jueves, 11 de noviembre de 2021

EL SACERDOTE: MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES

 

                El Sacerdocio es la más alta dignidad de la tierra. Él es más grande que los reyes y emperadores, incluso los mismos Ángeles. Porque, como dice San Juan Crisóstomo, "el poder de los reyes está solo sobre los cuerpos de los hombres, mientras que el poder del Sacerdote está sobre sus almas". 




               Al Sacerdote se le conceden poderes que no se confieren a los Ángeles; porque ¿a qué Ángel se le permitió convertir el pan en el Cuerpo del Señor por su palabra?. Y no todos los Ángeles juntos pueden perdonar un solo pecado. El Sacerdote, por su Oficio, se ocupa únicamente de las cosas celestiales; se interpone entre Dios y el hombre; dirige nuestra petición al Altísimo y nos comunica las gracias de Dios. 

               Él es el mediador entre Dios y el hombre, el Ángel del Señor de los espíritus (Profeta Malaquías, cap.2, vers. 7), el Mensajero de Dios para revelar Su Voluntad a la gente. Él es el representante de Dios, Su embajador, Su plenipotenciario; por lo tanto, cualquier honor que le demos a un Sacerdote, le pagamos a Dios de la misma manera. ¿No dice el mismo Señor: "El que a ti te escucha, a Mí me escucha, y el que te desprecia, a Mí me desprecia" (Evangelio Lucas X.16)

               De hecho, como dice San Pedro Damián, "Dios sigue al Sacerdote porque lo que anuncia en la tierra se ratifica en el Cielo; y a su palabra, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hace carne en su mano como en el momento de la Encarnación". 

               Es por eso que hacemos bien en dirigirnos a un Sacerdote como "Su Gracia". San Francisco de Asís solía decir que "si se encuentra con un Ángel y un Sacerdote al mismo tiempo, primero debe saludar al Sacerdote". 


Explicación del Catecismo, del Padre Francis Spirago, 
Nueva York, Agosto de 1899



miércoles, 10 de noviembre de 2021

CENTENARIO DE MARÍA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS

 

1921 - 2021


                 En 1915, el Cardenal Desiderio Mercier con el apoyo del Padre Maximiliano Kolbe, inició un movimiento en pro de que la Santa Iglesia proclamara Dogma de Fe la Corredención de María; así, el Clero, los fieles, las Universidades Católicas, las Órdenes Religiosas y el Episcopado Belga, fueron unánimes en solicitar al Papa que se dignara erigir en Dogma, la creencia de la Cristiandad en la Mediación Universal de la Virgen Santa. Aquella pía súplica iniciaría numerosos congresos, reuniones y sobre todo, un profundo estudio teológico -sobre todo por la parte de los españoles- sobre la necesaria conveniencia de reconocer el Dogma de la Corredención de María. Aquellas iniciativas quedarían tristemente eclipsadas por las dos Guerras Mundiales y sus posteriores consecuencias.




                El Papa Benedicto XV en el año 1921 concedió a las Diócesis de Bélgica y a todas las Diócesis de la Cristiandad que lo solicitaran una Misa y un Oficio propios en Honor de María Mediadora.

               Igualmente, el Cardenal Enrique Almaraz, Arzobispo de Toledo, lo solicitó y obtuvo para las Diócesis españolas, donde ya se pudo celebrar en Mayo de ese mismo año la Misa de María Medianera de todas las gracias. La Sede Apostólica otorgó estos mismos textos a muchas otras diócesis e institutos religiosos con lo cual la conmemoración litúrgica se hizo casi general.


MARÍA MEDIANERA 
EN EL MAGISTERIO ORDINARIO DE LA IGLESIA


               "Ella es como canal celestial del que descienden las corrientes de las gracias divinas a los corazones de los mortales" Papa Benedicto XIV, Gloriosæ Dominæ, 1748.

               "Verdadera y propiamente se puede afirmar que de aquel grandísimo tesoro de todas las gracias que trajo el Señor, nada absolutamente nada se nos concede, según la Voluntad de Dios, sino por María; de suerte que a la manera que nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, casi del mismo modo nadie puede llegar a Cristo sino por la Madre" Papa León XIII, Octobri mense, 1891.

               "Por esta comunión de Voluntad y de Dolores entre María y Cristo, Ella mereció convertirse con toda dignidad en reparadora del orbe perdido y, por tanto, en Dispensadora de todos los bienes que Jesús nos ganó con Su Muerte y con Su Sangre. Así pues, la fuente es Cristo y de Su plenitud todos hemos recibido. A su vez María, como señala San Bernardo, es el acueducto; o también el cuello, a través del cual el cuerpo se une con la cabeza y la cabeza envía al cuerpo la fuerza y las ideas. Pues Ella es el cuello de nuestra Cabeza, a través del cual se transmiten a su Cuerpo Místico todos los dones espirituales" Papa San Pío X, Ad diem illum laetissimum, 1904.

               "Corredentora con Cristo significa haber colaborado con Él en todo lo que constituye la Obra de la Redención, y es muy cierto que María en eso colaboró maravillosamente. Mereció y satisfizo con el Salvador, nos reconcilió con Dios por la ofrenda de la Hostia que Ella misma había preparado, y Ella también nos distribuyó los bienes sobrenaturales, pues es suprema entre los Ministros en la distribución de la gracia". Papa Benedicto XV, Inter sodalicia, 1918



martes, 9 de noviembre de 2021

NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DE LA ALMUDENA, Patrona de la Villa y Corte de Madrid

 



“Que si bien se considera
Virgen Pura y excelente,
Vos en Madrid solamente
fuisteis la imagen primera
que reverenció su gente...”


(Verso dedicado a la Virgen de la Almudena en 1616)


                 Dice una antiquísima tradición que “cuando el Apóstol Santiago vino de Jerusalén a predicar a España, trajo a esta coronada Villa de Madrid, la milagrosísima Imagen que hoy llaman de la Almudena y la colocó  en esta Iglesia  en compañía de uno de los doce discípulos  llamado San Calocero, que fue el primero que predicó en ella el año del Señor de 38....”. (Según consta en una inscripción de 1640).

                 Al conquistar los musulmanes Madrid (Magerit lo llamaron los infieles) hacia el 714, la imagen de Nuestra Señora fue escondida por los Cristianos en un hueco practicado en las murallas de la Villa, en evitación de profanaciones y cumpliendo así el decreto Arzobispo de Toledo, Don Raymundo. En prueba de devoción, ocultaron, junto con la Virgen, dos velas encendidas, tapiando después el hueco con una gruesa pared de cal y canto.

                 El Rey Don Alfonso VI de León, conquista Madrid en torno al año 1083, y enseguida trata de hallar la Imagen de la Santísima Virgen, escondida por los Cristianos siglos atrás. El Monarca había hecho voto de buscarla incansablemente para restituirla al culto de los fieles, si Dios le concedía la victoria sobre los Sarracenos, y lograba tomar la fortaleza de Madrid. Pero una vez liberada ésta y no obstante sus pesquisas, no lograba localizar el sitio donde la Imagen estaba oculta.

                 Por ese deseo de que la Virgen Nuestra Señora fuese venerada hasta tanto se lograse hallarla, mandó pintar una Imagen, inspirándose en los rasgos que la tradición atribuía a aquélla imagen oculta y, no se sabe si por el deseo del artista o por gusto del propio Rey casado en aquel momento con Doña Constanza -hija de Enrique I de Francia-, pintaron en su mano una flor de lis.

                 La Imagen fue pintada sobre los muros de la antigua Mezquita musulmana. Tras las ceremonias de purificación y dedicación del Templo, quedó expuesta al culto en el cuadro hoy conocido por Nuestra Señora de la Flor de Lis.




                 Una vez conquistado Toledo, volvió Alfonso VI a insistir en la búsqueda de la Imagen oculta por los Cristianos. Así, en Noviembre de 1085, se celebró  un piadoso Novenario por el éxito de las pesquisas, que finalizó el día 9, con una devota procesión presidida por el Monarca y los Prelados; y al pasar la comitiva frente a la alhóndiga o Almudith, establecida por los moros, se desplomaron unas piedras, dejando al descubierto la Imagen llamada desde entonces de la Almudena, que según la tradición, conservaba encendidas dos candelas, con que fue escondida al ser ocultada 369 años antes.

                 Llevada a la Iglesia de Santa María, fue colocada solemnemente en el Altar mayor, donde permaneció hasta el día 25 de Octubre de 1868 en que, por demolición del Templo, fue instalada en el Convento de las Religiosas Bernardas del Santísimo Sacramento, en cuya Iglesia estuvo expuesta al culto hasta el 29 de Mayo de 1911, fecha en la que se trasladó con la mayor solemnidad a la Cripta de la Nueva Catedral que construía en honor de su Advocación junto al lugar de la muralla, donde fue hallada la Imagen por Alfonso VI, existiendo hoy en el hueco donde la Virgen estuvo oculta, una Imagen de piedra que conmemora el hecho.

                 El Papa San Pío X, la declaró por soberano decreto de Agosto 1908, Patrona de Madrid y señaló su Fiesta para el día 9 de Noviembre.



lunes, 8 de noviembre de 2021

YA NO ESTÁN EN DISPOSICIÓN DE GUSTAR ALGUNA COSA ESPIRITUAL, por Santa Catalina de Génova

 



               Ahora que veo claramente estas cosas en la luz divina, me vienen ganas de gritar con un grito tan fuerte, que pudiera espantar a todos los hombres del mundo, diciéndoles: ¡Oh, miserables! ¿por qué os dejáis cegar así por las cosas de este mundo, que para una necesidad tan importante, como en la que os habéis de encontrar, no tomáis previsión alguna?. Estáis todos amparados bajo la esperanza de la Misericordia de Dios, que ya dije es tan grande; pero ¿no veis que tanta bondad de Dios va a seros juicio, por haber actuado contra su voluntad?. 

               Su Bondad debería obligaros a hacer todo lo que Él quiere, pero no debe daros la esperanza de cometer el mal impunemente. La Justicia de Dios no puede fallar, y es preciso que sea satisfecha de un modo u otro plenamente. No te confíes, pues, diciendo: yo me confesaré y conseguiré después la indulgencia plenaria, y al momento me veré purificado de todos mis pecados. Piensa que esta confesión y contrición, que es precisa para recibir la indulgencia plenaria, es cosa tan difícil de conseguir que, si lo supieras, tú temblarías con gran temor, y estarías más cierto de no tenerla que de poderla conseguir. 

               Yo veo que las Almas del Purgatorio entienden estar sujetas a dos operaciones. La primera es que padecen voluntariamente aquellas penas, conscientes de que Dios ha tenido con ellas mucha Misericordia, teniendo en cuenta lo que merecían, siendo Dios quien es. Si Su inmensa Bondad no atemperase con la Misericordia la Justicia, que se satisface con la Sangre de Jesucristo, un solo pecado hubiera merecido mil infiernos perpetuos. Y por eso padecen esa pena con tanto voluntad, que no quisieran les fuera reducida ni en un gramo, tan convencidos están de que la merecen justamente, y de que está bien dispuesta. Así que, en cuanto a la voluntad, tanto se pueden quejar de Dios como si estuvieran en la Vida Eterna. 

                La otra operación es la del gozo que experimentan al ver la Ordenación de Dios, dispuesta con tanto amor y misericordia hacia las almas. Y estas dos visiones las imprime Dios en aquellas mentes en un instante. Ellas, como están en gracia, pueden entenderlas según su capacidad; y ello les da un gran contentamiento que no viene a faltarles nunca, sino que va acrecentándose a medida que se acercan a Dios. Y estas visiones no las tienen las Almas en sí mismas, ni por sus propias fuerzas, sino que las ven en Dios, en el cual tienen su atención mucho más fija que en las penas que están padeciendo, y de las que no hacen mayor caso. Y la razón es que por mínima que sea la visión que se tenga de Dios, ella excede a toda pena o gozo que el hombre pueda captar; y aunque exceda, no le quita sin embargo nada en absoluto de ese contentamiento. 

               Esta forma purificativa que veo en las Almas del Purgatorio, es la misma que estoy sintiendo yo en mi mente, sobre todo desde hace dos años; y cada día la siento, y cada vez más claramente. Veo que mi alma está en su cuerpo como en un Purgatorio, de modo semejante al verdadero Purgatorio, en la medida, sin embargo, en que el cuerpo lo pueda soportar sin morir; y esto siempre va creciendo hasta la muerte. Yo veo al espíritu abstraído de todas aquellas cosas, incluso de las espirituales, que le podrían dar alimento, como sería alegría y consolación. Y es que ya no está en disposición de gustar alguna cosa espiritual, ni por voluntad, ni por inteligencia, ni por memoria, de modo que pueda decir: «me da más contento esto que aquello otro».


Santa Catalina de Génova, Tratado del Purgatorio


TOCA AQUÍ PARA LEER
otros extractos del 
Tratado del Purgatorio



sábado, 6 de noviembre de 2021

LA COMUNIÓN REPARADORA DE LOS PRIMEROS SÁBADOS


 


               "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación" 

               De esta manera se dirigía Nuestra Señora a Sor Lucía Dos Santos; acontecía la celestial revelación en la ciudad gallega de Pontevedra, era el 10 de Diciembre de 1925 y entonces, la que había sido vidente de la Virgen en Fátima, junto a sus primos Jacinta y Francisco, se preparaba ahora para ser Esposa de Cristo, como religiosa dorotea. 


               Años atrás, en la aldea de Fátima, cuando Lucía y sus primos eran unos niños, habían sido bendecidos con las visitas de la Madre de Dios; en la Aparición del 13 de Junio de 1917, Nuestra Señora les mostró la terrible visión del lugar de penas eternas... "Habéis visto el infierno -les dijo la Virgen- a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón." Fiel a la Voluntad de Dios, la Virgen Santa se manifiesta a una Lucía ya adulta para hacerle cumplir con el pedido que otrora le formulara en Fátima, "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados..." (13 de Julio de 1917). 


               En la última entrevista fiable que se realizó a Sor Lucía, ésta volvería a reafirmar su Misión de propagar la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue el Padre Agustín Fuentes Anguiano, quien el 26 de Diciembre de 1957, en calidad de Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta, tuvo acceso a hablar con Sor Lucía, en un locutorio de la clausura del Monasterio de San José de Coimbra, donde ahora vivía como carmelita descalza.




               Sor Lucía desveló al Padre Fuentes que "mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma..." También aseguró Sor Lucía que "el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio."


               El Padre Agustín Fuentes dijo que Sor Lucía le aclaró que la Virgen "me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros."






viernes, 5 de noviembre de 2021

LAS SAGRADAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS

 



               Los primeros Cristianos recogían con piedad los cuerpos de sus Mártires y sobre su tumbas celebraban la Santa Misa, para simbolizar así que el sacrificio del Mártir se asocia al Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario. La santa y piadosa Tradición de venerar las Reliquias de los Santos, la encontramos consignada por los primeros seguidores de Nuestro Señor Jesucristo, tal y como nos refieren algunos de los anales de los Mártires: 

          "Tomamos sus huesos, que eran más valiosos que las piedras preciosas y más refinados que el oro y los depositamos en un lugar adecuado. Y allí nos reunimos siempre que podemos; el Señor nos dará celebrar con gozo y alegría el aniversario de su martirio". ("El Martirio de San Policarpo", 150 después de Cristo).

           "Solamente las partes más duras se sus reliquias se dejaron y estas las enviamos a Antioquia envueltas en lino, como un inestimable tesoro dejado a la Santa Iglesia, como cuenta de la gracia que ha sido en este Mártir". ( "El Martirio de San Ignacio", 108DC ).

               Hemos acompañado ya en su Triunfo a los Santos en el Cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar actos heroicos y que un día han de resucitar para participar, juntamente con las almas, de la Bienaventuranza Eterna. La Festividad de los Santos se completa con esta de las Sagradas Reliquias, que se celebra dentro de la Octava.

               Merecen las Reliquias de los Santos culto, ya que por su influencia podemos lograr bienes materiales y espirituales; así como de la Santa Humanidad de Cristo Nuestro Señor, salía una virtud que curaba a cuantos a Él se acercaban, así también las Reliquias de los Santos pueden obrar maravillas, según reza la Oración de la Misa propia de hoy. De hecho, Dios mismo ha puesto sobre las reliquias virtudes sobrenaturales para arrojar a los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.




CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


                La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

          - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).

          - Las RELIQUIAS DE SEGUNDA CLASE: objetos que usaron en vida (rosario, libros, indumentaria…), como la capa de Nuestro Señor, que como antes citamos, con sólo tocarla la hemorroísa, quedó curada.

          - Las RELIQUIAS DE TERCERA CLASE: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo (normalmente pequeños trozos de tela). 

               Es necesario aclarar que las reliquias de primera clase se dividen a su vez en tres tipos:

          - Reliquias insignes: cuerpos enteros o una parte completa de él (cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita de Alacoque, el corazón de Santa Teresa, etc).

          - Reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc)

          - Reliquias mínimas: astillas de huesos o pequeños trozos de carne.




               La Iglesia manda guardar las reliquias -sobre todo las de primera clase- en “relicarios“, que tienen consideración de vasos sagrados; a lo largo de la historia, los relicarios han dado lugar a verdaderas obras de arte de la orfebrería. Pueden tener diferentes formas, dependiendo del tamaño de la reliquia que conserven; en los casos de cuerpos enteros, se emplea un cofre-relicario llamado capsa, mientras que si es una parte del cuerpo, el cofre es algo más pequeño y recibe el nombre de capsella

               Las reliquias mínimas se guardan en un recipiente metálico, bien de plata u otro material, generalmente con forma redondeada conocido como teca. En ocasiones, las reliquias también pueden ser colocadas en imágenes que representen al Santo al que pertenece o bien en pequeñas cruces. Entre los Obispos Católicos, es común llevar al menos una reliquia en la Cruz Pectoral.





jueves, 4 de noviembre de 2021

PRIMER JUEVES; SÚPLICA A JESÚS ETERNO SACERDOTE, por Santa Teresita de Lisieux

  

               Hoy, primer Jueves de Mes, dediquemos oraciones especiales por los Sacerdotes; en este Mes del Purgatorio, sería una ingratitud olvidar a aquellos Sacerdotes que alguna vez estuvieron presentes en nuestra vida, como aquél que nos bautizó, o los Sacerdotes que nos absolvieron de nuestros pecados; recordemos con afecto a los Sacerdotes cuya Misas asistimos, y aquel otro que nos dio por vez primera la Sagrada Comunión... a los Sacerdotes que nos enseñaron y nos instruyeron o nos animaron y ayudaron; a los Sacerdotes a quienes debemos algo en cualquier otro modo. 

               Tal vez hayan muerto, quizá sus almas están en el Paraíso o de repente esperan alivio y consuelo en el Purgatorio. Piensa que a los Sacerdotes, por ser privilegiados en las cosas de Dios, Nuestro Señor les exige más a la hora de su Juicio Particular, de ahí que muchos Sacerdotes vayan al Purgatorio y hasta al Infierno. URGE que reces hoy por la Santidad de los Sacerdotes pero también por el DESCANSO de aquellos que ya no están y mendigan oraciones desde el Purgatorio. ¿Negarás ayuda a aquellos Sacerdotes que tantos bienes espirituales te lograron alcanzar?



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               ¡Bendita sea eternamente la Misericordia de Nuestro Dios por habernos dado un Sacerdote Santo, Santísimo, que ofrece al Eterno Padre este Divino Sacrificio en todos los países, puesto que la Luz de la Fe ilumina hoy al mundo entero!

               Sí, en todo tiempo, todos los días y a todas horas; porque el sol no se oculta a nuestra vista sino para alumbrar a otros puntos del globo; a todas horas, por consiguiente, este Sacerdote Santo ofrece a Su Eterno Padre Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma, a Sí Mismo, todo por nosotros, y tantas veces como Misas se celebren en todo el Universo. ¡Oh, qué inmenso y precioso tesoro! ¡Qué mina de riquezas inestimables poseemos en la Iglesia de Dios!

               ¡Qué dicha la nuestra si pudiéramos asistir a todas esas Misas! ¡Qué capital de méritos adquiriríamos! ¡Qué cosecha de gracias recogeríamos durante nuestra vida, y qué inmensidad de Gloria para la Eternidad, asistiendo con fervor a tantos y tan Santos Sacrificios!

               Pero, ¿qué digo, asistiendo? Los que oyen la Santa Misa, no solamente desempeñan el oficio de asistentes, sino también el de oferentes; así que con razón se les puede llamar Sacerdotes: Fecisti nos Deo nostro regnum, et Sacerdotes. El celebrante es, en cierto modo, el Ministro público de la Iglesia, pues obra en nombre de todos: es el mediador de los Fieles, y particularmente de los que asisten a la Santa Misa, para con el Sacerdote invisible, que es Jesucristo Nuestro Señor; y juntamente con Él, ofrece al Padre Eterno, en nombre de todos y en el suyo, el precio infinito de la redención del género humano.

               Sin embargo, no está solo en el ejercicio de este Augusto Misterio; con él concurren a ofrecer el Sacrificio todos los que asisten a la Santa Misa. Por eso el celebrante al dirigirse a los asistentes, les dice: Orate, fratres: "Orad hermanos, para que mi sacrificio, que también es el vuestro, sea agradable a Dios Padre Todopoderoso". Por estas palabras nos da a entender que, aun cuando él desempeña en el Altar el principal papel de Ministro visible, no obstante todos los presentes hacen con él la ofrenda de la Víctima Santa.


EL TESORO ESCONDIDO DE LA SANTA MISA
de San Leonardo de Porto Mauricio



miércoles, 3 de noviembre de 2021

BIENAVENTURADO MARTÍN DE PORRES, "Fray Escoba"

  

               Nació el 9 de Diciembre de 1579, en el barrio limeño de San Sebastián, Virreinato español del Perú. Su madre, Ana Velázquez era negra liberta, nacida en Panamá; su padre, Juan de Porres de Miranda, Hijodalgo, natural de Burgos y Caballero de la Orden de Alcántara, lo que le impedía casarse con la madre de Martín, ya que había emitido voto de castidad; llegaría a ser el Gobernador de Panamá y si bien tardó algunos años en reconocer la legitimidad de Martín y a su única hermana, Juana de Porres Velázquez, siempre les procuró una buena educación y sustento.

               Martín fue acristianado el 9 de Diciembre de 1579 en la Iglesia de San Sebastián de Lima. La instrucción religiosa la recibió de su madre. Desde niño sintió compasión por los pobres, les ayudaba y les daba dinero. Sería enviado a Guayaquil, para aprender a leer y a escribir. A su regreso a Lima, aprendió a ser barbero y de ahí llegó a interesarse por la Medicina y la Cirugía, conocimientos que puso al servicio de los necesitados. En su contacto con los enfermos, aprovechaba y les hablaba de Dios, moviéndolos a la auténtica conversión.  



 

               Por invitación de Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico, teólogo y hombre de virtudes, Martín ingresó en la Orden de Santo Domingo de Guzmán en 1555, pero solo pudo hacerlo en calidad de terciario, por ser aún entonces hijo ilegítimo. Se le encomendaron las labores y recados más humildes del convento, de ahí nacería el apelativo "Fray Escoba", por el mucho esmero con que Martín barría el convento.

               No sería admitido como Hermano de la Orden hasta que en 1603 su padre lo reconoció como hijo natural, aunque con ello no aprobaba la decisión de Martín de ser fraile, sino que tenía aspiraciones distintas para él, como una profesión más digna a su nueva condición. Sin embargo, y en contra del parecer de su padre, Martín perseveró en su vocación en la Orden de Santo Domingo y en 1606 emitió los votos de pobreza, castidad y obediencia.

               El piadoso fraile seguiría con sus obras de misericordia como hasta entonces: recogía enfermos o heridos para cuidarlos, hasta el punto que poco a poco convirtió el convento en un hospital, lo que provocó protestas de otros religiosos, ya que infringía la clausura. También curaba animales heridos, y aunque administraba medicinas a los enfermos, sobre todo les hacía recuperar la salud por el contacto con sus manos, que obraban milagros.

               Pudo fundar el Asilo de Santa Cruz para acoger vagabundos, huérfanos y otros desafortunados, gracias al apoyo y generosidad de cuantos veían en Martín a un hombre de Dios; incluso el mismo Virrey, Don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, daba personalmente, cada semana al fraile mulato, una generosa cantidad de dinero.

               Fueron muy famosos y conocidos sus éxtasis y levitaciones, así como el don de la bilocación, confirmado por numerosos testigos. Pero por encima de todo, destacó Martín por su profunda y sincera humildad y entrega sin reservas a los pobres y enfermos. Cuando se desató una gran epidemia de viruela en Lima, el Santo trabajó día y noche para ayudar a enfermos y moribundos y debido al esfuerzo que realizó, cayó enfermo y supo que su vida en este mundo llegaba a su fin. El Virrey, al enterarse de la agonía de Martín de Porres, se apresuró a su lecho para besar por última vez la mano de aquél Santo.

               Martín entregó su alma al Altísimo tal día como hoy, el 3 de Noviembre de 1639. A su velatorio asistieron todas las Autoridades Civiles y Religiosas de la ciudad y los Nobles portaron con piadosa dignidad su féretro. 

               En la actualidad sus restos descansan en la Basílica y Convento de Santo Domingo, de Lima, junto a los restos de Santa Rosa de Lima y del Beato Juan Macías, en el conocido como "Altar de los Santos de Perú". Fue Beatificado por el Papa Gregorio XVI en 1837.


EL MILAGRO DE PARAGUAY


               Dorothea Caballero Escalante, era una señora que vivía en Paraguay; en 1948, cuando contaba con 87 años de edad, se encontraba muy enferma, tan solo le daban horas de vida. De acuerdo al diagnóstico tenía un bloqueo intestinal y problemas cardiacos, que le habían ocasionado un infarto al miocardio. El delicado estado de salud impedían una operación quirúrgica, único remedio.

               Su nieto ya estaba preparando los arreglos para el funeral para el día siguiente, pues siendo uno de los médicos que la atendía estaba al tanto de la gravedad de su abuela. Simultáneamente, en Buenos Aires, Argentina la hija de la Sra. Dorotea que vivía en esta ciudad le rezaba con fervor al beato Martín de Porres, rogándole por la salud y vida de su madre.

               A la hora siguiente que los médicos le habían dado el alta para que fuese a morir a su casa, su hija en Argentina, asistía a una pequeña capilla y le imploró a Martín de Porres que curara a su madre. Esa noche durmió intranquila y se levantó como a las 2:00 de la madrugada, a rezar el Rosario, llegando a rezarlo tres veces y a su vez volvió a suplicar al beato por la sanación de su madre, que le permitiera verla viva hasta tanto llegara ella a Paraguay.

               Una vez que llegó a la casa de su madre en Paraguay, se encontró con la noticia de la mejoría de su madre. La casa estaba llena de gentes muy emocionadas y alegres, diciendo que había ocurrido un milagro, pues Dorothea se había mejorado de un momento a otro. Ocurrió que en el momento que había ido a la capilla a orar por su madre y suplicar al beato Martín de Porres para que sanara su madre, la señora Dorothea, simultáneamente, había dejado de vomitar.

               Asimismo, en la madrugada mientras ella con amor y fe rezaba el rosario y volvía a invocar al beato Martín de Porres por la recuperación de la salud de su madre, al mismo tiempo en Paraguay, su mamá empezó a recuperarse. Siguió recuperándose los siguientes días y llegó a celebrar tres días después, su cumpleaños número 87 como si aquí no había pasado nada, totalmente sana. 



martes, 2 de noviembre de 2021

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS

 

“En aquellos días oí una voz del Cielo que me decía:
Felices los muertos que mueren en el Señor.
Ya desde ahora, dice el Espíritu, 
que descansen de sus trabajos, 
puesto que sus obras los acompañan”


Libro del Apocalipsis, cap. 14, vers. 13




               La piedad maternal de la Santa Iglesia Católica, que diariamente hace mención, singular y universal de los Fieles Difuntos, principalmente en el Santo Sacrificio de la Misa, después de la Fiesta de ayer, recuerda en sus plegarias a todos los Fieles que, destinados al Cielo, se hallan detenidos todavía en el Bendito Purgatorio.

               Los sufragios van destinados a aquellos Difuntos por quienes nadie ruega. San Odilón, Abad de Cluny, en el año 998, introdujo tan caritativa costumbre en su monasterio.

               No hay en el mundo nada más hermoso y más digno de poseerse que la verdadera Caridad. Éste es el Mandamiento Supremo del buen Cristiano: "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos". Por eso, la Santa Iglesia, en el siglo XIV, decretó obligatoria esta obra de Caridad que es rezar por nuestros muertos.

                No siempre podemos practicar en este mundo la Caridad tal y como querría nuestro corazón, pero sí podemos ser todos GRANDES BENEFACTORES DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO. Mayores y pequeños, enfermos y sanos, todos podemos socorrerles con nuestras oraciones, Misas, Comuniones, limosnas...

               Esta unión con nuestras Hermanas las Almas del Purgatorio se basa en una Verdad de Fe, en un Dogma que todo católico está obligado a creer: el Dogma de la Comunión de los Santos; vemos continuamente esa trabazón misteriosa que existe entre la Iglesia Triunfante (El Cielo), la Militante (Visible en la tierra) y la Iglesia Purgante, y nos sentimos envueltos en la red de ese doble deber de Caridad y de Justicia, que fluye naturalmente de nuestra misma incorporación al Cuerpo Místico mediante el Santo Bautismo.

               No olvidemos pues, en este Mes del Purgatorio, a todas aquellas personas que un día pasaron por nuestra vida y que ya partieron... ¿cuántos estarán aún penando en el Purgatorio por sus culpas que no expiaron? Ten la caridad de hacer memoria de aquellas buenas personas, de tus familiares, amigos, conocidos... ¡cuántos habrán muerto sin total arrepentimiento, sin pagar sus culpas!. De ti depende su descanso eterno o que su castigo cese y vayan pronto a la Presencia de Dios, donde ten por seguro tendrán un recuerdo hacia ti. 

                En algunas regiones de España estaba permitido celebrar dos Misas en este día tan señalado, y hasta tres en el siglo siguiente. El Papa Benedicto XV, después de la I Guerra Mundial, hizo extensible este Privilegio a todos los Sacerdotes del Mundo Católico, mediante la Bula "Incruentum altaris", sobre las celebraciones litúrgicas del Día de Difuntos.


LOS TRES CONSUELOS 
que podemos ofrecer desde este mundo
por las Benditas Ánimas del Purgatorio



PRIMER CONSUELO: EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA 


                     Para las Benditas Ánimas del Purgatorio, una sola Misa es de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto espiritual del Sacrificio del Altar:

     - Una parte va en beneficio de todos los miembros.

     - Otra parte va en ventaja del Sacerdote que celebra.

     - La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es aplicable a las Almas Purgantes. Pero no basta celebrar una sola Misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

                    Procura a lo largo de este mes de Noviembre destinar cierta cantidad de dinero, según tus posibilidades, como estipendios para celebrar Misas por tus Difuntos y por las Almas del Purgatorio en general; es un dinero bien invertido, pues el valor del dinero es nada frente a la multitud de gracias que podemos conseguir para las Almas del Purgatorio y para nosotros que le hacemos la caridad de ayudarlas.


SEGUNDO CONSUELO: LA ORACIÓN


             Es como un refrigerio que de nuestra alma sube al Cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria de sufragio. Entre las oraciones que podemos rezar prevalecen: el “Oficio de los Difuntos”, el Salmo 50, el Vía Crucis, y sobre todo, el rezo del Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la Santa Confesión y Comunión Sacramental ( o espiritual, que se puede hacer siguiendo el modelo de la estampa "Comunión Espiritual, de este blog); es necesario además, que en ocasión de la muerte de una persona querida, todos los parientes se confiesen y comulguen por el alma.


TERCER CONSUELO: LAS INDULGENCIAS


             La Indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Nuestro Redentor Jesucristo, de la Virgen Nuestra Señora y de los Santos, los cuales constituyen su Tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el Cielo. Hay indulgencia “Plenaria” y “Parcial”. Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los Difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.


Te recomiendo la lectura de los artículos
¿Cómo ayudar a las Almas del Purgatorio?

(Toca sobre el título para acceder)





lunes, 1 de noviembre de 2021

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 

"Temed al Señor todos Sus Santos, 
porque nada les falta a quienes Le temen. 
A los que buscan al Señor 
no les faltará bien alguno"


Salmo 33



              La Santa Iglesia ha tributado veneración a los fieles seguidores de Nuestro Señor Jesucristo: en los primeros siglos, a los Mártires, a continuación, a los confesores; señaló sucesivamente en el curso del año un día para la conmemoración de cada Santo.

              Hacia el año 609, no siendo posible tener un día para cada Santo, comenzó en varios lugares la celebración de esta Fiesta de Todos los Santos, conocidos o ignorados.

              El Papa Gregorio IV en el año 835, extendió esta festividad a la Iglesia Universal.


EL CAMINO DE LA SANTIDAD

Si alguien quiere venir Conmigo, 
niéguese a sí mismo...


               El Espíritu Santo va iluminando a las personas espirituales los medios para llegar a la Santidad. Les enseña a cumplir aquello que decía San Pablo: "Castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, no sea que enseñando a otros el camino de la Santidad, yo me quede sin llegar a conseguirla" (I Carta a los Corintios, cap. 9, vers. 27).

               A las almas que desean llegar a la Santidad, el Divino Espíritu les recuerda frecuentemente aquellas palabras de Jesús: "Si alguien quiere venir Conmigo, niéguese a sí mismo, acepte su cruz de sufrimientos de cada día, y sígame"(Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 24). 

               Existen almas imprudentes que consideran como lo más importante para adquirir la Perfección y la Santidad, el dedicarse a obras exteriores.

               Para muchas almas el dedicarse totalmente a obras exteriores les hace más daño que bien para su espíritu, no porque esas obras no sean buenas y recomendables, sino porque se dedican de manera tan total a ellas que se olvidan de lo esencial y más necesario que es reformar sus pensamientos, sus sentimientos y actitudes, no dejar que sus malas inclinaciones se desborden libremente; éstas les exponen a muchas trampas y tentaciones de los enemigos del alma. En este caso sí que se podría repetir la frase que San Bernardo le escribió a su antiguo discípulo Eugenio, que era Sumo Pontífice en ese entonces: "Malditas ocupaciones" las que te pueden apartar de la Vida Espiritual y la santificación de tu alma.



               Los enemigos de nuestra salvación, viendo que la cantidad de ocupaciones que nos atraen y nos apartan del verdadero camino que lleva a la santidad, no sólo nos animan a seguirlas practicando, sino que nos llenan la imaginación de quiméricas y falsas ideas, tratando de convencernos de que por dedicarnos a muchas acciones exteriores ya con eso nos estamos ganando un maravilloso paraíso eterno (olvidando lo que decía un Santo: "Ojalá se convencieran los que andan tan ocupados y preocupados por tantas obras exteriores, que mucho más ganarían para su propia Santidad y para el bien de los demás, si se dedicaran un poco más a lo que es espiritual y sobrenatural; de lo contrario todo será lograr poco, o nada, o menos que nada, pues sin Vida Espiritual se puede hasta llegar a hacer más daño que bien").

               Existe otra trampa contra nuestra Vida Espiritual, es que durante la oración se nos llene la cabeza de pensamientos grandiosos y hasta curiosos, agradables acerca de futuros apostolados y trabajos por las almas, y en vez de dedicar ese tiempo precioso a amar a Dios, a adorarlo, a pensar en sus perfecciones, a darle gracias y a pedirle perdón por nuestros pecados, nos dediquemos a volar como varias mariposas por un montón de temas que no son oración, y aun como moscardones a volar con la imaginación, por los basureros de este mundo.


EL COMBATE ESPIRITUAL
por el Padre Lorenzo Scúpoli