martes, 13 de mayo de 2025

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE FÁTIMA

  



                  Fátima es una región ubicada en el centro de Portugal, unos 100 kilómetros al norte de Lisboa. Consta de numerosas pequeñas aldehuelas escondidas en la elevación conocida como la Sierra de Aire. Una tal aldehuela se llama Aljustrel; y es aquí, y más precisamente en los rocosos pastizales circundantes, que nuestra historia toma lugar. Allí, cuando Europa vivía en medio de la Gran Guerra, Nuestra Señora quiso manifestarse a tres niños: dos hermanos,  Jacinta (7 años) y Francisco Marto (8 años), y su prima Lucía Dos Santos (10 años), de familias muy humildes, eran medio analfabetos, de profesión pastores y dotados de una profunda religiosidad. 

                  Aunque los tres eran Videntes, pues observaron a Nuestra Señora como gracia espiritual, tan sólo Lucía hablaba con Ella; Jacinta solo la escuchaba y su hermano Francisco también gozaba de la visión pero no podía escuchar a la Virgen.


RELATO DE LAS APARICIONES
según las "Memorias" de Sor Lucía Dos Santos


PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL

               Por este tiempo, (Primavera de 1916) Francisco y Jacinta pidieron y obtuvieron permiso de sus padres para comenzar a guardar sus rebaños. Entonces acordamos pastorear nuestros rebaños en las propiedades de mis tíos y de mis padres, para no juntarnos en la sierra con los otros pastores.

               Un bello día fuimos con nuestras ovejas a una propiedad de mis padres, situada al fondo de dicho monte, mirando al saliente. Esa propiedad se llama «Chousa Velha». Alrededor de media mañana comenzó a caer una lluvia fina, algo más que orvallo. Subimos la falda del monte seguidas por nuestras ovejas, buscando un resguardo que nos sirviese de abrigo.

               Allí pasamos el día, a pesar de que la lluvia había cesado y el sol había aparecido, hermoso y claro. Comimos nuestra merienda, rezamos nuestro Rosario, y no recuerdo si no fue uno de aquellos Rosarios que solíamos rezar, cuando teníamos ganas de jugar, pasando las cuentas y diciendo solamente las palabras: “Padre nuestro y Ave María”. Terminado nuestro rezo, comenzamos a jugar a las chinas. Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el día estaba sereno. Vemos, entonces, que, desde el olivar  se dirige hacia nosotros un joven de unos 14 ó 15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía transparente, como si fuera de cristal, y de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros, dijo: 

               – ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo.

               Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras: 

               – ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Os aman. 

              Después, levantándose, dijo: 

              – Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas. 

              Sus palabras se grabaron de tal forma en nuestras mentes, que jamás se nos olvidaron. Y, desde entonces, pasábamos largos ratos así, postrados, repitiéndolas muchas veces, hasta caer cansados. 




SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL

              Pasado bastante tiempo, en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta. De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo: 

               – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios. 

               – ¿Cómo nos hemos de sacrificar? – le pregunté. 

               – En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que El es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe. 

TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL 

              Pasó bastante tiempo y fuimos a pastorear nuestros rebaños a una propiedad de mis padres, que queda en la falda del mencionado monte, un poco más arriba que los Valinhos. Es un olivar al que llamábamos «Pregueira». Después de haber merendado, acordamos ir a rezar a la gruta que queda al otro lado del monte; para lo cual, dimos una vuelta por la cuesta y tuvimos que subir un roquedal que queda en lo alto de la «Pregueira». Las ovejas consiguieron pasar con muchas dificultades.

             Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. En Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces. 

               – Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. 

              Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: 





               – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. 

              Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad... etc.», y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa.

PRIMERA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA, 13 DE MAYO DE 1917

               Estando jugando con Jacinta y Francisco encima de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos, de repente, como un relámpago. 

             – Es mejor irnos ahora para casa –dije a mis primos–, hay relámpagos; puede venir tormenta. – Pues sí. Y comenzamos a descender la ladera, llevando las ovejas en dirección del camino. 

              Al llegar poco más o menos a la mitad de la ladera, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: – No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.

              – ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.

              – Soy del Cielo.

              – ¿Y qué es lo que Vd. quiere?

              – Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí aún una séptima vez (1).

               – Y yo, ¿también voy al Cielo?

               – Sí, vas.

               – Y, ¿Jacinta?

               – También.

               – Y ¿Francisco?

               – También; pero tiene que rezar muchos Rosarios.

               Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor.

                – ¿María de las Nieves ya está en el Cielo?

                – Sí, está. (Me parece que debía de tener unos dieciséis años).

                – Y, ¿Amelia?

                – Estará en el Purgatorio hasta el Fin del Mundo. (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años).

               –¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

               – Sí, queremos.

               – Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.



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               Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: 

               – Oh Santísima Trinidad, yo Os adoro. Dios mío, Dios mío, yo Os amo en el Santísimo Sacramento. 

               Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: 

             – Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra

               En seguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez dijimos que habíamos visto abrirse el Cielo.


NOTAS ACLARATORIAS

              1- Esta «séptima vez» tuvo lugar la mañana del día 16 de Junio de 1921, cuando Lucía se despedía de la Cova de Iría. Se trataba de una Aparición particular y personal.


LA VIRGEN ALCANZA LA CURACIÓN DE SANTA TERESITA. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

  



                 El 25 de Marzo de 1883, mientras se hallaba en casa de sus tíos maternos, Santa Teresita cayó gravemente enferma, víctima de temblores nerviosos. La niña solo tenía diez años y hacía cinco que había perdido a su madre, Celia Guérin.

               A partir de entonces Teresa, dueña de un carácter alegre y feliz, pasó abruptamente a otro, tímido y triste. La enfermedad la tenía angustiada, más, después de la recaída que había experimentado el 7 Abril, al día siguiente de que su querida hermana Paulina tomase los hábitos.

               Y postrada se hallaba en su cama cuando desesperada y abatida por su condición, volteó el rostro hacia la imagen de Nuestra Señora de las Victorias que se hallaba sobre su mesa de luz y le imploró por su pronta curación. (1) 

               Era el 13 de Mayo de 1883, Domingo, Fiesta de Pentecostés, cuando Teresa suplicó con fuerza a la Virgen. Seguramente pensó en muchas cosas y rezó por otras, ignorando que un día como ese, treinta y cuatro años después, la Santísima Madre se le aparecería por primera vez a tres pequeños pastorcitos en la pequeña aldea de Fátima, Portugal, para anunciar al mundo que después de mucho sufrimiento, su Inmaculado Corazón iba a triunfar.

               Rogaba Santa Teresita a la Madre de Dios suplicándole piedad cuando, repentinamente, vio que el rostro de la bendita imagen le sonreía dulcemente.

               Leonia vigila a su hermana en la habitación. Como casi siempre, Teresa gime y llama indefinidamente: “Mamá…, Mamá..”, queriendo que María esté a su lado.

               La hija mayor atraviesa, por fin el jardín, pero la enferma no la reconoce.






               Todas sus hermanas se arrodillan alrededor de la cama. Entonces se produce lo inesperado:

               “De repente la Santísima Virgen me pareció bella, tan bella que nunca había visto cosa tan hermosa, su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables, pero lo que llegó hasta el fondo de mi alma fue la arrebatadora sonrisa de la Santísima Virgen. 
En aquel momento todas mis penas se desvanecieron, dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y corrieron silenciosamente por mis mejillas. Eran lágrimas de una alegría pura…”

          Santa Teresita de Lisieux necesitaba un milagro para curar sus males y llegó de la mano de la Virgen de las Victorias, de la que era fiel devota.

          A partir de ese día, la imagen que Santa Teresita tenía sobre la mesa de luz, pasó a ser llamada “Nuestra Señora de la Sonrisa”. 

           Quien, desde lo más profundo de su corazón, sonríe a los deprimidos y los enfermos de cuerpo y espíritu, aliviando sus dolencias y transmitiéndoles paz.

          Y es que al sonreír, la Reina del Cielo cicatriza nuestras heridas, alivia los dolores, calma los sufrimientos y escucha las súplicas. Su sonrisa transmite amor, disipa los temores, ablanda los corazones más duros, reflota las esperanzas e infunde valor.

          Desde aquel milagroso día, Santa Teresita tuvo esa imagen permanentemente a su lado, hasta el día de su muerte el 30 de Septiembre de 1897, en Lisieux.



Habitación de Santa Teresita en la casa familiar, 
con una réplica de la Virgen de las Victorias


NOTAS

               1  La hermosa imagen de la Virgen pertenecía al padre de Santa Teresita desde que éste era soltero. Al casarse, la talla ocuparía un lugar privilegiado en la casa familiar. En 1894, Celina llevaría a la Virgen de la Victorias al Carmelo de Lisieux, para ser colocada a la entrada de la celda de Santa Teresita; a ella se encomendaría con mucha frecuencia nuestra Santita, como cuando leemos en la primera página de su Historia de un alma"Antes de tomar la pluma, me arrodillé frente a la estatua de María, le rogué que me guiara la mano para que no dibujara una sola línea que le agradara..."





lunes, 12 de mayo de 2025

BEATA IMELDA LAMBERTINI, Patrona de las Primeras Comuniones

 



                    La Beata Imelda Lambertini era hija del Conde Egano Lambertini y Castora Galuzzi, ilustres en nobleza y en virtud. La Condesa, desconsolada porque no tenía hijos, había rogado fervorosamente para que le fuese concedida una hijita, y, según se dice, obtuvo esta gracia por medio del rezo del Santísimo Rosario, del cual era devotísima.

                    Imelda nació en la ciudad de Bolonia, Italia, en 1322, en un ambiente de gran fe y piedad. Desde pequeña asimiló con especial cariño la exquisita educación que recibió. Su amor por Dios, su conducta inusual en el día a día, atrajo la atención de sus padres. La pequeña Imelda pronto llamó la atención por sus celestiales inclinaciones. Cuando lloraba, se sentía consolada al oír los Nombres de Jesús y de María; cuando comenzó a hablar, fueron estos Nombres dulcísimos los que pronunció con más frecuencia. A veces, la encontraban con las manos levantadas al cielo, en oración, y con los ojos anegados en lágrimas de ternura.

                    Los juegos infantiles no le atraían tanto como la oración, de hecho solía ​​esconderse en los lugares más recónditos de la casa para dedicarse a ella. Su madre siempre la encontraba arrodillada y rezando cuando extrañaba a su hija en casa. Permanecía largos ratos sobre las rodillas de su madre, aprendiendo las primeras oraciones. Era muy devota de la Madre de Dios, y, sobre todo, de la Sagrada Eucaristía, por lo que pasaba muchas ho­ras delante del Sagrario, como extasiada. Con frecuencia, se alejaba de las fiestas de familia, y se iba al oratorio del palacio, prefiriendo a todo bullicio el encanto de aquel altarcito, que ella misma arreglaba y adornaba con flores.

                    Cuando tenía nueve años, la niña pidió insistentemente entrar al Convento de las Dominicas, sin embargo, la Madre Superiora trató de persuadirla de que esperara, ya que su edad aún no le permitía ser admitida entre las hermanas del convento; también le preguntó si no estaba feliz de tener padres maravillosos y buenas condiciones de vida en casa, y ella respondió de inmediato que estaba muy feliz, que amaba a su familia, pero que las hermanas tenían algo más que le atraía mucho: "Nuestro Señor". 

                    Finalmente, sus padres, aunque entristecidos, se dieron cuenta de que Dios había reservado algo extraordinario para la pequeña.  Por lo tanto, terminaron aceptando qu su pequeña se consagrara a Dios.

                    Una vez consumado su deseo, todo fue motivo de alegría para ella, los momentos de oración, el hábito de las Hermanas, el silencio... Fue muy querida por las Dominicas, que intentaron privarla de los servicios y del rigor de la Regla, pero fue inútil, pues quería acompañar a las Hermanas en todo, participando plenamente y ayudando en las obras monásticas del convento, como cuando se levantaba en medio de la noche y caminaba por los grandes salones del Convento, caminando y rezando en silencio a los Maitines.

                    La visita al Tabernáculo hizo que su alma se desbordara de alegría. Solo la pronunciación de cualquier tema relacionado con la Sagrada Eucaristía, hacía que su rostro se transfigurara instantáneamente y es que anhelaba recibir la Sagrada Comunión. En cierta ocasión Imelda diría a las Hermanas: "No entiendo por qué la gente que recibe a Nuestro Señor no muere de alegría". 

                    En esa época, los niños menores de 12 años no podían recibir la Primera Comunión, sin embargo, como cuando quiso entrar al Convento, Imelda pidió ser dispensada para recibir a Jesús Sacramentado. Reiteradamente suplicó al Capellán del Convento que la dejase comulgar, pero no obtuvo esta gracia, su edad lo impedía, era demasiado pequeña...

                    En el año 1333, tenía 11 años cuando, después de la Santa Misa, la última monja que salió de la Capilla observó que la pequeña Imelda, como de costumbre, se quedó allí sola rezando un poco más. Ya había sido cerrada la puerta del Sagrario y estaban apagados los cirios del Altar, mientras las Religiosas se dirigían a sus ocupaciones, Imelda se quedó postrada en tierra, en el coro, con gran desconsuelo... entonces sucedió algo extraordinario: de repente, el coro se iluminó con una luz milagrosa y se llenó de un aroma suavísimo, que, esparciéndose por todo el Convento, atrajo otra vez hacia la iglesia a todas las monjas. Una Hostia flotaba sobre la pequeña Imelda y la iluminaba con una luz blanca. Una Hermana, testigo ocular del prodigio, llamó rápidamente a las otras monjas y todas participaron del milagro. 

                    La Madre Superiora entendió que aquél prodigio era una manifestación real de Dios para que la niña recibiera la Primera Comunión, hizo llamar al Capellán del Convento. Al llegar el Sacerdote, tomó una patena y se dirigió a la Sagrada Hostia. Tan pronto como se acercó a la niña arrodillada, la Hostia descendió a la patena que portaba el Sacerdote que tomándola, se la dio a comulgar a Imelda, que de inmediato inclinó la cabeza en oración.

                    La pequeña religiosa permaneció así, recogida y en silencio, frente a las Hermanas durante mucho tiempo. En un momento determinado, la Superiora se acercó a ella y viendo que no se movía, trató de levantarla con cuidado por los hombros pero la niña cayó en sus brazos, con una delicada expresión de inexplicable alegría en su rostro. Se había ido al Cielo en ese momento sublime. La alegría de recibir a Nuestro Señor fue demasiado para el corazoncito que ardía por la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristíaera el 12 de Mayo de 1333.

                    El Papa León XII la declaró Beata el 20 de Diciembre de 1826, y además autorizó su Oficio Litúrgico y Misa propia. En 1910 el Papa San Pío X la proclamó Patrona de las Primeras Comuniones.

                    Aún hoy, transcurridos más de 690 años, su cuerpo virginal está incorrupto, protegido por una campana de cristal, en la Iglesia de San Segismundo, en Bolonia. 



IMELDA
por Jacinto Verdaguer


De Jesús Sacramentado
Imelda está enamorada:
ante Él se pasa las noches
del atardecer al alba.

Mas, ¡ay!, las pasa llorando,
de mal de amor y añoranza.
De Su Sangre tiene sed,
y hambre de Su Carne Santa;
y no puede todavía
comer el Pan de las almas.

Le falta un Abril a dos
para ser de Él enramada:
muy linda tendrá que ser
si tan grande Amor la enrama.

A las plantas de Jesús
llora la pobre novicia:
- Me dicen que por pequeña
no comulgo todavía.
Pues Vos, ¡mi amable Jesús!,
¿por ventura no decías:
"Dejad que los pequeñuelos
vengan en Mi compañía?"
¿No amabais Vos a los niños?
¿No lo erais Vos, mi delicia?
Jesús, ¡compasión de mí,
que de amor me siento herida!
Si no me acudís bien presto,
no me encontraréis ya viva.

El día de la Ascensión
despierta antes que la aurora:
sale al jardín del Convento
a cortar lirios y rosas.
En cada flor que recoge
pone un beso de su boca.
Dice: al lado de mi Amor
hoy exhalarás tu aroma:
¿y yo habré de estarme lejos
habiendo de ser Su esposa?

La campana del Convento
al templo llama a las monjas;
ella su ramito lleva
y en el Altar lo coloca,
donde quisiera quedarse
para aspirar los aromas;
no los que exhalan las flores,
sino Aquel que la enamora.

Como abejas al panal
se acercan a Dios las monjas:
ella comulgar no puede
y se está detrás de todas.

Ve cuál fluye aquella Fuente
y ardiente sed la devora;
de aquellas aguas del Cielo
beber no puede una gota
y en lágrimas y suspiros
su corazón desahoga.

De manos del Sacerdote
de pronto vuela una Hostia,
y va hasta Imelda volando,
como blanca mariposa.

El Sacerdote la sigue
y el copón bajo coloca
para que retorne al nido
el pichoncito de gloria.

Mas Él volando, volando,
nunca desciende a la copa,
pues no quiere Separarse
de Su celestial paloma.

El Sacerdote, inspirado,
lo pone a Imelda en la boca...
Ya tiene lo que ella quiere;
nada en río de delicias.

No pudiendo soportarlas
cae al suelo amortecida,
y cual cristal que se rompe
su vida al romperse... expira.

Imelda muere de amor:
¡bien haya el que quiso herirla!
Quien de tal modo la hirió
bien será su medicina.

Hoy cuando asciende a los Cielos
la lleva en Su compañía.
¡La primera Comunión
le es Viático a la niña!



domingo, 11 de mayo de 2025

"QUE ME CONSUMAS SIN CESAR, PARA QUE PUEDA SER UNA VÍCTIMA DE TU AMOR ", Marie Rose Ferron

  

                Breve reseña biográfica de un alma que se configuró con Cristo a través del sufrimiento.

               Marie Rose Ferron nació el 24 de Mayo de 1902 en Saint Germain de Grantham, Quebec (Canadá), siendo la décima hija de una familia de quince hijos. En 1906, cuando Rose tenía 4 años, su familia se mudó a Fall River, Massachusetts (Estados Unidos de América). En Mayo de 1925, la familia se muda otra vez, a Woonsocket, en el estado americano de Rhode Island, donde pasaría el resto de su vida.

               Desde muy pequeña destacó en la Piedad Cristiana; así, cuando tenía seis años, Rose tuvo una Visión del Niño Jesús. "Lo vi con una cruz" , dijo, "y me miraba con tristeza a los ojos"Tal vez sería aquella aparición como el prólogo de la vida de sacrificio que Nuestro Señor le brindaría más adelante.







               Cuando tenía siete años, Jesús le enseñó una oración que Marie Rose recitaría a diario:
          "Señor Jesús, cuando reflexiono sobre las palabras que pronunciaste, "Muchos son llamados, pero pocos son escogidos, " comienzo a temblar por aquellos a quienes amo; Te ruego los mires con Misericordia: y he aquí que, con infinita ternura, colocas su salvación en mis manos, por así decirlo, porque todo se le promete a aquel que sabe cómo sufrir Contigo y por Ti. Mi corazón sangra bajo el peso de la aflicción, pero mi voluntad permanece unida a la Tuya, y clamo a Ti: '¡Señor, es por ellos que quiero sufrir!' ¡Quiero mezclar mis lágrimas con Tu Sangre para la salvación de aquellos a quienes amo! No harás oídos sordos a mi grito de tristeza y los salvarás"

                Desde muy temprana edad tuvo que ayudar a sus padres en la faena; sufre un accidente con apenas 13 años, que le obligará a llevar muletas para andar, por eso es comprensible que Marie Rose se viera destinada a estar discapacitada de por vida, y así un aire de tristeza y soledad dominara su niñez. 

                Otra aflicción que afectó profundamente a Marie Rose fue su incapacidad para asistir a la escuela. "Me sentí como si estuviera ciega, a tientas en la oscuridad" , anotó en su diario. "No tenía nada que esperar, ninguna esperanza de mejorar mi condición. Contemplé mi ignorancia ante mis ojos, y eso me desanimó más que mis enfermedades. El tiempo, que suaviza todo, incluso los sufrimientos, aumentó el mío: me rompieron corazón." 

                Y es que ser Alma Víctima era sin duda la misión de Marie Rose. La madre de Marie Rose, Delima Mathieu Ferron, era de una rara virtud. Desde su primer embarazo, ella dedicó a cada uno de sus hijos recién nacidos al Misterio del Rosario y, al tener quince hijos, completó las quince décadas. Marie-Rose, o simplemente Rose, como se la llamaba a menudo, estaba destinada a ser la niña dedicada al décimo Misterio, la Crucifixión.

                Lo que es aún más notable es que a partir de entonces, Rose no participó de más alimentos sólidos. Durante once años, hasta su muerte, Rose tomó sólo alimentos líquidos e incluso esto a veces no pudo mantener. Al darse cuenta de que podía recibir la Sagrada Comunión, un Sacerdote una vez le dio algunas pequeñas partículas no consagradas. Inmediatamente la enfermaron. Además, cuatro años antes de su muerte, ni siquiera bebió agua durante un período de tres meses.

                Su abstinencia de comida y bebida fue solo el comienzo de muchos fenómenos místicos 
extraordinarios y de profundo sufrimiento. A lo largo de todo este tiempo permaneció dócil a la autoridad, tanto médica como espiritual, y con delicada discreción intentó alguna vez evitar la publicidad. 

                          





           Durante los éxtasis que experimentaría en el lecho del dolor, no podía ser levantada, incluso por 4 hombres adultos, aunque no pesaba más de cincuenta kilos. 

                El Obispo Diocesano, Mons. Hickey, autorizó un oratorio privado al lado de la habitación de Rose. Cuando se decía allí la Misa, especialmente en las Fiestas de la Santísima Virgen, Rose soltaba éxtasis en las oraciones de apertura, pero siempre revivía en el momento de la Comunión. En general, en el instante en que recibía la Sagrada Hostia, su cabeza caía hacia atrás y nuevamente se sumía en éxtasis. De hecho, el amor de Rose por la Eucaristía fue intenso y durante años tan sólo se alimentaba del Pan Eucarístico; cualquier otro alimento le causaría severos trastornos digestivos. 

               A partir de Marzo de 1926, Rose comenzó a sufrir los Sagrados Estigmas de la Pasión; padeció las heridas de los azotes de la Flagelación; a partir de 1927, sufriría cada Viernes la Pasión de Jesús en su débil cuerpo. Un Sacerdote que examinó estas heridas en 1930 escribió:  "La sangre me olía a un olor dulce, algo parecido a un perfume, mis manos se saturaron con él... No era un olor transitorio, ya que el olor persistía hasta la mañana siguiente."

               Los estigmas del corazón comenzaron durante la época de Cuaresma de 1929. Trajeron dolores tan agudos a Rose que a veces se desmayó en la inconsciencia. Ella dijo que el dolor interior era "espantoso". A veces el dolor se sentía intensamente en su espalda, "donde la lanza parece haberse detenido". 


              Las heridas de la Corona de Espinas se asemejaban, en palabras de la madre, a "dos cuerdas pesadas que rodean su cabeza". Los agujeros hechos por las espinas hicieron que Rose sintiera "como si su cabeza se estuviera abriendo". Estos estigmas espinosos nunca desaparecieron por completo. Todavía eran visibles después de su muerte. Fueron pocos pero muy fieles los testigos de estas estigmatizaciones de los Viernes.

                Configurada con Cristo a través del dolor, Rose Ferrón sabía que estaba siendo torturada en el lugar de los demás y aceptó su vocación de llevar en su propio cuerpo el dolor físico que los libraba. En eso, también, ella se parecía a su Maestro, cuyo amor lo impulsó a soportar el castigo de la humanidad en su lugar.





                Durante sus últimos cinco años en la tierra, no portaba estigmas, excepto los de la cabeza. Pero sus sufrimientos no cesaron. Todos los viernes, la sangre corría a los miembros que habían soportado las heridas y causaban un dolor aún mayor que antes. 

               Mientras estaba en éxtasis el 13 de Abril de 1929, en presencia de seis visitantes, Rose le preguntó a su Salvador cuánto tiempo aún tenía que sufrir, y luego repitió en voz alta la respuesta:"¡Siete años!Comenzó a contar la edad que tendría después de siete años más, y se detuvo a los treinta y tres. Cristo pareció preguntarle si eso era demasiado largo, porque ella dijo con gran entusiasmo:"¡Oh, no! Ven a buscarme cuando quieras. Estoy listo para sufrir cien años, si lo deseas. Es mi sacrificio para permanecer."

               Como se le reveló previamente, Marie Rose Ferron murió en 1936 a la edad de treinta y tres años. La muerte la liberó del sufrimiento que la perseguía día tras día. "Dios y las víctimas son los únicos que saben lo que significa la palabra Cruz" , había comentado, y sus últimas dos semanas se llenaron con la abrumadora realización de la verdad de esta afirmación. Rose ya no podía ver. Sufría tantos dolores en la cabeza que el menor sonido era como un golpe, y cualquier ruido hacía que se desmayara. El último día de Abril de 1936, perdió completamente la audición y el habla.

               El 6 de Mayo, el Padre Boyer llamó a la una en punto de la mañana. "Entré a la habitación" , escribió en su biografía, "y cuando vi la condición en la que estaba, me conmoví. No podía reconocerla, estaba tan cambiada, su rostro no solo estaba desfigurado, sino también deformado. Tenía los ojos medio cerrados y en en sus esquinas se acumulaba sangre espesa, su tez era de color rojo cobre y su piel parecía áspera e hinchada, su respiración era dolorosa, su boca estaba abierta y retorcida con una expresión desgarradora. Era como un crucifijo moribundo, esperando la consumación de su martirio ". 





               Rose vivió cinco días más. En la muerte ella todavía tenía "la expresión de angustia incrustada en su rostro". Pero como las mujeres, a quienes ella misma había designado para preparar su cuerpo para el ataúd, le lavaban la cara, sus espantosas distorsiones desaparecieron. Un cambio vino sobre sus rasgos con cada golpe de la toalla. Su rostro apareció envuelto en una encantadora sonrisa. Era tan natural que un médico fue llamado específicamente para determinar su muerte. Seguramente era la belleza interior de sus virtudes la que irradiaba su rostro externo. 

              Después de un intenso período de sufrimiento en unión con Jesús por la conversión de los pecadores, Marie Rose Ferron tomó vuelo al Cielo el 11 de Mayo de 1936, a los 33 años, tal como Jesús le dijo en éxtasis unos siete años antes. Vestía el hábito de la Congregación Religiosa que había fundado después de las instrucciones de su Señor, aunque murió sin verlo progresar más allá de la aprobación del Obispo Hickey bajo el nombre de las Hermanas de Reparación de las Sagradas Llagas de Jesús. "Jesús necesitará esta Comunidad en poco tiempo" , había dicho ella.

              Queremos terminar con la Oración de Ofrecimiento con el que Marie Rose entregaba sus molestias y dolores a Nuestro Señor:  "Me ofrezco como Víctima, un holocausto para vivir en constante caridad, rogándote, oh Jesús mío, para que me consumas sin cesar, para que pueda ser una víctima de Tu Amor... "




jueves, 8 de mayo de 2025

PRIMERA COMUNIÓN DE SANTA TERESITA. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

                 


               "Finalmente llegó el más hermoso de los días. ¡Qué inefables recuerdos han dejado en mi alma hasta los más pequeños detalles de esta jornada de Cielo...! El gozoso despertar de la aurora, los besos respetuosos y tiernos de las profesoras y de las compañeras mayores... La gran sala repleta de copos de nieve, con los que nos iban vistiendo a las niñas una tras otra. Y sobre todo, la entrada en la capilla y el precioso canto matinal "¡Oh Altar Sagrado, que rodean los Ángeles!..."

                Pero no quiero entrar en detalles. Hay cosas que si se exponen al aire pierden su perfume, y hay sentimientos del alma que no pueden traducirse al lenguaje de la tierra sin que pierdan su sentido íntimo y celestial. Son como aquella "piedra blanca que se dará al vencedor, en la que hay escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que la recibe".

                ¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma...! Fue un beso de amor. Me sentía amada, y decía a mi vez: "Te amo y me entrego a Ti para siempre".

               No hubo preguntas, ni luchas, ni sacrificios. Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, Él era el Dueño, el Rey. ¿No le había pedido Teresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!

               Su alegría era demasiado grande y demasiado profunda para poder contenerla. Pronto la inundaron lágrimas deliciosas, con gran asombro de sus compañeras, que más tarde comentaban entre ellas: "-¿Por qué lloraba? ¿Habría algo que la atormentaba? -No, sería porque no tenía a su madre a su lado, o a su hermana la carmelita a la que tanto quiere". No comprendían que cuando toda la alegría del Cielo baja a un corazón, este corazón desterrado no puede soportarlo sin deshacerse en lágrimas..."


"Historia de un alma", autobiografía de Santa Teresita 
del Niño Jesús y de la Santa Faz



sábado, 3 de mayo de 2025

DEBEMOS GLORIARNOS EN LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

  

"Nosotros debemos gloriarnos
 en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, 
en quien está nuestra salud, 
nuestra vida y nuestra resurrección, 
y por quien hemos sido salvados y redimidos."

(El Apóstol San Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 14 )



Cuando Yo sea levantado, 
entonces atraeré a todos hacia Mí...

Evangelio de San Juan, cap. 12, vers. 32


               El título de esta conmemoración, proviene del verbo latino "invenio", que se traduce como hallar o encontrar.

               En el sexto año de su reinado, el Emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. 

               Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vinces ("Con esta señal vencerás"). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias en Roma y Trier.

               No tardó en enviar a su piadosa madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo; esto acaeció alrededor del año 320. Una vez en la Ciudad Santa, la Santa Emperatriz Elena, mandó llamar a los más sabios y hasta se valió de torturas para conseguir la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz.

               En el monte donde la tradición situaba el Calvario, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera, y siguiendo el consejo del Obispo de Jerusalén, San Macario, las colocaron una a una sobre un joven muerto (otras versiones especulan que fuese una mujer gravemente enferma) el cual resucitó al serle impuesta la tercera, por lo que enseguida todos entendieron que se trataba de la de Nuestro Señor Jesucristo. 

               Allí mismo mandaría edificar Santa Elena la Basílica del Santo Sepulcro, como desagravio por el templo que  habían dedicado a Venus anteriormente y que fue demolido en pro del Cristianismo. A esta ejemplar monarca, debemos también la recuperación del Huerto de Getsemaní, la construcción de una iglesia cerca de la actual Basílica de la Natividad, otra sobre el Monte de la Ascensión, así como otros templos en la región de Palestina, alrededor de un total de ochenta edificaciones.




               Dios se ha complacido en dar tanto poder a la Santa Cruz que a su sola señal los demonios vuelan; por ella el Sacerdote bendice a los fieles y los devotos reciben abundantes gracias. Los primeros Cristianos le tenían tanta devoción que, según los antiguos Padres, nunca comenzaban ninguna acción sin antes hacer sobre sí mismos la señal de la cruz. En la Edad Media no se comenzaba a escribir ninguna escritura pública, inscripción, ley, etc., sin antes trazar sobre ella la señal de la cruz. Este signo fue aceptado como la firma de los incultos; a menudo precedía al de los eclesiásticos, y en muchos distritos rurales incluso la masa y el pan se marcaban con una cruz antes de hornearlos.


La Tradicional Devoción de
Los Mil Jesús
(edición para imprimir)





PROCLAMACIÓN DE SANTA TERESITA COMO PATRONA DE FRANCIA. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

 

                    El 3 de Mayo de 1944, el Papa Pío XII, según los deseos del Cardenal Arzobispo de París, Monseñor Emmanuel Suhard y de los Obispos franceses, proclamó a Santa Teresita Patrona secundaria de Francia, con igual dignidad que Santa Juana de Arco. 



                    Como quiera que la nobilísima nación francesa tiene desde hace varios siglos como patrona principal a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, y como Patrona secundaria a Santa Juana de Arco, desde su canonización, los Obispos, de común acuerdo, han juzgado oportuno, sobre todo en estos tiempos de dificultad, proveer a los Fieles de Francia otra intercesión especial ante Dios, la de la Santa Carmelita de Lisieux, quien, para que la Fe Católica se conservase siempre firmemente entre sus compatriotas, dio muestras de un gran amor a su patria encomendándola a Dios lo más posible...

                    ...En verdad, Nos mismo, incluso antes de ser elevados al Supremo Pontificado, cuando ejercíamos las funciones de Legado en la ciudad de Lisieux en 1937, recogimos sobre este tema testimonios elocuentes y memorables, hasta el punto de que los deseos que el Cardenal de París, hablando tanto en su nombre personal como en el de los demás Obispos, nos presenta con vehemencia, creemos que deben ser hoy acogidos favorablemente.

                    Por tanto... usando de la plenitud de Nuestro Poder Apostólico, por el contenido de esta carta y de manera perpetua, declaramos e instituimos a Santa Teresita del Niño Jesús Patrona secundaria de toda Francia ante Dios, añadiéndole todos los privilegios y honores litúrgicos que ordinariamente pertenecen a los Patronos celestiales de esta clase. 


Extracto de la Declaración del Patronazgo 
de Santa Teresita como Patrona de Francia



jueves, 1 de mayo de 2025

EL TRATO FRECUENTE, AFECTUOSO Y PERSONAL CON ÉL. Primer Jueves, recemos por la Santidad Sacerdotal

 


                    “Creo que el mal del abandono de los Sagrarios es el que más directamente va contra el Corazón de Jesús... En el orden práctico de la Gloria de Dios y de la vida de las almas, el mal de todos los males es el abandono del Sagrario; y el bien, causa y principio de todos los bienes, es la Compañía del Sagrario”.

                    “El Corazón de Jesús Sacramentado echa de menos en muchos, muchos de Sus amigos el trato frecuente, afectuoso y personal con Él... La Eucaristía abandonada es Jesucristo contrariado con la más amarga de las contrariedades, y las almas y las sociedades privadas de ríos y de mares de bienes.. Yo no sé que se haya hecho jamás más daño a la Vida Cristiana como con este retirar de su circulación al Sagrario”.

                    “Jesús está en el Sagrario no en momentos del día o de la noche, sino todos los minutos del día y de la noche… Y está no en representación de imagen o en una reliquia de un cuerpo, o en una palabra de Su boca, sino que está presente, entero y vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”.


Obispo Manuel González