viernes, 22 de marzo de 2024

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, REPARADORA DEL GÉNERO HUMANO

 


               He aquí el Amor que ya Le hace verlo morir de tristeza en el Huerto, desgarrado por los azotes y coronado de espinas en el Pretorio, finalmente colgado de un árbol de oprobio en el Calvario. ¡Mira, oh Madre, dijo amor, qué Hijo amable e inocente ofreces a tantos dolores, a tan horrible muerte!. ¿Y de qué os servirá quitárselo de las manos a Herodes y luego reservarlo para tan compasivo fin?

               Así María no sólo ofreció a Su Hijo en Su muerte en el templo, sino que lo ofreció en cada momento de Su Vida; desde que reveló a Santa Brígida que este dolor que San Simeón anunció nunca abandonó Su corazón hasta que fue llevada al Cielo... Por eso San Anselmo Le dice: Señora, no puedo creer que Tú, con tanto dolor, hubieras podido vivir un solo momento, si el mismo Dios, que da la vida, no Te hubiera consolado con Su Virtud divina. 

               Pero nos da testimonio San Bernardo, hablando precisamente de la gran angustia que María sintió en este día, que desde entonces Ella vivió muriendo a cada momento, porque a cada momento la asaltaba el dolor de la muerte de Su amado Jesús, que era más cruel que cualquier muerte.

               Por eso la Divina Madre, por el gran mérito que adquirió en este gran sacrificio que ofreció a Dios por la salud del mundo, fue llamada con razón por San Agustín "Reparadora del género humano". De San Epifanio, "la  Redentora de los esclavos". De San Idelfonso "la Reparadora del mundo perdido". De San Germano "el alivio de nuestras miserias". De San Ambrosio, "Madre de todos los Fieles". De San Agustín "la Madre de los vivos. Y de San Andrés Cretense "la Madre de la Vida". 

               En la muerte de Jesús, María unió Su voluntad a la de Su Hijo, tanto es así que ambos vinieron a ofrecer el mismo sacrificio, y por eso el Hijo y la Madre realizaron la Redención humana, obteniendo la salud para los hombres, Jesús al hacer satisfacción por nuestros pecados, María al pedirnos que tal satisfacción nos sea aplicada. 



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               Y por eso el Beato Dionisio Cartujo afirma igualmente que la Divina Madre puede ser llamada  "Salvadora  del mundo", ya que por el dolor sufrido al compadecerse del Hijo -sacrificado voluntariamente por Ella a la Justicia Divina- mereció que se comunicaran a los hombres los Méritos del Redentor.

               Puesto que María fue hecha, por el mérito de Sus sufrimientos y del ofrecimiento de Su Hijo, Madre de todos los redimidos, es justo creer que sólo por Su mano se les da la leche de las gracias divinas, que son frutos de los Méritos de Jesucristo, y los medios para alcanzar la Vida Eterna. Y a lo que alude San Bernardo es a que Dios puso en manos de María todo el precio de nuestra Redención. Con estas palabras el santo nos hace comprender que por intercesión de la Santísima Virgen se aplican a las almas los Méritos del Redentor, mientras que por Su mano se dispensan las gracias que son precisamente el precio de los Méritos de Jesucristo.

              Y si Dios apreció tanto el sacrificio de Abraham por haberle ofrecido a su Isaac, que se obligó como recompensa a multiplicar su descendencia como las estrellas del Cielo, ciertamente debemos creer que el sacrificio más noble que le hizo la gran Madre de Su Jesús fue mucho más agradecido al Señor; y por eso se le ha concedido que a través de Sus oraciones se multiplique el número de los elegidos, y en consecuencia de Sus devotos.


Extraído del "Libro de Oro de María Santísima", 
por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



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