domingo, 25 de enero de 2026

LA IMAGEN DEL MILAGROSO NIÑO JESÚS DE PRAGA

  


EL ESCULTOR DE LA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS

                   Fray José de la Santa Casa era un humilde fraile lego, de Córdoba. Un estaba barriendo el suelo y de repente se le presenta un hermoso Niño que le dice:

                  -¡Qué bien barres, Fray José, y que brillante dejas el suelo!. ¿Serías capaz de recitar el Ave María?. Pues entonces, dilo.

                   Fray José deja a un lado la escoba, se recoge, junta las manos y con los ojos bajos, comienza la salutación angélica.

                   Al llegar a las palabras “et benedictus fructus ventris Tui” (y bendito el fruto de Tu vientre), el Niño le interrumpe y le dice:

                  -¡Ese Soy Yo!, y enseguida desaparece.

                   Fray José grita extasiado:

                  -¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte!.

                   Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina…en todas partes.

                   Al fin un día sintió que la voz de Jesús le respondía:

                  “Volveré, pero cuida de tener todo preparado para que a mi llegada hagas de Mí una estatua de cera en todo igual a como Soy”.

                   Fray José corrió a contárselo al Padre Prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel.

                   El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto.

                   Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca estaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito.

                   Y por fin llegó el día en el que rodeado de Ángeles, se le presenta el Niño Jesús. Y Fray José en éxtasis, pero con la mayor naturalidad pone los ojos en el Divino modelo y copia al Niño que tiene delante.

                   Cuando termina y observa que su estatua es igual al Sagrado Modelo, estalla en risas y llantos de alegría. Cae de rodillas delante de ella y posando la cabeza sobre las manos juntas, muere. Y los mismos ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso.

                   Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio.

LA NOBLE FAMILIA DE LOS MANRIQUE DE LARA

                   Aquella misma noche Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole la siguiente profecía:

                    “Esta estatua, hecha indignamente por mí, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manrique de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra, por Él escogida para habitar en ella, el pueblo de aquel reino será su pueblo, y Él será su PEQUEÑO REY”.

                   Y efectivamente al año en punto, Doña Isabel Manrique de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el prior, ya único superviviente le entregó la imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia.

                   La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia… Lo que sí se sabe es que cuando en 1526 un Habsburgo se ciñó la Corona de Bohemia, los enlaces entre las familias nobles españolas y eslovacas se repitieron.

                   Cuando la Emperatriz partió para Praga en 1547, entre sus damas de la corte iba Doña María Maximiliana Manrique de Lara, hija de Don García Manrique de Lara y de doña Isabel de Briceño, de noble familia italiana.

                   Contrajo matrimonio el 14 de Septiembre de 1555, a los diecisiete años de edad, con el noble checo (y futuro canciller del reino de Bohemia) Vratislao de Pernestán (1530-1582), en un momento de la historia en que los nobles checos se desposaban con damas de la Corte españolas como consecuencia de la subida al trono del rey Fernando I, hermano de Carlos V, que había nacido y sido educado en la Corte española.

                   María Maximiliana Manrique de Lara era una mujer devota, y había sido educada por las Carmelitas Descalzas, al igual que su madre Isabel. A la lejana y turbulenta Bohemia se llevó consigo en 1556, además de una firme fe, una singular reliquia familiar: la estatuilla del milagroso Niño Jesús de Praga, que había recibido de su madre Isabel como regalo de bodas, y que, siguiendo la tradición familiar, regalará a su hija Polyxena al casarse ésta con Zdenek Vojtech Popel de Lobkovic, canciller checo y representante de la joven generación de la nobleza católica checa. Esta figura representa una obra maestra del Renacimiento español y fue regalada a los carmelitas por Polyxena de Lobkowitz tras la defunción de su esposo, donde se puede ver hoy en día.




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