viernes, 4 de marzo de 2022

LUISA PICARRETA, ALMA VÍCTIMA

 

"Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, 
porque, has escondido estas cosas 
a los sabios y entendidos, 
y se las has revelado a la gente sencilla" 


Evangelio de San Mateo, cap. 11, vers. 25




                Luisa Picarreta nació el 23 de Abril de 1865 en Corato, provincia de Bari, Italia. Aquél día era Dominica in Albis (Segundo Domingo de Resurrección), y Luisa ocupó el quinto lugar entre siete hermanas más; por la tarde del mismo día fue bautizada en la Iglesia Matriz del pueblo. Participó en la vida de su familia, de origen campesino. El padre administraba los campos de un propietario rico y con su familia se trasladaba por largos períodos a una hacienda situada en la altiplanicie de la Murgia. Ya era singular que esta niña dedicara mucho tiempo a esconderse para sumirse por largas horas en la oración. A la edad de 9 años recibió la Primera Comunión y la Confirmación, y empieza a escuchar la voz de Jesús en su interior sobre todo después de haber comulgado; la corrige y la guía en la vida del espíritu para que la ley sea sobre "perfecta imagen" e inspirándose una vida de Nazaret la educa en la mortificación de la voluntad por amor.  A los 13 años siente que debe introducirse en la Meditación de la Pasión de la Pasión de Jesús que empieza cotidianamente. 

               Se une a las “Hijas de María”, Congregación laical asistida en Corato por el Sacerdote Fray Michele De Benedictis (1944-1910) e inicialmente ubicada en la iglesia del ex convento de los Capuchinos. En este lugar se encuentra también un Instituto femenino de señoritas, hijas de familias pudientes, confiado a las Religiosas de la Caridad de la Inmaculada Concepción de Ivrea. Aquí Luisa frecuentará solo las primeras clases de la escuela elemental, teniendo a las Religiosas como maestras.




               Sus padres no notaron la intensa vida interior de Luisa hasta que como a los 17 años, en la primavera, cuando ella estaba en la hacienda en la localidad llamada "Torre Desesperada", Luisa manifestó un misterioso y siempre más frecuente estado de sufrimiento que la hacía perder los sentidos y la sumía en un estado de "petrificación" durante el cual tenía visiones de Jesús quien la escogió como víctima. 

               Los fenómenos se suceden siempre más frecuentemente tanto que la obligan a permanecer en el lecho. Son los preludios de aquello a lo que Luisa llamará en “vida nueva”. Empiezan las incomprensiones familiares y la visita del médico de familia. Incapaz de dar un diagnóstico certero, el médico no encuentra nada mejor que sugerir la "visita" de un Sacerdote. Si obedece a la intervención del agustino Padre Cosma Loiodice que conocía a Luisa gracias a las Hijas de María. Con gran sorpresa, solo la bendición sacerdotal la libró de inmediato del estado de malestar en que se encontraba y esto seguirá haciendo cada vez que se necesite considerablemente por aproximadamente 4 años.

               Luisa se hace Terciaria Dominica con el nombre de Sor Magdalena, en la Iglesia de Santa María Greca. En ausencia de Fray Cosma los Sacerdotes se rehúsan a ir a donde Luisa. Entonces, su madre si dirige al Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe Bianchi dé Dottula, para que disponga un Sacerdote que se ocupe de la vida espiritual de Luisa. El Arzobispo dispone que Don Michele De Benedictis pueda ir a donde Luisa en la ausencia del padre Agustín. Pero en realidad a partir de 1886 asume su cuidado espiritual de modo definitivo.

               Luisa abre el corazón a su Director Espiritual y le cuenta por primera vez lo que le sucede cuando pierde los sentidos, lo de sus visiones y su vida interior. En este período se inicia otro fenómeno que luego acompañará a Luisa durante el resto de la vida: después de haber comido, en un espasmo, se vio obligada a devolver lo que había comido. Todos asegura que la comida se presenta en perfectas condiciones y acompañada de un agradable perfume. Pero el Director, Don Michele, no está del todo convencido de la extraordinariedad de esos fenómenos, por lo que pos la prueba imponiéndole con la “obediencia” muchas cosas que ciertamente no le dan alivio.

              En la segunda quincena de Noviembre de 1887, Luisa, con el consentimiento de su Director, acepta quedarse completamente postrada en cama, ofreciéndose como “víctima voluntaria”. Inicialmente cree que debe ser por cuarenta días para implorar la paz por la guerra en África, pero más adelante entenderá que Jesús le pide que este sacrificio sea continuo por el resto de su vida. Así hasta su muerte, alrededor de 60 años, permanece en su lecho sin ninguna enfermedad y sin que se le vea llaga alguna de decúbito. Mientras por la noche cae en su “estado habitual” de malestar con la “petrificación”, con frecuencia su alma deja su cuerpo para estar con Jesús y escuchar sus enseñanzas.

              Precisamente durante una de estas “salidas”, el 21 de Octubre de 1888, festividad de la Pureza de la Virgen María, vive el primer desposorio místico con Jesús a la presencia de la Virgen María y de Santa Catalina de Siena. Éste se renueva el 7 de Septiembre de 1890, vísperas de la Natividad de María, a la presencia de la Santísima Trinidad en el Cielo y obtiene el don de poder percibir sensiblemente la "habitación" de las Tres Divinas Personas en su alma. Finalmente, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1894 o 1895, vive el místico Desposorio de la Cruz en los lugares de la Pasión en Jerusalén. En esta ocasión recibe los estigmas pero que, después de haberlo pedido decididamente, quedarán invisibles. Gracias a esta experiencia recibe también una profunda conciencia de sus pecados y siente por ellos un vivo dolor.

               Cuando en 1898 Don Michele De Benedictis debido a sus múltiples empeños pastorales deja la dirección espiritual de Luisa, señala como sucesor al Canónigo Don Gennaro De Gennaro (1844-1922), Párroco en San José, en Corato.

               Debido a la extrema reserva de Luisa, el nuevo Confesor, después de haber escuchado lo que le sucedía durante ese "estado", le ordena por obediencia escribir un diario espiritual en el cual debía anotar con diligencia cuanto escuchaba y veía. Al ofrecimiento de su postración en cama se añade "la cruz de escribir" a la cual será fiel, escribiendo cerca de 10 mil páginas, desde el 28 de Febrero de 1899 hasta el 28 de Diciembre de 1938. Dos meses después de haber comenzado a escribir el segundo cuaderno, el Confesor le pide escriba que lo que le había venido pasando en su vida pasada. Nacen así los cuadernos que constituyen una verdadera autobiografía espiritual desde la edad de 9 años.

              Se sustenta la alimentación y el estipendio de la Santa Misa con un trabajo de encaje de “bolillos” que aprendió de niña y acoge a jóvenes que quieren aprender dicho arte. Su casa además de ser una escuela de este arte es una escuela de vida espiritual de la cual no solo reciben los aprendices-discípulas sino que también muchas otras personas que comienzan a frecuentar su casa para escuchar su consejo y pedir su oración.

               Es la venida de la gente que tanto sospecha que el Arzobispo Mons. Tommaso de Stefano, en 1902 dispone que el Confesor ya no vaya a donde Luisa. Pero la prohibición dura sólo unas pocas semanas. Al año siguiente decide ir él mismo en persona visitar a Luisa para interrogarla, concluyendo con un juicio positivo. También su sucesor, el Arzobispo Mons. Francesco Paolo Carrano, visita a Luisa y en 1908 obtiene de la Santa Sede la facultad para que se pueda celebrar la Santa Misa cotidiana en su casa. Cuando en 1910 inauguró en Trani el Hogar Femenino Antoniano del Padre Aníbal María de Francia (1851-1927), se los entregó a la religiosa siciliana sobre Luisa y su Diario. 

               El Padre Aníbal María de Francia, queda conquistado de inmediato por la espiritualidad de Luisa a quien visita repetidamente. De manera particular le fascina su modo de meditar la Pasión de Nuestro Señor, tanto como le pide que escriba en un cuaderno a parte de sus reflexiones. Nace así la obra de la que se encargó él mismo de publicar en 1915, con el título de “El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con afectivas consideración y reparaciones”. Ante el gran éxito encontrado, decide publicarlo en una nueva edición del mismo año y luego en 1917 y 1925. El texto fue enriquecido progresivamente con otras prácticas y algunas oraciones. Pero sobretodo con un Apéndice que contiene por primera vez algunas páginas del Diario con el título “Tratado de la Divina Voluntad”.

               Hasta 1926, el Padre Aníbal revisó los primeros 18 volúmenes del Diario, y como resultado de la correspondencia entre Luisa y él, se preparó a publicar los textos. De hecho, el Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe María Leo, había nombrado "Censor Eclesiástico" para las publicaciones de sus Diócesis y después de haber obtenido el "Nihil Obstat" de Padre Aníbal, puso también en "Imprimatur" directamente en el primero 18 tomos manuscritos del Diario, renunciando al permiso para la publicación. La muerte de Padre Aníbal, sin embargo, impidió la realización de este proyecto editorial.

               Según el Padre Aníbal, en el Prefacio que él mismo escribiera  para el Reloj de la Pasión "Esta Esposa de Jesús crucificado que pasa la noche en éxtasis dolorosos y en toda clase de padecimientos, al verla luego durante el día medio sentado en una cama, trabajando entre las agujas y los alfileres, nada, nada se transparenta, en lo más mínimo de una persona que durante la noche haya sufrido tanto, nada, nada que deje entrever algo de extraordinario, de sobrenatural, al contrario: en todo su aspecto es una persona sana, alegre y jovial. Habla, conversa, en ocasiones ríe, pero tiene pocas amigas. En ocasiones algún corazón atribulado se confía a ella, le pide oraciones. Escucha benignamente, consuela, pero nunca habla para profetizar, jamás una palabra que deje entrever alguna revelación. El gran consuelo que presenta, es siempre uno, siempre el mismo argumento: la Divina Voluntad".

               La estima que Luisa tenía por el Padre Aníbal la llevaría a aceptar la invitación de mudarse el 7 de Octubre de 1928 a la casa de las Hijas del Divino Celo, en Corato, que fue construida y consagrada, por voluntad de su Fundador, a la "Divina Voluntad".

                A su muerte Don Gennaro es remplazado como Confesor Don Francesco De Benedictis (1868-1926). Pero el haber muerto también prematuramente fue sustituido por Don Benedetto Calvi (1886-1968) aquí, en colaboración con el rogacionista Padre Pantaleone Palma, le dio un nuevo impulso a la publicación del Diario. De hecho, en 1939 subió a la luz del libro con el título: “En el Reino de la Divina Voluntad. Historia de un alma. Primera Parte. Alba que surge”, en el cual fueron publicados los volúmenes 1º, 2º, 3º y casos todo el volumen 4º del Diario con muchas correcciones respecto al manuscrito original de Luisa. Además también, en 1932 se publicó el libro: “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad. Meditaciones para el mes de Mayo". El cual será reeditado en 1933 y en 1937. Finalmente, Don Benedetto, publica en 1934 la 5ª edición del "Reloj de la Pasión" con el supuesto del Tratado sobre la Divina Voluntad. Estas obras fueron traducidas en alemán en dos Volúmenes (1936 y 1938) por el benedictino Fr. Ludwig Beda.

                Sin embargo, ya a partir de finales de 1930 surgieron las primeras incomprensiones y una primera advertencia de la Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Vaticano, buscando el supuesto provecho económico percibido por Luisa de las publicaciones y la cuestión de la necesidad del Sacerdote para hacer que volviera en sí de su “estado habitual”.

               Las reacciones de los Superiores por la denuncia llegan de inmediato con la prohibición de continuar con las publicaciones. Surgen polémicas también a nivel doctrinal y en relación a la "misión especial y única" de Luisa para dar a conocer las verdades sobre "el vivir en la Divina Voluntad de Jesús".

               La investigación del Santo Oficio, seguida de otras señalaciones, llegó a su culmen en 1938; en en el mes de Julio el Santo Oficio dispuso la inscripción de las obras de Luisa en el Índice de libros prohibidos los libros publicados. El Observatorio Romano del 11 de Septiembre publicó el decreto y un artículo adjunto, explicando las motivaciones de la sentencia de "excesivo misticismo".

               A pesar de tanta prueba, pocos días después Luisa encontró fuerzas para escribir una carta en la cual se somete a la obediencia a la Autoridad de la Iglesia, reprobando y condenando en sus mismos escritos lo que la Iglesia reprueba y condena . Humillada, es obligada a dejar el Instituto Antoniano y se traslada a una habitación privada en donde vivirá los últimos años de su vida.



Luisa Picarreta amortajada con el hábito terciario dominico


               "Luisa la santa" - como solían llamarla sus conciudadanos - entregaba su alma al todopoderoso la mañana del 4 de Marzo de 1947, después de una fuerte pulmonía; su cuerpo no sufre la rigidez cadavérica. Durante  tres días su cuerpo expuesto queda al público y se puede constatar que sus miembros son flexibles a excepción de las vértebras de la columna que le impiden ser extendidas en el ataúd. Por esta razón se construye un ataúd especial, en el que podrá caber sentada, posición en la que todos la llegaron a conocer. Sus funerales con grandísima afluencia, como “un día de fiesta para toda Corato”. Luisa sería sepultada en el Cementerio de la ciudad en la capilla de la familia de Don Benedetto Calvi.

               En Abril de 1947 el Arzobispo de Trani, Mons. Francesco Paolo Petronelli emite el mandato de recoger noticias referentes a Luisa para invocar sobre rehabilitación ante la Santa Sede y un año después, en 1948, el nuevo Arzobispo, Mons. Reginaldo Giuseppe María Addazi OP, concede el permiso de imprimir una estampa de Luisa con una reliquia, dándole el título de “Sierva de Dios”. 



LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. SÉPTIMA HORA

      

"...quien piensa siempre en Mi Pasión 
forma en su corazón una fuente, 
y por cuanto más piensa tanto más 
esta fuente sea grande, y como las aguas 
que brotan son comunes a todos, 
esta fuente de Mi Pasión que se forma 
en el corazón sirve para el bien del alma, 
para gloria Mía y para bien de las criaturas." 


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Picarretta, 
el 10 Abril de 1913


Preparación antes de la Meditación 


               Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz. 

               Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora...(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir. 

               Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar. 

               Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo...




DE LAS 11 A LAS 12 DE LA NOCHE 

SÉPTIMA HORA 

Tercera hora de agonía 
en el Huerto de Getsemaní


               Dulce bien mío, mi corazón no resiste...Te miro y veo que sigues agonizando; la sangre como en arroyos te chorrea de todo el cuerpo y con tanta abundancia que no sosteniéndote de pie, has caído en un lago.¡Oh amor mío, se me rompe el corazón viéndote tan débil y agotado! Tu Rostro adorable y Tus manos creadoras se apoyan en la tierra y se llenan de Sangre; me parece que a los ríos de iniquidad que te mandan las criaturas, quieras Tú dar ríos de sangre para hacer que todas las culpas queden en éstos ahogadas, y dar así con Tu Sangre a cada uno el perdón. ¡Más, oh Jesús mío, reanímate, ya es demasiado lo que sufres; baste ya hasta aquí a Tu Amor! Y mientras parece que mi amable Jesús muere en Su propia Sangre, el Amor le da de nuevo vida. Lo veo moverse penosamente, se pone de pie y así, cubierto de sangre y fango, parece que quiere caminar, pero no teniendo fuerzas, fatigosamente se arrastra... Dulce vida mía, déjame que te lleve entre mis brazos... ¿Es que vas, acaso, a Tus amados discípulos?. ¡Pero cuánto es el dolor de tu adorable Corazón al encontrarlos nuevamente dormidos! Y Tú con voz apagada y trémula los llamas: “Hijos míos, no durmáis, la hora está próxima... ¿no veis a qué estado me he reducido? Ah ayudadme, no me abandonéis en estas horas extremas.” Y casi vacilante estás a punto de caerte a su lado mientras Juan extiende sus brazos para sostenerte. Estás tan irreconocible que de no haber sido por la suavidad y dulzura de tu voz, no te habrían reconocido. 

               Después, recomendándoles que estén despiertos y que oren, vuelves al Huerto, pero con una segunda herida en el Corazón. En esta herida veo, oh bien mío, todas las culpas de aquellas almas que a pesar de las manifestaciones de Tus favores en dones, caricias y besos, en las noches de la prueba, olvidándose de Tu Amor y de Tus dones se quedan somnolientas y adormiladas, perdiendo así el espíritu de continua oración y vigilancia. Jesús mío, es cierto que después de haberte visto y después de haber gustado Tus dones, se necesita gran fuerza para quedar privados y resistir; sólo un milagro puede hacer que esas almas resistan la prueba. Por eso, mientras te compadezco por esas almas, cuyas negligencias, ligerezas y ofensas son las más amargas para Tu Corazón, te ruego que en el momento que llegasen a dar un solo paso que pudiera en lo más mínimo entristecerte, las rodees de tanta Gracia que las detengas, para que no pierdan el espíritu de continua oración.

               Dulce Jesús mío, mientras vuelves al Huerto parece que ya no puedes más; levantas al Cielo el Rostro cubierto de sangre y de tierra y por tercera vez repites: “Padre, si es posible, pase de Mí este cáliz...; Padre Santo, ayúdame, tengo necesidad de consuelo; es verdad que por las culpas que he tomado sobre Mí soy repugnante, despreciable, el último entre los hombres ante Tu Majestad infinita; Tu Justicia está airada contra Mí; pero mírame, oh Padre, pues siempre Soy Tu Hijo y formo una sola cosa Contigo.¡Ah, socorro, piedad, oh Padre, no me dejes sin consuelo!”. 

             A continuación, oh Bien mío, me parece escuchar que llamas en Tu ayuda a la querida Mamá: “Dulce Mamá, estréchame entre Tus brazos como me estrechabas siendo niño; dame aquella leche que tomaba de Ti para darme fuerzas y endulzar las amarguras de mi agonía; dame Tu Corazón que es todo Mi contento. Madre mía, Magdalena, Apóstoles queridos, vosotros todos los que me amáis, ayudadme, confortadme, no me dejéis solo en estos momentos extremos, hacedme todos corona a Mi alrededor, dadme el consuelo de vuestra compañía y de vuestro amor... 

               Jesús, amor mío, ¿quién puede resistir viéndote en estos extremos? ¿Qué corazón será tan duro que no se rompa viéndote ahogado en Tu Sangre? ¿Quién no derramará a torrentes amargas lágrimas al escuchar los dolorosos acentos con que buscas ayuda y consuelo?. Jesús mío, consuélate; veo que ya el Padre te envía un Ángel como consuelo y ayuda, para que puedas salir de este estado de agonía y puedas entregarte en manos de los judíos. Y mientras Tú estás con el Ángel, yo recorreré Cielos y tierra. Tú me permitirás que tome esta Sangre que has derramado para que pueda dársela a todos los hombres como prenda de salvación para cada uno y llevarte el consuelo de la correspondencia de sus afectos, latidos, pensamientos, pasos y obras. 

               Celestial Madre mía, vengo a Ti para que juntas vayamos a todas las almas y les demos la sangre de Jesús. Dulce Mamá, Jesús quiere consuelo, y el mayor consuelo que podemos darle es llevarle almas... Magdalena, acompáñanos; Ángeles todos, venid a ver a qué estado se ha reducido Jesús. Él quiere consuelo de todos y es tal y tan grande el abatimiento en que se encuentra que no desdeña a ninguno. 

               Jesús mío, mientras bebes el cáliz lleno de intensas amarguras que el Padre te ha enviado, oigo que suspiras más, que gimes y que deliras, y con voz sofocada dices: “¡Almas, almas, venid aliviadme, tomad sitio en Mi Humanidad! ¡Os quiero, os suspiro! ¡Ah, no seáis sordas a Mi voz, no hagáis vanos Mis deseos ardientes, Mi sangre, Mi Amor, Mis penas!. ¡Venid almas, venid!”. Delirante Jesús mío, cada uno de Tus gemidos y suspiros es una herida para mi corazón, herida que no me da reposo, por lo que hago mía Tu Sangre, Tu querer, Tu celo ardiente, Tu Amor, y recorriendo Cielos y tierra quiero ir a todas las almas para darles Tu Sangre como prenda de salvación y llevártelas a Ti para calmar Tus anhelos, Tus delirios y endulzar las amarguras de Tu agonía, y mientras hago esto, acompáñame Tú mismo con Tu mirada...

               Madre mía, vengo a ti porque Jesús quiere almas, quiere consuelo; dame, pues, tu mano materna y recorramos juntas todo el mundo en busca de almas...Encerremos en su sangre los afectos, los deseos, los pensamientos y obras, los pasos de todas las criaturas e incendiemos sus almas con las llamas de su Corazón para que se rindan, y así, metidas en su sangre y transformadas en sus llamas las conduciremos en torno a Jesús para endulzarle las penas de su amarguísima agonía. Ángel mío de mi guarda, precédenos tú y prepáranos las almas que han de recibir esta Sangre para que ninguna gota se quede sin su copioso efecto. Madre mía, pronto, pongámonos en camino; veo que Jesús nos sigue con su mirada, escucho sus repetidos sollozos que nos incitan a apresurar nuestra tarea. Y he aquí, oh Mamá, que ya a los primeros pasos nos encontramos a las puertas de las casas donde yacen los enfermos. ¡Cuántos miembros llagados! ¡Cuántos enfermos, bajo la atrocidad de los dolores prorrumpen en blasfemias e intentan quitarse la vida...¡Otros se ven abandonados por todos y no tienen quien les dé una palabra de consuelo ni los más necesarios socorros, y por eso más se lamentan contra Dios y se desesperan. Ay Mamá, escucho los sollozos de Jesús, pues ve correspondidas con ofensas sus más delicadas predilecciones de amor, que hacen sufrir a las almas para hacerlas semejantes a El. Ah, démosles su Sangre para que las provea de las ayudas necesarias y les haga comprender con su luz el bien que hay en el sufrir y la semejanza que adquieren con Jesús.

               Y Tú, Madre mía, ponte a Su lado y como Madre afectuosa toca con Tus manos maternas Sus miembros doloridos, alíviales sus dolores, tómalas en Tus brazos y derrama de Tu Corazón torrentes de gracias sobre todas Sus penas. Haz compañía a los abandonados, consuela a los afligidos; para quienes carecen de los medios necesarios dispón Tú las almas generosas que los socorran; a quienes se encuentran bajo la atrocidad de los dolores obtenles consuelo y reposo; para que así, aligerados, puedan con mayor paciencia sobrellevar todo lo que Jesús dispone para ellos. 

               Sigamos nuestro recorrido y entremos en la estancia de los moribundos... ¡Madre mía, qué terror! ¡Cuántas almas hay a punto de caer en el infierno! ¡Cuántas, después de una vida de pecado quieren dar el último dolor a ese Corazón repetidamente traspasado, sellando su último respiro con un último acto de desesperación!. Muchos demonios están en torno a ellas infundiendo en su corazón terror y espanto de los divinos juicios, dándoles así el último asalto para llevarlas al Infierno; desearían avivar las llamas del Infierno para envolverlas a ellas y no dar así lugar a la esperanza... Otras, atadas por los apegos de la tierra no saben resignarse a dar el último paso... Ah Mamá son los últimos momentos, tienen mucha necesidad de ayuda, ¿no ves cómo tiemblan, cómo se debaten entre los espasmos de la agonía, cómo piden ayuda y piedad?. La tierra ya ha desaparecido para ellas. Mamá Santa, ponles Tu mano materna sobre sus heladas frentes y acoge Tú sus últimos respiros. Demos a cada moribundo la Sangre de Jesús, la que poniendo en fuga a todos los demonios, disponga a todos a recibir los últimos Sacramentos y los prepare a una buena y santa muerte. Démosles el consuelo de la Agonía de Jesús, Sus besos, Sus lágrimas y Sus Llagas; rompamos las ataduras que los tienen sujetos; hagamos oír a todos las palabras del perdón y pongámosles tal confianza en el corazón que hagamos que se arrojen en los brazos de Jesús. Y así Él, cuando los juzgue, los encuentre cubiertos con Su Sangre y abandonados en Sus brazos haga que quieran recibir todo su perdón. 

               Pero continuemos, oh Mamá. Tus ojos maternos miren con amor la tierra y se muevan a compasión por tantas pobres criaturas que necesitan esta Sangre... Madre mía, me siento incitada por la mirada indagadora de Jesús a correr, porque quiere almas. Siento Sus gemidos en el fondo de mi corazón que repiten: “Hija mía, ayúdame, dame almas...” Mira, Mamá, como está llena la tierra de almas que están a punto de caer en el pecado, y cómo Jesús rompe en llanto viendo Su Sangre sufrir nuevas profanaciones... Hace falta un milagro que les impida la caída; démosles pues, la Sangre de Jesús para que encuentren en ella la fuerza y la gracia para no caer en el pecado. 

               Un paso más, Madre mía, y he aquí otras almas ya caídas en culpa, las cuales necesitan una mano que las levante. Jesús las ama pero las mira horrorizado porque están enfangadas, y Su agonía se hace aún más intensa. Démosles la Sangre de Jesús para que encuentren así esa mano que las levante... Mira, Mamá, son almas que tienen necesidad de esta Sangre, almas muertas a la gracia. ¡Oh, qué lamentable es su estado!. El Cielo las mira y llora con dolor, la tierra las mira con repugnancia; todos los elementos están contra ellas y quisieran destruirlas, porque son enemigas del Creador. Oh Mamá, la Sangre de Jesús contiene la vida: démosela pues, para que a su contacto estas almas resuciten y resurjan más hermosas, y hagan así sonreír a todo el Cielo y la tierra. Pero sigamos, oh Mamá. 

               Mira, hay almas que llevan la marca de la perdición, almas que pecan y huyen de Jesús, que lo ofenden y desesperan de Su perdón... Son los nuevos Judas dispersos por la tierra, que traspasan ese Corazón tan amargado. Démosles la Sangre de Jesús para que esta Sangre borre en ellos la marca de la perdición y les imprima la de la salvación; para que ponga en sus corazones tanta confianza y amor después de la culpa que los haga correr a los pies de Jesús y estrecharse a esos pies divinos para no separarse jamás... Mira, oh Mamá, hay almas que corren locamente hacia la perdición y no hay quien detenga su carrera. Ah, pongamos esa Sangre ante sus pies para que al tocarla, ante su luz y ante sus voces suplicantes, que quieren salvarlas, puedan retroceder y ponerse en el camino de la salvación... 

               Continuemos, Mamá, nuestro recorrido. Mira, hay almas buenas, almas inocentes en las que Jesús encuentra Sus complacencias y Su descanso de la Creación, pero las criaturas están en torno a ellas con tantas insidias y escándalos para arrancar esta inocencia y convertir las complacencias y el descanso de Jesús en lágrimas y amarguras, como si no tuvieran más fin que el de dar continuos dolores a ese Corazón divino... Sellemos y circundemos pues su inocencia con la Sangre de Jesús, para que sea como un muro de defensa para que en ellas no entre la culpa: pon en fuga, con Su Sangre, a quienes quisieran contaminarlas, y consérvalas puras y sin mancha para que en ellas Jesús encuentre Su descanso de la Creación y todas Sus complacencias, y por amor de ellas se mueva a piedad de tantas otras pobres criaturas... Madre mía, pongamos estas almas en la Sangre de Jesús, atémoslas una y otra vez con el Santo Querer de Dios, llevémoslas a Sus brazos y con las dulces cadenas de Su Amor atémoslas a su Corazón para endulzar las amarguras de Su mortal Agonía... Pero escucha, oh Mamá esta Sangre grita y quiere todavía más almas... Corramos juntas y vayamos a las regiones de herejes y de infieles... ¡Cuánto dolor siente Jesús en estas regiones! Él, siendo Vida de todos, no recibe en correspondencia ni siquiera un pequeño acto de amor y no es conocido por Sus mismas criaturas... Ah Mamá, démosles esta Sangre para que les disipe las tinieblas de la ignorancia o de la herejía, para que les haga comprender que tienen un alma, y abra para ellas el Cielo. Después pongámoslas en torno a Él como tantos hijos huérfanos y desterrados que al fin encuentran a su Padre, y así Jesús se sentirá confortado en Su amarguísima Agonía. 

               Pero parece que Jesús no está aún contento, porque quiere más almas. En estas regiones de paganos e infieles siente que de Sus brazos le son arrancadas las almas de los moribundos para ir a precipitarse en el infierno. Estas almas están ya a punto de expirar y caer en el abismo, no hay nadie a su lado para salvarlas. ¡El tiempo apremia, los momentos son extremos y se perderán sin duda! No, Mamá, esta Sangre no será derramada inútilmente por ellas, por tanto volemos inmediatamente hacia ellas y derramemos sobre su cabeza la Sangre de Jesús para que les sirva de Bautismo e infunda en ellas la Fe, la Esperanza y la Caridad... Ponte a su lado, Mamá, y suple Tú todo lo que les falta; más aún, déjate ver; en Tu Rostro resplandece la belleza de Jesús, Tus modos son en todo iguales a los Suyos, y por eso, viéndote, podrán conocer con certeza a Jesús. Estréchalas después a Tu Corazón materno, infúndeles la Vida de Jesús que Tú posees, diles que siendo Tú su madre, las quieres para siempre felices Contigo en el Cielo, y así, mientras expiran, recíbelas en Tus brazos y haz que de los tuyos pasen a los de Jesús. Y si Jesús mostrase, según los derechos de la Justicia, que no puede recibirlas, recuérdale el amor con el que te las confió bajo la Cruz, y reclama Tus derechos de Madre, de manera que a Tu amor y a Tus plegarias Él no pueda resistir, y mientras contentará Tu Corazón, contentará también tus ardientes deseos. 

               Y ahora, oh Mamá, tomemos esta Sangre y démosla a todos: a los afligidos, para que sean consolados; a los pobres, para que sufran su pobreza resignados y agradecidos; a los que son tentados, para que obtengan la victoria; a los incrédulos, para que en ellos triunfe la virtud de la Fe; a los blasfemos, para que cambien sus blasfemias en bendiciones; a los Sacerdotes, para que comprendan su misión y sean dignos Ministros de Jesús; toca sus labios con esta Sangre para que no digan palabras que no sean de gloria de Dios; toca sus pies para que corran y vuelen en busca de almas y las conduzcan a Jesús...

              Demos esta Sangre a quienes rigen los pueblos, para que estén unidos y tengan mansedumbre y amor hacia sus súbditos. Volemos ahora hacia el Purgatorio y demos también esta Sangre a las Almas penantes, pues ellas lloran y suplican esta Sangre para su liberación... ¿No escuchas, Mamá, sus gemidos y sus delirios de amor que las torturan, y cómo continuamente se sienten atraídas hacia el Sumo Bien? ¿Ves cómo Jesús mismo quiere purificarlas para tenerlas cuanto antes consigo? Él las atrae con Su Amor, y ellas le corresponden con continuos ímpetus de amor hacia Él, pero al encontrarse en Su presencia, no pudiendo aún sostener la pureza de la divina mirada, no pueden sino retroceder y caer de nuevo en las llamas de amor purificadoras... 

               Madre mía, descendamos en esta profunda cárcel y derramando sobre ellas esta Sangre, llevémosles la luz, mitiguemos sus delirios de amor, extingamos el fuego que las abrasa, purifiquémoslas de sus manchas, para que así, libres de toda pena, vuelen a los brazos del Sumo Bien; demos esta Sangre a las Almas más abandonadas y olvidadas, para que encuentren en Ella todos los sufragios que las criaturas le niegan; demos a todas, oh Mamá esta Sangre, no privemos a ninguna, para que en virtud de Ella todas encuentren alivio y liberación. Haz de Reina en estas regiones de llantos y de lamentos, extiende Tus manos maternas y saca de estas llamas ardientes, una por una a todas las Almas, haciéndolas emprender a todas el vuelo hacia el Cielo...

               Y ahora hagamos también nosotras un vuelo hacia el Cielo. Pongámonos a las puertas eternas y... permíteme, oh Mamá, que también a Ti te dé esta Sangre para Tu mayor gloria. Esta Sangre te inunde de nueva Luz y de nuevos contentos... y haz que esta luz descienda en beneficio de todas las criaturas para darles a todas la gracia de la salvación. Ahora, Madre mía, dame también Tú a mí esta Sangre... Tú sabes cuánto la necesito. Con Tus mismas manos maternas retoca todo mi ser con esta Sangre y retocándome, purifícame de mis manchas, cura mis llagas, enriquece mi pobreza, haz que esta Sangre circule por mis venas y me dé toda la Vida de Jesús, que descienda a mi corazón y me lo transforme en Su mismo Corazón, que me embellezca tanto que Jesús pueda encontrar todas sus complacencias en mí. 

               Ahora sí, oh Mamá, entremos en las regiones del Cielo y demos esta Sangre a todos los Bienaventurados, a todos los Ángeles, para que puedan tener mayor gloria, para que prorrumpan en himnos y acciones de gracias a Jesús y rueguen por nosotros, viadores, para que en virtud de esta Sangre podamos un día reunirnos con Ellos. Y después de haber dado a todos esta Sangre vayamos de nuevo a Jesús. Ángeles y santos, venid con nosotras. Ah, El suspira las almas y quiere hacerla entrar todas en su Humanidad para darles a todas los frutos de su Sangre. Pongámoslas, pues, en torno a El y se sentirá volver la Vida y recompensar por la amarguísima agonía que ha sufrido.

               Y ahora, Mamá Santa, llamemos a todos los elementos a hacerle compañía a fin de que ellos rindan también honor a Jesús... Oh luz del sol, ven a disipar las tinieblas de esta noche para dar consuelo a Jesús. Oh estrellas, con vuestras centelleantes luces descended del Cielo y venid a consolar a Jesús. Flores de la tierra, venid con vuestros perfumes; pajarillos de los aires, venid con vuestros trinos; elementos todos de la tierra, venid a confortar a Jesús. Ven, oh mar , a refrescar y a lavar a Jesús... Él es nuestro creador, nuestra vida, nuestro todo; venid todos a confortarlo, a rendirle homenaje como a nuestro Soberano Señor... Pero, ay, Jesús no busca luz, ni estrellas, ni flores, ni aves... ¡Él quiere almas, almas! Helas aquí, dulce bien mío, a todas junto conmigo: a Tu lado está nuestra Mamá querida... descansa Tú entre Sus brazos; también Ella tendrá consuelo al estrecharte a Su regazo, pues ha participado intensamente en Tu dolorosa agonía... También está aquí Magdalena, está Marta, y están todas las almas que te aman de todos los siglos... Oh Jesús, acéptalas, y a todas di una palabra de amor y de perdón; en Tu Amor átalas a todas para que no vuelva a huirte ningún alma... pero parece que me dices: “¡Ah hija, cuántas almas por la fuerza huyen de Mí y se precipitan en la ruina eterna! ¿Cómo podrá, entonces, calmarse mi dolor, si Yo amo tanto a una sola alma cuanto amo a todas las almas juntas?...”

             Agonizante Jesús, parece que está por apagarse Tu vida, oigo ya el estertor de Tu agonía y veo Tus hermosos ojos eclipsados por la cercana muerte y Tus santísimos miembros abandonados, y siento cada vez más como que ya no respiras, y siento que el corazón se me rompe por el dolor. Te abrazo y te siento helado; te toco y no das señales de vida...¡Jesús! ¿Estás muerto? Afligida Mamá, Ángeles del Cielo, venid a llorar a Jesús; y no permitáis que siga yo viviendo sin Él, porque no puedo. Y me lo estrecho más fuete y siento que da otro respiro, y luego que otra vez no da señales de vida...Y lo llamo: ¡Jesús, Jesús, vida mía, no te mueras! Ya oigo el ruido de Tus enemigos que vienen a prenderte... ¿Quién te defenderá en el estado en que te encuentras?” Y El, sacudido, parece que resurge de la muerte a la vida. Me mira y me dice: “Hija, ¿estás aquí? ¿Has sido espectadora de Mis penas y de tantas muertes como he sufrido? Pues bien, debes saber, oh hija, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en Mí todas las vidas de las criaturas, y he sufrido todas sus penas y hasta sus mismas muertes, dándoles a cada una Mi misma Vida... Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se tornarán para ellas en fuente de dulzura y de vida. ¡Cuánto me cuestan las almas! ¡Si fuese al menos correspondido! Es por eso que has visto cómo, mientas moría, volvía a respirar...Eran las muertes de las criaturas que sentía en Mí.”

               Fatigado Jesús mío, ya que has querido encerrar en Ti también mi vida, y por lo tanto también mi muerte, te ruego que por esta amarguísima agonía Tuya, vengas a asistirme en el momento de mi muerte. Yo te he dado mi corazón como refugio y reposo, mis brazos para sostenerte y todo mi ser a Tu disposición y oh, con cuánto deseo me entregaría en manos de Tus enemigos para poder morir yo en lugar Tuyo...Ven, oh vida de mi corazón, en aquel momento extremo, a darme lo que te he dado, Tu compañía, Tu Corazón como lecho y descanso, Tus brazos como sostén, Tus respiros afanosos para aliviar mis afanes, de modo que al respirar lo haré por medio de Tu respiración, que como aire purificador me purificará de toda mancha y me prepararás la entrada en la felicidad eterna... Más aún, dulce Jesús mío, aplicarás a mi alma toda Tu Humanidad Santísima, de modo que al mirarme me verás a través de Ti mismo y viéndote a Ti mismo en mí, no hallarás nada de qué juzgarme; luego me bañarás en Tu Sangre, me vestirás con la blanca vestidura de Tu Santísima Voluntad, me trasfigurarás en el sol de Tu Amor y dándome el último beso me harás emprender el vuelo de la tierra al Cielo... 

               Y ahora te ruego que hagas esto que quiero para mí, a todos los agonizantes; estréchatelos a todos en el abrazo de Tu Amor y dándoles el beso de la unión sálvalos a todos y no permitas que ninguno se pierda. Afligido Bien mío, te ofrezco esta hora, en la que he hecho memoria de Tu Pasión y de Tu Muerte, para desarmar la justa Ira de Dios por tantos pecados, por la conversión de los pecadores, por la paz de los pueblos, por nuestra santificación y en sufragio de las Almas del Purgatorio. Pero veo que Tus enemigos están ya cerca y Tú quieres dejarme para ir a su encuentro. Jesús, permíteme que te bese en la mejilla, donde Judas osará besarte con su beso infernal. Permíteme que te limpie el Rostro bañado en sangre, sobre el cual van a llover bofetadas y salivazos. Y Tú, estrechándome fuerte a Tu Corazón, no dejarás que te deje jamás, sino que harás que te siga en todo...¡Bendíceme!

               


Ofrecimiento después de Cada Hora

 

                Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos...

               Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”. 

               Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias...

               Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti. 

               Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. 

               Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer... 


LAS HORAS DE LA PASIÓN cuenta con aprobación eclesiástica:
Imprimatur dado en el año 1915 por Mons. Giuseppe María Leo,
Arzobispo de Trani-Barletta-Bisciglie, y con Nihil Obstat 
del Canónigo Aníbal María de Francia





PRIMER VIERNES DE MES... "Mi Divino Corazón será su asilo seguro..."

  


               Cristo Nuestro Señor quiso escoger a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), humilde monja visitandina del Monasterio de Paray-le-Monial (Francia), para revelarle los deseos de Su Corazón y para confiarle la tarea de dar a conocer al mundo esta Devoción, que la Providencia ha reservado para los Últimos Tiempos. 

               Según dejó escrito la Santa, entre los años 1673 y 1675, en la intimidad de el alma, Jesús la hace reposar en Su Divino Pecho, donde descubre a Santa Margarita las maravillas de Su Amor y los secretos de Su Corazón. "Mi Divino Corazón -le dice- está tan apasionado de Amor a los hombres, que no pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con preciosos dones".

               En otra ocasión, volvió Nuestro Señor a manifestarse a la religiosa para hacerle un pedido de Amor y Piedad hacia el Santísimo Sacramento; así lo dejó reflejado Santa Margarita en una misiva: "Un Viernes, en la Sagrada Comunión, me dijo el Señor estas Palabras: Te prometo, en la excesiva Misericordia de Mi Corazón, que Su Amor Omnipotente concederá a todos los que comulguen Nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final; no morirán en Mi desgracia y sin haber recibido los Sacramentos; Mi Divino Corazón será su Asilo seguro en el último momento."  (Carta de Santa Margarita a la Madre Saumaise, de Mayo de 1688)







jueves, 3 de marzo de 2022

PRIMER JUEVES, DEDICADO A ROGAR POR LA SANTIDAD DE LOS SACERDOTES

 



ORACIÓN DE OFRECIMIENTO 
COMO VÍCTIMA POR LOS SACERDOTES


              "Como Tú, Jesús, Te ofreciste como Hostia de propiciación por nuestros pecados; como Tú, Jesús, yo también me he ofrecido en continuo Holocausto de Amor como víctima por la santificación de Tus Sacerdotes.

              Acepta en toda su extensión mi ofrecimiento. No te conformes sólo con el deseo, sino realiza en mí cuanto sea necesario para alcanzar para Tus Seminaristas y para Tus Sacerdotes las gracias necesarias, a fin de que sean más fervorosos, más santos, para que Tú y las almas sean su única obsesión.

              Castiga en mí sus faltas, sus descuidos, sus miserias; sus sufrimientos, sus fatigas y cansancios dámelos a mí; que sienta yo todas sus sequedades. Alíviales, Jesús, la carga, y, en cambio, que sienta yo sobre mis espaldas el peso que Tú les quitaste. ¡Acuérdate que soy Tu Víctima y su Víctima, pues por ellos a Ti me ofrezco."

(Manuel Díaz Martínez, Sacerdote diocesano de Madrid, 1918-1947; se inmoló como Víctima por sus compañeros sacerdotes)



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miércoles, 2 de marzo de 2022

MIÉRCOLES DE CENIZA, INICIO DE LA SANTA CUARESMA

  

Memento homo, quia pulvis es 
et in pulverem reverteris

Libro del Génesis, cap. 3, vers. 19 





                 Hoy es el principio de las penitencias cuaresmales, a semejanza de los cuarenta días de ayuno que Nuestro Señor practicó antes de comenzar su vida pública. La Santa Iglesia nos impresiona saludablemente imponiendo sobre nuestras cabezas la ceniza bendecida; nos recuerda que venimos del polvo y que nuestro cuerpo se deshará en ceniza después de la muerte.

                Para completar la lección sobre la nada de las glorias humanas, conviene saber que la ceniza de hoy se obtiene quemando los olivos, palmas y laureles bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.

               Antiguamente, en el día de hoy, aquellos fieles que habían causado escándalo público, se postraban humildemente en tierra en presencia del resto de cristianos, cubriendo su cabeza con cenizas. Edificados por tal ejemplo de humilde arrepentimiento, muchos quisieron imitarles; al fin la Iglesia extendió esta imposición a los que quisieran; y esta práctica ha sustituido, a pesar de haber sido suprimida la penitencia pública que fue su origen ocasional.



LO QUE ENSEÑA EL CATECISMO TRADICIONAL 
SOBRE LA SANTA CUARESMA


              39. ¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de CENIZA? - El primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los Fieles la sagrada Ceniza.

               40. ¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? - La Iglesia, al principio de la Cuaresma, acostumbra poner la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

               41. ¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza? - Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

               42. ¿Qué hemos de hacer para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia? - Para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno y la abstinencia, y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que de ordinario, 3ª, oír la Palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la Confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión Pascual.






NORMAS SOBRE EL AYUNO 
Y LA ABSTINENCIA

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO 
(pío-benedictino, de 1917)


Canon 1250 

                La ley de la abstinencia prohíbe comer carne y caldo de carne, pero no prohíbe comer huevos, lacticinios y cualesquiera condimentos, aunque sean de grasa de animales.

Canon 1251

               1 La ley del ayuno prescribe que no se haga sino una sola comida al día; pero no prohíbe tomar algún alimento por la mañana y por la tarde, con tal que se observe, respecto de la cantidad y la calidad, la costumbre aprobada en cada lugar.

               2 Tampoco está prohibido mezclar carne y pescado en la misma comida; ni cambiar la colación de la noche con la comida del mediodía.

Canon 1252

                1 La ley de sola la abstinencia se ha de observar TODOS los Viernes del año.

                2 Obliga la ley de la abstinencia con ayuno el Miércoles de Ceniza, los Viernes y Sábados de Cuaresma y los tres días de las Cuatro Témporas, las vigilias de Pentecostés, de la Asunción de la Madre de Dios, de la Fiesta de Todos los Santos y de la Natividad del Señor.

Canon 1253

                Estos cánones no cambiarán los indultos particulares, los votos de cualquier persona física o moral, las constituciones y reglas de cada religión o instituto aprobado, tanto de hombres como de mujeres, que lleven vida en común, incluso sin realizar votos).

Canon 1254

                1 Están obligados a guardar abstinencia cuantos hayan cumplido los siete años de edad.

                2 Obliga la ley del ayuno a todos desde que han cumplido veintiún años de edad hasta que hayan comenzado los sesenta.




LA TERRIBLE REALIDAD DEL INFIERNO. Parte V. En los sueños de San Juan Bosco (I)

  

               Soñé que estaba en una gran sala donde muchos diablos celebraban un congreso para encontrar los medios con los cuales lograr acabar y destruir a la comunidad salesiana (y a cualquiera otra asociación religiosa).

               Un diablo propuso: –Para destruir esta asociación religiosa lo mejor será la GULA. Ella trae desgano para hacer el bien, corrupción de costumbres, malos ejemplos, falta de espíritu de sacrificio, descuido de los deberes del apostolado…



               Pero otro diablo respondió: –Este medio no sirve para la mayoría, porque la comida de los religiosos es bastante sobria y las bebidas alcohólicas son escasas entre ellos. Sus reglamentos mandan que la alimentación sea ordinaria y los superiores vigilan para que no haya exceso en esto. Y el que se excede en el comer y en el beber no sólo produce escándalo entre los demás sino que se atrae el desprecio de los otros. Yo propongo más bien, como medio para acabar con la congregación el inspirarles UN GRAN AMOR POR LAS RIQUEZAS.

               Y añadió: –Es que cuando en una asociación religiosa entra el amor a las riquezas, llega también el amor por las comodidades, y el deseo de tener cada uno su propio dinero para gastarlo en lo que se le antoje, y los religiosos empiezan ya a no pensar con caridad en los demás, sino con egoísmo, cada uno en sí mismo. Y el amor al dinero lleva a los religiosos a dedicarse a los ricos que pueden pagar altas cuotas, y se van olvidando de los pobres.

               Aquel demonio quería continuar hablando pero le interrumpió un tercero que dijo: –¡Qué gula, ni qué amor a las riquezas! Estos religiosos son bastante pobres y bastante sobrios. Además se dedican a atender gentes tan necesitadas, que cualquier cantidad de dinero que les llegue, apenas sí les alcanzará para ayudar a tantos pobres que vienen a pedir su ayuda. Yo en cambio propongo como medio para acabar con su comunidad el incitarles a una EXAGERADA LIBERTAD. Convencerlos de que no es necesario obedecer a los reglamentos de su Congregación. Que hay que rechazar ciertas preocupaciones poco brillantes que se les encomiendan. Que hay que producir movimientos contra sus superiores. Que se puede ir siempre a hacer visitas sin pedir permiso a nadie. Que pueden aceptar toda clase de invitaciones y aprovechar esas ocasiones para salir de casa… y otras cosas semejantes.

               Entonces se adelantó un cuarto demonio y exclamó: –Esos medios que han propuesto resultan bastante inútiles, porque los superiores pueden despedir a los rebeldes. Es verdad que algunos se dejarán deslumbrar por el deseo de tener una exagerada libertad, pero ya verán que la mayor parte de estos religiosos se mantendrán fieles al cumplimiento de su deber. Yo les propongo un medio cuya peligrosidad estos hombres no serán capaces de descubrir tan fácilmente. Consiste en CONVENCERLOS DE QUE LO MÁS IMPORTANTE ES LLEGAR A SER MUY INSTRUIDOS, que su principal gloria será el lograr ser personas de mucha ciencia. Y para eso hay que convencerlos de que estudien mucho para adquirir fama, y no para lograr hacer gran bien a las almas o para ser más Santos. Que se instruyan para provecho propio y no para provecho del prójimo que necesita de su apostolado. Hay que llevarlos a que desprecien a los que no son muy instruidos y que les interese la ciencia solamente, y no el ejercer el ministerio sacerdotal y el apostolado que tiene que hacer un buen religioso. Que no les guste enseñar catecismo a los niños, ni dar clases a los pobres, ni pasar largas horas en el confesionario. Que se dediquen solamente a predicaciones en las cuales puedan lucir todo su orgullo y conseguir alabanzas de las personas humanas, pero no a las sencillas predicaciones en las cuales ayuden en verdad a la salvación de las almas.

               Esta proposición fue recibida con grandes aplausos por todos los diablos. Y yo me puse a pensar con tristeza que a nuestra Congregación (y a muchas otras) puede llegar al terrible peligro de que algunos crean que lo verdaderamente importante es ser muy instruidos y adquirir fama de brillantes ante los demás, y mientras tanto descuiden sus deberes de sacerdotes y de religiosos, esos deberes sencillos y humildes de enseñar catecismo, de confesar, de predicar de manera fácil al pueblo ignorante y de dedicarse a labores de apostolado que no brillan ante los ojos humanos pero que sí tienen un gran valor ante los ojos de Dios.

               Y yo pensaba: ¡qué peligro tan grande el que nos puede venir: que los nuestros deseen solamente la ciencia que hincha y enorgullece y que proporciona alabanzas de la gente, y que esto los lleve a despreciar los buenos consejos de aquellos a los cuales consideran inferiores a ellos en el saber! De pronto uno de los diablos me vio escondido allá en un rincón escuchándoles y entonces todos ellos se lanzaron contra mí tratando de destrozarme. Yo empecé a gritar: ¡Auxilio! ¡Auxilio! Y… me desperté muy conmocionado y muy cansado.


"Los sueños de San Juan Bosco", nº 141



martes, 1 de marzo de 2022

REZAR CON UN SALMO...

 



Salmo 27

(Edición Nácar-Colunga)


               Yahvé es mi luz y mi salvación: ¿a quién temer? Yahvé es el baluarte de mi vida: ¿ante quién temblar?

               Cuando los malignos me asaltan para devorar mis carnes, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que vacilan y caen.

               Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. Aunque se alzare en guerra contra mí, aun entonces estaré tranquilo.

               Una cosa pido a Yahvé, ésa procuro: habitar en la casa de Yahvé todos los días de mi vida, para contemplar el encanto de Yahvé y visitar su santuario.

               Pues Él me pondrá en seguro en su tienda el día de la desventura, me tendrá a cubierto en su pabellón, me pondrá en alto sobre su roca.

              Y ahora mi cabeza se alza sobre mis enemigos, que me cercan, y ofreceré en su tienda sacrificios de júbilo, cantando y salmodiando a Yahvé.

               Oye, Yahvé, el clamor con que te invoco, ten piedad de mí y escúchame.

               De ti mi corazón ha dicho: “Busca Su Faz”; y yo, Yahvé, Tu Rostro buscaré.

               No me escondas Tu Rostro, no rechaces con ira a tu siervo. Sé mi socorro, no me rechaces, no me abandones, ¡oh Dios, mi Salvador!

               Aunque me abandonaran mi padre y mi madre, Yahvé me acogerá.

               Muéstrame, ¡oh Yahvé! tus caminos, guíame por la recta senda a causa de mis enemigos.

               No me entregues a la rabia de mis adversarios, pues se alzan contra mí falsos testigos respirando violencia.

              ¡Ay! ¡Si no creyera que he de contemplar la bondad de Yahvé en la tierra de los vivientes!.

               Espera en Yahvé, esfuérzate; ten gran valor y espera en Yahvé.



YO ME ASEMEJARÉ A TI

 

     

              ¡Jesús! Tu Faz inefable es el astro que guía mis pasos. Tú lo sabes bien. Tu Dulce Faz es aquí en la tierra mi Paraíso. Mi amor descubre los encantos de Tus ojos embellecidos por el llanto. 

             Cuando contemplo Tus dolores sonrío a través de mis lágrimas. Deseo vivir ignorada y solitaria para consolar Tu belleza; esa belleza que se oculta en Tu Faz bajo el misterio del dolor y que tan fuertemente me atrae a Ti. 

             Tu Faz es mi sola patria; Ella es mi reino de amor, mi prado risueño, mi dulce sol de cada día. Ella es el lirio del valle, cuyo perfume misterioso consuela mi afligida alma y le hace gustar la paz de los cielos.

             Tu Santa Faz es mi reposo, mi dulzura y mi melodiosa lira. Tu Rostro, Dulce Salvador, es el divino ramillete de mirra que yo quiero guardar en mi corazón. Tu Faz es mi sola riqueza, no quiero nada fuera de ella. Jesús yo me asemejaré a Ti, y oculta entre los pliegues del velo de la Verónica, atravesaré la vida desapercibida de las criaturas.

             Deja en mi la divina impresión de Tus besos, llenos de dulzura, y pronto llegaré a ser santa y atraeré a Ti todos los corazones. Cuando Tus labios adorados impriman en mí el beso eterno, haz que me abrase de amor, y que este amor levante en el campo de la Iglesia una hermosa cosecha de almas santas.


Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz




CONMEMORACIÓN DE LA SANTA FAZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

               Todo comenzó cuando Nuestro Señor Jesucristo, tras ser brutalmente azotado, golpeado y crucificado, falleció en el pequeño montículo cercano a Jerusalén llamado en hebreo "Gulgoleth", en arameo "Golgotha" y que traducido significa “cráneo pelado”. José de Arimatea ofreció su sepulcro aristocrático para que el Señor fuera sepultado. 




               “Fue también Nicodemo –aquel que anteriormente había ido a verle de noche- con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús” (Evangelio de San Juan, capítulo 19, versículos 38-42).

               El Evangelio de San Lucas especifica que fue envuelto en una sábana, y lo mismo escriben San Marcos y San Mateo, este último concretando que era una sábana limpia.

               Según la costumbre de la época la sábana para amortajar a los difuntos era de lino. En el lugar en que fue enterrado Jesús, un huerto en la ladera del Gólgota, se han descubierto otras tumbas judías de la época. San Juan, en el capítulo 20, versículos 3-10 de su Evangelio, nos dice: “Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no había comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos entonces volvieron a casa”.

               Amando y creyendo que Cristo había resucitado... ¿Resulta lógico que dejaran allí abandonado el sudario? El sudario debió ser para la naciente Iglesia uno de los recuerdos más valiosos del añorado Maestro, hombre y Dios. La primera Guerra Judía contra el poder romano comenzó en otoño del año 66. Al año siguiente las tropas de Vespasiano y Tito tomaban Jerusalén. Antes, no obstante, los judeocristianos abandonaron la ciudad –según relata el historiador del siglo III Eusebio, avisados en sueños- en dirección a la Decápolis, una zona neutral en la que había ciudades como Edessa, Pella, Escitópolis y Damasco. De esta fuga existe un documento del segundo sínodo de Nicea que reza así: “en el bienio anterior a la toma de Jerusalén los judeocristianos -que serían acusados por sus compatriotas judíos de poco patriotismo- se alejaron de la ciudad llevando consigo sus objetos más preciados: imágenes y cosas sagradas...”

               En 1910 se descubrió en la Biblioteca Nacional de Palermo un códice de 1205 en el que Teodoro Angel Comneno, pariente del último emperador bizantino legítimo, dirige una súplica al papa Inocencio III en estos términos. "El año pasado en el mes de Abril y con el falso pretexto de liberar Tierra Santa el Ejército Cruzado vino a devastar la ciudad de Constantino... A la hora de repartirse el botín, los venecianos se llevaron los tesoros de oro, plata, y marfil y los galos - los francos- las reliquias de los santos, de las cuales la más sagrada es el Lienzo en el que Nuestro Señor Jesucristo fue envuelto después de su muerte... Sabemos que las cosas sagradas se conservan en Venecia, en Galia y en otros lugares de los depredadores, pero el Sagrado Lienzo está en Atenas...Que los depredadores se queden con el oro y la plata, pero que nos devuelvan lo que es sagrado...

               En 1241 Balduino II de Courtenay, quinto emperador latino de Constantinopla envió al Rey de Francia, Luis IX, un regalo constituido por reliquias y objetos sagrados que el monarca hizo colocar en la Sainte Chapelle de París. 

               En París, mientras tanto, un monje benedictino llamado Gerardo inventariaba los objetos enviados por Balduino, y entre ellos menciona "una tabla sobre la que reposa la Faz del Señor cuando fue bajado de la Cruz".  En realidad se trataba de la tabla sobre la que descansaba el lienzo de Edessa. Al desplegarse el lienzo, la tabla, santificada por él a lo largo de siglos, fue conservada y sobre ella se pintó tal la vez la primera Santa Faz de las muchas que vendrían después. De hecho, el abad danés Nicolás Bergthorson afirmaba que vio "Un lienzo y un retrato". Ese retrato era la tabla inventariada por el benedictino Gerardo. 

               Entre los años 1307 y 1314 tuvo lugar el proceso de los templarios promovido por Felipe el Hermoso de Francia. Una de las acusaciones vertidas contra Raúl de Gizy y sus cofrades, y que confesaron bajo tortura, era la de "adorar una cabeza barbuda que le daba miedo". ¿Sería el Santo Sudario?. No tiene nada de extraño que fueran los templarios a quienes entregó Otón de la Roche la Síndone en Atenas. Uno de los templarios condenado a la hoguera fue Godofredo de Charny. 



Imagen original obtenida por el abogado y fotógrafo aficionado, 
Secondo Pía, después de conseguir el permiso del Rey Vittorio Emanuele 
para realizar las primeras fotografías de la Sábana Santa de Turín;
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               Treinta y cinco años después de su muerte, un descendiente, llamado también Godofredo de Charny, cayó prisionero en la toma de Calais. Su rescate lo pagó con mil escudos de oro el Delfín de Francia. Arruinado por la guerra, Godofredo solicitó al Papa Clemente VI indulgencias y privilegios para su capilla privada francesa de Lirey - los Papas padecían entonces el destierro de Avignon- y como contrapartida se comprometió a exponer "el sudario de Nuestro Señor Jesucristo". La Santa Sábana salta desde entonces a la luz pública y como ocurre con este tipo de acontecimientos un aluvión de fieles y peregrinos comenzó a visitar la capilla de Lirey. 

               Para ellos el hábil Godofredo acuñaba placas conmemorativas que servían de recordatorio de la visita. A fines del siglo XIX se encontró una de ellas en el Sena. En ella se representa el Sudario tal como se contempla a vista desnuda y los escudos de los Charny y Vergy... Es ahora cuando comprendemos que ese medallón era una reproducción exacta de la Sábana Santa. 

               Las autoridades eclesiásticas autorizaron la exposición de la reliquia amparadas en documentos tan secretos que no han llegado hasta nosotros. En 1453 la noble Casa de Saboya compró el lienzo a la última de los descendientes de los Charny, Marguerite. El lienzo estuvo un tiempo en Chámbery donde en 1532 padeció un incendio que dejó huellas. Luego la llevaron consigo a Turín, donde se venera en la actualidad.


“La Santa Faz”, por Fray Fernando de Santa Inés, carmelita, 1948


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