, para que formara un hogar de alta clase social. Pero cada vez que le preparaban algún noviazgo, la "novia" de turno terminaba por exclamar: "Muy noble, muy culto, muy atento, pero... ¡vive más en lo espiritual que en lo material!

               Hubo un pleito entre el Doctor Orsini y el gran Duque de Toscana. El joven Doctor Alfonso defendía la causa de Orsini. Su exposición fue maravillosa, brillante. Sumamente aplaudida. Creía haber obtenido el triunfo para su defendido. Pero apenas terminada su intervención, se le acercó el jefe de la parte contraria, le alargó un papel y le dijo: "Todo lo que nos ha dicho con tanta elocuencia cae de su base ante este documento".

               Alfonso lo lee, y exclama: "Señores, me he equivocado", y sale de la sala diciendo en su interior: "Mundo traidor, ya te he conocido. En adelante no te serviré ni un minuto más". Se encierra en su cuarto y está tres días sin comer. No hace sino rezar y llorar.

               Después se dedicará a visitar enfermos, y un día en un hospital de incurables le parece que Jesús le dice: "Alfonso, apártate del mundo y dedícate sólo a servirme a mí". Emocionado le responde: "Señor, ¿qué queréis que yo haga?".

               Y se dirige luego a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced y ante el Sagrario hace voto de dejar el mundo. Y como señal de compromiso deja su espada ante el Altar de la Purísima Virgen.

               Pero tuvo que sostener una gran lucha espiritual para convencer a su padre, el cual cifraba en este hijo suyo, brillantísimo abogado, toda la esperanza del futuro de su familia. "Alfonso mío - le decía llorando - ¿Cómo vas a dejar tu familia? - y él respondía: Padre, el único negocio que ahora me interesa es el de salvar almas".

               Al fin, el 21 de Diciembre de 1726, cuando San Alfonso contaba 30 años de edad, es ordenado Sacerdote de Cristo. Desde entonces se dedica trabajar con la gente de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades. Reúne a los niños y a la gente humilde, al aire libre y les enseña Catecismo.



Carta manuscrita y firmada por
San Alfonso María de Ligorio


               Su padre que gozaba oyendo sus discursos de abogado, ahora no quiere ir a escuchar sus sencillos sermones sacerdotales. Pero un día entra por curiosidad a escucharle una de sus pláticas, y sin poderse contener exclama emocionado: "Este hijo mío me ha hecho conocer a Dios". Y esto lo repetirá después muchas veces.

               El 13 de Mayo de 1731, junto a la Venerable María Celeste Crostarosa, San Alfonso fundó la rama femenina de la Congregación del Santísimo Redentor; se le reunieron otros Sacerdotes y con ellos, el 9 de Noviembre de 1732, fundó en la localidad de Scala (Nápoles) la Congregación de los Padres Redentoristas. Y a imitación de Jesús Nuestro Señor se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: "Soy enviado para evangelizar a los pobres". El 25 de Febrero de 1749, el Papa Benedicto XIV aprueba la Regla de la naciente Comunidad.​

               Durante 30 años, con su equipo de Misioneros, recorre campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente.

               La gente al ver su gran espíritu de sacrificio, corría a su confesionario a pedirle perdón de sus pecados. Solía decir que el predicador siembra y el confesor recoge la cosecha.

               Es admirable como a San Alfonso le alcanzaba el tiempo para hacer tantas cosas. Predicaba, confesaba, preparaba misiones y escribía. Hay una explicación: Había hecho votos de no perder ni un minuto de su tiempo. Y aprovechaba este tesoro hasta lo máximo. Al morir deja 111 libros y opúsculos impresos y dos mil manuscritos. Durante su vida vio 402 ediciones de sus obras.

               Su obra ha sido traducida a 70 lenguas, y ya en vida llegó a ver más de 40 traducciones de sus escritos.

               Para su libro más famoso, "Las Glorias de María", empezó San Alfonso a recoger materiales cuando tenía 38 años de edad, y terminó de escribirlo a los 54 años, en 1750. Su redacción le gastó 16 años.

               En 1762 el Papa lo nombró Obispo de Santa Águeda, cargo que aceptó por obediencia al Papa con estas palabras "Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados" - exclamó - y aceptó. Tenía entonces 66 años.

               Durante los trece años de su Episcopado en Santa Águeda visitó cada dos años los pueblos. En cada pueblo de su diócesis hizo predicar misiones, y él mismo predicaba el sermón de la Virgen o el de la despedida.



               Vino el hambre y vendió todos sus utensilios, hasta su sombrero y anillo episcopal y la mula y el carro del Obispo para dar de comer a los hambrientos. Enfermo, presentó su renuncia como Obispo y al ser ésta aceptada exclamó: "Bendito sea Dios que me ha quitado una montaña de mis hombros".

               Dios lo probó con enfermedades. Fue perdiendo la vista y el oído. "Soy medio sordo y medio ciego - decía - pero si Dios quiere que lo sea más y más, lo acepto con gusto".

               La delicia de nuestro Santo era pasar las horas junto al Santísimo Sacramento. A veces se acercaba al Sagrario, tocaba a la puertecilla y decía: "¿Jesús, me oyes?"

               Durante su convalecencia le encantaba que le leyeran Vidas de Santos. Un hermano tras otro pasaban a leerle por horas y horas. Preguntaba con frecuencia: ¿Ya rezamos el Rosario? Perdonadme, pero es que del Rosario depende mi salvación. "Traedme, a Jesucristo", decía, pidiendo la Sagrada Comunión.

               San Alfonso entregó el alma a Dios Todopoderoso el 1 de Agosto de 1787, a mediodía, con el rezo del Ángelus; alcanzó los 90 años de vida terrenal. Sería Beatificado el 15 de Septiembre de 1815 por Pío VII. El Papa Gregorio XVI lo canonizó en 1839 y el Papa Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia en 1875.



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 2º

      

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 2



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita



lunes, 1 de agosto de 2022

LA INDULGENCIA PLENARIA DE LA PORCIÚNCULA, "EL PERDÓN DE ASÍS", privilegio que obtuvo de Nuestro Señor el Seráfico San Francisco

  



               Cada año todos los Fieles Católicos que visiten una iglesia franciscana en cualquier lugar del mundo desde el mediodía de hoy, 1 de Agosto, y todo el 2 de Agosto, podrán obtener la llamada indulgencia plenaria de la Porciúncula.

               Este don requiere además las condiciones habituales para ganar una Indulgencia Plenaria:

     -Visita a una iglesia o capilla de la Orden Franciscana

     -Confesión sacramental (hacer una buena y dolorosa confesión, a no ser que la persona que quiera ganarla se confiese cada ocho o quince días, pero todos deben estar arrepentidos, en el acto de ganar la indulgencia, de todos sus pecados, hasta de los veniales. Puede hacerse ocho días antes o dentro de los siete días siguientes.

     -Comunión Sacramental, entre el 1 y el 2 de Agosto; al igual que la Confesión, si la persona es habitual a recibir la Sagrada Comunión, le vale entre los 7 días anteriores o posteriores. 

     -Rezar al menos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por la Restauración del Papado.


NOTA IMPORTANTE: 

               Todas aquellas piadosas almas que han hecho el llamado Voto de Esclavitud Mariana o bien el Voto de Ánimas, igualmente pueden ofrecer y aplicar esta Indulgencia Plenaria por el alma de un difunto en particular.


De cómo obtuvo San Francisco 
la Indulgencia de la Porciúncula


               Una de las cosas que más afligían al Padre San francisco durante su vida en este mundo, la constituían las ofensas que se hacían a Dios con tantos pecados y la perdición eterna de tantas almas que los cometían. Una noche de 1216, en que más abundaba en estos sentimientos, se le apareció un Ángel de parte de Dios, dándole orden para que fuese a la pequeña iglesia (porziuncola chiesa) que él había reparado en honra de la Reina de los Ángeles. 

               Al llegar allí, entre vivísimos resplandores de gloria y majestad y multitud de ángeles y serafines que llenaban el templo, vio a Nuestro Señor Jesucristo, vivo y gloriosísimo, y a su divina Madre la Dulcísima Virgen María. Extático y fuera de sí San Francisco cayó en tierra y, así postrado, oyó la voz de Jesús que le decía:

                “Pues tantas son tus lágrimas y afanes por la salvación de las almas, pídeme, Francisco, lo que quieras”.

               Replicó Francisco:

                “¡Señor y Dios Altísimo!, yo, miserable pecador, os suplico, por intercesión de vuestra Santísima Madre, que concedáis la gracia de que todos los que vengan confesados a esta iglesia alcancen perdón e indulgencia de todos sus pecados y queden en vuestra Presencia lo mismo que quedaron después de recibir el Santo Bautismo”. 

               Respondió la voz divina: 

                “Mucho pides, Francisco, pero por ruegos de Mi Madre, a quien has puesto por intercesora, te concedo esa gracia. Acude a Mi Vicario en la tierra para que te la confirme”.

               Francisco se presentó al Papa, que lo era entonces Honorio III, y, con sencillez y humildad, le dijo: “Santísimo Padre, vengo a solicitar una indulgencia plenísima para todos los pecadores que, habiéndose confesado, vengan a visitar la iglesia que yo he reparado”. Díjole el Papa: “No es costumbre conceder una indulgencia tan grande a tan poca cosa; pero, dime –añadió–, ¿cuántos años quieres que dure esta gracia?”. Replicó San Francisco: “Padre Santo, yo no pido años sino almas, y no soy yo, sino mi Señor Jesucristo quien lo quiere”. Al oír esto el Papa Honorio se sintió interiormente movido por Dios y dijo por tres veces: “Me place, me place, me place conceder esta gracia”.

               Faltaba determinar el día en que se había de ganar este jubileo tan extraordinario, y vencer las dificultades que ponían los cardenales diciendo que esta indulgencia y jubileo, sin ninguna carga de ayunos, limosnas ni otras obras determinadas, menoscabaría los de Roma, Jerusalén, Santiago y otros que suele conceder la Iglesia.




               San Francisco continuaba rogando a Dios y haciendo penitencia; hasta llegó a arrojarse desnudo, en el rigor del invierno, en un espinoso zarzal, ensangrentándose todo su cuerpo. Al instante el zarzal se vistió de verdor y brotó frescas y fragantes rosas, unas blancas y otras encarnadas. Además, una luz inefable sobre la engalanada zarza y multitud de ángeles convidaban a San Francisco con melodiosos cánticos para que fuese otra vez a la iglesia de la Porciúncula. San francisco cogió del florido zarzal doce rosas blancas y doce encarnadas, todas muy hermosas, pasó con ellas la senda deslumbradora del monte, que todo parecía arder sin consumirse, entró en la iglesia y, delante de Jesucristo y de la divina Madre, que le aguardaban como la vez primera, cayó de rodillas y fijó su pensamiento en la indulgencia, oyendo estas palabras: “Por los ruegos de Mi Madre te concedí, Francisco, la gran Indulgencia, y para ganarla, sea el día en que Mi Apóstol Pedro, encarcelado por Herodes, se libró milagrosamente de las cadenas. Llévale a Mi Vicario esas rosas que has tomado de la zarza, en testimonio de lo que has visto y oído. Yo moveré su corazón y cumpliré tu deseo”.



               San Francisco fue a Roma, llevando las rosas consigo y acompañado de cuatro compañeros que habían sido testigos de la visión, y obtuvo la confirmación de la indulgencia para el 1º de Agosto, desde las vísperas de ese día hasta la puesta del sol del siguiente 2 de Agosto, según el mismo Jesucristo Nuestro Señor se lo había concedido.

               Muchos milagros se obraron después, a favor de la autenticidad de esta indulgencia, entre otros el haber manifestado el Señor cuán hermosas salían de los templos franciscanos las almas que habían entrado manchadas, y cuántas salían muy gloriosas del Purgatorio por las visitas que por ellas se hacían.



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DÍA 1º

     

            Por la señal de la Santa Cruz  de nuestros enemigos  líbranos Señor  Dios Nuestro.

          En el Nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo. Amén.

          Padre Eterno, yo os ofrezco por las manos de María Santísima, la Preciosísima Sangre de vuestro Hijo. Os ofrezco también las lágrimas de Nuestra Señora por la purificación de la tierra y la conversión de los hombres, por la fidelidad de vuestros escogidos, por la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

        
MEDITACIÓN DÍA 1



SÚPLICA 

(Compuesta por la Mística Berthe Petit, aprobada por el Card. Mercier)

               ¡Doloroso e Inmaculado Corazón de María! Habitación Pura y Santa: cobija mi alma con Tu Maternal Protección, así permanecerá fiel a la voz de Jesús y mi alma, podrá entonces corresponder a Su Amor y obedecer Su Divina Voluntad.

   -Dios te salve, María, etc...

                Oh Madre mía, mi deseo es mantener ante mi vista sin cesar, Tu participación de Co-Redentora; con este recuerdo, viviré íntimamente unido a Tu Corazón Inmaculado, que siempre permanece totalmente unido al Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.

   -Dios te salve, María, etc...

                Por los méritos de Tus virtudes y angustias, clávame a éste Divino Corazón y protégeme ahora y siempre.

   -Dios te salve, María, etc...


ORACIÓN FINAL

               Nos consagramos, oh María, a Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, junto con nuestras familias, nuestra Patria. Ten piedad de nosotros; mira las tribulaciones y las angustias de nuestros corazones en medio del luto y calamidades que atacan a este mundo. 

               Dígnate, Oh Madre de Dios, obtenernos la Misericordia para que, una vez siendo convertidos y purificados por la tristeza y fortalecidos en la Fe, de ahora en adelante seamos devotos sirvientes de Jesucristo y de su Iglesia, por cuyo triunfo oramos. 

              Oh María Inmaculada, prometemos ser fieles devotos de Tu Doloroso Corazón. Te suplicamos que intercedas por nosotros ante Tu Hijo, para que, al grito de Tu Doloroso e Inmaculado Corazón, Su Poder Divino lleve a cabo con rapidez el triunfo de los Derechos y la Justicia de Dios. Amén.




℣. Nos cum prole pía
℟. Benedícat ✠ Virgo María

Nos bendiga ✠ la Virgen María
con Su descendencia bendita