miércoles, 21 de julio de 2021

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, EL SANTO MÁS ENCUMBRADO EN EL PARAÍSO

 

               El Glorioso Patriarca San José goza ante Dios de poderoso valimiento, y que, después de la Virgen Santísima, ninguno de los Ángeles ni de los Santos, no ya le aventaja, pero ni siquiera le iguala. En el Cielo, aunque a todos comunica el Altísimo la Eterna Bienaventuranza, descubriéndoles claramente Su Divina Faz, y aunque a todos benignamente oye, según aquello que dice el Salmo 30 "Oculi Domini super iustos et aures eius in preces eorum", a los justos atiende el Señor y escucha benignamente sus preces. Con todo, así como les comunica diferente brillo, según los quilates de sus virtudes, así mira de una manera especial por los que más se distinguieron en Su servicio.




               San José fue el más parecido por sus gracias y perfecta correspondencia a la Reina de los Cielos, así lo debemos ensalzar por el más poderoso Abogado y eficaz intercesor, a quien en todas nuestras necesidades podamos acudir después de María. El mismo Papa Benedicto XIV, no menos distinguido por su saber que por su celo de la pureza de la Doctrina Católica, confesaba llanamente que San José había recibido gracias y prerrogativas tan grandes, excelsas, indubitables y peculiares, que jamás se habían comunicado a ningún otro Santo. Luego, ningún otro Santo, ni entre los más encumbrados, tiene para con Dios tan superior empeño e influencia.

               ¿Quién no acudirá entonces a tan grato Santo en todos sus apuros?. ¡Bellísima y segura subida es por la escala de José ir a María, de María a Jesús y de Jesús al Eterno Padre, para conseguir cuanto bien se pida!. Basta suplicar a José que muestre a la Virgen sus callos y sudores, y a la Virgen, que muestre a Jesús Su pecho y Sus lágrimas, y a Jesús, que muestre al Padre Eterno sus golpes y heridas, para lograr feliz resultado en nuestros ruegos. Con todo derecho, el Patriarca San José, intercediendo por sus devotos, pudiera recordar a Cristo y a María las fatigas y amarguras sufridas con tanta generosidad para buscarles un pedazo de pan, diciéndoles aquello del Profeta Isaías "...mirad, en mis manos os grabé, y vuestros muros tuve siempre delante de mis ojos". Porque ¿por quién respiró, por quién se desveló, por quién se despulsó y se pereció el Santo Patriarca José, en el periodo de treinta años, sino por Jesús y María, para proveer de lo necesario aquella Santa Casa?.

               ¡Qué Gloria!. ¡Qué Poder el de Nuestro Patriarca!. ¿Quién osará poner límites a su valimiento, cuando el mismo Rey de los Cielos quiso vivir sujeto a sus órdenes?. Pregonemos por todos los confines de la tierra que Nuestro Padre y Señor San José está tan revestido de tal influjo y poder, que ninguna de sus propuestas ha sido jamás rechazada...


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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