martes, 22 de febrero de 2022
NOVENA A LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo. DÍA 3º
ORACIONES INICIALES
Por la señal + de la Santa Cruz, etc.
En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Te adoro, oh Jesús mío, Hijo de Dios vivo y de María Virgen, que por mi amor diste la vida en el Ara de la Cruz. A Ti me consagro con todo mi corazón, suplicando humildemente que te dignes imprimir en mi alma la imagen de Tu adorable Faz.
¡Oh Padre Eterno! Mira la Santa Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y por Sus méritos infinitos concédeme un ardiente deseo de reparar las injurias hechas a Tu Divina Majestad y la gracia que deseo obtener en esta Novena. Así sea. (Pídase aquí por la necesidad o gracia espiritual que se desea obtener)
ORACIÓN DEL DÍA TERCERO
un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
JACULATORIA
¡Muéstranos, Señor, Tu Santa Faz y seremos salvos!
ORACIÓN FINAL
Oh Dios Omnipotente y Misericordioso, concede, te pedimos, que cuantos veneramos la Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, desfigurada en la Pasión a causa de nuestros pecados, merezcamos contemplarla eternamente en el resplandor de la Gloria Celestial. Amén.
Y terminamos en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
lunes, 21 de febrero de 2022
ESAS LLAGAS ARDÍAN POR EL AMOR
Yo le decía: "Aquí me tienes revestida con los méritos de mi Esposo. Dios mío haz en mi corazón un pequeño nido de amor."
Voz de Jesús: ¿El Amor?. En Mí lo he hallas en todas partes; en las llagas de Mis pies, en las llagas de Mis manos, en la llaga de Mi Corazón. Y en todas las llagas de Mi flagelación... y en las que no se veían: las llagas invisibles que me hacían los pecados de los hombres de todos los tiempos... todas esas llagas ardían por el amor de un Dios prendado de Sus criaturas...
Te lo he dicho: la locura de un Dios, de quien cada movimiento es adorable y perfecto. Fusiona tu pobre amor con el que el Hijo del hombre ofrenda al Padre. Entre los dos haremos grandes cosas.
¿Te extraña que necesite de ti? Recuerda lo que decía San Pablo: "Lo que falta a la Pasión de Cristo es vuestra unión colaboradora".
Hija mía, al contemplar Mi Amor viviente en ti, desarrollarás el tuyo y Me lo entregarás para que Yo lo aumente. ¿No has preguntado muchas veces: "¿Cómo hacer para aumentar el amor entre nosotros?" Mira a menudo el Mío e implórale. ¿Qué mejor cosa podrías hacer en la vida y qué fin más amable que este?... Ámame en todas partes, ámame siempre. Sobre todo, no te desalientes.
Aunque no sientas la respuesta, sabes que la Respuesta te es dada, más tarde lo verás. Ama como un niño y como una esposa. Ama al Amor...
30 de Abril de 1942
NOVENA A LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo. DÍA 2º
ORACIONES INICIALES
Por la señal + de la Santa Cruz, etc.
En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Te adoro, oh Jesús mío, Hijo de Dios vivo y de María Virgen, que por mi amor diste la vida en el Ara de la Cruz. A Ti me consagro con todo mi corazón, suplicando humildemente que te dignes imprimir en mi alma la imagen de Tu adorable Faz.
¡Oh Padre Eterno! Mira la Santa Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y por Sus méritos infinitos concédeme un ardiente deseo de reparar las injurias hechas a Tu Divina Majestad y la gracia que deseo obtener en esta Novena. Así sea. (Pídase aquí por la necesidad o gracia espiritual que se desea obtener)
ORACIÓN DEL DÍA SEGUNDO
un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
JACULATORIA
¡Muéstranos, Señor, Tu Santa Faz y seremos salvos!
ORACIÓN FINAL
Oh Dios Omnipotente y Misericordioso, concede, te pedimos, que cuantos veneramos la Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, desfigurada en la Pasión a causa de nuestros pecados, merezcamos contemplarla eternamente en el resplandor de la Gloria Celestial. Amén.
Y terminamos en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
domingo, 20 de febrero de 2022
LOS SIETE DOMINGOS EN HONOR DE NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ. Cuarto Domingo
PREPARACIÓN
Este ejercicio piadoso en honra del Glorioso San José apenas te llevará unos minutos; procura hacerlo teniendo cerca una imagen suya, que bien puede ser la que acompaña este artículo. Luego, recogido de las preocupaciones cotidianas, intenta adentrarte en espíritu en la casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?
Por la señal + de la Santa Cruz, etc.
En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
OFRECIMIENTO
Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo.
DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ
ORACIÓN
Oh Santo fidelísimo, que tuviste parte en los Misterios de nuestra Redención, Glorioso San José; aunque la Profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María te causó dolor mortal, sin embargo te llenó también de alegría, anunciándote al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.
Por este dolor y por este gozo consíguenos ser del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.
Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria.
Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
NOVENA A LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo. DÍA 1º
ORACIONES INICIALES
Por la señal + de la Santa Cruz, etc.
En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Te adoro, oh Jesús mío, Hijo de Dios vivo y de María Virgen, que por mi amor diste la vida en el Ara de la Cruz. A Ti me consagro con todo mi corazón, suplicando humildemente que te dignes imprimir en mi alma la imagen de Tu adorable Faz.
¡Oh Padre Eterno! Mira la Santa Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y por Sus méritos infinitos concédeme un ardiente deseo de reparar las injurias hechas a Tu Divina Majestad y la gracia que deseo obtener en esta Novena. Así sea. (Pídase aquí por la necesidad o gracia espiritual que se desea obtener)
ORACIÓN DEL DÍA PRIMERO
un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
JACULATORIA
¡Muéstranos, Señor, Tu Santa Faz y seremos salvos!
ORACIÓN FINAL
Oh Dios Omnipotente y Misericordioso, concede, te pedimos, que cuantos veneramos la Faz de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, desfigurada en la Pasión a causa de nuestros pecados, merezcamos contemplarla eternamente en el resplandor de la Gloria Celestial. Amén.
Y terminamos en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
sábado, 19 de febrero de 2022
JACINTA MARTO, Vidente de Nuestra Señora de Fátima
Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima (Portugal), el 5 de Marzo de 1910, siendo la séptima y última hija de Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Sería bautizada el 19 del mismo mes.
Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. Desde muy joven comenzó a pastorear el rebaño de sus padres, en compañía del hermano Francisco Marto y de la prima Lucía de Jesús, los dos Videntes mayores. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera la más joven de los videntes de Nuestra Señora; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir...
El Cielo favoreció a Jacinta con particulares revelaciones: "No sé cómo fue -comentó una vez a su prima Lucía- he visto al Santo Padre en una casa muy grande, de rodillas, delante de una mesa, llorando con las manos en la cara. Fuera de la casa había mucha gente: unos le tiraban piedras, otros le maldecían y decíanle cosas muy feas. ¡Pobrecito Santo Padre!, tenemos que rezar mucho por él".
En otra ocasión, estando los tres pastorcitos en el campo, mientras rezaban la oración que les había enseñado el Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente y dijo a su prima: ¡Mira! ¿No ves muchos caminos, senderos y campos llenos de gente que llora de hambre y no tienen nada para comer?… ¿Y al Santo Padre, en una iglesia al lado del Corazón de María, rezando?".
Los niños videntes de Fátima, a iniciativa de Jacinta, tomaron la costumbre de ofrecer tres Avemarías por el Papa después de cada Rosario que rezaban.
También contó Lucía que Jacinta vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: "¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!".
Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.
Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de Doña Estefanía. Antes de partir, en una despedida que cortaba el corazón, abrazada a su prima Lucía dijo: "¡Nunca más nos volveremos a ver! Reza mucho por mí hasta que yo vaya para el Cielo. Después allí, yo pediré mucho por ti. No digas nunca el secreto a ninguno, aunque te maten. Ama mucho a Jesús y al Inmaculado Corazón de María y haz muchos sacrificios por los pecadores".
En el hospital sufriría una cruel operación, sin apenas anestesia, que la dejaría debilitada de muerte. La Virgen le había anunciado el día de su muerte (1), por eso, el día 20 de Febrero de 1920, entonces primer Viernes, empezando la Cuaresma, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis, que no le suministró la Comunión en Viático pues creía que la niña exageraba al asegurar que ese mismo día moriría. A las 10:30 de la noche, la Virgen Nuestra Señora vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.
La Santa Misa de cuerpo presente se ofició en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cadáver estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Su virginal cuerpo sería transportado a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Posteriormente, trasladarían a la pastorcita al cementerio parroquial de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta, comprobando que se encontraba incorrupta, si bien en posteriores reconocimientos se encontró la descomposición natural.
según el Padre Manuel Formigão,
"No se puede dudar de la sinceridad de los niños. ¿Cómo podían representar una comedia tres niños simples e ignorantes, una de diez años de edad, otro de nueve y la otra de siete? ¿Cómo podían mantener sus afirmaciones, a pesar de las amenazas que les hacían, de las persecuciones de las que fueron objeto y de la prisión que sufrieron?.
No pretendieron aprovecharse de sus visiones, ni siquiera para satisfacer su vanidad. Ellos no hablaban de ese asunto sino cuando eran interrogados. Hasta es un hecho constatado por muchas personas que ellos huían y se escondían no raras veces, cuando eran buscados para ser sometidos a interrogatorios".
viernes, 18 de febrero de 2022
LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. QUINTA HORA
forma en su corazón una fuente,
y por cuanto más piensa tanto más
esta fuente sea grande, y como las aguas
que brotan son comunes a todos,
esta fuente de Mi Pasión que se forma
en el corazón sirve para el bien del alma,
para gloria Mía y para bien de las criaturas."
el 10 Abril de 1913
Preparación antes de la Meditación
Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz.
Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora...(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir.
Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar.
Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo...
Primera hora de agonía
Afligido Jesús mío, como por una corriente eléctrica me siento atraída a este huerto... Ah, comprendo que Tú me llamas, y como por un potente imán siento atraído mi herido corazón, y yo corro pensando para mí: “¿Qué cosa es esta atracción de amor que siento en mí? ¡Ah, es mi perseguido Jesús que se encuentra en tal estado de amargura que siente necesidad de mi compañía.” Y yo corro, vuelo, ¿pero qué?, me siento sobrecogida al entrar en este Huerto... es la oscuridad de la noche, la intensidad del frío, el moverse lento de las hojas que como voces lastimeras presagian penas, tristezas y muerte para mi dolorido Jesús. El dulce centellear de las estrellas, que como ojos llorosos están mirando atentas, y haciendo eco a las lágrimas de Jesús me reprochan mis ingratitudes. Yo tiemblo, y en la oscuridad lo voy buscando y lo llamo: Jesús, ¿dónde estás? ¿Me llamas y no te dejas ver? ¿Me llamas y te escondes?”. Todo es terror, todo es espanto y silencio profundo...
Pongo toda mi atención en mis oídos y percibo Su respirar afanoso... y es precisamente a Jesús a quien encuentro. ¡Pero qué cambio funesto ha habido! Ya no es el dulce Jesús de la Cena Eucarística, cuyo Rostro resplandecía con una hermosura arrebatadora y deslumbrante, sino que ahora está triste, con una tristeza mortal que eclipsa Su belleza...Ya está en agonía, y yo me siento turbada al pensar que no escucharé más Su voz, pues parece que muere, y por eso me abrazo a Sus pies, y haciéndome más atrevida me acerco a Sus brazos, le pongo la mano en la frente para sostenerlo y en voz baja lo llamo: “Jesús, Jesús”. Y entonces Él respondiendo a mi voz, me mira y me dice: “Hija, ¿estás aquí? Te estaba esperando, pues el completo abandono de todos es la tristeza que más me oprime. Y te esperaba a ti para hacerte espectadora de Mis penas y para hacerte beber Conmigo el cáliz de las amarguras que Mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio de un Ángel. Lo beberemos juntos, no será un cáliz de consuelo sino de intensa amargura, y siento la necesidad de que las almas que me aman beban alguna gota al menos... Por eso te he llamado, para que tú lo aceptes y compartas Conmigo Mis penas y me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono.”
Ah sí, angustiado Jesús mío, bebamos juntos el cáliz de Tus amarguras, suframos juntos Tus penas, yo no me separaré jamás de estar a Tu lado. Entonces mi afligido Jesús, después de habérselo asegurado, entra en agonía mortal y sufre penas jamás vistas ni escuchadas. Y yo, no pudiendo resistir y queriendo compadecerlo y aliviarlo, le digo: Dime, ¿por qué estás tan triste, tan afligido y solo en este Huerto y en esta noche? Es la última noche de Tu vida en la tierra, pocos momentos te quedan para comenzar Tu Pasión...
Yo pensaba encontrar al menos a la Celestial Mamá, a la amante Magdalena, a Tus fieles Apóstoles, pero por el contrario, solo, solo te encuentro, abrumado por una tristeza que te da muerte despiadada, pero sin hacerte morir. Oh Bien mío y todo mío, ¿no me respondes?, háblame. Pero parece que te falta la palabra, tan grande es la tristeza que te oprime... Oh Jesús mío, esa mirada tuya, llena de luz, sí, pero afligida e inquieta, que parece que busca ayuda... Ese Tu Rostro tan pálido, esos Tus labios tan abrasados por el amor, esa Tu Divina Persona que tiembla toda de pies a cabeza, ese Tu Corazón que te palpita tan fuerte y esos latidos Tuyos que buscan almas y que te dan tal afán que parece que de un momento a otro vayas a expirar... me dicen que Tú estás solo y que quieres mi compañía... ¡Y aquí me tienes, Jesús toda para Ti y Contigo!
Pero mi corazón no resiste al verte tirado por tierra; entre mis brazos te tomo y te estrecho a mi corazón; quiero contar uno a uno Tus afanes, una por una las ofensas que se te presentan ante Tu mente, para darte por todo, alivio, por todo, reparación, y por todo darte mi compasión por lo menos. Pero oh Jesús mío, mientras te tengo entre mis brazos Tus sufrimientos aumentan; siento correr en Tus venas un fuego, siento que la Sangre te hierve y te quiere romper las venas para salir fuera. Dime, Amor mío, ¿qué tienes? No veo azotes ni espinas ni clavos ni Cruz, y sin embargo, apoyando mi cabeza sobre Tu Corazón siento que crueles espinas te traspasan la cabeza, ¿qué flagelos tan despiadados son esos que no te dejan a salvo ninguna partícula, ni dentro ni fuera de Tu Divina Persona y que hacen que Tus manos están contraídas y desfiguradas más que si fuera por clavos? Dime, dulce Bien mío, ¿quién es el que tanto poder tiene, hasta en Tu interior, para atormentarte tanto y hacerte sufrir tantas muertes por cuantos tormentos te da?
Y parece que Jesús bendito abriendo Sus labios exánimes y moribundos me dice: “Hija mía, ¿quieres saber quién es el que me atormenta más que los mismos verdugos, es más, que ellos serán nada en comparación con él? ¡Es el amor eterno!, que queriendo tener la supremacía en todo, me está haciendo sufrir todo junto y hasta en lo más íntimo, lo que los verdugos me harán sufrir poco a poco. ¡Ah hija mía! Es el amor que prevalece por entero sobre Mí y en Mí. El amor es para Mí clavo, el amor es para Mí flagelo, el amor es para Mí corona de espinas, el amor es para Mí todo, el amor es para Mí Mi Pasión perenne, mientras que la Pasión que los hombres me darán es temporal... Ah hija mía, entra en Mi Corazón y vente a perder en Mi Amor y sólo en Mi Amor comprenderás cuánto he sufrido y cuánto te he amado, y aprenderás a amarme y a sufrir sólo por amor”.
Oh Jesús mío, ya que Tú me llamas adentro de Tu Corazón para hacerme ver lo que el amor te hizo sufrir, yo entro en Él, y al entrar encuentro los portentos del amor, que no te corona la cabeza con espinas materiales sino con espinas de fuego, que no te flagela con cuerdas sino con flagelos de fuego, que te crucifica no con clavos de hierro sino de fuego... todo él es fuego que te penetra en Tus huesos hasta la médula, y que destilando en fuego a toda Tu Santísima Humanidad te causa penas mortales, evidentemente más que en la misma Pasión, y prepara un baño de amor para todas las almas que hayan de querer lavarse de cualquier mancha y adquirir el derecho de ser hijas del amor.
¡Oh amor sin fin yo me siento retroceder ante tal inmensidad de amor, y veo que para poder entrar en el amor y comprenderlo, debo ser toda Amor! ¡Y, oh Jesús mío, no lo soy! Pero ya que Tú quieres mi compañía y quieres que entre en Ti, te suplico que me hagas convertirme toda en amor; te suplico que corones mi cabeza y cada uno de mis pensamientos con la corona del amor; te pido, oh Jesús, que con el flagelo del amor flageles mi alma, mi cuerpo, mis potencias, mis sentimientos, mis deseos, mis afectos, en suma, todo, y en todo quede flagelada y sellada por el amor. Haz, oh amor interminable, que no haya cosa alguna en mí que no tome vida del amor... Oh Jesús, centro de todos los amores, te suplico que claves mis manos y mis pies con los clavos del amor para que enteramente clavada por el Amor, en Amor me convierta, el amor entienda, de amor me vista, de amor me alimente, y el amor me tenga toda clavada en Ti a fin de que ninguna cosa, ni dentro ni fuera de mí, se atreva a desviarme y alejarme del amor, oh Jesús”.
Ofrecimiento después de Cada Hora
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos...
Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”.
Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias...
Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.
Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo.
Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...
jueves, 17 de febrero de 2022
REZAR CON UN SALMO...
SÚPLICA A JESÚS, PRISIONERO DEL SAGRARIO, por Santa Teresita de Lisieux
¡Oh Dios escondido en la Prisión del Sagrario!, todas las noches vengo feliz a Tu lado para darte gracias por todos los beneficios que me has concedido y para pedirte perdón por las faltas que he cometido en esta jornada, que acaba de pasar como un sueño...
¡Qué feliz sería, Jesús, si hubiese sido enteramente fiel! Pero, ¡ay!, muchas veces por la noche estoy triste porque veo que hubiera podido responder mejor a Tus Gracias... Si hubiese estado más unida a Ti, si hubiera sido más caritativa con mis hermanas, más humilde y más mortificada, me costaría menos hablar Contigo en la oración.
Sin embargo, Dios mío, lejos de desalentarme a la vista de mis miserias, vengo a Ti confiada, acordándome de que «no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos». Te pido, pues, que me cures, que me perdones, y yo, Señor, recordaré que «el alma a la que más has perdonado debe amarte también más que las otras...»
Te ofrezco todos los latidos de mi corazón como otros tantos Actos de Amor y de Reparación, y los uno a Tus Méritos Infinitos.
Y Te pido, Divino Esposo mío, que seas Tú mismo el Reparador de mi alma y que actúes en mí sin hacer caso de mis resistencias; en una palabra, ya no quiero tener más voluntad que la Tuya.
Y mañana, con la ayuda de Tu Gracia, volveré a comenzar una vida nueva, cada uno de cuyos instantes será un Acto de Amor y de renuncia.
Después de haber venido así, cada noche, al pie de Tu Altar, llegaré por fin a la última noche de mi vida, y entonces comenzará para mí el Día sin ocaso de la Eternidad, en el que descansaré sobre Tu divino Corazón de las luchas del destierro... Amén.