jueves, 7 de abril de 2022

EL SACERDOTE EN EL ALTAR ES COMO EL MISMO JESUCRISTO, por San Alfonso María de Ligorio

 


               Dice Santo Tomás que de los Sacerdotes se exige mayor santidad de los simples religiosos por razón de las sublimes funciones que ejercen, especialmente en la celebración del Sacrificio de la Misa: “Porque, al recibir las Órdenes Sagradas, el hombre se eleva al Ministerio elevadísimo en que ha de servir a Cristo en el Sacramento del Altar, cosa que se requiere mayor santidad que la del religioso que no está elevado a la dignidad del Sacerdocio. Por lo que añade, en igualdad de circunstancia el Sacerdote peca más gravemente que el religioso que no lo es” (...). 

              Célebre la sentencia de San Agustín “No por ser buen monje es uno buen Clérigo” (...); de lo que sigue que ningún Clérigo puede ser tenido por bueno si no sobrepuja en virtud al monje bueno. Escribe San Ambrosio que “el verdadero Ministro del Altar ha nacido para Dios y no para sí (...). Es decir, que el Sacerdote ha de olvidarse de sus comodidades, ventajas y pasatiempos, para pensar en el día en que recibió el Sacerdocio, recordando desde entonces ya no es suyo, sino de Dios, por lo que no debe ocuparse más que en los intereses de Dios. 

              El Señor tiene sumo empeño en que los Sacerdotes sean santos y puros, para que puedan presentarse ante Él libres de toda mancha cuando se le acerquen a ofrecerle sacrificios: Se sentarán para fundir y purificar la plata y purificará a los hijos de Leví, los acrisolará como el oro y la plata y luego podrán ofrecer a Yahveh oblaciones con justicia (Profeta Malaquías, cap. 3, vers. 3]. Y en el Levítico se lee: Permanecerán santos para su Dios y no profanarán el Nombre de su divinidad, pues son ellos quienes ha de ofrecerlos sacrificios ígneos a Yahveh, alimento de su Dios; por eso han de ser santos (Levítico, cap. 21, vers. 6). De donde se sigue que si los sacerdotes de la antigua ley solo porque ofrecían a Dios el incienso y los panes de la proposición, simple figura del Santísimo Sacramento del Altar, habían de ser santos, ¡con cuánta mayor razón habrán de ser puros y santos los Sacerdotes de la Nueva Ley, que ofrecen a Dios el Cordero Inmaculado, su mismísimo Hijo! “Nosotros no ofrecemos, dice Escío, corderos e incienso, como los sacerdotes de la Antigua Ley, sino el mismo Cuerpo del Señor, que pendió en el Ara de la Cruz, y por eso se nos pide la santidad, que consiste en la pureza del corazón, son la cual se acercaría uno inmundo” (...) al altar. Por eso decía San Roberto Belarmino: “Desgraciado de nosotros, que, llamados a tan altísimo Ministerio, distamos tanto del fervor que exigía el Señor de los sacerdotes de la antigua Ley (...). Hasta quienes habían de llevar los vasos sagrados quería el Señor que estuviesen libres de toda mancha (...), pues “¡cuánto más puros han de ser los Sacerdotes que lleven en sus manos y en el pecho a Jesucristo!”, dice Pedro de Blois (...). Ya san Agustín había dicho: “No debe ser puro tan solo quien ha de tocar los vasos de oro, sino también aquellos en quien se renueva la muerte del Señor. 

               La Santísima Virgen María hubo de ser santa y pura de toda mancha porque hubo de llevar en Su Seno al Verbo encarnado y tratarlo como Madre: y según esto, exclama San Juan Crisóstomo, “¿no se impone que brille con santidad más fúlgida que el sol la mano del Sacerdote, que toca la Carne de un Dios, la boca que respira fuego celestial y la lengua que se enrojece con la Sangre de Jesucristo?” (...). El Sacerdote hace en el Altar las veces de Jesucristo, por lo que, como dice San Lorenzo Justiniano, “debe acercarse a celebrar como el mismo Jesucristo, imitando en cuanto sea posible Su Santidad (...). ¡Qué perfección requiere en la religiosa su confesor para permitirle comulgar diariamente!, y ¿por qué no buscará en sí mismo tal perfección el Sacerdote, que comulga también a diario?


"La Dignidad y la Santidad Sacerdotal" 
por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



LOS SACERDOTES A QUIENES ME UNE UNA DEUDA DE GRATITUD

 

               Teresa tenía sólo 14 años cuando, durante una peregrinación a Roma, comprendió su vocación de madre espiritual para los sacerdotes. En su autobiografía escribe como, después de haber conocido en Italia a muchos santos sacerdotes, había también comprendido que, a pesar de su sublime dignidad, ellos permanecían hombres débiles y frágiles. “Si santos sacerdotes... muestran con su comportamiento que tienen necesidad extrema de oraciones, qué tendríamos que decir de aquellos que son tibios” . En una de sus cartas animaba a la hermana Celina: “Vivamos por las almas, seamos apóstoles, salvemos sobre todo las almas de los sacerdotes... recemos, suframos por ellos y, en el último día, Jesús será agradecido”. 

                En la vida de Santa Teresita, hay un episodio conmovedor que demuestra su celo por las almas y especialmente por los misioneros. Estaba ya muy enferma y caminaba sólo con mucho esfuerzo, por ello el médico le había ordenado que hiciera todos los días, durante media hora, un paseo en el jardín. Si bien no creyendo en la utilidad de este ejercicio, ella lo realizaba fielmente cada día. Una vez, una hermana que la acompañaba, viendo los grandes sufrimientos que le proporcionaba el caminar, le dijo: “¿Pero sor Teresa, por qué hace todo este esfuerzo si le procura más sufrimientos que alivio?”. Y contestó la Santa: “Sabe hermana, estoy pensando que quizás justamente en este momento un misionero en un país lejano se siente muy cansado y desmoralizado, por ello ofrezco mis fatigas por él”.

 


              ¡Oh Jesús!, te ruego por Tus fieles y fervorosos Sacerdotes, por Tus Sacerdotes tibios e infieles, por Tus Sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones, por Tus Sacerdotes que sufren tentación, por Tus Sacerdotes que sufren soledad y desolación, por Tus jóvenes Sacerdotes, por Tus Sacerdotes ancianos, por Tus Sacerdotes enfermos, por Tus Sacerdotes agonizantes, por los que padecen en el Purgatorio.

               Pero sobre todo, te encomiendo a los Sacerdotes que me son más queridos, al Sacerdote que me bautizó, al que me absolvió de mis pecados, a los Sacerdotes a cuyas Misas he asistido y que me dieron Tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión, a los Sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, me alentaron y aconsejaron, a todos los Sacerdotes a quienes me une una deuda de gratitud.

              ¡Oh Jesús, guárdalos a todos junto a Tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad!. Amén. 


Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz 





miércoles, 6 de abril de 2022

LA TERRIBLE REALIDAD DEL INFIERNO. Parte IX. Nunca verán a Dios

 

EL INFIERNO ES ETERNO


               La Fe lo proclama, y Jesucristo Nuestro Señor lo asegura en más de quince pasajes del Evangelio entre los cuales bastará citar la sentencia que pronunciará en contra de los condenados: "APARTAOS DE MÍ, MALDITOS, ID AL FUEGO ETERNO" (Evangelio de San Mateo, cap. 25, vers. 41). Todas las objeciones contra el Infierno y su eternidad se estrellan contra la palabra del Evangelio; tales objeciones proceden más de gente impía o de mal vivir; personas que, por lo mismo, están muy interesadas en que no haya Infierno.



LAS ALMAS DE LOS CONDENADOS 
NUNCA VERÁN A DIOS


               LAS ALMAS CONDENADAS AL INFIERNO SUFREN ETERNAMENTE dos penas: la PENA DE DAÑO, que consiste en la separación de Dios durante toda la eternidad; y la PENA DE SENTIDO, que consiste en estar sumergido en un fuego devorador que nunca se ha de apagar. En las palabras que Jesucristo ha de pronunciar en el Juicio Final viene indicada la doble pena del Infierno: "Apartaos de Mí, malditos", he aquí la pena de daño; "Id al fuego eterno", he aquí la pena de sentido.

        1- PENA DE DAÑO: Si el condenado pudiera, como en este mundo, estar separado de Dios sin sufrir por esta separación, su desgracia no sería tan dura; pero no es así: perdió a su Dios, a su Creador, a su Padre y a su Bienhechor en el tiempo, y había de ser su fin supremo y su dicha en la eternidad; y al perderlo, comprende su desventura, pues con las luces que tiene, conoce mucho mejor las perfecciones de Dios: su arrebatadora hermosura, su bondad inefable, sus riquezas incomparables, etc. Así como el hierro es atraído por el imán, el condenado es atraído por la Divinidad; pero el pecado es como una barrera infranqueable entre Dios y él. ¡Qué suplicio, qué desesperación! La estricta aplicación de la justicia vengadora del Soberano Juez ha reemplazado a los amorosos llamamientos de la divina misericordia; y este conflicto de deseo y odio, de atracción y de repulsión, y sobre todo ese alejamiento definitivo y eterno de Dios, constituye la pena de daño.

      2- PENA DE SENTIDO: Esta pena es universal, de una violencia inconcebible, de una continuidad desesperante, dado que nunca ha de cesar, ni disminuir en su intensidad. "Arderán los condenados en un fuego inextinguible, en medio de las tinieblas, donde no habrá sino llanto y crujir de dientes" (Evangelio de San Mateo, cap. 22, vers. 13).

             Irán ahí todos los que mueran en pecado mortal. El momento de la muerte es decisivo. El alma permanece eternamente en el estado en que se halla en ese instante supremo: por consiguiente, si está en pecado mortal, va inmediatamente al Infierno y comienza su desgraciada eternidad (una muerte eterna).

             Las almas que están en el Infierno, están fuera del alcance de nuestras oraciones, pues no se encuentran en esta Comunión. Ya por ellas no hay nada que hacer, pues están eternamente separadas de Dios.


PARA EVITAR EL INFIERNO


             Para ello debemos preservarnos del pecado y practicar la virtud, para lo cual es indispensable ser devoto e imitador de Nuestra Señora la Purísima Virgen María; este es el gran secreto para conservar la paz del alma durante la vida, y para alentarse en los momentos supremos y angustiosos de la muerte, con inmortales esperanzas y consuelos suavísimos. Acordaos, además, a menudo de los siguientes avisos de San Agustín:

     1- En vez de empeñarnos en evitar una muerte prematura, hagamos cuanto esté de nuestra parte para evitar el pecado que es causa de la muerte eterna.

     2- Aquel que carece de tiempo para pensar en la eternidad, tendrá en la eternidad tiempo sobrado para arrepentirse de ello.


NOS SALVA LA FE CATÓLICA 


          “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solo los paganos sino también los judíos y herejes o cismáticos, no pueden compartir la vida eterna y se irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas; que la unidad de este cuerpo eclesiástico es de tal importancia que solamente para aquellos que moran en él contribuyen los sacramentos de la Iglesia a la salvación; y el ayuno, la caridad y otras obras de piedad y prácticas de la milicia cristiana producen recompensas eternas; y que nadie puede ser salvado, sin importar cuánto haya regalado en beneficencia y cuánta sangre haya derramado en Nombre de Cristo, a menos que haya perseverado en el seno y en la unidad de la Iglesia Católica.” (Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia Bula “Cantate Domino”, 1441, Ex Cátedra)



martes, 5 de abril de 2022

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. Cuarto Martes

    



            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 4º: LA PACIENCIA

            ¡Oh, sacrificado siervo del Altísimo, San Antonio! Conseguidme por vuestros ruegos la paciencia que necesito para llevar la cruz de mis obligaciones, la cual me abra las puertas del Cielo.        

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.



ÉSE ES EL VERDADERO AMOR

 


               Yo: Quería reposarte, Señor, como hace tanto tiempo me lo tienes pedido. Yo quería no ofrecerte nunca más el cuidado de mis infidelidades; pero, he aquí que he vuelto a caer en tantas faltas, que me admiro de que Tu Misericordia no se haya cansado.'' Él me contestó: "Aún cuando tú vivieras hasta el fin del mundo acumulando faltas sobre faltas, pero acechando siempre el momento del Perdón, encontrarías que el Perdón te estaba esperando, aun desde antes que tú hubieras comenzado a implorarlo.

               Recuerda que una vez dije: 'setenta veces siete'. Esto da la medida, sin medida, con que Mi Corazón responde a la pregunta: '¿cuántas veces tenemos que perdonar?' Conserva tu espíritu de penitencia.

               Yo: Pensaba luego en mi falta de valor para dormir las noches precedentes, en un lecho con pulgas. Él me dijo: ''¿No puedes soportar eso por Mí? ¿Ni por ti? Para expiar tus faltas, para expiar la marca creciente de los pecados del mundo actual. Déjate penetrar por un espíritu de humilde reparación.

              Recita durante todos los días de la Cuaresma el Salmo 'Miserere', por todos los hombres. Déjame activar en ti la suplicación; permanece en Mí, seamos Uno. Ruega a Mi Madre que presente así sus Jacob al Padre Celestial. ¿Puedo contar contigo, unida a Mí, para ayudar a las almas durante esta Cuaresma?. Yo: Sí, Señor. Él: Yo te ayudaré, como te ayudo siempre, cuando tienes valor para comenzar un sacrificio. No creas que cuando te esfuerzas por esto o por aquello eres tú la que lo hace. No eres tú, Soy Yo, que te ayudo. Y cuando el famoso sacrificio ya pasó, ni siquiera te vuelves a acordar al siguiente día. Ten pues ánimo. Ya sabes todo lo que sufrí por tu causa y por tu bien. Hace poco veías cómo un pedazo de cuerda medio caído de un camión, era arrastrado por todos los baches llenos de lodo; y pensaste en Mí, en el Pretorio, derribado por los verdugos y golpeando con Mi Cabeza las esquinas de las columnas. Sentiste al mismo tiempo horror y compasión. Que tu amor se traduzca en actos, porque ése es el verdadero amor. Yo te he amado así: imita a tu Cristo, pequeña esposa Mía.


6 de Marzo de 1941


De los escritos de la mística Gabrielle Bossis "Él y yo", 
con el imprimatur en 1957 de Monseñor Jacques Le Cordier, 
Obispo auxiliar de París; también del Obispo de Nantes, 
Monseñor Villepellet, del entonces Obispo Auxiliar 
y Vicario General de la Arquidiócesis de México, 
Monseñor Francisco Orozco y del Obispo Auxiliar
de Madrid-Alcalá Monseñor García Lahiguera.


lunes, 4 de abril de 2022

LA FE PURA E INMACULADA: Monseñor Pío Espina sobre la falsa iglesia del Vaticano II (2ª parte)

  

Del Sermón del III Domingo de Cuaresma




               En el Concilio Vaticano II cambiaron todo, empezando por los Sacramentos, que dependen del Episcopado, que es el Sumo Sacerdocio, son inválidos: los sacerdotes modernos son inválidos, los obispos modernos son inválidos, la confirmación moderna es inválida... ¿por qué? Porque cambiaron la esencia de los Sacramentos. Entonces, es realmente otra iglesia, no es la Iglesia de Cristo. 

               ¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros entonces? Conservarnos fuertes en la Fe, como dice San Pedro, el primer Papa, luchar contra el Diablo... ¿y cómo luchamos contra el Diablo? Siendo buenos Cristianos, aferrándonos con todas nuestras fuerzas a la Doctrina de la Iglesia, de la Iglesia Verdadera, de la Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo, cuyo último Papa fue Pío XII, y en todo, no en aquello que nos guste: el Católico tiene que aceptar toda la Doctrina Católica, no en partes, porque si no nos volvemos protestantes, que toman esto y dejan aquello de las Sagradas Escrituras; y el Católico que dice ser Católico y toma esto y deja aquello de la Doctrina Católica no es Católico en realidad.

               Debemos practicar nuestra Fe, juntar con Nuestro Señor Jesucristo, estar con Él porque quien no está con Él está contra Él y quien no junta con Él desparrama. Nuestra vocación es ser Santos y para ello tenemos que cumplir la Voluntad de Dios y ésta se nos da a través de la Doctrina Católica. 

                San Pablo nos dice que "el fruto de la luz, consiste en toda bondad, en toda justicia y en toda verdad" (1): en toda Bondad significa que tenemos que ser buenos en cuanto que amamos a Dios, y amamos a nuestro prójimo por amor a Dios y que deseamos salvar nuestra alma, a todo le damos un sentido espiritual, un sentido cristiano, a todos los minutos, a todos los instantes de nuestra vida tenemos la Presencia de Dios y lo hacemos por amor a Dios todas nuestras obras. Justicia en cuanto que nos unimos al bien y nos apartamos del mal, ése debe ser nuestro ideal. Y tener amor a la Verdad, no contentarnos con la mediocridad; la Verdad es toda porque la Verdad es Dios y quien ama la Verdad ama a Dios. Que no nos caiga la maldición de San Pablo que dice que se "les dio espíritu de mentira porque no tuvieron amor a la Verdad" (2). Ser francos, ser verídicos, amar la Verdad porque amar es cumplir el primer Mandamiento que es amar a Dios sobre todas las cosas... y ser consecuentes, no ser cristianos con los labios sino con el corazón.

              Pidamos a la Santísima Virgen María que se nos cumpla esa bienaventuranza de "dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan", como Ella, que escuchó la Palabra de Dios, la guardó y la puso en práctica toda Su Vida.


(Extracto del Sermón de Monseñor Espina 
en el Tercer Domingo de Cuaresma, Molinari, Córdoba, Argentina)


NOTAS

1) Carta de San Pablo a los Efesios, cap. 5, vers. 9

2) II Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, cap. 2, vers. 11


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domingo, 3 de abril de 2022

ORACIONES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD: EL TRISAGIO ANGÉLICO

  


En el Nombre del Padre y del Hijo +
y del Espíritu Santo. Amén.

Señor, ábreme los labios

Y mi boca proclamará Tu alabanza

Dios mío, ven en mi auxilio

Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.


Acto de contrición

          Amorosísimo Dios, Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, sentidos y potencias, y por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa, Trinidad Misericordiosa, me pesa, Trinidad Amabilísima, me pesa Trinidad Santísima, de haberos ofendido.

          Sólo por ser Vos quien sois: propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos, y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma Bondad y Misericordia infinita que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.


Himno

Ya se aparta el sol ardiente
y así luz perenne unida
en nuestro pecho infunde amor,
Trinidad divina.

En la aurora te alabamos
Y también al medio día,
y pedimos que te hagamos
en el Cielo compañía.

Al Padre, al Hijo, y a Ti
oh Espíritu de vida,
ahora y siempre sean dadas
Alabanzas infinitas. Amén

             



SANTO TRISAGIO


Santo Dios, Santo fuerte, 
Santo inmortal, 

-ten mi­se­ri­cordia de nosotros


Padrenuestro y Avemaría


Repetir hasta 9 veces
las siguientes oraciones


Santo, Santo, Santo Señor 
Dios de los ejércitos. 
Llenos están los cielos 
y la tierra de Tu Gloria

-Gloria al Padre y al Hijo 
y al Espíritu Santo
Como era en el principio, 
ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. 
Amén


Al final de las nueve veces se dice:


Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, 
-líbranos Señor de todo mal.


               Las otras dos partes se dicen del mismo modo, comenzando por las palabras "Santo Dios, etc". Al terminar la última decena, todos dicen la siguiente 


Antífona

A Ti Dios Padre no engendrado, a Ti Hijo Unigénito, 
a Ti Espíritu Santo Paráclito, Santa e indivisa Trinidad, 
con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, 
te reconocemos, alabamos y bendecimos; 
Gloria a Ti por los siglos de los siglos.

Bendigamos al Padre, y al Hijo, 
con el Espíritu Santo

Alabémosle y en­sal­cémosle 
por todos los siglos


ORACIÓN

               Oh Dios To­do­poderoso y Eterno, que con la luz de la Verdadera Fe diste a Tus Siervos conocer la Gloria de la Trinidad Eterna, y adorar la Unidad en el Poder de Tu Majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma Fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por Cristo Nuestro Señor. R/. Amén.


Terminada la oración, todos añaden:

Líbranos, sálvanos, vivifícanos, ¡oh Trinidad Beatísima!




sábado, 2 de abril de 2022

PRIMER SÁBADO DE MES: REPARACIÓN AL DOLOROSO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 



               Dedicamos el Primer Sábado de cada mes a desagraviar al Inmaculado Corazón de María, siguiendo así el URGENTE PEDIDO de Nuestra Señora, que nos advierte, como Madre Nuestra, del mal camino que han tomado aquellos que viven en el peor de los pecados: la ingratitud a Dios. La Virgen María desea nuestro amor y también nuestro consuelo hacia Su Inmaculado Corazón, herido por el pecado del mundo.

              Transcurridos algunos años tras las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, la única superviviente de los tres niños que contemplaron a la Virgen Santa, contaba con apenas 18 años cuando decidió irse con la Congregación de las Hermanas Doroteas; ingresó como postulante en el convento que la Orden tenía en Pontevedra (España) y en donde Nuestra Señora fue a revelarle la primera parte del plan de Dios para la salvación de los pecadores en nuestro tiempo de rebelión contra Dios: la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes.


               Lucía, refiriéndose a ella misma, describe el encuentro en tercera persona:

               El día 10 de Diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo le dijo el Niño:

               ‘Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.’

               Enseguida dijo la Santísima Virgen:

               ‘Mira, hija mía, Mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los Misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.’


¿Por qué Cinco Sábados?

              Después de haber estado Sor Lucía en oración, Nuestro Señor le reveló la razón de los cinco sábados de reparación: "Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:

         Primer Sábado: Las blasfemias contra Su Pura e Inmaculada Concepción

         Segundo Sábado: Las blasfemias Contra Su Virginidad

         Tercer Sábado: Las blasfemias contra Su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres

         Cuarto Sábado: Los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada

         Quinto Sábado: Los que la ultrajan directamente en Sus sagradas imágenes



viernes, 1 de abril de 2022

PRIMER VIERNES: DEDICADO A DESAGRAVIAR AL SAGRADO CORAZÓN

   

Yo te prometo
en el exceso de la Misericordia de Mi Corazón,
 que Mi Amor Omnipotente concederá a todos 
los que comulguen los Primeros Viernes de Mes, 
durante nueve meses consecutivos, la gracia 
de la penitencia final, y que no morirán en desgracia, 
ni sin recibir los Santos Sacramentos, 
asegurándoles Mi asistencia en la hora postrera 

Revelación del Sagrado Corazón de Jesús a Su Confidente, 
Santa Margarita María de Alacoque en 1675



¿DE QUÉ MANERA SE PRACTICAN 
LOS PRIMEROS VIERNES?


               Esta piadosa práctica consiste en recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión en el Primer Viernes durante nueve meses consecutivos. Implica que el alma que se propone hacer esta Devoción ha de estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un Sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 

               Debemos también ofrecer  -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en Sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.


AMOR CON AMOR SE PAGA


               El Sagrado Corazón de Jesús, que nada ha escatimado por conquistar nuestro amor, hasta el punto no solo de dar Su Vida en el Calvario, sino que además renueva ese Sacrificio a diario en los altares por manos de Sus Sacerdotes, se presta a ser encerrado en el Sagrario, esperando paciente la limosna de nuestra visita... 

               Ese Divino Corazón es nuevamente traicionado: ayer por Judas, hoy por aquellos que más debieran amarlo y que sólo le ofrecen las migajas de sus afectos. No quieras contar tú en la lista de los tibios, de los que aman a ratos, pero que no se entregan del todo a las exigencias de una Vida Cristiana.


CORRESPONDER AL AMOR


                La Piedad Católica no consiste sólo en rezar vocalmente, sino que esas oraciones deben salir de un corazón que desea enamorarse de Jesús y de María; no reces solo porque tengas problemas o dificultades, pues también el tener salud  y vida es motivo de agradecimiento a Dios. No busques a Dios porque tengas ganas de hacerlo o sientas fervor, porque rezar así es bien fácil y consuela mucho; sin embargo, cuando te obligas a rezar, negándote a la pereza, aunque te sientas frío, esa oración será aún más valiosa ante los ojos de Dios, pues Él verá tu superación y el deseo de reparar por aquellas almas que viven de espaldas al Señor.


INDULGENCIAS

               El 7 de Septiembre de 1897, la Sagrada Congregación de las Indulgencias concedió UNA INDULGENCIA PLENARIA por CADA Primer Viernes que se observe la práctica según las condiciones que anteriormente hemos citado. Si no logramos alcanzar la Plenaria, la Misericordia de Dios permitirá que consigamos algunas indulgencias parciales; en uno u otro caso, son aplicables a las Benditas Almas del Purgatorio, especialmente a aquellas que este mundo terrenal fueron devotas del Sagrado Corazón.





LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. UNDÉCIMA HORA

          

"...quien piensa siempre en Mi Pasión 
forma en su corazón una fuente, 
y por cuanto más piensa tanto más 
esta fuente sea grande, y como las aguas 
que brotan son comunes a todos, 
esta fuente de Mi Pasión que se forma 
en el corazón sirve para el bien del alma, 
para gloria Mía y para bien de las criaturas." 


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Picarretta, 
el 10 Abril de 1913


Preparación antes de la Meditación 


               Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz. 

               Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora...(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir. 

               Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar. 

               Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo...




DE LAS 3 A LA 4 DE LA MAÑANA 

UNDÉCIMA HORA 

Jesús en casa de Caifás


               Afligido y abandonado Bien mío, mientras mi débil naturaleza duerme en Tu dolorido Corazón Divino, yo, entre la vigilia y el sueño siento los golpes que te dan y despertándome te digo: ¡Pobre Jesús mío... abandonado por todos, sin nadie que te defienda! Pero desde dentro de Tu Corazón yo te ofrezco mi vida para servirte de apoyo en el momento en que te hacen tropezar...; y me adormezco de nuevo. Pero otra sacudida de amor de Tu Corazón Divino me despierta, y me siento ensordecer por los insultos que te hacen, por las voces, por los gritos, por el correr de la gente... Amor mío, ¿cómo es que están todos contra Ti? ¿Qué has hecho que como tantos lobos feroces te quieren despedazar? Siento que la sangre se me hiela al oír los preparativos de Tus enemigos; tiemblo y estoy triste pensando qué podré hacer para defenderte.

               Pero mi afligido Jesús teniéndome en Su Corazón, me estrecha más fuerte y me dice: “Hija Mía, no he hecho nada de mal... Oh, el delito del amor contiene todos los sacrificios, el amor de precio ilimitado... Aún estamos al principio; mantente en Mi Corazón, observa todo, ámame, calla y aprende. Haz que tu sangre helada corra en Mis venas para dar descanso a Mi Sangre, que es toda llamas. Haz que tu temblor esté en Mis miembros para que fundida tú Conmigo, puedas estar firme y calentarte, para que sientas parte de Mis penas y al mismo tiempo adquieras fuerza al verme tanto sufrir. Esta será la más hermosa defensa que me hagas; sé fiel y atenta. 

               Dulce Amor mío, el escándalo de Tus enemigos es tal y tan grande que no me permite dormir más; los golpes se hacen cada vez más violentos... Oigo el rumor de las cadenas con las que te han atado tan fuertemente que te hacen sangrar por las muñecas, y vas dejando las huellas de Tu Sangre en aquellas calles. Recuerda que mi sangre está en la Tuya, y al derramarla, mi sangre te la besa, la adora y la repara; y mientras te arrastran y el ambiente ensordece por los gritos y los silbidos, haz que mi sangre sea luz para aquellos que de noche te ofenden, y un imán que atraiga a todos los corazones en torno a Ti, amor mío y todo mío. 

              Ya llegas ante Caifás, y te muestras todo mansedumbre, modestia, humildad... Tu dulzura y Tu paciencia es tanta como para aterrorizar a Tus mismos enemigos, y Caifás, todo una furia, quisiera devorarte... ¡Ah, que bien se distingue a la inocencia y al pecado! Amor mío, Tú estás ante Caifás como el más culpable, como quien va a ser condenado. Caifás pregunta a los testigos cuáles son Tus delitos. ¡Ah, mejor hubiera hecho preguntando cuál es Tu amor! 

               Y hay quien te acusa de una cosa y quien, de otra, diciendo necedades y contradiciéndose ente ellos; y mientras ellos te acusan, los esbirros que están junto a Ti te tiran de los cabellos, descargan sobre Tu Rostro Santísimo horribles bofetadas que resuenan en toda la sala, te tuercen los labios, te golpean..., y Tú callas, sufres y, si los miras, la luz de Tus ojos desciende a sus corazones, y ellos no pudiendo sostener tu mirada se alejan de Ti pero otros intervienen para hacerte sufrir más... Pero entre tantas acusaciones y ultrajes veo que aguzas el oído y que el Corazón te late con mayor violencia, como si fuese a estallar por el dolor... Dime, afligido Bien mío, ¿qué sucede ahora? Porque veo que todo eso que te están haciendo Tus enemigos, es tan grande Tu Amor que con ansia lo esperas y lo ofreces por nuestra salvación; y Tu Corazón repara con toda calma las calumnias, los odios, los falsos testimonios, el mal que se hace a los inocentes con premeditación, y reparas por aquellos que te ofenden por instigación de sus jefes, y por las ofensas de los eclesiásticos... 

               Pero ahora, mientras en unión Contigo sigo Tus mismas reparaciones, siento en Ti un cambio, un nuevo dolor no sentido nunca hasta ahora. Dime, dime, ¿qué pasa? Hazme partícipe en todo, oh Jesús. 

               “Hija, ¿quieres saberlo? Oigo hasta aquí la voz de Pedro que dice no conocerme, y ha jurado y ha perjurado por tercera vez, que no me conoce... ¡Oh Pedro! ¿Cómo?  ¿No me conoces? ¿No recuerdas con cuántos bienes te he colmado? ¡Oh, si los demás me hacen morir de penas, tú me haces morir de dolor! ¡Oh, cuánto mal has hecho al seguirme desde lejos y exponiéndote después a la ocasión!” 

               Negado Bien mío, cómo se conocen inmediatamente las ofensas de los Tuyos más queridos. Oh Jesús, quiero hacer correr mis latidos en los Tuyos más queridos para mitigar el dolor atroz que sufres, y mi palpitar en el Tuyo te jura fidelidad y amor; y yo con él, mil y mil veces repito y juro que te conozco... 

               Pero Tu Amor no se calma todavía y tratas de mirar a Pedro. A tus miradas amorosas, llenas de lágrimas por su negación, Pedro se enternece, llora y se retira de allí; y Tú, habiéndolo puesto a salvo te clamas y reparas las ofensas de los Papas y de los Jefes de la Iglesia, sobre todo de aquellos que se exponen a las ocasiones. Pero Tus enemigos continúan acusándote, y viendo Caifás que nada respondes a sus acusaciones, te dice: “Te conjuro por el Dios vivo: Dime, ¿eres Tú verdaderamente el Hijo de Dios?” Y tú, Amor mío, teniendo siempre en Tus labios palabras de verdad, con una actitud de majestad suprema y con voz sonora y suave, ante lo cual quedan todos asombrados y los mismos demonios se hunden en el abismo, respondes: “Tú lo has dicho: ¡Sí, Yo soy el verdadero Hijo de Dios! Y un día vendré en las nubes del Cielo para juzgar a todas las naciones.” 

               Ante Tus palabras, todos quedan en silencio, sintiendo escalofríos de espanto... Pero Caifás, después de algunos instantes de espanto, reaccionando furibundamente, más que una bestia feroz, dice a todos: “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? ¡Ha dicho una inmensa blasfemia! ¿Qué esperamos para condenarlo? ¡Ya es reo de muerte!”. Y para dar mayor fuerza a sus palabras se rasga las vestiduras, con tanta rabia y furor, que todos, como si fuesen uno solo, se lanzan contra ti, Bien mío; y hay quien te da puñetazos en la cabeza, quien te tira por los cabellos, quien te da bofetadas; unos te escupen en la cara, otros te pisotean con los pies. Los tormentos que te dan son tales y tantos que la tierra tiembla y los cielos quedan sacudidos... 

              Amor mío y vida mía, al ver que tanto te atormentan, mi pobre corazón queda lacerado por el dolor. Ah, permíteme que salga de Tu dolorido Corazón, y que yo en Tu lugar afronte todos estos ultrajes. Ah, si me fuese posible, quisiera arrebatarte de entre las manos de Tus enemigos, pero Tú no quieres, porque esto lo exige la salvación de todos. Y yo me veo obligada a resignarme. Pero, dulce Amor mío, déjame que al menos te limpie, que te arregle los cabellos, que te quite los salivazos, que te limpie y te seque la Sangre, y que me encierre en Ti. 



Ofrecimiento después de Cada Hora

 

                Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos...

               Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”. 

               Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias...

               Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti. 

               Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. 

               Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer... 


LAS HORAS DE LA PASIÓN cuenta con aprobación eclesiástica:
Imprimatur dado en el año 1915 por Mons. Giuseppe María Leo,
Arzobispo de Trani-Barletta-Bisciglie, y con Nihil Obstat 
del Canónigo Aníbal María de Francia