jueves, 19 de febrero de 2026

EL SACERDOTE, UNIDO A DIOS POR LA SANTIDAD, por el Padre Réginald Garrigou-Lagrange, O.P.

 


                    El Sacerdocio es tanto más excelente cuanto el Sacerdote está más unido: 1) con Dios; 2) con una Víctima más pura, de más valor y más consumida; 3) con el Pueblo por el que el Sacrificio se ofrece. Este fundamento brota de la misma definición de Sacerdote mediador entre Dios y los hombres para ofrecer sacrificios. El Sacerdote, por tanto: 1) Debe estar unido a Dios por la Santidad, a fin de suplir las deficiencias en la adoración de los Fieles, en la oración, reparación y acción de gracias. 2) Tanto más perfecto es el Sacerdocio cuanto la Víctima ofrecida en sacrificio es más pura, de más alto valor -para expresar la pureza del alma arrepentida- y más se consume la Víctima, expresando la elevación de toda el alma a Dios (1) . 

                    Asimismo por razón de la Víctima es más perfecto el Sacerdocio en el que más se unifican Sacerdote y Víctima, ya que la oblación e inmolación exterior de la Víctima son signos de la oblación e inmolación interior del corazón del Sacerdote, como se dice en el Salmo (Salmo 51, vers. 18): «Porque no es sacrificio -externo- lo que Tú quieres; si no Te lo ofrecería: ni quieres tampoco holocaustos. El sacrificio grato a Dios es un corazón contrito. Tú, ¡oh Dios!, no desdeñas un corazón contrito y humillado». Por eso Dios no aceptó el sacrificio, puramente externo, de Caín. 3) Es más perfecto el Sacerdocio en el que el Sacerdote está más unido con el Pueblo, y mayor cuanto más numeroso, pues el Sacerdote, como mediador de los hombres para ofrecer sacrificios a Dios, debe unificar las oraciones todas de los Fieles, las súplicas, las reparaciones, la acción de gracias, en una elevación de la mente a Dios, que sea como el alma de la oración de todo el pueblo. 

                    Por tanto, el Sacerdocio es tanto más perfecto cuanto más íntimamente se une con un Pueblo más numeroso. Tal Sacrificio es entonces más agradable a Dios y su efecto es más universal. Así sucedía cuando el Santo párroco Juan María Vianney ofrecía el Sacrificio por su pueblo y por los numerosos Fieles llegados en peregrinación. La prueba de este principio es sumamente fácil, aplicado al Sacerdocio de Cristo. Su altísima perfección resplandecerá de tal modo que no puede concebirse otro más perfecto.

                    Cristo, en efecto, como Sacerdote, no sólo es más Santo que todos los otros sacerdotes, sino que Es la misma Santidad, es el Verbo de Dios encarnado. Es Santo también como hombre, primordialmente por la gracia increada de la unión con el Verbo, por la que se consagra Su Humanidad. Por su parte, la Santidad formal y primaria de Cristo no es adquirida, sino innata; no es accidental, sino substancial; no es creada, sino increada. Las acciones humanas sacerdotales de Cristo son teándricas por razón de la Persona Divina del Verbo. De ahí que tuvieran por sí mismas un valor infinito para merecer y satisfacer y, hoy, para adorar y dar gracias. No bastaba la Gracia capital para conferir este valor infinito, por ser una gracia habitual creada. Aún más: Cristo es Santo por la plenitud de la Gracia habitual y de la Caridad creadas. 

                    Ahora bien, en Cristo, dado el Poder absoluto de Dios, la Gracia habitual creada y la Caridad podían aumentar; por el contrario, la Gracia de la unión hipostática no puede ser mayor. Se confirma así que el Sacerdocio de Cristo -no cabe concebir otro más perfecto- se constituye formalmente por la gracia de unión. 

                    Finalmente, Cristo tenía la potestad de excelencia para instituir los Sacramentos y el Sacerdocio indefectible hasta el Fin del Mundo. Por razón de la Santidad o Unión indefectible con Dios, el Sacerdocio de Cristo no puede ser más perfecto, ya que no puede darse una gracia mayor que la de Unión, aunque, dado el Poder absoluto de Dios, podrían darse una Gracia habitual y Caridad mayores que las que recibía el Alma Santísima de Cristo.   


Extraído de "La unión del Sacerdote con Cristo, Sacerdote y Víctima"
por el Padre Réginald Garrigou-Lagrange, O.P. 


NOTAS

                    1) Así vemos que por parte de la víctima el más perfecto de todos los sacrificios de la Antigua Ley fue el sacrificio de Abraham, ofreciendo a su hijo muy amado, quien, como figura de Cristo, se entregó obedientemente, sin resistencia alguna, antes bien orando y alabando a Dios. 



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