martes, 10 de febrero de 2026

SANTA ESCOLÁSTICA DE NURSIA

 


                    Santa Escolástica fue hermana gemela de San Benito Abad, el gran Patriarca de los monjes de Occidente. Escolástica nació hacia el año 480 en la ciudad de Nursia, en Umbría, la región central de la península itálica. Fueron sus padres, Eutropio Anicio, descendiente de la antigua familia senatorial romana de los Anicios y capitán general romano en aquella región; su madre, Abundancia Reguardati, Condesa de Nursia, que falleciera poco después de dar a luz a los gemelos.

                    Escolástica se consagró a Dios desde su más tierna infancia, según lo atestigua San Gregorio Magno en el segundo libro de los Diálogos. A la edad de doce años fue enviada a Roma junto con su hermano para seguir los estudios clásicos, pero ambos quedaron profundamente escandalizados por la vida disoluta que ahí se llevaba. Benito fue el primero en romper con el mundo y retirarse a una ermita. Escolástica quedó así como única heredera del cuantioso patrimonio de la familia. Sin embargo, dejando de lado toda afección por los bienes terrenos, suplicó y obtuvo de su padre autorización para consagrarse a la vida religiosa.

                    Algunos años después siguió al hermano a su retiro, en las escarpadas gargantas de Subiaco, a unos 80 kilómetros al sureste de Roma. Y cuando San Benito fundó la abadía de Monte Cassino, Escolástica quiso acompañarlo, estableciéndose a escasos 7 kilómetros al sur de la abadía. Allí fundó el monasterio de Piumarola, donde junto a otras doncellas puso en práctica la Regla de San Benito, iniciándose así la rama femenina de la Orden Benedictina.

                    “Tal fue el nacimiento y el origen de aquella célebre Orden tan dichosamente extendida, que llegó a contar hasta catorce mil monasterios de vírgenes propagados por todo el Occidente”. (1)

La Obra de San Benito

                    “San Benito invita a servir a Dios no como hasta entonces, «huyendo del mundo» en la soledad o la penitencia itinerante, sino viviendo en una comunidad estable y organizada, y dividiendo rigurosamente su tiempo entre la oración, el trabajo, el estudio y el descanso”. (2)

                    Santa Escolástica fundó una orden de monjas que hoy sería diametralmente opuesta a ciertos postulados de la Teología de la Liberación. Concibió un modelo de religiosas que serían fundamentalmente… religiosas.

                    Ellas no emprenderían directamente obras asistenciales, tales como cuidar de hospitales, cárceles u orfanatos; ni tampoco se dedicarían a la educación de la juventud, ni siquiera darían clases de Catecismo para niños. Esto puede chocar al pragmatismo moderno, tanto más que la Orden nacía en una época intensamente conturbada por las sucesivas invasiones de los pueblos bárbaros, en que su dedicación a obras de caridad parecería tan necesaria. Pero sus monjas realizarían algo mucho mayor que todo ello: rezarían y se sacrificarían.

                    Santa Escolástica y sus benedictinas, con su vida y su ejemplo, dejaron muy en claro que si el apostolado de la rama masculina de su orden logró ser tan fecundo, lo fue porque había una rama femenina que rezaba, que se inmolaba, que contemplaba… De tal forma, el ideal de la contemplación se entrelazó manifiestamente a la fecundidad del apostolado, que produjo la asombrosa conversión de Europa al cristianismo, como señala el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.

La corona del sufrimiento

                    “Vemos aquí el papel admirable, el papel insustituible, en algún sentido, el papel incomparable de Santa Escolástica. Porque para actuar hay algunos tantos; en cambio, para luchar son menos numerosos; y, para sufrir, ¡cuán pocos son!

El último coloquio de San Benito y su hermana Santa Escolástica

                    No tengo palabras que basten para expresar mi veneración por el apostolado del sufrimiento, de aquellos que aceptan las cruces y hasta las piden, con la eventual aprobación de su director espiritual; aceptan y las piden para sufrir para que el trabajo de otros sea fecundo. Es uno de los temas que más me conmueve y que más me impresiona: el tema de la fecundidad del apostolado del sufrimiento.

                    No hay ser que yo me sienta más propenso a venerar que a uno que sufre intencionalmente para que el otro gane las batallas; que carga sobre sí el infortunio, carga sobre sí la infelicidad y termina siendo un héroe que sólo Dios ve. ¿Todo ello para qué?. Exclusivamente para que el apostolado de otros sea fecundo. Este carácter de la obra de Santa Escolástica merece ser mencionado aquí con una veneración especial”. (3)

                    Una de las recomendaciones de Santa Escolástica a sus hijas espirituales era la de observar rigurosamente la regla del silencio, y de evitar sobre todo la conversación con personas extrañas al monasterio, aunque se tratara de mujeres devotas que fueran a visitarlas. Ella decía: “Callad o hablad de Dios; pues, ¿qué cosa en este mundo es tan digna de tener que hablar?”.



Tormenta milagrosa

                    Durante cinco lustros, los dos hermanos acostumbraron una vez al año reunirse en una pequeña construcción perteneciente a los benedictinos que equidistaba entre ambos monasterios. Benito bajaba en compañía de sus monjes y Escolástica hacía lo propio con algunas de sus monjas. La última conversación que tuvieron en esta tierra es narrada por San Gregorio Magno en su ya citada obra:

                    “Un día fue ella como de costumbre y su venerable hermano descendió a verla acompañado de algunos discípulos. Pasaron todo el día en alabanzas al Señor y en santas conversaciones y cuando anochecía tomaron juntos una refección. Estaban todavía en aquel santo coloquio, sentados a la mesa a una hora ya muy avanzada, cuando la religiosa hermana del Santo le rogó: «Te suplico que no me dejes esta noche, para que podamos hablar hasta el amanecer de las alegrías de la Vida Eterna». Pero él le respondió: «¿Qué dices, hermana? De ningún modo puedo permanecer fuera del monasterio».

                    El cielo estaba tan sereno que ni una nube se divisaba en el firmamento. La santa religiosa, al oír la negativa del hermano, entrelazó sobre la mesa sus manos y apoyó en ellas la cabeza para orar a Dios Todopoderoso. Cuando la levantó, la violencia de los rayos y truenos y el torrente de lluvia eran tales que ni el venerable Benito ni los hermanos que lo habían acompañado podían trasponer siquiera los umbrales del lugar donde estaban a cubierto.

                    Efectivamente, la piadosa mujer, cuando apoyó la cabeza sobre las manos, había derramado en la mesa un torrente de lágrimas que tuvieron como resultado cambiar la serenidad del cielo en copiosa lluvia. Y la inundación fue tan inmediata que en el mismo instante en que levantó la cabeza con el ruido del huracán, el agua comenzaba a caer. Viendo entonces el hombre de Dios que en medio de tantos relámpagos y truenos y con la lluvia torrencial no era posible regresar al monasterio, entristecido comenzó a quejarse: «Que Dios Omnipotente te perdone hermana. ¿Qué hiciste?» Y ella respondió: «Mira, te pedí a ti y no quisiste escucharme; pedí entonces a mi Señor y Él me oyó. Ahora, sal, si puedes. Sal, déjame y vuelve a tu monasterio». Pero él, sin poder salir del lugar, tuvo que permanecer allí contra su voluntad. Y así fue como pasaron toda la noche despiertos, nutriéndose ambos en la mutua conversación y en santos coloquios sobre la vida espiritual”. (4)

                    Suceso extraordinario, que nos proporciona una amplia noción de la virtud y del mérito de Santa Escolástica, determinando que la victoria en aquella piadosa disputa se inclinara por la que tenía un amor de Dios más perfecto y más fuerte.

Vuelo celestial

                    A la mañana siguiente ambos se despidieron y cada uno partió de regreso a su monasterio. Tres días después, estando San Benito en oración, levantó los ojos al cielo y contempló al alma de su hermana que en forma de paloma se había desprendido del cuerpo y penetraba triunfante en las regiones celestiales.

                    Compartiendo con ella la alegría, dio gracias a Dios Omnipotente con alabanzas y cánticos, anunció su muerte a sus monjes y los envió enseguida para que trasladaran el cuerpo al monasterio, donde lo depositaron en la sepultura que él había preparado para sí mismo. Era el 10 de febrero del año 547. Cuarenta días después, el 21 de Marzo, fallecía del mismo modo San Benito, su hermano y confidente, fundadores de las ramas masculina y femenina de la Orden Benedictina, e insignes pilares de la Civilización Cristiana en Europa.  


   Pablo Luis Fandiño


NOTAS

     1) P. Juan Croisset  S.J., Año Cristiano, Gaspar y Roig, Madrid, 1852, t. 1, pp. 228-230.

     2) Domenico Agasso, Santa Scolastica Vergine.

     3) Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, Santo del Día, 10 de Febrero de 1965. 

     4) San Gregorio Magno, Papa, Vida y Milagros de San Benito, Editorial Stella Matutina, Buenos Aires, 1999.



lunes, 9 de febrero de 2026

ESTOY SEGURA QUE DIOS ME VA A ESCUCHAR... la Novena de los 24 Glorias para honrar y pedir una gracia a Santa Teresita de Lisieux

   


"Tengo la confianza de que no voy a estar inactiva en el Cielo.
 Mi deseo es seguir trabajando por la Iglesia y por las almas.
 Así se lo he pedido a Dios y estoy segura de que me va a escuchar"

(Carta autógrafa número 254 de Santa Teresita) 

   
                El Padre Anton Putigan, Sacerdote Jesuita (1), comenzó una Novena en honor a Santa Teresita del Niño Jesús; era entonces el 3 de Diciembre de 1925 y Santa Teresita había sido canonizada por el Papa Pío XI, el 17 de Mayo de ese mismo año; el buen Sacerdote se encomendó a la Santa Carmelita pidiendo una gracia importante.

                Con esta intención comenzó a rezar durante la Novena 24 Glorias, en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los favores y gracias concedidos a Santa Teresita del Niño Jesús en los 24 años de su existencia terrenal. El Padre Putigan pidió entonces una prueba de que su Novena era escuchada; esta señal sería recibir una rosa fresca y entreabierta. En el tercer día del rezo de la Novena, una persona amiga busca al Sacerdote y le ofrece una rosa encarnada: alguien le había regalado un precioso ramo por su cumpleaños y sintió la necesidad de compartir una con él... ¿casualidad?. Los Católicos le llamamos Providencia.

                  El día 24 de Diciembre del mismo año, el Padre Putigan, comenzó una segunda Novena y pedía ahora como señal una rosa blanca. En el cuarto día de la Novena, la Hermana Vitalis, enfermera en un hospital, le trajo una rosa blanca diciendo:

                     - Aquí está una rosa blanca que Santa Teresita envía a su Paternidad.

                  Sorprendido, pregunta el Padre Putigan: 

                     - ¿De dónde viene esta rosa?

                  La Hermana Vitalis le comenta:

                     - Fui a la Capilla donde se encuentra adornada una imagen de Santa Teresita, y al aproximarme al Altar de la Santita, cayó a mis pies esta rosa. Quise colocarla de nuevo en el jarrón pero me acordé de traerla a Vd.



Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original;
se recomienda imprimirla a doble cara, sin fines comerciales


                  El Padre Putigan alcanzó las gracias pedidas en la Novena; resolvió propagarla formando una cruzada de oraciones en honor a Santa Teresita.

                  La Novena de los 24 Glorias se suele hacer desde el día 9 al 17 de cualquier mes, participando así en la comunión de oraciones de los que la rezan esos días, pero se puede hacer igualmente en cualquier otra fecha; los más devotos de Santa Teresita preferimos dedicarle a diario los 24 Glorias...


NOTA

                    1) El Padre Anton Putigan ingresó en la Compañía de Jesús en 1879 y sería ordenado Sacerdote en 1893. Por su profundo conocimiento sobre Los Balcanes llegó a convertirse en asesor personal del Archiduque Francisco Fernando de Austria, a quien le administró el Sacramento de la Extremaunción tras el atentado de Sarajevo, en 1914. El Padre Putigan moriría en Viena, el 4 de Septiembre de 1926, a los 67 años de edad y 33 de Sacerdocio, dejando un legado de fundaciones marianas, la edición de dos revistas católicas y la Novena de los 24 Glorias en honor de Santa Teresita, plegaria que se ha extendido por diversos países y que ha ayudado a dar conocer la figura de la Santa de las Rosas.



EL FUEGO DEL PURGATORIO ES EL MISMO FUEGO DEL INFIERNO, por San Juan María Vianney

 


                    Vengo en Nombre de Dios. ¿Por qué estoy hoy en el púlpito, queridos hermanos? ¿Qué les voy a decir? ¡Ah! Vengo en nombre de Dios mismo. Vengo en nombre de sus pobres padres, para despertar en ustedes el amor y la gratitud que les deben. Vengo a recordarles de nuevo todas esas bondades y todo el amor que les brindaron mientras estuvieron en la tierra. Vengo a decirles que sufren en el Purgatorio, que lloran y que exigen con fervor la ayuda de sus oraciones y sus buenas obras. 

                    Me parece oírlos clamar desde lo más profundo de ese fuego que los devora: «¡Díganle a nuestros seres queridos, a nuestros hijos, a todos nuestros parientes cuán grandes son los males que nos hacen sufrir! Nos postramos a sus pies para implorar la ayuda de sus oraciones. ¡Ah! ¡Díganles que desde que nos separaron de ellos, hemos estado aquí ardiendo en las llamas!».

                    ¡Oh! ¿Quién sería tan indiferente ante los sufrimientos que estamos padeciendo? ¿Ven, mis queridos hermanos, escuchan a esa tierna madre, a ese devoto padre y a todos esos parientes que los ayudaron y cuidaron? «Amigos míos», claman, «líbranos de estos dolores; "Puedes hacerlo." Consideren, pues, mis queridos hermanos: (a) la magnitud de estos sufrimientos que padecen las almas del Purgatorio; y (b) los medios que tenemos para mitigarlos: nuestras oraciones, nuestras buenas obras y, sobre todo, el Santo Sacrificio de la Misa. 

                    No quiero detenerme en este punto para demostrarles la existencia del Purgatorio. Sería una pérdida de tiempo. Nadie entre ustedes tiene la menor duda al respecto. La Iglesia, a la que Jesucristo prometió la guía del Espíritu Santo y que, en consecuencia, no puede equivocarse ni desviarnos, nos enseña sobre el Purgatorio de una manera muy clara y positiva. Es cierto, muy cierto, que hay un lugar donde las almas de los justos completan la expiación de sus pecados antes de ser admitidas en la gloria del Paraíso, que les está asegurada. Sí, mis queridos hermanos, y es un Artículo de Fe: si no hemos hecho una penitencia proporcional a la grandeza y enormidad de nuestros pecados, aunque hayan sido perdonados en el Santo Tribunal de la Penitencia, nos veremos obligados a expiarlos... 

                    En la Sagrada Escritura hay muchos textos que muestran claramente que, aunque nuestros pecados puedan ser perdonados, Dios aún nos impone la obligación de sufrir en este mundo con penurias temporales o en el otro con las llamas del Purgatorio. Observen lo que le sucedió a Adán. Debido a su arrepentimiento tras cometer su pecado, Dios le aseguró que lo había perdonado, y aun así lo condenó a novecientos años de penitencia, una penitencia que supera cualquier cosa imaginable. 

                    Véase también: David ordenó, en contra de la Voluntad de Dios, el censo de sus súbditos, pero, afligido por el remordimiento, vio su pecado y, postrándose en tierra, suplicó al Señor que lo perdonara. Dios, conmovido por su arrepentimiento, lo perdonó. Pero a pesar de eso, envió a Gad para decirle a David que tendría que elegir entre tres azotes que le había preparado como castigo por su iniquidad: la peste, la guerra o el hambre. David Dijo: «Es mejor que caiga en manos del Señor (pues Sus misericordias son muchas) que en manos de los hombres». Eligió la peste, que duró tres días y mató a setenta mil de sus súbditos. Si el Señor no hubiera detenido la mano del Ángel, que se extendía sobre la ciudad, ¡toda Jerusalén habría quedado despoblada! David, al ver tantos males causados ​​por su pecado, imploró la gracia de Dios para que lo castigara solo a él y perdonara a su pueblo, que era inocente. 

                    Vean también la penitencia de Santa María Magdalena; tal vez eso les ablande un poco el corazón. ¡Ay, mis queridos hermanos! ¿Cuántos años tendremos que sufrir en el Purgatorio, nosotros que tenemos tantos pecados, nosotros que...? ¿Con el pretexto de que los hemos confesado, no hacemos penitencia ni derramamos lágrimas?.

                    ¿Cuántos años de sufrimiento nos esperan en la otra vida? Pero, cuando los Santos Padres nos dicen que los tormentos que sufren en este lugar parecen iguales a los sufrimientos que Nuestro Señor Jesucristo soportó durante Su dolorosa Pasión, ¿cómo puedo pintarles una imagen desgarradora de los sufrimientos que estas pobres almas padecen?. Sin embargo, es cierto que si el más mínimo tormento que sufrió Nuestro Señor hubiera sido compartido por toda la humanidad, todos morirían por la violencia de tal sufrimiento. 

                    El fuego del Purgatorio es el mismo que el fuego del Infierno; la diferencia entre ellos es que el fuego del Purgatorio no es eterno. ¡Oh! Si Dios, en Su gran Misericordia, permitiera que una de estas pobres almas, que arden en estas llamas, apareciera aquí en mi lugar, rodeada por el fuego que la consume, y si ella misma les contara los sufrimientos que padece, esta iglesia, mis queridos hermanos, resonaría con sus llantos y sollozos, y quizás eso finalmente ablandara sus corazones. 

                    ¡Oh! ¡Cuánto sufrimos!, nos gritan. ¡Oh! Ustedes, nuestros hermanos, ¡líbranos de estos tormentos! ¡Pueden hacerlo! ¡Ah, si tan solo experimentaran el dolor de estar separados de Dios! ... ¡Cruel separación! ¡Arder en el fuego encendido por la Justicia de Dios! ... ¡Sufrir dolores incomprensibles para el hombre mortal! ... ¡Ser devorados por el arrepentimiento, sabiendo que tan fácilmente podríamos haber evitado tales dolores! ... ¡Oh! Hijos míos, lloran los padres y las madres, ¿pueden abandonarnos tan fácilmente a nosotros, quienes los amamos tanto? ¿Pueden entonces dormir cómodamente y dejarnos tendidos en un lecho de fuego? ¿Tendrán el valor de entregarse al placer y la alegría mientras nosotros estamos aquí sufriendo y llorando noche y día? Tienen nuestras riquezas, nuestros hogares, están disfrutando del fruto de nuestro trabajo, y nos abandonan aquí en este lugar de tormentos, donde estamos sufriendo males tan espantosos durante tantos años! ... ¡Y ni una sola limosna, ni una sola Misa que ayudaría a liberarnos! ... Puedes aliviar nuestros sufrimientos, puedes abrir nuestra prisión, y nos abandonas. ¡Oh! ¡Qué crueles son estos sufrimientos!... 


San Juan María Vianney



domingo, 8 de febrero de 2026

SEGUNDO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "ENCONTRARON A MARÍA, A JOSÉ Y AL NIÑO"

   

                En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...encontraron a María, 
a José y al Niño... 



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          - Segundo Dolor: Al ver al Divino Niño Jesús en la pobreza 

"Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron" (Evangelio de San Juan, cap. 1, vers.11)

          - Segunda AlegríaAl escuchar la armonía del Coro de los Ángeles y observar la Gloria de esa noche. 

"Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al Niño reclinado en el pesebre" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers.16) 



ORACIÓN

          Oh Bienaventurado Patriarca, Glorioso San José, escogido para ser Padre Adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el Dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en Alegría celestial al oír el armonioso concierto de los Ángeles y al contemplar las maravillas de aquella Noche tan resplandeciente

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




sábado, 7 de febrero de 2026

PRIMER SÁBADO, día de especial reparación al Inmaculado Corazón de María

 

"Yo he venido a pedir la Consagración del mundo 
a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora 
en los Primeros Sábados de mes..."


(Palabras de Nuestra Señora en Fátima, el 13 de Julio de 1917)




               Dedicamos el Primer Sábado de cada mes a desagraviar al Inmaculado Corazón de María no por un capricho humano sino por un URGENTE PEDIDO de Nuestra Señora, que nos advierte, como Madre Nuestra, del mal camino que han tomado aquellos que viven en el peor de los pecados: la ingratitud a Dios. La Virgen María desea nuestro amor y también nuestro consuelo hacia Su Inmaculado Corazón, herido por el pecado del mundo.


               Transcurridos algunos años tras las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, la única superviviente de los tres niños que contemplaron a la Virgen Santa, contaba con apenas 18 años cuando decidió irse con la Congregación de las Hermanas Doroteas; ingresó como postulante en el convento que la Orden tenía en Pontevedra (España) y en donde Nuestra Señora fue a revelarle la primera parte del plan de Dios para la salvación de los pecadores en nuestro tiempo de rebelión contra Dios: la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes. 


               Lucía, refiriéndose a ella misma, describe el encuentro con la Virgen en tercera persona:

               El día 10 de Diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo le dijo el Niño:

               ‘Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.’

               Enseguida dijo la Santísima Virgen:

               ‘Mira, hija mía, Mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los Misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.’




                Ya ha transcurrido un siglo desde que la Virgen Santa quiso ofrecernos este camino de salvación que es la Comunión de los Primeros Sábados. Te invito a leer y difundir este artículo, a fin de que sean muchas más las almas que se acojan al refugio seguro del Purísimo Corazón.


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viernes, 6 de febrero de 2026

PRIMER VIERNES, día de especial reparación al Sagrado Corazón de Jesús

  


              Cristo Nuestro Señor quiso escoger a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), humilde monja visitandina del Monasterio de Paray-le-Monial (Francia), para revelarle los deseos de Su Corazón y para confiarle la tarea de dar a conocer al mundo esta Devoción, que la Providencia ha reservado para los Últimos Tiempos. 

               Según dejó escrito la Santa, entre los años 1673 y 1675, en la intimidad del alma, Jesús la hace reposar en Su Divino Pecho, donde descubre a Santa Margarita las maravillas de Su Amor y los secretos de Su Corazón. "Mi Divino Corazón -le dice- está tan apasionado de Amor a los hombres, que no pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con preciosos dones".

               En otra ocasión, volvió Nuestro Señor a manifestarse a la religiosa para hacerle un pedido de Amor y Piedad hacia el Santísimo Sacramento; así lo dejó reflejado Santa Margarita en una misiva: "Un Viernes, en la Sagrada Comunión, me dijo el Señor estas Palabras: 

               Te prometo, en la excesiva Misericordia de Mi Corazón, que Su Amor Omnipotente concederá a todos los que comulguen Nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final; no morirán en Mi desgracia y sin haber recibido los Sacramentos; Mi Divino Corazón será su Asilo seguro en el último momento."  (Carta de Santa Margarita a la Madre Saumaise, de Mayo de 1688)



jueves, 5 de febrero de 2026

TODO SACERDOTE SANTO ES UNA RED QUE ARRASTRA ALMAS HACIA DIOS

 


                    ...Por lo general, Dios ilumina siempre al Sacerdote. Digo "por lo general". Es iluminado cuando es un verdadero Sacerdote. No es el hábito el que consagra; consagra el alma. Para juzgar si uno es un verdadero Sacerdote, debe juzgarse lo que sale de su alma. Como dijo Mi Jesús: del alma salen las cosas que santifican o que contaminan, las que informan todo el modo de actuar de un individuo. Pues bien, cuando uno es un verdadero Sacerdote, generalmente siempre Dios le inspira.

                    ¿Y los otros, que no son tales?: tener con ellos Caridad sobrenatural, orar por ellos.

                    Y Mi Hijo te ha puesto ya al servicio de esta Redención, y no digo más. Alégrate de sufrir porque aumenten los verdaderos Sacerdotes.

                    Descansa en la Palabra de aquel que te guía. Cree y presta obediencia a su consejo. Obedecer salva siempre. Aunque no sea en todo perfecto el consejo que se recibe.

                    Tú has visto que nosotros obedecimos, y el fruto fue bueno. Verdad es que Herodes se limitó a ordenar el exterminio de los niños de Belén y de los alrededores.

                    Pero, ¿no habría podido, acaso, Satanás llevar estas ondas de odio, propagarlas, mucho más allá de Belén, y persuadir a un mismo delito a todos los poderosos de Palestina para lograr matar al futuro Rey de los judíos?.

                    Sí, habría podido. Y esto habría sucedido en los primeros tiempos del Cristo, cuando el repetirse de los prodigios ya había despertado la atención de las muchedumbres y el ojo de los poderosos. Y, si ello hubiera sucedido, ¿cómo habríamos podido atravesar toda Palestina para ir, desde la lejana Nazaret, a Egipto, tierra que daba asilo a los hebreos perseguidos, y, además, con un niño pequeño y en plena persecución? Más sencilla la fuga de Belén, aunque -eso sí- igualmente dolorosa.

                    La obediencia salva siempre, recuérdalo; "y el respeto al Sacerdote es siempre señal de formación cristiana. ¡Ay -y Jesús lo ha dicho- ay de los Sacerdotes que pierden su llama apostólica!.

                    Pero también ¡ay de quien se cree autorizado a despreciarlos!, porque ellos consagran y distribuyen el Pan Verdadero que del Cielo baja. Este contacto los hace santos cual cáliz sagrado, aunque no lo sean. De ello deberán responder a Dios. Vosotros consideradlos tales y no os preocupéis de más. No seáis más intransigentes que vuestro Señor Jesucristo, el cual, ante su imperativo, deja el Cielo y desciende para ser elevado por sus manos. Aprended de Él. Y, si están ciegos, o sordos, o si su alma está paralítica y su pensamiento enfermo, o si tienen la lepra de unas culpas que contrastan demasiado con su misión, si son Lázaros en un sepulcro, llamad a Jesús para que les devuelva la salud, para que los resucite.

                    Llamadlo, almas víctimas, con vuestro orar y vuestro sufrir. Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia. Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un número grande de almas, porque todo Sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios, y salvar a un Sacerdote, o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mística red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona.

                    Vete en paz.


Palabras de Nuestra Santa Madre a María Valtorta, 
escrito el  8  de Junio de 1944



SANTA ÁGUEDA DE CATANIA

  


                        Santa Águeda es una de las más ilustres mártires cristianas, venerada por su fe inquebrantable y su extraordinario coraje. Su historia se remonta al siglo III, en la isla de Sicilia.

                        A pesar de que la biografía de Santa Águeda no está completamente documentada, se cree con alta probabilidad que nació en Catania, aunque algunos sostienen que su lugar de nacimiento fue Palermo. Santa Águeda es recordada no solo por su extraordinaria belleza, sino sobre todo por su dedicación religiosa y el coraje con el que enfrentó las persecuciones.

                        Nacida en una noble familia cristiana, Águeda decidió desde su adolescencia consagrarse a Dios, haciendo voto de virginidad y recibiendo del Obispo de Catania el velo rojo, símbolo de las vírgenes consagradas. Este gesto representaba su determinación de vivir una vida de pureza y servicio al Señor.

                        Las persecuciones bajo el emperador Decio fueron devastadoras para los cristianos. En el año 250, la belleza de Águeda atrajo la atención del cruel procónsul Quinciano, quien intentó seducirla por todos los medios. Ante su rechazo, Quinciano la hizo encarcelar en un burdel, con la esperanza de doblegarla. Sin embargo, Águeda se mantuvo firme en su fe y fue acusada de desprecio a la religión del Estado y encarcelada.

                        A pesar de las torturas inhumanas a las que fue sometida, Águeda no cedió, mostrando un coraje extraordinario en la defensa de su virginidad y su fe. La tortura más cruel que le infligieron fue el desgarro de sus senos con tenazas. Encarcelada sin posibilidad de cuidados, Águeda, mutilada y sangrando, aceptó su destino con dignidad, sostenida por el amor al Señor.

                        Según la tradición, las oraciones de Águeda fueron escuchadas y San Pedro se le apareció durante la noche, curando milagrosamente sus heridas. Cuando Quinciano la convocó y vio las heridas cicatrizadas, fue presa de rabia y deseo de venganza. Ordenó que Águeda, desnuda y envuelta solo en el velo rojo de esposa de Cristo, fuera quemada en brasas ardientes. En ese momento, un poderoso terremoto sacudió Catania, y el pueblo interpretó el evento como una señal divina a favor de la joven mártir.

                        Santa Águeda, llevada de nuevo a su celda, exhausta por las torturas sufridas, murió el 5 de Febrero del año 251. Numerosos milagros son atribuidos a su intercesión. Entre los más conocidos está el milagro del velo, que se dice detuvo una corriente de lava del Etna que amenazaba Catania en el primer aniversario de su muerte. El velo es todavía hoy una de las reliquias de la Santa conservadas y veneradas en la catedral de Catania. Después del milagro de la lava detenida, Santa Águeda se convirtió en la Santa Patrona de Catania.



miércoles, 4 de febrero de 2026

SAN ANDRÉS CORSINI

  



                       Lo llamaron Andrés por el Apóstol del mismo nombre, en cuyo día nació, en Florencia, en el año 1302. Pertenecía a la distinguida familia de los Corsini, y nos dicen que sus padres lo consagraron a Dios antes de su nacimiento; pero a pesar de todos sus cuidados, la primera parte de su juventud la pasó en el vicio y la disipación, entre malos compañeros. Su madre no dejaba de rogar por su conversión, y un día, en la amargura de su pena dijo, «Veo que ciertamente eres el lobo que vi en mi sueño», y explicó que antes de nacer él, había soñado que había dado a luz a un lobo que entró corriendo a una iglesia y se había cambiado en cordero. Añadió que ella y su padre lo habían consagrado al servicio de Dios, bajo la protección de la Santísima Virgen, y que esperaban que llevaría una vida muy diferente de la que llevaba. 

                       Estos reproches le causaron honda impresión. Lleno de vergüenza, fue Andrés al día siguiente a la iglesia de los Frailes Carmelitas, y después de haber rezado fervorosamente en el altar de Nuestra Señora, la Gracia de Dios lo alcanzó de tal modo, que resolvió abrazar la vida religiosa en aquel convento. Todos los artificios de sus antiguos camaradas, y las solicitudes de un tío suyo, que trató de volverlo de nuevo al mundo, fueron inútiles para cambiar su propósito: nunca abandonó el primer fervor de su conversión.

                       Andrés se ordenó Sacerdote en el año de 1328; pero para escapar a la fiesta y música que su familia había preparado -siguiendo la costumbre de la época- para el día en que celebrara su primera Misa, se retiró a un pequeño convento, a siete kilómetros fuera de la población, y allí, desconocido y con muchísima devoción, ofreció a Dios Todopoderoso los primeros frutos de su Sacerdocio. 

                       Después de dedicarse algún tiempo a predicar en Florencia, fue enviado a París, donde asistió a las escuelas por tres años. Continuó sus estudios por un tiempo en Aviñón, con su tío, el Cardenal Corsini, y en 1332, cuando regresó a Florencia, fue electo Prior de su convento. Dios premió su virtud con el don de la profecía, y también se le atribuían milagros de curaciones. Entre los prodigios de orden moral y conquista de almas endurecidas, fue especialmente notable la conversión de su primo Juan Corsini.

                       Cuando el Obispo de Fiésole murió, en 1349, el Capítulo eligió por unanimidad a Andrés Corsini para ocupar la sede vacante. Sin embargo, tan pronto como le informaron de lo que estaba sucediendo, se escondió con los Cartujos de Enna. Los canónigos, desesperados ya por no encontrarlo, iban a proceder a una segunda elección, cuando su escondite fue revelado por un niño. 

                       Después de su consagración como Obispo redobló sus anteriores austeridades. Diariamente se daba una severa disciplina mientras rezaba la letanía, y su cama era unas ramas de vid esparcidas en el suelo. Decía que la recreación de sus labores era el meditar y leer las Sagradas Escrituras. Evitaba lo más posible hablar con mujeres, y rehusaba escuchar aduladores o soplones. Su ternura y cuidado para con los pobres eran extremos, y era particularmente solícito en buscar a los que tenían vergüenza de que se supiera su desgracia; a estos ayudaba con toda discreción posible. San Andrés también tenía talento para aplacar disputas, y con frecuencia tenía éxito para restablecer el orden en donde brotaban disturbios populares. Por esa razón, el Papa Urbano V lo envió a Bolonia, donde la Nobleza y el pueblo se hallaban lastimosamente divididos. Después de sufrir muchas humillaciones los apaciguó, y permanecieron en paz durante todo el resto de su vida. Todos los Jueves lavaba los pies a los pobres, y nunca despachaba a ningún mendigo sin darle limosna.

                       Cuando cantaba la Misa de Navidad la noche de 1372, San Andrés cayó enfermo y murió en la Epifanía siguiente, cuando tenía setenta y un años de edad. Inmediatamente, por la voz del pueblo fue proclamado Santo, y el Papa Urbano VIII lo canonizó solemnemente en 1629. 

                       Andrés fue sepultado en la iglesia del Carmen de Florencia. El Papa Clemente XII, que pertenecía a la familia Corsini, construyó y dotó una capilla en honor de su pariente en la Basílica de Letrán. El arquitecto de esta capilla, en la cual sepultaron al propio Clemente, fue Alejandro Galilei. En 1737, el mismo Papa añadió al Calendario general de la Iglesia occidental a San Andrés Corsini.



"Vidas de los Santos de A. Butler", Herbert Thurston, SI




martes, 3 de febrero de 2026

SAN BLAS DE SEBASTE, Obispo y Mártir

 


PRIMEROS AÑOS COMO EREMITA

              Nació en Sebaste, ciudad de Armenia, cuando corría la segunda mitad del siglo III. Allí hizo sus estudios y ejercicio la profesión de médico. Allí lo eligieron obispo y derramó su sangre.

              El ejercicio de la medicina le hizo reflexionar sobre los límites y la caducidad del hombre. Acabó comprendiendo que las miserias y la fugacidad de la vida sólo se pueden superar en el horizonte de la Fe. Llegó a la conclusión de que los bienes eternos eran superiores a todo. Esto le movió a retirarse a una cueva solitaria en el cercano Monte Argeo, para dedicarse más intensamente a la oración, a la meditación y a la penitencia.

              Falleció entonces el Obispo de Sebaste. El clero y los cristianos de la ciudad pensaron en Blas como nuevo Pastor de su diócesis. Se resistió al principio, pero, ante las insistencias, acabó aceptando. Recibió las órdenes sagradas de presbítero y luego de Obispo. Se entregó totalmente al pueblo cristiano repartiendo a manos llenas la palabra de Dios y el pan de la caridad. Su descanso era retirarse a su cueva en la montaña para leer la Sagrada Escritura y pasar horas interminables de oración y ayuno.

              Los animales, cuyo instinto advierte quién se acerca a ellos con intenciones agresivas o pacíficas, acabaron sintiendo la bondad de aquel ermitaño. Poco a poco perdieron el miedo. Su natural desconfianza se fue suavizando. No huían al verle, sino que permanecían tranquilos, llegando al final a tomarle como un amigo que no los recibía con gritos o pedradas, sino con actitud suave y amable.

PROTECTOR DE LA GARGANTA

              El pontificado de San Blas tuvo una etapa feliz, con la dirección cercana y cordial de los creyentes y con el retiro para darse a la oración y penitencia. Pero llegó la persecución con tortura, prisión y muerte para muchos cristianos. El Obispo atendía por la noche al culto y al servicio de la comunidad. Incluso logró visitar y dar el último auxilio a algunos presos.

              La persecución se volvió más penosa y el Obispo San Blas fue capturado. Lo condujeron atado con cadenas hasta el gobernador romano. Cuando cruzaba doliente las calles de su ciudad natal, Dios hizo brillar su dolor con un milagro. Refiere el acta martirial que una madre angustiada se acercó al Santo con su hijo moribundo. Una espina le atravesaba la garganta con una infección que lo ahogaba. La madre desesperada, llevando en brazos al niño medio muerto, irrumpe por medio de la comitiva que conducía preso a San Blas, y se dirige a él con esta súplica: "Siervo de Jesucristo apiádate de mi hijo. Es mi único hijo". El mártir olvida sus cadenas, y va a remediar el dolor ajeno. Pone la mano sobre el niño agonizante; traza la señal de la cruz sobre su garganta. Durante unos instantes ora fervorosamente por él. El muchacho se reanima; arroja la espina que le ahogaba, y recupera la salud. De aquí arranca la devoción a San Blas como protector en los enfermos de la garganta.

TORTURADO POR SER FIEL  A CRISTO

              Al día siguiente el reo es conducido al tribunal. El prefecto le propone que abandone la fe cristiana y adore a los dioses paganos. San Blas se reafirma en la Fe Católica. Los verdugos le aplican la escalofriante serie de torturas que entonces se usaban para doblegar a los condenados. El Mártir no se deshace en gritos de dolor; se concentra en su interior alabando al Señor e identificándose con Cristo en la Cruz. Al fin lo conducen fuera de la ciudad y sobre un poyo de piedra le cortan la cabeza. Era el día 3 de Febrero del 316.

              Amigos y devotos recogieron discretamente su cuerpo y lo enterraron con respeto. Sobre el sepulcro se levantó un templo. Desde allí su culto y sus reliquias se extendieron por todo el mundo. Su imagen preside altares y retablos. Se representa llevando la mano derecha hacia la garganta. Tal gesto expresa simbólicamente el patronazgo del Santo sobre los males que pueden afectar a esa parte del cuerpo.