miércoles, 16 de diciembre de 2020

EL SUAVÍSIMO NOMBRE DE SAN JOSÉ, TERCERO EN EL LIBRO DE LOS PREDESTINADOS

 


               Cuando el Señor, en Su infinita Misericordia, promulgó el decreto de nuestra Redención, no sólo escogió en el tiempo todas las circunstancias que debían preceder, acompañar y seguir a su ejecución, sino que también determinó con toda precisión el oficio y orden de todos los que debían tomar parte en tan portentoso Misterio.




               De aquí se sigue que, como María debió de estar comprendida inmediatamente después de Jesús en el el decreto de la Encarnación del Verbo y predestinada a ser augustísima Reina y Madre del Hijo de Dios, a la predestinación de la Virgen María debió seguir también inmediatamente la de San José, porque para ocultar al mundo este Misterio hasta que se realizara, así como para poner a salvo el Honor de la Madre y el buen Nombre del Hijo, era preciso que María fuera desposada con el varón más justo y humilde de la casa de David, y por eso no se concibe la predestinación de la Virgen Santísima sin contemplar a Su lado a Su castísimo Esposo, el Glorioso Patriarca San José.

               ...deduce el insigne Padre Morales que, así como el Nombre de Jesús es el primero que ab aeterno se escribió en el Libro de los Predestinados, como la cabeza de todos ellos, y el segundo el Dulcísimo Nombre de María, como Madre de Jesús, así en su proporción relativa, debió de ocupar el tercer lugar el Suavísimo Nombre de San José, como Esposo de María y fiel Guardián y sostén de Jesucristo.

               San Bernardo escribe que San José, y sólo San José, con preferencia a los más santos y distinguidos personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, fue constituido por Dios en la tierra como coadjutor o cooperador fidelísimo del gran Consejo, esto es, de la Encarnación del Verbo increado. San Bernardino de Siena encomia al Glorioso Patriarca por haber sido elegido por el Eterno, con generosa providencia, guarda y defensor de sus principales tesoros, Jesús y María. 

               He aquí el origen y vena inagotable de las grandezas de San José: su predestinación eterna a ser cooperador del Misterio más grande que adoraron los siglos.


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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