viernes, 1 de mayo de 2026

SAN JOSÉ, "HOMO FABER", Modelo y Patrón de los trabajadores

 


                       No solo es San José modelo de todos los estados, sino también de diversas clases y oficios de la sociedad. Sin embargo, no puede negarse que lo es especialmente de aquellos que más parecido y semejanza tienen con el oficio que él ejercitó, "Homo faber" (1), tales son los obreros y artesanos. Estos pueden decir a boca llena que San José les pertenece, que es de los suyos.

                       Y es así, en verdad. San José se presta más directamente a la imitación de los obreros, porque obrero fue el Santo Patriarca; y por lo mismo, si vale decirlo, a los obreros y artesanos profesa especial cariño y está a primera vista más dispuesto a favorecer en igualdad de circunstancias.

                       Fácilmente se comprende que tenga San José predilección por los de su clase y oficio, y que se compadezca mejor de sus trabajos, por la sencilla razón de haber pasado por ellos y tener conocimiento experimental de los apuros en que suelen hallarse y de los vejámenes que a veces tienen que sufrir de parte de los patronos y de los ricos. Sabe por experiencia San José lo que es ganar su sustento cotidiano con el sudor de su frente; sabe cómo duele, después de haber estado trabajando con esmero y diligencia todo el santo día, cuando se esperaba el salario con una sonrisa de aprobación al presentar terminada la tarea, ver despreciada su obra, dejar descontento al que la encargó y recabar a duras penas, no sin bochorno, el precio estipulado; sabe qué es pasar un día y otro en forzosa ociosidad por falta de trabajo o excesiva multitud de brazos; qué es echarse encima la noche o acercarse el fin de semana sin poder llevar a casa lo necesario para comprar el sustento de la familia, y verse obligado a pedir que le presten fiado el pedazo de pan que han de llevarse los hijos a la boca. Todo eso y mucho más sabe San José como ninguno, y natural es que a ese conocimiento se siga la compasión y el amor hacia los que padecen las mismas miserias que un día padeció.

                      Pues por lo mismo es el más alto y perfecto modelo, y el que más autoridad tiene para instruir y consolar a obreros y artesanos. Porque San José, que pasó por todas esas molestias y contrariedades de la vida laboriosa, fue, no obstante, en su mortal carrera, feliz en cuanto se puede ser; y ahora que goza de inmenso valimiento en el Cielo, puede ya quiere favorecer a los artesanos y obreros como ninguno.

                       ¿De qué manera? ¿Haciendo que éstos naden en la abundancia? No. ¿Haciendo que desaparezcan de la vida las penas y trabajos? Tampoco. ¿Trayendo la nivelación social y aboliendo la diferencia de clases?. Mucho menos. ¿Pues cómo?. Con lo mismo que él fue relativamente feliz.

                       Lo que hizo relativamente feliz a San José es, en primer lugar, la Fe y la Religión. El conocimiento y esperanza de lo sobrenatural, de otra vida, de otros bienes que no consume el hollín, ni roban los ladrones, ni están expuestos a las vicisitudes de las cosas terrenas. A medida que esta Fe y esperanza crezcan y reinen en el corazón, decrecerá la estima de los bienes de este mundo y no se mirarán como la suprema felicidad del hombre. Nacerá de aquí la resignación cristiana y la confianza en Dios y en Su amorosa Providencia, que nunca desampara a los suyos y acude en la mayor necesidad, y nunca dejará de mover los corazones de los cristianos.

                       Cristo Nuestro Señor y San José, el hijo del artesano y el artesano, que vivieron en la oscuridad y llevaron una vida pobre y laboriosa. Entonces aparecerá con todo su esplendor la excelsa dignidad de los pobres y obreros en la Iglesia, y resonarán con eco potente, para consuelo de los humildes y resignados, las profundas palabras del Salvador del mundo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Se amará la imitación de Cristo; seguirán con holgura las pisadas del Divino Maestro sobre la tierra, y ante la perspectiva de la corona inmarcesible que ha de ceñir eternamente las sienes del humilde y resignado artesano, parecerá menos dura la pobreza y más llevadera la condición de los obreros.

                       Quien se penetre bien de estas ideas, antes será envidiado que envidioso. Pues éstas fueron las que alimentaron y nutrieron el espíritu de San José, y las que él procurará inculcar en el espíritu de los obreros sus devotos.


Extraído de la "Vida de San José"
por el Padre Francisco de Paula García, SI


NOTA

                1) Expresión que deriva del pasaje "Nonne hic est fabri filius? Nonne mater ejus dicitur Maria...?"  (Evangelio de San Mateo, cap. 13, vers. 55); en el siglo IV, cuando San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras del griego al latín, utilizó el término "faber", que se puede traducir por "artesano" o "carpintero"), que corresponde al término griego "tekton", indicando a alguien que trabaja con madera o piedra. 




jueves, 30 de abril de 2026

SANTA CATALINA DE SIENA, Terciaria Dominica

 


                  Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, fue analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Nuestro Señor Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

                 Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

                 Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

                 Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

                 A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

                 Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

                 Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus virginales restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.



VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística


LAS DOS CORONAS

               Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

               «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir solamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

               Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, "la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo Sus estigmas… He visto al Señor clavado en la Cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de Sus Sacratísimas Llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días". Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.



JESÚS LE DA SU CORAZÓN

               En una ocasión Santa Catalina de Siena se encontraba rezando en la capilla de sus hermanos dominicos cuando de pronto cayó en éxtasis. Cuando se recuperó se puso de pie para volver a casa, pero al instante tuvo una visión asombrosa. En esta vio como una hermosa luz bajaba del Cielo y la envolvía. En medio de esa luz apareció el Señor quien traía algo en una de sus manos: ¡era un corazón humano!. El Señor se acercó a Santa Catalina, abrió uno de los costados de ella e introdujo el corazón que había traído. Mientras lo hacía de dijo a la Santa:

               "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el Mío con el cual siempre vivirás".

               Luego del episodio Santa Catalina de Siena quedó con una cicatriz en ese costado como prueba del milagro que Dios había obrado en ella.

               Su Confesor explicaba esto último de esta manera:

               "De lo dicho queda la apertura que [El Señor] le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a contármelo".



miércoles, 29 de abril de 2026

SAN PEDRO DE VERONA, Predicador y Mártir

  


               San Pedro de Verona nació el 29 de Junio de 1205; pese a ser hijo de padres cátaros (también conocidos como "puros" o "albigenses") el joven supo siempre conservarse inmune de la herejía cátara. 

               Al llegar a la adolescencia, Pedro decidió abandonar a su familia, puesto que no se sentía a salvo, y decidió ingresar en la Orden de Frailes Predicadores de la mano de su Fundador, Santo Domingo. Desde ese momento comenzó su incesante lucha contra los infieles. Formado en la Universidad de Bolonia fue predicador incansable en Milán y Venecia, donde consiguió numerosas conversiones.

               Luchando contra las creencias cátaras, se consagró a la formación cristiana de laicos, a la difusión del culto a la Virgen y a la creación de instituciones para la defensa de la ortodoxia católica.

               En Florencia trabó nuevas amistades con los después también canonizados Alexis de Falconieri y los otros seis fundadores de la Orden de Siervos de María, los llamados Servitas, siendo su consejero.

               En 1251 gracias a sus numerosas virtudes, a ser un gran orador y predicador, a su gran conocimiento de la Biblia y a su severidad en su forma de vida, el Papa Inocencio IV lo nombró Inquisidor de Lombardía y Prior en Como; evangelizó por toda Italia, predicando en Roma, Florencia, Bolonia, Génova y Como. La gente acudía a verlo y lo seguía, siendo las conversiones numerosas.

               San Pedro, quien con sus predicaciones se había ganado el odio de sus adversarios, fue asesinado en 1252 en un bosque a medio camino entre Como y Milán. El crimen habría sido urdido por el Obispo hereje Daniele da Giussano y algunos señores milaneses, entre ellos Stefano Confalonieri. Su verdugo, Carino de Bálsamo, le asestó varios golpes en la cabeza con un alfanje, fracturándole el cráneo. Al caer el santo al suelo, su asesino lo abandonó creyendo que yacía muerto. Sin embargo, San Pedro logró incorporarse y escribir en el suelo, con su propia sangre, las palabras: Credo in Deum. Fue entonces cuando Carino dio media vuelta y le clavó un puñal en el pecho hasta la empuñadura. Mientras, el compañero de San Pedro de Verona, Fray Domingo, fue atravesado por una flecha al intentar huir del lugar de los hechos. San Pedro se convirtió así en el primer mártir de la Orden de Predicadores.

               Tras haber cometido el asesinato, Carino de Bálsamo fue tocado por la gracia y mostrando arrepentimiento por la atrocidad del crimen cometido, decidió redimirse ingresando en la Orden de Predicadores. Fue acogido en el Convento de Forli por el hermano del propio Mártir, quien se mostró misericordioso. Desde ese momento, el asesino de Pedro llevó una vida edificante y en la actualidad es venerado en la Orden Dominica como el Beato Carino Pietro da Balsamo.

               San Pedro de Verona sería canonizado el 9 de Marzo de 1253, cuando no había transcurrido aún un año de su muerte; el cuerpo del Protomártir Dominico fue exhumado y hallado incorrupto. Ante el milagroso descubrimiento, el Santo fue expuesto en la Plaza de San Eustorgio para que los fieles pudiesen contemplarlo, momento en el cual se optó por separar la cabeza del cuerpo para custodiarla aparte.

               El Papa Inocencio IV, en su Bula Magnis e Crebris, fechada el 29 de marzo de 1253, concedía una indulgencia a todos aquellos Fieles que visitasen la tumba de San Pedro Mártir, en San Eustorgio de Milán, el día de su Festividad, fijada para el 29 de Abril. 



martes, 28 de abril de 2026

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, Apóstol de la Esclavitud Mariana

 


                       San Luis nació en Montfort, Francia el 31 de Enero de 1673 de una familia muy numerosa, siendo el mayor de 18 hermanos. Uno de ellos murió en su infancia, 3 fueron Sacerdotes y 3 religiosas. San Luis sobresalía entre sus amigos por su habilidad y su extraordinaria fortaleza física. De carácter era más bien tímido y prefería la soledad.

                      Desde joven, San Luis sentía una gran devoción a la Divina Eucaristía y a la Virgen María. Frecuentemente lo encontraban rezando por largo rato frente a una imagen de la Virgen. Cuando tenía suficiente edad, pidió permiso para asistir por las mañanas a la Santa Misa de la Parroquia; como la Iglesia le quedaba a dos millas de su casa, tenía que levantarse muy temprano para llegar a tiempo.  Mientras estudiaba con los Jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases. Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables.

                      Pero no todo en su juventud era de color de rosas. Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Y como Luis era el hijo mayor, era quien sentía más el peso de la furia. Su padre constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su padre, lo cual le hacía aún más difícil soportar aquellas pruebas. Para evitar un enfrentamiento con su padre, y el mal que su ira podría traer, Luis salía corriendo. Así evitaba la ocasión de pecado. Era todo lo que Luis podía hacer para controlar su temperamento... sin quererlo, su padre le proporcionó un medio para entrar en la lucha por la santidad a una temprana edad.

                      En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios en el Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando vio la determinación de su hijo, le dio la bendición. Y así, a finales de ese año, San Luis sale de su casa hacia París.

                      Su tiempo en el Seminario estuvo lleno de grandes pruebas: era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con el, si tratarlo como a un santo o como a un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida más bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Lo humillaban y lo insultaban en frente de todos. Sus compañeros en el Seminario, viendo la actitud de los superiores, también lo maltrataban mucho. Se reían de él, lo rechazaban muy a menudo. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad. Es más, lo miraba todo como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz

                      El 5 de Junio de 1700, San Luis, de 27 años, fue ordenado Sacerdote. Tras años de incomprensiones y ataques por parte del Clero y parte del Episcopado francés, decide, en el año 1706, recurrir al Santo Padre, el Papa Clemente XI, que le imparte su Bendición y lo nombra Misionero Apostólico, quedando así bajo la protección directa del Papa.



                      San Luis llegará a hacer 200 Misiones y retiros, especialmente en la región noroccidental de Francia: el Poitou, Vendée y en Bretaña. Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio. Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios.  Sus Misiones se caracterizaban por la presencia de María nuestra Señora, ya que siempre promovía el rezo del Santo Rosario y hacía procesiones y cánticos a la Virgen, por la que predicaba sin cesar la Esclavitud Mariana. Sus exhortaciones movían a los pobres a renovar sus corazones y, poco a poco, volver a Dios, a los Sacramentos y al amor a Cristo Crucificado. Jamás cesaron los ataques, ni por parte del Clero corrupto, ni de los jansenistas.

                      El 1 de Abril de 1716 comenzó su última Misión en Saint-Laurent-sur-Sèvre. Presintiendo que su muerte estaba próxima, pidió que, cuando lo pusiesen en el ataúd, le fuesen mantenidas en el cuello, los brazos y los pies las cadenas que usaba como señal de Esclavitud de Amor a la Santísima Virgen. Murió en la tarde del 28 de Abril de 1716. Fue enterrado en el mismo pueblo de Saint-Laurent-sur-Sèvre, en la basílica que hoy lleva su nombre.

                      San Luis regaló a la Iglesia las obras más grandes que se han escrito sobre la Virgen Santísima, siendo la mayor de todas "El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen". Además escribió "El Secreto de la Virgen", y "El Secreto del Rosario". A estos se añade "A los Amigos de la Cruz".  La Iglesia ha reconocido sus libros como expresión auténtica de la Doctrina Eclesial; así, el Papa Pío XII, que canonizó a San Luis, dijo de la obra del Santo: "Son libros de enseñanza ardiente, sólida y auténtica." 

                       Años antes, el Papa San Pío X, el 27 de Diciembre 1908 , escribió una dedicatoria en una copia de "El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen" con la que concedió la Bendición Apostólica a los lectores: "Recomiendo de corazón la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, tan admirablemente escrita por De Montfort, y a todos los que la lean les otorgo la Bendición Apostólica".



LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 7º: LA BENIGNIDAD

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 7º: LA BENIGNIDAD


            ¡Oh, soberano y suavísimo San Antonio! Alcanzadme una santa benignidad para con mis prójimos, a fin de que no quiera otras armas contra mis enemigos más que orar por ellos y hacerles el bien.       

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 27 de abril de 2026

ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (V)

 


                    La Madre Ana de Monteagudo tuvo la visita del alma de una religiosa dominica; había vivido en ese mismo monasterio, pero para su desgracia, había llevado una vida mundana con muchos perfumes y pomadas en el rostro y en las manos; se ocupaba incluso de perfumar su hábito, perdiendo mucho tiempo en adornos. La Madre Ana veía con espanto como el alma de la religiosa estaba sujeta por cuatro personas monstruosas que la atormentaban... 

                    El espanto de aquella visión hizo pensar a la Madre Ana de Monteagudo que el alma de aquella infeliz monja estaba condenada, pero aún así le preguntó por qué estaba con sufrimientos tan terribles. El alma purgante le respondió que había puesto mucho interés en adornarse y embellecerse sin haber guardado las normas de su estado; y que estaba en un lugar especial para que no pudiese disfrutar de los sufragios generales que se hacen en la Iglesia por las Almas del Purgatorio; sin embargo, había obtenido permiso de Dios para venir a pedirle ayuda. 

                    La Madre Monteagudo le contó dicha visión a otra religiosa, Sor Juana de Santo Domingo, explicándole que aquél encuentro con el alma de la monja vanidosa había durado una hora y que, inmediatamente, comenzó a ayudarla con sus oraciones, sobre todo por la intercesión de su Patrono San Nicolás. Después de muchas oraciones y sufragios, obtuvo que Dios usara de Su Misericordia para con el alma de la monja y la sacase de aquellas penas para llevarla a Su Presencia en el Cielo.


NOTA BIOGRÁFICA

                    Ana de los Ángeles de Monteagudo y Ponce de León nació en Arequipa (Virreinato del Perú) en 1602. Fue desde los dieciséis años monja en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de la misma ciudad, donde durante casi setenta años se dedicó a Dios y su pueblo, siendo un verdadero ángel del buen consejo en sus cargos de Sacristana, Maestra de Novicias y Priora. Vivió con incansable entusiasmo para la reforma del Monasterio, para la caridad con los necesitados, y rezando incesantemente por las Almas del Purgatorio. Sus últimos años fueron de penosa enfermedad, soportada con ejemplar serenidad. Entregó su alma a Dios el 10 de Enero de 1686 y su cuerpo se venera en la iglesia del mismo monasterio donde vivió. El 13 de Junio de 1917 fue nombrada Sierva de Dios por el Papa Benedicto XV.



domingo, 26 de abril de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Madre del Buen Consejo

 

"Míos son el consejo y la justicia, 
mía la prudencia, mía la fuerza"


Libro de los Proverbios, cap. 8, vers. 14


                    Dios, que desea la salvación del hombre y que, por Su infinita Bondad, le provee los medios necesarios para alcanzar su fin último, nos ha provisto, en medio de las perplejidades de la vida, de un medio seguro para resolver nuestras dudas, al impartirnos el don del Consejo.

                    Por este don nos sentimos impulsados ​​a acudir al Espíritu Santo, a obtener de Él luz en nuestras ansiedades y un conocimiento claro de lo que debemos hacer para agradar a Dios y salvar nuestras almas. El Espíritu Santo, como un padre tierno, escucha el clamor de nuestro corazón y, en Su infinita generosidad, envía un rayo de Luz celestial para iluminar nuestra alma, disipar su oscuridad, mostrarle el camino que debe seguir y llenarla de seguridad y paz. Entonces nuestra alma puede clamar con el salmista: «El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?. El Señor es el protector de mi vida; ¿de quién tendré miedo?». ¡Qué precioso es este don del consejo!. Pidámoselo a Dios con toda humildad y perseverancia.

                    Después de Jesús, María es esa criatura privilegiada que poseía en grado superlativo el don del Consejo. Su Alma, en efecto, siempre estuvo volcada hacia Dios, a cuyas inspiraciones respondía con prontitud. En Ella, mucho más que en ningún otro Santo, se cumplen plenamente las siguientes palabras: «Que el consejo te guarde y la prudencia te conserve». Y esta prontitud con la que María se volvía a Dios en todo y percibía las luces que Él le enviaba, preservó Su Alma santa en perfecta paz. Esta paz la acompañó siempre e impartió a cada una de Sus acciones un resplandor celestial.

                    Sin embargo, fue en dos circunstancias de su vida en particular donde María demostró poseer el don sobrenatural del consejo en un grado superior.

                    La primera fue en el momento de Su Presentación en el Templo. Entonces comprendió claramente lo grato que sería para Dios que se consagrara a Él mediante un voto de virginidad perpetua; y no esperó a tener más edad para cumplir este voto, demostrando así cómo Sus acciones estaban eminentemente caracterizadas por el don de Consejo que animaba cada una de ellas.

                    Nuevamente, en el momento de la Anunciación, este don resplandeció en María con un esplendor aún mayor. Aclamada por el Ángel como «llena de gracia» y exhortada por él a dar Su consentimiento para la realización de la Encarnación, la Santísima Virgen preguntó al Mensajero celestial acerca de las disposiciones de la Voluntad Divina respecto a ella; y al conocerlas, se ofreció sin reservas como humilde Sierva del Señor.

                    Oh Mujer sin igual, concédeme que, como Tú, pueda recurrir frecuentemente a las luces del Espíritu Santo, para que pueda conocer y cumplir en todas las cosas la Santa Voluntad de Dios, y para que en Ella encuentre la paz perfecta.

                    Así como quien recurre al consejo sabio se encamina hacia la seguridad, también quien descuida buscar consejo se expone a su propia ruina. El castigo que Dios suele infligir a los individuos y pueblos que, deliberadamente, pisotean Su Ley y violan Su Justicia, consiste en retirarles la guía del Espíritu Santo y dejarlos a merced de sus propias inclinaciones perversas: «Los dejo ir según los deseos de su corazón».

                    La consecuencia natural de la pérdida del don del Consejo es una temeridad obstinada, a la que vemos sucumbir en los impíos: esta insensatez suele ser precursora de la ruina y la muerte. El hombre carnal, que solo desea los bienes de este mundo y los placeres de los sentidos, se ve impulsado por un instinto ciego a buscar disfrutes; sin embargo, tarde o temprano, estas mismas cosas lo arrastran como un torbellino y perece miserablemente.

                    ¡Cuidado, alma mía, de despreciar la Luz del Espíritu Santo!. Recurre más bien al Autor de todo bien, diciendo con fe y humildad, como el Profeta: «Escucharé lo que el Señor me diga, porque Él anunciará la paz a su pueblo».

                    San Luis María Grignion de Montfort, llamado así por el castillo donde nació, manifestó desde temprana edad una gran devoción a la Santísima Virgen. Siendo aún niño, solía llamar a María con el dulce nombre de Madre y se alegraba al oír hablar de Sus virtudes y dignidad. Además, a veces le gustaba apartarse de sus compañeros para rezar el Rosario y cantar alabanzas a esta gloriosa Reina; y otras veces invitaba a otros a unirse a él en este piadoso acto.

                    Esta devoción se hizo más ferviente con el paso de los años, tanto que, al envejecer, sintió crecer en su interior un amor aún mayor por la Madre de Dios y de los hombres. Al ser ordenado Sacerdote, se entregó por completo a la obra de salvar almas, especialmente mediante las misiones, en las que nunca dejó de invocar la poderosa intercesión de María. Esta Reina celestial, como una madre amorosa, se dignó bendecir su labor con abundantes frutos, a pesar de las feroces persecuciones que sufrió.

                    En efecto, a María recurría en todas sus tribulaciones. A Ella consagraba todos sus trabajos y sufrimientos. Cada día, al terminar su labor, se postraba ante Su Altar como para obtener de Ella consuelo y alivio.

                    Tan ardiente era su deseo de incorporar a los Fieles al servicio de la Reina del Cielo, que, entre otros esfuerzos por propagar la devoción a Ella, pensó en establecer en todas partes la Cofradía del Santísimo Rosario.

                    Además, fundó una Congregación: los Misioneros de la Compañía de María, quienes se consagraron continuamente a esta santa obra. Fue principalmente gracias a esta singular devoción a la Madre de Dios que logró convertir a numerosos pecadores, santificar muchas almas y preservar al pueblo cristiano de la herejía del jansenismo, que se había infiltrado por doquier.

                    El nombre de San Luis María Grignion permanecerá siempre querido por los devotos de María gracias a un libro lleno de sabiduría celestial que escribió sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen. En este libro, el Apóstol de la Reina del Cielo enseña cómo consagrarnos por completo a Ella, poniendo en Sus manos todo lo que tenemos y todo lo que hacemos, para que sea nuestra Mediadora ante Su Hijo.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María



sábado, 25 de abril de 2026

SAN MARCOS, APÓSTOL Y EVANGELISTA

 


                    San Marcos era primo de Bernabé, una de las grandes figuras de la primitiva Iglesia y, al ser Bernabé levita y de Chipre, es natural que Marcos perteneciese a la colonia chipriota de Jerusalén y que fuese levita, como su primo. La actividad evangélica de San Marcos la inicia con Bernabé y Pablo, quienes cumplido su ministerio de llevar subsidios a la iglesia de Jerusalén, se volvieron a Antioquía llevándose consigo a Marcos.

                    Cuando más tarde Pablo y Bernabé visitaron las comunidades evangelizadas, Bernabé quiso llevar consigo a Marcos pero Pablo se opuso, pues no olvidaba que no les había acompañado a Panfilia. Como la divergencia de criterios fue irreductible, ambos se separaron en la tarea misional y “Bernabé tomando consigo a Marcos se embarcó para Chipre”. Los acontecimientos posteriores indican una plena reconciliación de San Pablo con Marcos.

                    Unos diez años más tarde encontramos a Marcos en Roma como intérprete de San Pedro y, un poco después, como escritor de su evangelio, según lo presenta la tradición. Su relación debía de ser muy antigua. Sabemos que liberado Pedro por el ángel, se dirigió a la casa de María, la madre de Marcos, donde era muy familiar.

                    Tal testimonio, junto con los datos de la tradición, hace suponer que Marcos se hallaba en Roma como intérprete de Pedro antes de que llegara San Pablo, con el que, olvidadas las diferencias de la primera separación, ahora le sirve como auxiliar, de consuelo y de gran utilidad para el ministerio. En Roma, hacia el año 60, debió de escribir el Evangelio conocido en la tradición como Evangelio según San Marcos.

                    Enviados de nuevo Bernabé y Saulo a la misión, para la que les había llamado el Espíritu Santo, embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas, teniendo a Marcos como auxiliar o diácono y una vez evangelizada la isla, al zarpar Pablo y los que con él estaban de Pafos a Perge de Panfilia, Marcos se separó de ellos y se volvió a Jerusalén.

                    Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. Los Hechos de San Marcos, un escrito de mitad del siglo IV, refieren que San Marcos fue arrastrado por las calles de Alejandría, atado con cuerdas al cuello.

                    Después lo llevaron a la cárcel y al día siguiente le volvieron a aplicar el mismo martirio hasta que falleció. Luego echaron su cuerpo a las llamas, pero los fieles lograron sacarlo y evitar su destrucción.

                    De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo



San Marcos es representado comúnmente como un león alado. También asociamos el león a Nuestro Señor Jesucristo, que fue “el león de la tribu de Judá” (Ap 5,5). Esta curiosa imagen de San Marcos es una asociación que se hizo temprano en la Iglesia. Se basa en el libro del Profeta Ezequiel y en el del Apocalipsis, en los que se muestran cuatro criaturas o seres vivientes en el Trono de Dios, sirviéndolo y adorándolo, junto con los 24 ancianos, los 12 Patriarcas de Israel y los 12 Apóstoles de la Iglesia. Cada figura angelical tiene alas, y cada una tiene un rostro diferente, el de Hombre, León, Buey o Águila; el león para San Marcos, el hombre para San Mateo, el buey para San Lucas y el águila para San Juan


La Robigalia pagana fue sustituida
por la Festividad del evangelista San Marcos


                    Hoy se celebraba en Roma la Robigalia, una fiesta mitológica en honor al dios de las culturas, luego reemplazada por la procesión cristiana de las Letanías Mayores que tenía lugar a lo largo de la Vía Flaminia hasta el Puente Milvio y donde luego se unía a San Pedro. Por lo tanto, la fiesta del evangelista Marcos tuvo que esperar casi hasta el siglo XII antes de ser incluida en el calendario romano.

                    Este retraso es tanto más sorprendente porque San Marcos fue uno de los primeros heraldos que, con San Pedro, anunciaron la Buena Nueva en Roma; además, escribió su Evangelio en la Ciudad Eterna, a petición de los mismos romanos, y cuando, poco después, Pablo pasó allí su primer encarcelamiento, Marcos le prestó con Lucas una afectuosa asistencia, como ya lo había hecho en favor del Príncipe de los Apóstoles.

                    Esta anomalía se explica fácilmente. Originalmente, las conmemoraciones litúrgicas de los santos tenían un carácter local y funerario, celebrándose exclusivamente cerca de sus respectivas tumbas. Como ni Juan, ni Lucas, ni Marcos, ni, hasta donde sabemos, ningún otro de los primeros compañeros de los Apóstoles terminaron sus días en Roma, los dípticos romanos no registran su deposición o natalis. Los calendarios de la Edad Media en Roma dependen principalmente de estas listas, por lo que así se explica su silencio.

                    Cerca del pórtico de Pallacinis, en la primera mitad del siglo IV, el Papa Marcos erigió una basílica que, con el tiempo, tomó el nombre del evangelista homónimo. Otras iglesias también, en la Edad Media, estaban dedicadas a San Marcos, como las de calcarario, in macello, etc.

                    Pero la espléndida basílica del Papa Marcos superó a todas en fama tanto por su belleza como por la excepcional importancia que adquirió en la historia: por eso en Roma se celebraba allí la estación en este día.


Extraído del "Liber Sacramentorum",
del Cardenal Ildefonso Schuster, Arzobispo de Milán



viernes, 24 de abril de 2026

SAN FIDEL DE SIGMARINGA, martirizado por defender la Fe Católica frente a los herejes calvinistas

 


                  Nació con el nombre de Mark Roy en el año 1577, en Sigmaringen, ciudad de la actual Alemania que en ese entonces estaba bajo dominio del Principado de Hohenzollern-Sigmaringen. Estudió Leyes y Filosofía en la Universidad de Friburgo.

                  Posteriormente enseñó Filosofía en esta Universidad, y más tarde consiguió el grado de Doctor de Derecho. Durante su tiempo como estudiante lo conocían por su modestia, mansedumbre y castidad.

                  En 1604, el joven Roy acompañó, como preceptor, a tres caballeros en sus viajes por las principales ciudades de Europa. Durante seis años de viajes, asistía a la Santa Misa con frecuencia. En cada ciudad por la que pasaron, Mark Roy visitaba los hospitales e iglesias, pasaba varias horas arrodillado en adoración ante el Santísimo Sacramento, y era generoso con los pobres, a los que les daba hasta su propia ropa.

                  Cuando regresó de su largo viaje, ejerció como abogado, en Colmar, donde vino a ser conocido como el abogado de los pobres. Escrupulosamente se abstuvo de todas las invectivas, detracciones que independientemente podrían afectar la reputación de cualquier adversario suyo. Desencantado con los males asociados con su profesión, fue determinando entrar en la vida religiosa como miembro de los Frailes Capuchinos.

                  Al entrar en la Orden Capuchina, le dieron el nombre religioso de Fidel. El Santo terminó su Noviciado y estudios para el Sacerdocio; celebró su primera Misa en el Monasterio Capuchino en Friburgo, el 4 de Octubre de 1612, Fiesta de San Francisco de Asís, Fundador de la Orden.

                  San Fidel de Sigmaringen fue empleado en la predicación y en las confesiones. Al convertirse en el Guardián (Superior) del Monasterio Capuchino en Weltkirchen, muchos residentes de la ciudad y sitios vecinos, cambiaron sus vidas disolutas gracias a la predicación del docto capuchino, y no pocos calvinistas se convirtieron al Catolicismo. Desde Roma se dispuso que Fidel predicara en la región de Graubünden, Suiza. Otros ocho frailes capuchinos fueron sus ayudantes, quienes trabajaron en esta misión bajo su dirección.

                  Los Calvinistas de aquel territorio, enfurecidos de su éxito por la conversión de sus hermanos, amenazaron fuertemente la vida de San Fidel, por lo cual, él se preparó para el martirio. Ralph de Salis y otro caballero calvinista fueron ambos convertidos por los esfuerzos del Santo Misionero. Fidel y sus compañeros entraron a Prättigau, un pequeño distrito de Graubünden, en el año 1622. Los efectos de su Santa Misión de predicar y convertir almas enfurecieron aún más a los calvinistas de aquella provincia.

                  El 24 de Abril de 1622, Fidel confesó, celebró la Santa Misa y luego predicó en Grüsch. Al final de su Sermón, el cual había hecho de manera extraordinaria, se puso de repente de pie, muy silenciosamente, con sus ojos fijos sobre el Cielo, en éxtasis. Después de este episodio, pronosticó su muerte, y se lo contó a varias personas. Después del servicio en Grüsch él y varios compañeros viajaron a Seewis. Sus compañeros notaron que Fidel estaba particularmente alegre.

                  En una campaña organizada por los Habsburgo, Fidel predicaba en la Iglesia en Seewis, con la protección de algunos soldados austriacos imperiales, con el objetivo de convertir de nuevo a la gente de Seewis al Catolicismo. Durante el Sermón, llamaron a sus oyentes a parar a los agitadores Calvinistas que se apostaban fuera de la iglesia. Fidel había sido convencido por los Católicos restantes para inmediatamente escapar con las tropas austriacas de Seewis, pero en cambio se volvió solo a Grüsch. Fue perseguido por soldados Calvinistas que exigieron sin éxito que renunciara a la Fe Católica, asestándole un fuerte golpe en la cabeza para ser rematado a espada.

                  Se dice que una mujer, fiel católica, que estaba cerca del lugar del martirio de San Fidel, después de que los soldados se habían marchado, salió para evaluar el incidente y encontró los ojos del Mártir abiertos, mirando al Cielo. El Santo fue enterrado por los fieles católicos al día siguiente.

                  Los rebeldes poco después fueron derrotados por las tropas imperiales, un acontecimiento que el Mártir también había profetizado. El ministro protestante que había participado en el martirio de Fidel, se convirtió a la Verdadera Fe e hizo una renuncia pública del Calvinismo.

                  Fue sepultado en el Convento de Feldkirch, donde había sido Guardián, pero su cráneo se conserva bajo el altar mayor de la Catedral de Coira, Suiza. Después de seis meses, el cuerpo del Mártir fue encontrado incorrupto. Sus brazos fueron separados del cuerpo para ser colocados en dos relicarios: uno sería enviado a la Catedral de Coire y el otro fue colocado en la Iglesia Capuchina en Weltkirchen, Feldkirch, Austria. San Fidel fue canonizado por el Papa Benedicto XIV el 26 de Junio de 1746.



jueves, 23 de abril de 2026

SAN JORGE, Protector de la Nobleza

 


                    Piadosamente se cree que San Jorge nació en Capadocia (actual Anatolia Central, Turquía) fue un oficial del ejército romano que dio sus bienes a los pobres en el momento en que estallaba la persecución, y abiertamente admitió su cristianismo ante el tribunal. Cuando rechazó sacrificar a los dioses sufrió horribles torturas, descritas con detalles muy gráficos, que suponen haber durado siete años; en una de las escenas, por ejemplo, un mago entra para envenenarle con una poción que había preparado, y el propio mago muere mártir, entonces Nuestro Señor aparece y restaura la salud a San Jorge. Fue degollado en el año 307.

                    En el año 494, Jorge de Capadocia fue canonizado por el Papa  Gelasio I , lo que motivó la creación de diversas historias apócrifas sobre su vida, varias de ellas llenas de milagros. El texto más antiguo sobre su vida que ha llegado hasta nosotros se encuentra en el  Acta Sanctorum . Asimismo, hacia finales del siglo VI, el Abad irlandés Adomanis de la Abadía de la isla de Iona dio a conocer algunas de las leyendas orientales de San Jorge reunidas por el Obispo galo Arkulf en su peregrinación a Tierra Santa del año 680.

                    San Jorge se convirtió en Patrón de los caballeros y soldados, además de ser considerado el Santo Protector de algunas Órdenes Militares, como la  Orden Teutónica o la de los Caballeros Templarios. Durante los últimos siglos de la Edad Media, San Jorge se convirtió en Patrón de ciudades, aldeas y Casas Nobles. 

                    En 1096, las huestes del Rey Sancho Ramírez de Aragón asediaban la ciudad de Alcoraz, cerca de Huesca. Tras recibir ayuda desde Zaragoza, los asediados consiguen matar al Rey, pero ganan la batalla de Alcoraz, según la tradición, gracias a la aparición de San Jorge. Posteriormente el Rey Pedro I de Aragón conquista Huesca tras invocar la ayuda del Santo. Cuenta la leyenda que el mismo día estuvo ayudando a los cruzados en Antioquía y que, en un momento de la batalla, subió a la grupa de su caballo a un caballero teutón descabalgado; más tarde, ese mismo caballero se vio envuelto en la batalla de Alcoraz.

                    Sobre todo a partir del siglo XIII surgen numerosas leyendas y apariciones en el Reino. Así, Jaime I el Conquistador cuenta que en la conquista de Valencia apareció el Santo: «Se apareció San Jorge con muchos Caballeros del Paraíso, que ayudaron a vencer en la batalla, en la que no murió cristiano alguno». Más tarde, el Rey Jaime cuenta de la conquista de Mallorca que «según le contaron los sarracenos, éstos vieron entrar primero a caballo a un caballero blanco con armas blancas», que él identifica con San Jorge.

                    El Patrocinio de San Jorge de Capadocia sobre los Reyes de Aragón y, por extensión, sobre toda la Corona de Aragón se reconoce oficialmente a mediados del siglo XV durante el reinado de Juan II de Aragón y Navarra, que lo nombra Patrón del Reino y de la Diputación del General, principal institución foral en caso de no estar convocadas las Cortes.