lunes, 7 de septiembre de 2020

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, del Padre Jerónimo de Ripalda. PARTE 13: Sobre el Avemaría, los Santos y sus Reliquias


"...He aquí la esclava del Señor. 
Hágase en Mí según tu palabra ..."

Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 26 - 38





P. Decid el Ave María. 

          R. Dios te salve, María, etc

P. ¿Quién hizo el Ave María? 

          R. De la salutación del Ángel y de Santa Isabel se torna la parte primera, y la Iglesia añadió la postrera

P. Decid la Salve. 

          R. Dios te salve, Reina y Madre, etc...

P. ¿Y la Salve, de quién la aprendisteis? 

          R. Del uso de la Iglesia

P. ¿Cuándo decís estas oraciones, con quien habláis? 

          R. Con la Virgen Santa María

P. ¿Quién es la Virgen Santa María? 

          R. Una gran Señora, llena de virtudes y gracia, y Madre de Dios verdadero

P. ¿En dónde está esa gran Señora? 

          R. En el Cielo en cuerpo y alma

P. La que está en el templo, ¿qué es? 

          R. Imagen suya

P. ¿De qué sirve? 

          R. De ponernos delante aquella que representa

P. ¿Qué reverencia debemos a las imágenes? 

          R. La misma que daríamos a los Santos que representan

P. Y a las Reliquias de los Santos, ¿qué reverencia debemos? 

          R. La que a ellos mismos, que fueron templo vivo de Dios

P. ¿Qué oraciones decís a los Santos? 

          R. Las Letanías y otras: también el Padrenuestro y Ave María

P. ¿Pues cómo? ¿En el Padrenuestro y Ave María no habláis con Dios y Su Madre? 

          R. Sí: más a Dios pido por medio de los Santos, y a ellos que me sean intercesores.






domingo, 6 de septiembre de 2020

EXPLICACIÓN DE LA SANTA MISA, por San Juan María Vianney, Cura de Ars. PARTE 4: Los sentimientos de humildad nos predisponen al Sacrificio de la Misa


               Al entrar en el templo, penetraos de la gran dicha que os cabe, mediante un acto de la más viva Fe, y por un acto de contrición y arrepentimiento de vuestros pecados, los cuales os hacen indignos de acercaros a un Dios tan santo y excelso. En aquel momento, pensad en las disposiciones del publicano cuando entró en el templo para ofrecer a Dios el sacrificio de su oración. 

               Escuchad lo que nos dice San Lucas: “El publicano, se mantenía a la entrada del templo; con la mirada fija en el suelo, sin atreverse a dirigirla al altar, golpeándose el pecho y diciendo a Dios: Señor, tened piedad de mí, que soy un gran pecador” (Evangelio de San Lucas, cap. 18, vers 13). Ya veis, pues, que no entró con un aire arrogante y altanero, como lo hacen muchos cristianos; “los cuales parece, según dice el Profeta Isaías, que quieren acercarse a Dios cual si fuesen personas que nada tienen en su conciencia que pueda humillarlos delante de su Criador” (Profeta Isaías, cap. 58, vers. 2). 




                En efecto, fijaos en la manera de entrar de esos Cristianos, los cuales tienen quizá más pecados en la conciencia que cabellos en la cabeza; los veréis entrar con un aire altanero, o mejor, con una actitud que casi es de desprecio para la presencia de Dios. Toman el agua bendita de la misma manera que tomarían agua para lavarse al volver del trabajo; lo hacen sin devoción y, la mayor parte, sin pensar que el agua bendita, tomada con reverencia, nos borra los pecados veniales y nos dispone a oír bien la Santa Misa. 

               Mirad ahora al publicano: teniéndose por indigno de entrar en el templo, va a colocarse en el rincón más obscuro de su recinto; tan confuso se halla bajo el peso de sus pecados, que ni tan sólo se atreve a levantar al cielo sus ojos. Cuán diferente, pues, de aquellos cristianos de nombre, que nunca se hallan bastante cómodos, que únicamente sobre el asiento se arrodillan, que apenas inclinan la cabeza a la Elevación, que se sientan sin muestra alguna de corrección, y frecuentemente con las piernas cruzadas. 

                Y nada digo de aquellas personas que deberían venir a la iglesia, para llorar sus pecados, y se presentan aquí sólo para insultar con sus ostentaciones vanidosas a un Dios humillado y despreciado, sin pensar más que en atraer las miradas de la gente, o bien para avivar el fuego de sus criminales pasiones. 

               ¡Oh, Dios mío!, ¿quién se atreverá a asistir a la Misa con semejantes disposiciones? Mas nuestro publicano, nos dice San Agustín, golpea su pecho, para manifestar a Dios el pesar que experimenta de haberle ofendido» (Homilía sobre el evangelio de la dominica X. después de Pentecostés.). ¡Cuántas gracias, cuántos bienes alcanzaríamos los cristianos, si procurásemos asistir a la Misa con las disposiciones del publicano! ¡Regresaríamos tan cargados de riquezas celestes, como las abejas van cargadas de néctar al volver de un florido vergel! 

                Si el Señor nos hiciese la gracia de que al comenzar la Misa estuviésemos bien penetrados de la grandeza de Jesucristo ante quien estamos, y del peso de nuestros pecados, ¡cuán pronto alcanzaríamos el perdón y la gracia de perseverar!

                Sobre todo, debemos excitar en nosotros durante la Santa Misa grandes sentimientos de humildad, esto es lo que debe sugerirnos el ver al Sacerdote bajando del Altar para rezar el Confíteor, profundamente inclinado, él, que ocupando el lugar de Jesucristo, parece recibir sobre sus hombros todos los pecados de sus feligreses. ¡Ay!, si el Señor nos hiciese comprender de una vez lo que es la santa Misa, ¡cuántas gracias poseeríamos, de que ahora carecemos! ¡De cuántos peligros quedaríamos exentos si tuviésemos gran devoción al oír la Santa Misa...!


Continuará...




Si desea colaborar en la difusión de 
la genuina Misa Católica,
 le recomendamos imprimir el Tríptico con la Doctrina 


sábado, 5 de septiembre de 2020

"...VENDRÉ A PEDIR LA COMUNIÓN REPARADORA DE LOS PRIMEROS SÁBADOS..."


               "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación" 

               De esta manera se dirigía Nuestra Señora a Sor Lucía Dos Santos; acontecía la celestial revelación en la ciudad gallega de Pontevedra, era el 10 de Diciembre de 1925 y entonces, la que había sido vidente de la Virgen en Fátima, junto a sus primos Jacinta y Francisco, se preparaba ahora para ser Esposa de Cristo, como religiosa dorotea. 


               Años atrás, en la aldea de Fátima, cuando Lucía y sus primos eran unos niños, habían sido bendecidos con las visitas de la Madre de Dios; en la Aparición del 13 de Junio de 1917, Nuestra Señora les mostró la terrible visión del lugar de penas eternas... "Habéis visto el infierno -les dijo la Virgen- a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón." Fiel a la Voluntad de Dios, la Virgen Santa se manifiesta a una Lucía ya adulta para hacerle cumplir con el pedido que otrora le formulara en Fátima, "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados..." (13 de Julio de 1917). 


               En la última entrevista fiable que se realizó a Sor Lucía, ésta volvería a reafirmar su Misión de propagar la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue el Padre Agustín Fuentes Anguiano, quien el 26 de Diciembre de 1957, en calidad de Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta, tuvo acceso a hablar con Sor Lucía, en un locutorio de la clausura del Monasterio de San José de Coimbra, donde ahora vivía como carmelita descalza.


               Sor Lucía desveló al Padre Fuentes que "mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma..." También aseguró Sor Lucía que "el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio."


               El Padre Agustín Fuentes dijo que Sor Lucía le aclaró que la Virgen "me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros."






¿Cómo practicar la Devoción 
de los Cinco Primeros Sábados del Mes?


               1) Confesarse, dentro de los ocho días anteriores, con la intención de desagraviar las ofensas al Inmaculado Corazón de María. 

               2) Recibir la Comunión en el primer Sábado del mes, en gracia de Dios, con la misma intención de consolar y reparar al Doloroso Corazón de María. La Confesión y la Comunión deben repetirse durante cinco meses consecutivos, sin interrupción, de lo contrario se debe comenzar de nuevo.

               3) Rezar el Santo Rosario, al menos cinco Misterios, con la misma intención de desagraviar al Corazón de María.

               4) Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los Misterios del Rosario. Esto se puede hacer leyendo un pasaje de la Sagrada Escritura alusivo a los Misterios del Santo Rosario (por ejemplo la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen Purísima). 






viernes, 4 de septiembre de 2020

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, del Padre Jerónimo de Ripalda. PARTE 12 El Padrenuestro


"Si permaneciereis en la Santa Fe, 
jamás la tristeza ocupará vuestro corazón"

Santa Catalina de Siena


P. Decid el Padrenuestro. 

          R. Padre nuestro que estás en los Cielos, etc

P. ¿Quién ordenó la oración del Padrenuestro? 

          R. El mismo Cristo a petición de los Apóstoles

P. ¿Para qué la ordenó? 

         R. Para enseñarnos a orar

P. ¿Qué cosa es orar? 

         R. Levantar el alma a Dios y pedirle mercedes

P. ¿Por qué nos enseña el Señor a llamarle Padre? 

         R. Porque le pidamos con afecto de hijos

P. ¿Cómo lo somos? 

          R. Por el ser que de Él hubimos de naturaleza y gracia

P. ¿Por qué decimos nuestro?

          R. Porque como buenos hermanos, pidamos todos para todos

P. ¿Cuándo decís Padre nuestro con quién habláis? 

          R. Con Dios nuestro Padre

P. ¿Dónde está Dios nuestro Padre? 

         R. En todo lugar, por esencia, presencia y potencia. Advertir la Presencia de Dios, como nos mira en todo lugar y tiempo, y el recato y modestia con que debemos estar delante de Él

P. ¿Pues por qué decís, que está en los Cielos? 

          R. Porque en ellos se manifiesta más particularmente

P. ¿Qué peticiones contiene el Padrenuestro? 

          R. Siete, dispuestas con muy grande orden

P. ¿Con qué orden? 

          R. Las tres primeras pertenecen al Honor de Dios, y las otras cuanto al provecho del prójimo y nuestro

P. ¿Qué pedimos en ellas? 

          R. Abundancia de todos los bienes, y remedio de todos los males

P. ¿Qué pedís diciendo: Santificado sea Tu Nombre? 

          R. Que sea tenido en reverencia, y alabado

P. ¿Qué pedís diciendo: Venga a nos él Tu Reino? 

          R. Que reine en nosotros por gracia y después nos de la Gloria

P. ¿Qué pedís diciendo: hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo? 

         R. Que la hagan los hombres entera y prontamente, como los Ángeles

P. ¿Qué pedís diciendo: El pan nuestro de cada día dánosle hoy?

         R. Todo lo que es sustento necesario de cuerpo y alma

P. ¿Por qué le pedís para hoy limitadamente? 

          R. Por quedar necesitados a pedir lo mismo para mañana

P. ¿Qué pedís diciendo: Perdónanos nuestras deudas? 

         R. Perdón de culpas y penas, debidas por ellas

P. ¿Por qué añadís: Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores? 

         R. Porque no perdonará Dios al que a otro no perdona

P. ¿Qué pedís, diciendo: No nos dejes caer en la tentación? 

         R. Que no nos permita darle consentimiento

P. ¿De cuál mal pedís que os libre, diciendo: Mas líbranos de mal? 

         R. Del demonio y del infierno, y de casos desastrosos.





PRIMER VIERNES, día de entrega y reparación al Sagrado Corazón de Jesús


               LOS PRIMEROS VIERNES DE MES es una tradicional devoción hacia el Sacratísimo Corazón de Jesús, que Éste mismo pidiera a Santa Margarita María, religiosa salesa: 

              "Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía."



          
               Fíjate bien en esta Promesa, consoladoras palabras salidas de los labios de Nuestro Señor y que un día bendito, fueron confiadas a Santa Margarita María de Alacoque, la Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús. Nos promete el Señor la gracia de la perseverancia final, que es sinónimo de la SALVACIÓN ETERNA.

              ¡Cuánto nos ama el Sagrado Corazón! A pesar de nuestros pecados y negativas de entregarnos a Él, porque muchas veces preferimos -como locos- las miserias de este mundo, nos da muestras de Su Amor y nos tiende la mano para darnos aliento en un mundo que cada vez anda más desorientado.

             Nos pide tan poco y le damos... ¡NADA! ¿Con qué derecho nos quejamos?. Qué desfachatez la nuestra que apenas le damos unas migajas del tiempo libre, cuando TODO lo deberíamos hacer pensando en darle gloria, buscando en todo momento agradarle.

             ¿Será acaso tan pesado para ti, acercarte al confesonario para limpiar tu alma y luego ir a recibirlo en la Sagrada Comunión?. Con este sencillo gesto, realizado NUEVE PRIMEROS VIERNES de mes -o mejor, cada primer viernes durante todo el año- estaremos seguros de ser merecedores de tan importante Promesa.

             Sencilla práctica, pero con inestimables consecuencias para el alma. No desoigas más la voz de Aquél que te busca sin descanso. Sé un buen devoto del Sagrado Corazón, y comparte este artículo, para que otras almas se arrimen al que, como decía Santa Margarita, "es el Trono de las Misericordias, donde los más pecadores son los mejor recibidos".




jueves, 3 de septiembre de 2020

SAN PÍO X, EL CUSTODIO DE LA INTEGRIDAD CATÓLICA


“Los autores del error se ocultan 
en el propio seno de la Iglesia, 
por así decir, en las propias venas 
y entrañas de Ella”

Papa San Pío X




INFANCIA Y SACERDOCIO


               Giuseppe Melchiorre Sarto, quien luego sería el Papa Pío X nació el 2 de Junio de 1835 en Riese, provincia de Treviso, en Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista Sarto y Margarita Sanson. Su padre fue un cartero y murió en 1852, pero su madre vivió para ver a su hijo llegar a Cardenal. Luego de terminar sus estudios elementales, recibió clases privadas de Latín por parte del Arcipreste de su pueblo, Don Tito Fusarini, después de lo cual estudió durante cuatro años en Castelfranco Veneto, caminando de ida y vuelta diariamente.


               En 1850 recibió la tonsura de manos del Obispo de Treviso y obtuvo una beca de la Diócesis de Treviso para estudiar en el Seminario de Padua, donde terminó sus estudios filosóficos, teológicos y de los clásicos con honores. Fue ordenado Sacerdote en 1858, y durante nueve años fue Capellán de Tómbolo, teniendo que asumir muchas de las funciones del Párroco, puesto que éste ya era anciano e inválido. Buscó perfeccionar su conocimiento de la Teología a través de un estudio asiduo de Santo Tomás y el Derecho Canónico; al mismo tiempo estableció una escuela nocturna para la educación de los adultos, y siendo él mismo un ferviente predicador, constantemente era invitado a ejercer este ministerio en otros pueblos.


OBISPO DE MANTUA 

               En 1867 fue nombrado Arcipreste de Salzano, un importante municipio de la Diócesis de Treviso, en donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital con sus propios medios, en congruencia con su habitual generosidad hacia los pobres; especialmente se distinguió por su abnegación durante una epidemia de cólera que afectó a la región. Mostró una gran solicitud por la instrucción religiosa de los adultos. En 1875 creó un reglamento para la catedral de Treviso; ocupó varios cargos, entre ellos, el de director espiritual y rector del seminario, examinador del clero y vicario general; más aún, hizo posible que los estudiantes de escuelas públicas recibieran instrucción religiosa. En 1878, a la muerte del Obispo Zanelli, fue elegido Vicario Capitular. El 10 de Noviembre de 1884 fue nombrado Obispo de Mantua, en ese entonces una sede muy problemática, y fue consagrado el 20 de Noviembre de ese mismo año.


               Su principal preocupación en su nuevo cargo fue la formación del clero en el Seminario, donde, por varios años, enseñó Teología Dogmática y, durante un año, Teología Moral. Deseaba seguir el método y la teología de Santo Tomás, y a muchos de los estudiantes más pobres les regaló copias de la “Summa Theologica”; a la vez, cultivó el Canto Gregoriano en compañía de los seminaristas. La administración temporal de la sede le impuso grandes sacrificios. En 1887 celebró un sínodo diocesano. Mediante su asistencia en el confesonario, dio ejemplo de celo pastoral.


PATRIARCA DE VENECIA

             En el Consistorio Secreto celebrado en Junio de 1893, León XIII lo creó Cardenal, con el título de San Bernardo de las Termas; y en el Consistorio Público, tres días más tarde, fue preconizado Patriarca de Venecia, conservando mientras tanto el título de Administrador Apostólico de Mantua. El Cardenal Sarto fue obligado a esperar dieciocho meses, antes de tomar posesión de su nueva Diócesis, debido a que el gobierno italiano se negaba a otorgar el exequatur, reclamando que el derecho de nominación había sido ejercido por el Emperador de Austria. Este asunto fue tratado con amargura en periódicos y panfletos; el Gobierno, a manera de represalia, rehusó extender el exequatur a los otros obispos que fueron nombrados durante este tiempo, por lo que el número de sedes vacantes creció a treinta.


               Finalmente, el Ministro Crispi, habiendo regresado al poder, y la Santa Sede, habiendo elevado la misión de Eritrea a la categoría de Prefectura Apostólica en atención a los Capuchinos Italianos, motivaron al Gobierno a retractarse de su posición original. Esta oposición no fue causada por ninguna objeción contra la persona de Sarto. En Venecia el Cardenal encontró un estado de cosas mucho mejor que el que había hallado en Mantua.


               También allí puso gran atención en el Seminario, donde logró establecer la facultad de derecho canónico. En 1898 celebró el sínodo diocesano. Promovió el uso del Canto Gregoriano y fue gran benefactor del gran compositor Lorenzo Perosi; favoreció el trabajo social, especialmente los bancos en las Parroquias rurales; se dio cuenta de los peligros que entrañaban ciertas doctrinas y conductas de algunos Cristiano-Demócratas y se opuso enérgicamente a ellas. El Congreso Eucarístico Internacional de 1897, en el Centenario de San Gerardo Sagredo (1900), la Bendición de la primera piedra del nuevo campanario de San Marcos y la Capilla conmemorativa en el Monte Grappa (1901) fueron eventos que dejaron una profunda impresión en él y en su gente.


LA CRUZ DEL PONTIFICADO

               A la muerte del Papa León XIII, los Cardenales se reunieron en Cónclave y, después de varias votaciones, Giuseppe Sarto fue elegido el 4 de Agosto, al obtener 55 de 60 votos posibles. Su coronación tuvo lugar el siguiente Domingo, 9 de Agosto de 1903.


              Sus esfuerzos se dirigieron a promover la Piedad entre los fieles, y a fomentar la recepción frecuente de la Sagrada Comunión, y, si era posible, hacerla diariamente, dispensando a los enfermos de la obligación de ayunar para poder recibir la Sagrada Comunión dos veces al mes, o incluso más. Finalmente, mediante el Decreto “Quam Singulari” (15 de Agosto de 1910), recomendó que la Primera Comunión en los niños no se demorara demasiado tiempo después de que alcanzaran la edad de la discreción.


               El 22 de Noviembre de 1903, promulgó un Motu Proprio sobre música sacra en las iglesias, y, al mismo tiempo, ordenó que el auténtico Canto Gregoriano se utilizara en todas partes, mientras dispuso que los libros de cantos se imprimieran con el tipo de fuente del Vaticano bajo la supervisión de una comisión especial. En la Encíclica “Acerbo nimis” (15 de Abril de 1905), planteó la necesidad de que la instrucción catequética no se limitara a los niños, sino que también fuera dirigida hacia los adultos, dando para ello reglas detalladas, especialmente en lo referente a escuelas adecuadas para la impartición de la instrucción religiosa a los estudiantes de escuelas públicas, y aun de Universidades. Promovió la publicación de un nuevo Catecismo para la Diócesis de Roma.


               Pero por sobre todas las cosas, la principal preocupación del Papa era la pureza de la Fe Católica. Por esta razón, en 1907, publicó el Decreto “Lamentabili” (llamado también el Syllabus de Pío X), en el que sesenta y cinco proposiciones modernistas fueron condenadas. La mayor parte de estas se referían a las Sagradas Escrituras, su inspiración y la Doctrina de Jesús y los Apóstoles, mientras otras se relacionaban con el Dogma, los Sacramentos, la Primacía del Obispo de Roma. Inmediatamente después de eso, el 8 de Septiembre de 1907, apareció la famosa Encíclica “Pascendi”, que exponía y condenaba el sistema filosófico del Modernismo.


              Una necesidad sentida durante mucho fue la de codificar la Ley Canónica, y con la intención de llevarla a cabo, el 19 de Marzo de 1904, Pío X creó una congregación especial de Cardenales; así las más eminentes autoridades en derecho canónico de todo el mundo, colaboraron en la formación del nuevo Código, que sería terminado en el Pontificado de su sucesor, Benedicto XV. En 1910 promulgó el Motu Proprio "Sacrorum Antistitum", conocido como "Juramento Antimodernista", que debía ser pronunciado por cualquiera que quisiera conservar o acceder a un oficio eclesiástico, incluida la docencia en teología.


MUERTE Y CANONIZACIÓN 

               Profundamente afectado por el estallido de la Gran Guerra -que el había intentado por todos los medios evitar-, y debilitado por una crisis bronquial, su corazón cedió tras rápida enfermedad cuando contaba 79 años.


               Cuando el Padre Pío de Pietrelcina se enteró de la muerte de Pío X, empezó a llorar como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la Guerra Mundial.


               El 29 de Mayo de 1954, Pío X era elevado a la Gloria de los Altares por otro Papa de nombre Pío y dotado del mismo espíritu antimodernista. Ese día, Pío XII recordaría la eterna condena al Modernismo: “Cualquier teoría, como el Modernismo, que separa la Fe y la Ciencia, en su fuente y en su objeto, oponiéndose una a la otra, produce en estas dos áreas vitales de un cisma, que es tan perniciosa “que un poco es más que la muerte”. (…) Con mirada vigilante Pío X observó la llegada de esta calamidad espiritual del mundo moderno, esta amarga desilusión que afectaba sobre todo a las clases cultas. Se dio cuenta de cómo una fe tan evidente, es decir, una fe no fundada sobre la revelación de Dios, sino que estén arraigadas en un terreno puramente humano, atraería a muchos al ateísmo. Así mismo, reconoció el destino fatal de una ciencia, que contrario a la naturaleza y en la limitación voluntaria, interceptó el camino a la verdad absoluta y el Bien, dejando al hombre, privado de Dios y se enfrentan a la oscuridad invisible en la que se encuentra en todo ser vestirte, sólo la actitud de la angustia o la arrogancia”





miércoles, 2 de septiembre de 2020

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, del Padre Jerónimo de Ripalda. PARTE 11 Artículos sobre la Humanidad de Cristo Nuestro Señor


"...llegará un tiempo en que los hombres 
ya no soportarán la sana Doctrina, sino que se buscarán
maestros según sus inclinaciones, hábiles en captar 
su atención; cerrarán los oídos a la verdad 
y se volverán hacia puros cuentos..."

II Carta de San Pablo a Timoteo, cap. 4, vers. 3-4





P. En cuanto a los Artículos de la Santa Humanidad, os pregunto: ¿Cuál de las tres divinas Personas se hizo Hombre? 

          R. El Hijo de Dios Eterno

P. ¿Cómo fue de nuevo concebido, siendo Eterno? 

          R. Tomando cuerpo y alma racional no por obra de varón, sino milagrosamente

P. ¿Cómo pudo nacer de María Virgen? 

          R. Sobrenatural y milagrosamente, como fue concebido

P. ¿Y Su Madre, después vivió siempre Virgen? 

          R. Sí, Padre, perpetuamente

P. ¿Para qué se hizo Hombre? 

          R. Para poder morir por el hombre, y darle ejemplo

P. ¿Por qué quiso morir? 

          R. Por redimirnos del pecado, y librarnos de la muerte eterna

P. ¿Cómo incurrimos en ella? 

          R. Pecando Adán nuestro primer padre, en quien todos pecamos

P. ¿Pues sin morir, no pudiera Dios hallar otro medio? 

           R. Sí: nos convino este más que otro alguno

P. ¿Siendo Dios inmortal, como pudo morir? 

           R. Porque junto con ser Dios era también hombre mortal

P. ¿Por qué escogió muerte de Cruz? 

           R. Porque cuanto era más ignominiosa y penosa, fue más meritoria y gloriosa

P. Decís que bajó a los infiernos: ¿que entendéis vos por infiernos?

           R. Cuatro senos o lugares de las Ánimas que no van al cielo

P. ¿Cuáles son? 

           R. El primero, el de los condenados, que mueren en pecado mortal. El segundo, el de los niños, que mueren sin Bautismo. El tercero, el Purgatorio de los Justos, que tienen que purgar. El cuarto, el que había de los justos, después que no tenían que purgar, donde estaban como depositados. 

P. ¿Y a cuál de estos infiernos bajó Cristo Nuestro Señor? 

          R. Al de los justos

P. ¿Cómo bajó? 

          R. Con el alma unida a la Divinidad

P. ¿Y Su Cuerpo como quedó? 

          R. Unido con la misma Divinidad

P. ¿Cómo resucitó? 

          R. Tornándose a juntar Su Cuerpo y Alma Gloriosos

P. ¿Cómo subió a los Cielos? 

          R. Inmortal con Su propia virtud

P. ¿Cómo se entiende que esté sentado a la mano derecha del Padre? 

           R. Porque está en igual Gloria con Él en cuanto Dios; y en cuanto Hombre, en mayor que otro alguno

P. ¿Cómo ha de ser la Resurrección de la Carne? 

          R. Tornándose a juntar estos propios cuerpos nuestros con nuestras almas a vida inmortal y eterna

P. ¿Qué creéis cuando decís: ¿Creo en la Comunión de los Santos? 

          R. Que los unos fieles participamos de los bienes espirituales de los otros, como miembros de un mismo cuerpo. 





SAN ESTEBAN, Rey Apostólico de Hungría

    
              Los húngaros, pueblo nómada, de sangre fenicia y turca, sacados de su tierra de origen, las estepas del Don, llegaron en el 889 al alto Danubio y bajaron a Pannonia, bajo la guía de Arpad, fundador de la dinastía de los Arpadios que gobernaron a Hungría hasta el 1301. Constituyeron un constante peligro para Occidente, hasta que el Rey Otón I los derrotó cerca de Augusta en el 955, obligándolos a una vida sedentaria. Fue en este período cuando tuvo lugar la apertura a la predicación cristiana. El Duque Geza, habiéndose casado con una princesa cristiana, permitió que el hijo Vaik fuera educado cristianamente. Vaik recibió el bautismo en los años de la adolescencia y tomó el nombre de Esteban.




              El Santo Obispo de Praga, Adalberto, fue su guía y maestro. Se casó con la piadosa e inteligente princesa Gisela (o Ghísola), hermana del futuro emperador Enrique II de Baviera. En el año 997 Esteban heredó de su padre el gobierno del pueblo húngaro y su primer objetivo fue el de reunir los 39 Condados autónomos en un solo Estado política y religiosamente compacto. Envió a Roma a su mejor colaborador, el monje húngaro San Astric, a quien el Papa Silvestre II consagró Obispo confiriéndole la facultad de consagrar otros Obispos húngaros. Le confió también la corona con la cual Esteban, en el día de Navidad del año 1000, fue coronado Rey de Hungría, con el título de "Rey Apostólico".

               Esteban se demostró digno de ese título: emprendió la evangelización del pueblo húngaro con la ayuda de los celosos benedictinos de Cluny, a quienes apoyó en todo el territorio con la fundación y la dotación de varios monasterios. El más célebre es el de San Martín de Pannonhalma, que llegó a ser gran centro de actividad misionera. Dividió el reino en diez diócesis y en treinta y nueve diaconías, correspondientes a los 39 Condados. Fue un monarca sabio y valiente, y también diplomático. Aunque manteniendo buenas relaciones con el vecino emperador de Bizancio, se propuso consolidar los lazos con la prometedora comunidad occidental.

               Los últimos años de su reinado, que duró del 997 al 1038, se vieron amargados por la prematura muerte del heredero, San Ernerico, y por las luchas por la sucesión. El santo rey murió en Szekesfehérvar, tras lo cual su esposa Gisela abandonó la corte y se encerró en el monasterio benedictino de Passau. Esteban fue canonizado en 1083. Desde 1631 su Fiesta fue extendida a toda la Iglesia. 



martes, 1 de septiembre de 2020

SOR BENIGNA CONSOLATA, ejemplo de entrega sin reservas al Sagrado Corazón de Jesús


               Sor Benigna Consolata Ferrero nació el 5 de Agosto 1885 en Turín (Italia). Bautizada al día siguiente, recibió los nombres de María de la Consolación, Teresa, Rosalía y Filomena. Pertenecía a una familia distinguida, no solo por su posición social sino por su vida Cristiana, que era ejemplar en todos. Tras una infancia llena de pureza, empezó a sentirse fuertemente atraída hacia la vida contemplativa. El Divino Maestro le hablaba interiormente a su alma y le decía: “Irás a la Visitación y podrás no solamente hacerte santa, sino llegar a aquel grado sublime de perfección que Yo quiero, para bien espiritual de los demás. Yo te pagaré todos tus sacrificios... Cuando hayas probado lo que es el monasterio, ya no querrás volver al mundo por ningún motivo... Allí tendrás humillaciones, tendrás recogimiento y todo aquello que necesitas… Cuando entres al monasterio me ganarás almas”.




               Despedida de la Visitación de Pignerol por su vida mística, ingresó a la Visitación de Como (al norte de Milán) el 30 de Diciembre de 1907, cuando contaba 22 años y recibió el santo hábito el 5 de Noviembre de 1908, con el nombre de Benigna Consolata Desde entonces, la joven Salesa no puso límites a su fervor y Jesús no puso límites a sus comunicaciones sobrenaturales. 

               La sed ardiente de la salvación de las almas que devora al Corazón de Jesús se había apoderado también de Su "Benjamina", como con cariño la llama el Señor. No descuidaba medio alguno, por insignificante que fuese, para saciar esta sed: penitencias, mil intenciones piadosas y sobre todo, sus oraciones continuas.

               El modo divino que empleará el Señor para comunicarse con Benigna será por medio de palabras interiores y visiones intelectuales. Jesús mismo le mandó que fuese escribiendo los coloquios íntimos a medida que los fuese recibiendo, y por supuesto, que no hablase ni respondiese cosa alguna sin consultárselo a Él primero.

               Los escritos que por obediencia dejó Sor Benigna manifiestan las extraordinarias virtudes que en su alma se iban desarrollando, entregada por completo a la Voluntad de Dios con una confianza ciega, y además un conocimiento clarísimo de la Misericordia del Corazón de Jesús, de Su incomparable ternura, y de las mil delicadezas con las que se dirige a los pobres pecadores, así como a los justos y a los Santos, para la conquista de una sola cosa: el amor de Sus criaturas. 

               Dócil a las enseñanzas de San Francisco de Sales, en lo exterior se conformaba por completo a la vida ordinaria de sus Hermanas. En lo interior, por el contrario, todo era extraordinario y luminoso, si bien el Divino Esposo de Benigna Consolata, lejos de regalarle una corona de flores, la conformó de espinas y abrojos, a fin de configurarla con Él.

               Fiel al mandato de Nuestro Señor y con el permiso de la Superiora, Sor Benigna Consolata realizó el voto del puro amor, como muestra de lo mucho que Jesús deseaba de ella, pues según le regalaba comunicaciones celestiales, más entrega exigía de la joven religiosa; por eso vinieron después los votos de humildad, el de abandono a su querer y el voto de hacer lo más perfecto. De esta forma progresiva el Sagrado Corazón, gracias a estos votos de desprendimiento personal, concedió a Sor Benigna un tiempo de paz espiritual. 

               Desencadenada en 1914 Primera Guerra Mundial, creyeron los Superiores de esta confidente de los secretos divinos que podrían forzarla a que obtuviese del Señor el término de un azote tan espantoso. La respuesta de Jesús fue consoladora, asegurando que no era esa guerra castigo de su justicia, sino castigo enviado por la Divina Misericordia, que serviría para salvar infinidad de almas que corrían a la condenación eterna. Al año siguiente exigió Jesús de Sor Benigna el sacrificio de su vida para conseguir la paz según las intenciones del Romano Pontífice.

               A finales de Julio de 1916, Jesús la invitó a hacer un retiro de doce días para prepararse a la muerte. Corona de estos ejercicios fue una maravillosa fórmula de voto de humildad inspirada por el Señor. Hasta la extinción completa de sus fuerzas tenía que escribir, en secreto y con aprobación de sus Superiores, lo que Dios le iba comunicando. 

               Durante su última enfermedad, los asaltos del enemigo infernal fueron espantosos. Desde la cama donde tiene que permanecer, pidió el Sacramento de la Extremaunción, que le fue administrado el 14 de Agosto. Tenía siempre en los labios el Dulcísimo Nombre de Jesús, pasando las largas horas de insomnio sentada en la cama, juntas las manos, en profundo recogimiento.

               Después de grandes sufrimientos físicos y morales, llegaba el día de encontrarse con el Divino Esposo; el Primer Viernes, 1 de Septiembre de 1916, decaían las fuerzas del cuerpo de Benigna Consolata, pero su alma inocente conservaba cabal el conocimiento y fervor. Mientras el Capellán de la Comunidad rezaba las oraciones de recomendación del alma, en presencia de todas sus Hermanas, reunidas en torno a su cama, Sor Benigna entregó plácidamente su alma en las manos de Dios, muriendo en el ósculo santo de su Esposo divino, que recogió su alma a las tres de la tarde. Tenía 31 años.


Para leer algunos de los extractos de los Dictados de Jesús 
a Sor Benigna Consolata, solo tiene que tocar AQUÍ.