martes, 5 de mayo de 2026

    



            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 8º: LA MANSEDUMBRE 


            ¡Oh, humilde y afabilísimo San Antonio!. Obtenedme por vuestros méritos aquella mansedumbre que aun a los malos cautiva, y que logre con ella salvarme acompañado de muchos.      

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 4 de mayo de 2026

LA SÁBANA SANTA DE TURÍN

  

La Sábana Santa, "extraordinario vestigio 
de la Pasión del Divino Redentor

Papa Pío XII, 1950




                                La conocida como "Sábana Santa" o "Síndone", es un lienzo de lino, (dedicado a ser mortaja) de tejido firme y fuerte, de color sepia, y de grandes dimensiones (4,36 metros de largo por 1,10 metros de ancho)

                       Según fuentes muy antiguas, un lienzo con la efigie de Jesús es llevado de Jerusalén a Edessa (la actual Urfa al este de Turquía), donde propicia la conversión de Abgar V, Rey de Edessa a la Fe Católica. Pero después de que su hijo vuelva al paganismo se le pierde la pista.

                      Abgar VIII "el Grande" es coronado rey de Edessa. Durante su reinado, en el año 201, una inundación daña la llamada "iglesia de los Cristianos". En 216, tan solo cuatro años después de la muerte de Abgar VIII, Edessa es absorbida por el Imperio Romano, terminando así su monarquía y, por tanto, el periodo en el que el lienzo con la imagen de Jesús habría sido traída a la ciudad.

                       Una versión de la historia de la conversión de Edessa  la Doctrina de Addai (Doctrina de Tadeo, apócrifo), se refiere a una imagen de Jesús que es llevada desde Jerusalén a Abgar. Sin embargo, las descripciones de los peregrinos de la ciudad en ese mismo tiempo no hablan del paradero de esta imagen ni siquiera de su existencia.

                       En torno al año 525, Edessa es de nuevo o seriamente inundada. Probablemente a continuación, durante la gran operación de restauración que se lleva a cabo a cabo, se halla un lienzo con la imagen de Jesús tapiado en un nicho encima de una de las puertas de la ciudad. Inmediatamente es reconocido como el lienzo que cinco siglos antes había sido traído desde Jerusalén al rey Abgar V. La imagen de Jesús es inequívocamente descrita como "no hecha por manos humanas". Algunos relatos la describen como una "sindon", también como un "tetradiplon" (doblado en cuatro), lo que indica que sería un largo lienzo plegado de manera que se viera más pequeño de lo que era su tamaño completo. De aquí, en el Arte Cristiano, surge inmediatamente la imagen característica de la apariencia humana de Jesús que ha llegado hasta nuestros días.

                      Un poema datado en el año 569 compara el mármol de la catedral de Santa Sofía de Edessa, la cual ha sido reconstruida después de la inundación, con "la imagen no hecha por manos humanas", es decir, el lienzo con la imagen de Jesús que se guardaba en esta catedral.

                      En el año 723, como parte de una moda por una mayor pureza religiosa, que durará 120 años, se destruyen las imágenes de Jesús durante los Imperios Bizantino y Musulmán. Pero el Lienzo de Edessa con la imagen de Jesús (la cual ha caído bajo dominio de los musulmanes) no sufre daño alguno.

                       Dos siglos más tarde, un ejército enviado por el Emperador Bizantino llega a la todavía musulmana Edessa en el año 943. Su general promete no tocar Edessa, pagar una gran suma de dinero y poner en libertad a 200 prisioneros musulmanes, a cambio del Lienzo con la imagen de Jesús. Después de muchas negociaciones, se llega a un acuerdo. El Lienzo es llevado a Constantinopla, donde el 15 de Agosto del 944 es recibido en la ciudad con grandes celebraciones. Se acuerda una festividad propia, el día 16 de Agosto. Por el celo con que se conserva el Lienzo según el pensamiento ortodoxo del este, no hay ostensiones públicas. Sin embargo, entre los altos dignatarios acuerdan una ostensión privada especial; el refrendario Gregorio menciona que es capaz de ver en el lienzo la herida del costado de Jesús. El lienzo está instalado en la capilla Pharos del palacio imperial de Constantinopla, depósito de otras Reliquias de la Pasión de Nuestro Señor.


                       


                       El Caballero Cruzado Robert de Clary, en la ocasión en que él y sus compañeros fueron invitados a Constantinopla en el año 1203, declara que en la Iglesia de Santa María de Blanquerna, lugar de reunión en tiempos de crisis, ha visto "el lienzo en el que fue envuelto Nuestro Señor". Y añade: "Cada viernes se extendía para que todos pudieran ver la figura de Nuestro Señor".

                        En 1355 Godofredo I de Charny se convierte en el primer propietario europeo conocido de la Síndone; muere en la Batalla de Poitiers en 1356, dejando una viuda, Jeanne de Vergy, un joven hijo, Godofredo II de Charny, y la Síndone...

                       En 1418, a consecuencia de la guerra con Inglaterra, por motivos de seguridad, la Sábana Santa es trasladada de Lirey al Castillo de Montfort, propiedad del Conde de la Roche, y luego a Saint Hippolyte sur Doubs, en Alsace-Lorraine, cerca de Suiza.

                       El Duque Luis de Saboya acepta pagar una renta a los Canónigos de Lirey en 1464, como compensación por su pérdida de la Sábana Santa, indicando claramente que la había conseguido de los Charny de Lirey.

                       A principios del siglo XVI, se establece un nuevo emplazamiento para la Sábana Santa: la Sainte Chapelle, especialmente construida en Chambéry para albergarla y custodiarla.

                       El Papa Julio II establece en 1506  el día 4 de Mayo como Festividad propia de la Sábana Santa. Éste será el día del año en que se mostrará la Sábana Santa ante el gran público. En 1578 sería trasladada a la ciudad de Turín.

                       El abogado y fotógrafo aficionado, Secondo Pía, después de haber obtenido el permiso del Rey Vittorio Emanuele para realizar las primeras fotografías de la Sábana Santa de Turín, tuvo una gran sorpresa en el cuarto de revelado: el 28 de Mayo de 1898, comprobó que en la imagen en negativo de la Sábana Santa, aparecía majestuosamente una imagen en positivo, con extraordinaria claridad y detalle. Así entendió que la imagen representada en la tela constituye un auténtico negativo.



sábado, 2 de mayo de 2026

SAN ATANASIO, Padre y Doctor de la Iglesia. Defensor de la Ortodoxia Católica

 


                    Nació en Egipto, Alejandría, en el año 295. Estudió Derecho y Teología. Se retiró por algún tiempo a la vida solitaria, haciendo amistad con los ermitaños del desierto. Regresando a la ciudad, se dedicó totalmente al servicio de Dios.

                    En su tiempo, Arrio, clérigo de Alejandría, propagaba la herejía de que Cristo no era Dios por naturaleza. Para enfrentarlo se celebró el primero de los Concilios Ecuménicos, en Nicea, ciudad del Asia Menor. Atanasio, que era entonces diácono, acompañó a este Concilio a Alejandro, Obispo de Alejandría. Con doctrina recta y gran valor sostuvo la Verdad Católica y refutó a los herejes. El Concilió excomulgó a Arrio y condenó su doctrina arriana.

                    Pocos meses después de terminado el Concilio murió Alejandro y Atanasio fue elegido Patriarca de Alejandría. Los arrianos no dejaron de perseguirlo hasta que lo desterraron de la ciudad e incluso de Oriente. Cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que recibiera de nuevo a Arrio en la Iglesia a Arrio a pesar de que este se mantenía en la herejía, Atanasio, cumpliendo con gran valor su deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de que el emperador Constantino, en 336, lo desterró a Tréveris.

                    Durante dos años permaneció Atanasio en esta ciudad, al cabo de los cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha contra los arrianos y por segunda vez, en 342, sufrió el destierro que lo condujo a Roma.

                    Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina católica. Pero sus adversarios enviaron un batallón para prenderlo. Providencialmente, Atanasio logró escapar y refugiarse en el desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo. Después de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en su sede. Falleció el 2 de Mayo del año 373.


ENSEÑANZA CONTRA LOS ARRIANOS
escrita por San Atanasio


                    "El Hijo no fue engendrado como se engendra un hombre de otro hombre, de forma que la existencia del Padre es anterior a la del Hijo. El hijo es vástago de Dios, y siendo Hijo del Dios que existe eternamente, Él mismo es Eterno. Es propio del hombre, a causa de la imperfección de su naturaleza, engendrar en el tiempo: pero Dios engendra eternamente, porque Su naturaleza es perfecta desde siempre" (Oraciones contra los arrianos I, 14).

                    "Dios existe desde la Eternidad: y si el Padre existe desde la Eternidad, también existe desde la Eternidad lo que es Su resplandor, es decir, Su Verbo. Además, Dios, «el que es» (ὁ ὤν), tiene de Sí Mismo un Verbo que también Es; este Verbo no es algo que antes no existía y luego vino a la existencia, ni hubo un tiempo en que el Padre estuviera sin Logos" (Oraciones contra los arrianos I, 25-26).



viernes, 1 de mayo de 2026

SAN JOSÉ, "HOMO FABER", Modelo y Patrón de los trabajadores

 


                       No solo es San José modelo de todos los estados, sino también de diversas clases y oficios de la sociedad. Sin embargo, no puede negarse que lo es especialmente de aquellos que más parecido y semejanza tienen con el oficio que él ejercitó, "Homo faber" (1), tales son los obreros y artesanos. Estos pueden decir a boca llena que San José les pertenece, que es de los suyos.

                       Y es así, en verdad. San José se presta más directamente a la imitación de los obreros, porque obrero fue el Santo Patriarca; y por lo mismo, si vale decirlo, a los obreros y artesanos profesa especial cariño y está a primera vista más dispuesto a favorecer en igualdad de circunstancias.

                       Fácilmente se comprende que tenga San José predilección por los de su clase y oficio, y que se compadezca mejor de sus trabajos, por la sencilla razón de haber pasado por ellos y tener conocimiento experimental de los apuros en que suelen hallarse y de los vejámenes que a veces tienen que sufrir de parte de los patronos y de los ricos. Sabe por experiencia San José lo que es ganar su sustento cotidiano con el sudor de su frente; sabe cómo duele, después de haber estado trabajando con esmero y diligencia todo el santo día, cuando se esperaba el salario con una sonrisa de aprobación al presentar terminada la tarea, ver despreciada su obra, dejar descontento al que la encargó y recabar a duras penas, no sin bochorno, el precio estipulado; sabe qué es pasar un día y otro en forzosa ociosidad por falta de trabajo o excesiva multitud de brazos; qué es echarse encima la noche o acercarse el fin de semana sin poder llevar a casa lo necesario para comprar el sustento de la familia, y verse obligado a pedir que le presten fiado el pedazo de pan que han de llevarse los hijos a la boca. Todo eso y mucho más sabe San José como ninguno, y natural es que a ese conocimiento se siga la compasión y el amor hacia los que padecen las mismas miserias que un día padeció.

                      Pues por lo mismo es el más alto y perfecto modelo, y el que más autoridad tiene para instruir y consolar a obreros y artesanos. Porque San José, que pasó por todas esas molestias y contrariedades de la vida laboriosa, fue, no obstante, en su mortal carrera, feliz en cuanto se puede ser; y ahora que goza de inmenso valimiento en el Cielo, puede ya quiere favorecer a los artesanos y obreros como ninguno.

                       ¿De qué manera? ¿Haciendo que éstos naden en la abundancia? No. ¿Haciendo que desaparezcan de la vida las penas y trabajos? Tampoco. ¿Trayendo la nivelación social y aboliendo la diferencia de clases?. Mucho menos. ¿Pues cómo?. Con lo mismo que él fue relativamente feliz.

                       Lo que hizo relativamente feliz a San José es, en primer lugar, la Fe y la Religión. El conocimiento y esperanza de lo sobrenatural, de otra vida, de otros bienes que no consume el hollín, ni roban los ladrones, ni están expuestos a las vicisitudes de las cosas terrenas. A medida que esta Fe y esperanza crezcan y reinen en el corazón, decrecerá la estima de los bienes de este mundo y no se mirarán como la suprema felicidad del hombre. Nacerá de aquí la resignación cristiana y la confianza en Dios y en Su amorosa Providencia, que nunca desampara a los suyos y acude en la mayor necesidad, y nunca dejará de mover los corazones de los cristianos.

                       Cristo Nuestro Señor y San José, el hijo del artesano y el artesano, que vivieron en la oscuridad y llevaron una vida pobre y laboriosa. Entonces aparecerá con todo su esplendor la excelsa dignidad de los pobres y obreros en la Iglesia, y resonarán con eco potente, para consuelo de los humildes y resignados, las profundas palabras del Salvador del mundo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Se amará la imitación de Cristo; seguirán con holgura las pisadas del Divino Maestro sobre la tierra, y ante la perspectiva de la corona inmarcesible que ha de ceñir eternamente las sienes del humilde y resignado artesano, parecerá menos dura la pobreza y más llevadera la condición de los obreros.

                       Quien se penetre bien de estas ideas, antes será envidiado que envidioso. Pues éstas fueron las que alimentaron y nutrieron el espíritu de San José, y las que él procurará inculcar en el espíritu de los obreros sus devotos.


Extraído de la "Vida de San José"
por el Padre Francisco de Paula García, SI


NOTA

                1) Expresión que deriva del pasaje "Nonne hic est fabri filius? Nonne mater ejus dicitur Maria...?"  (Evangelio de San Mateo, cap. 13, vers. 55); en el siglo IV, cuando San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras del griego al latín, utilizó el término "faber", que se puede traducir por "artesano" o "carpintero"), que corresponde al término griego "tekton", indicando a alguien que trabaja con madera o piedra. 




jueves, 30 de abril de 2026

SANTA CATALINA DE SIENA, Terciaria Dominica

 


                  Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, fue analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Nuestro Señor Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

                 Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

                 Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

                 Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

                 A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

                 Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

                 Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus virginales restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.



VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística


LAS DOS CORONAS

               Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

               «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir solamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

               Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, "la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo Sus estigmas… He visto al Señor clavado en la Cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de Sus Sacratísimas Llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días". Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.



JESÚS LE DA SU CORAZÓN

               En una ocasión Santa Catalina de Siena se encontraba rezando en la capilla de sus hermanos dominicos cuando de pronto cayó en éxtasis. Cuando se recuperó se puso de pie para volver a casa, pero al instante tuvo una visión asombrosa. En esta vio como una hermosa luz bajaba del Cielo y la envolvía. En medio de esa luz apareció el Señor quien traía algo en una de sus manos: ¡era un corazón humano!. El Señor se acercó a Santa Catalina, abrió uno de los costados de ella e introdujo el corazón que había traído. Mientras lo hacía de dijo a la Santa:

               "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el Mío con el cual siempre vivirás".

               Luego del episodio Santa Catalina de Siena quedó con una cicatriz en ese costado como prueba del milagro que Dios había obrado en ella.

               Su Confesor explicaba esto último de esta manera:

               "De lo dicho queda la apertura que [El Señor] le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a contármelo".



miércoles, 29 de abril de 2026

SAN PEDRO DE VERONA, Predicador y Mártir

  


               San Pedro de Verona nació el 29 de Junio de 1205; pese a ser hijo de padres cátaros (también conocidos como "puros" o "albigenses") el joven supo siempre conservarse inmune de la herejía cátara. 

               Al llegar a la adolescencia, Pedro decidió abandonar a su familia, puesto que no se sentía a salvo, y decidió ingresar en la Orden de Frailes Predicadores de la mano de su Fundador, Santo Domingo. Desde ese momento comenzó su incesante lucha contra los infieles. Formado en la Universidad de Bolonia fue predicador incansable en Milán y Venecia, donde consiguió numerosas conversiones.

               Luchando contra las creencias cátaras, se consagró a la formación cristiana de laicos, a la difusión del culto a la Virgen y a la creación de instituciones para la defensa de la ortodoxia católica.

               En Florencia trabó nuevas amistades con los después también canonizados Alexis de Falconieri y los otros seis fundadores de la Orden de Siervos de María, los llamados Servitas, siendo su consejero.

               En 1251 gracias a sus numerosas virtudes, a ser un gran orador y predicador, a su gran conocimiento de la Biblia y a su severidad en su forma de vida, el Papa Inocencio IV lo nombró Inquisidor de Lombardía y Prior en Como; evangelizó por toda Italia, predicando en Roma, Florencia, Bolonia, Génova y Como. La gente acudía a verlo y lo seguía, siendo las conversiones numerosas.

               San Pedro, quien con sus predicaciones se había ganado el odio de sus adversarios, fue asesinado en 1252 en un bosque a medio camino entre Como y Milán. El crimen habría sido urdido por el Obispo hereje Daniele da Giussano y algunos señores milaneses, entre ellos Stefano Confalonieri. Su verdugo, Carino de Bálsamo, le asestó varios golpes en la cabeza con un alfanje, fracturándole el cráneo. Al caer el santo al suelo, su asesino lo abandonó creyendo que yacía muerto. Sin embargo, San Pedro logró incorporarse y escribir en el suelo, con su propia sangre, las palabras: Credo in Deum. Fue entonces cuando Carino dio media vuelta y le clavó un puñal en el pecho hasta la empuñadura. Mientras, el compañero de San Pedro de Verona, Fray Domingo, fue atravesado por una flecha al intentar huir del lugar de los hechos. San Pedro se convirtió así en el primer mártir de la Orden de Predicadores.

               Tras haber cometido el asesinato, Carino de Bálsamo fue tocado por la gracia y mostrando arrepentimiento por la atrocidad del crimen cometido, decidió redimirse ingresando en la Orden de Predicadores. Fue acogido en el Convento de Forli por el hermano del propio Mártir, quien se mostró misericordioso. Desde ese momento, el asesino de Pedro llevó una vida edificante y en la actualidad es venerado en la Orden Dominica como el Beato Carino Pietro da Balsamo.

               San Pedro de Verona sería canonizado el 9 de Marzo de 1253, cuando no había transcurrido aún un año de su muerte; el cuerpo del Protomártir Dominico fue exhumado y hallado incorrupto. Ante el milagroso descubrimiento, el Santo fue expuesto en la Plaza de San Eustorgio para que los fieles pudiesen contemplarlo, momento en el cual se optó por separar la cabeza del cuerpo para custodiarla aparte.

               El Papa Inocencio IV, en su Bula Magnis e Crebris, fechada el 29 de marzo de 1253, concedía una indulgencia a todos aquellos Fieles que visitasen la tumba de San Pedro Mártir, en San Eustorgio de Milán, el día de su Festividad, fijada para el 29 de Abril. 



martes, 28 de abril de 2026

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, Apóstol de la Esclavitud Mariana

 


                       San Luis nació en Montfort, Francia el 31 de Enero de 1673 de una familia muy numerosa, siendo el mayor de 18 hermanos. Uno de ellos murió en su infancia, 3 fueron Sacerdotes y 3 religiosas. San Luis sobresalía entre sus amigos por su habilidad y su extraordinaria fortaleza física. De carácter era más bien tímido y prefería la soledad.

                      Desde joven, San Luis sentía una gran devoción a la Divina Eucaristía y a la Virgen María. Frecuentemente lo encontraban rezando por largo rato frente a una imagen de la Virgen. Cuando tenía suficiente edad, pidió permiso para asistir por las mañanas a la Santa Misa de la Parroquia; como la Iglesia le quedaba a dos millas de su casa, tenía que levantarse muy temprano para llegar a tiempo.  Mientras estudiaba con los Jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases. Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables.

                      Pero no todo en su juventud era de color de rosas. Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Y como Luis era el hijo mayor, era quien sentía más el peso de la furia. Su padre constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su padre, lo cual le hacía aún más difícil soportar aquellas pruebas. Para evitar un enfrentamiento con su padre, y el mal que su ira podría traer, Luis salía corriendo. Así evitaba la ocasión de pecado. Era todo lo que Luis podía hacer para controlar su temperamento... sin quererlo, su padre le proporcionó un medio para entrar en la lucha por la santidad a una temprana edad.

                      En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios en el Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando vio la determinación de su hijo, le dio la bendición. Y así, a finales de ese año, San Luis sale de su casa hacia París.

                      Su tiempo en el Seminario estuvo lleno de grandes pruebas: era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con el, si tratarlo como a un santo o como a un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida más bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Lo humillaban y lo insultaban en frente de todos. Sus compañeros en el Seminario, viendo la actitud de los superiores, también lo maltrataban mucho. Se reían de él, lo rechazaban muy a menudo. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad. Es más, lo miraba todo como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz

                      El 5 de Junio de 1700, San Luis, de 27 años, fue ordenado Sacerdote. Tras años de incomprensiones y ataques por parte del Clero y parte del Episcopado francés, decide, en el año 1706, recurrir al Santo Padre, el Papa Clemente XI, que le imparte su Bendición y lo nombra Misionero Apostólico, quedando así bajo la protección directa del Papa.



                      San Luis llegará a hacer 200 Misiones y retiros, especialmente en la región noroccidental de Francia: el Poitou, Vendée y en Bretaña. Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio. Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios.  Sus Misiones se caracterizaban por la presencia de María nuestra Señora, ya que siempre promovía el rezo del Santo Rosario y hacía procesiones y cánticos a la Virgen, por la que predicaba sin cesar la Esclavitud Mariana. Sus exhortaciones movían a los pobres a renovar sus corazones y, poco a poco, volver a Dios, a los Sacramentos y al amor a Cristo Crucificado. Jamás cesaron los ataques, ni por parte del Clero corrupto, ni de los jansenistas.

                      El 1 de Abril de 1716 comenzó su última Misión en Saint-Laurent-sur-Sèvre. Presintiendo que su muerte estaba próxima, pidió que, cuando lo pusiesen en el ataúd, le fuesen mantenidas en el cuello, los brazos y los pies las cadenas que usaba como señal de Esclavitud de Amor a la Santísima Virgen. Murió en la tarde del 28 de Abril de 1716. Fue enterrado en el mismo pueblo de Saint-Laurent-sur-Sèvre, en la basílica que hoy lleva su nombre.

                      San Luis regaló a la Iglesia las obras más grandes que se han escrito sobre la Virgen Santísima, siendo la mayor de todas "El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen". Además escribió "El Secreto de la Virgen", y "El Secreto del Rosario". A estos se añade "A los Amigos de la Cruz".  La Iglesia ha reconocido sus libros como expresión auténtica de la Doctrina Eclesial; así, el Papa Pío XII, que canonizó a San Luis, dijo de la obra del Santo: "Son libros de enseñanza ardiente, sólida y auténtica." 

                       Años antes, el Papa San Pío X, el 27 de Diciembre 1908 , escribió una dedicatoria en una copia de "El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen" con la que concedió la Bendición Apostólica a los lectores: "Recomiendo de corazón la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, tan admirablemente escrita por De Montfort, y a todos los que la lean les otorgo la Bendición Apostólica".



LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 7º: LA BENIGNIDAD

    


            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 7º: LA BENIGNIDAD


            ¡Oh, soberano y suavísimo San Antonio! Alcanzadme una santa benignidad para con mis prójimos, a fin de que no quiera otras armas contra mis enemigos más que orar por ellos y hacerles el bien.       

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 27 de abril de 2026

ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (V)

 


                    La Madre Ana de Monteagudo tuvo la visita del alma de una religiosa dominica; había vivido en ese mismo monasterio, pero para su desgracia, había llevado una vida mundana con muchos perfumes y pomadas en el rostro y en las manos; se ocupaba incluso de perfumar su hábito, perdiendo mucho tiempo en adornos. La Madre Ana veía con espanto como el alma de la religiosa estaba sujeta por cuatro personas monstruosas que la atormentaban... 

                    El espanto de aquella visión hizo pensar a la Madre Ana de Monteagudo que el alma de aquella infeliz monja estaba condenada, pero aún así le preguntó por qué estaba con sufrimientos tan terribles. El alma purgante le respondió que había puesto mucho interés en adornarse y embellecerse sin haber guardado las normas de su estado; y que estaba en un lugar especial para que no pudiese disfrutar de los sufragios generales que se hacen en la Iglesia por las Almas del Purgatorio; sin embargo, había obtenido permiso de Dios para venir a pedirle ayuda. 

                    La Madre Monteagudo le contó dicha visión a otra religiosa, Sor Juana de Santo Domingo, explicándole que aquél encuentro con el alma de la monja vanidosa había durado una hora y que, inmediatamente, comenzó a ayudarla con sus oraciones, sobre todo por la intercesión de su Patrono San Nicolás. Después de muchas oraciones y sufragios, obtuvo que Dios usara de Su Misericordia para con el alma de la monja y la sacase de aquellas penas para llevarla a Su Presencia en el Cielo.


NOTA BIOGRÁFICA

                    Ana de los Ángeles de Monteagudo y Ponce de León nació en Arequipa (Virreinato del Perú) en 1602. Fue desde los dieciséis años monja en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de la misma ciudad, donde durante casi setenta años se dedicó a Dios y su pueblo, siendo un verdadero ángel del buen consejo en sus cargos de Sacristana, Maestra de Novicias y Priora. Vivió con incansable entusiasmo para la reforma del Monasterio, para la caridad con los necesitados, y rezando incesantemente por las Almas del Purgatorio. Sus últimos años fueron de penosa enfermedad, soportada con ejemplar serenidad. Entregó su alma a Dios el 10 de Enero de 1686 y su cuerpo se venera en la iglesia del mismo monasterio donde vivió. El 13 de Junio de 1917 fue nombrada Sierva de Dios por el Papa Benedicto XV.



domingo, 26 de abril de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Madre del Buen Consejo

 

"Míos son el consejo y la justicia, 
mía la prudencia, mía la fuerza"


Libro de los Proverbios, cap. 8, vers. 14


                    Dios, que desea la salvación del hombre y que, por Su infinita Bondad, le provee los medios necesarios para alcanzar su fin último, nos ha provisto, en medio de las perplejidades de la vida, de un medio seguro para resolver nuestras dudas, al impartirnos el don del Consejo.

                    Por este don nos sentimos impulsados ​​a acudir al Espíritu Santo, a obtener de Él luz en nuestras ansiedades y un conocimiento claro de lo que debemos hacer para agradar a Dios y salvar nuestras almas. El Espíritu Santo, como un padre tierno, escucha el clamor de nuestro corazón y, en Su infinita generosidad, envía un rayo de Luz celestial para iluminar nuestra alma, disipar su oscuridad, mostrarle el camino que debe seguir y llenarla de seguridad y paz. Entonces nuestra alma puede clamar con el salmista: «El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?. El Señor es el protector de mi vida; ¿de quién tendré miedo?». ¡Qué precioso es este don del consejo!. Pidámoselo a Dios con toda humildad y perseverancia.

                    Después de Jesús, María es esa criatura privilegiada que poseía en grado superlativo el don del Consejo. Su Alma, en efecto, siempre estuvo volcada hacia Dios, a cuyas inspiraciones respondía con prontitud. En Ella, mucho más que en ningún otro Santo, se cumplen plenamente las siguientes palabras: «Que el consejo te guarde y la prudencia te conserve». Y esta prontitud con la que María se volvía a Dios en todo y percibía las luces que Él le enviaba, preservó Su Alma santa en perfecta paz. Esta paz la acompañó siempre e impartió a cada una de Sus acciones un resplandor celestial.

                    Sin embargo, fue en dos circunstancias de su vida en particular donde María demostró poseer el don sobrenatural del consejo en un grado superior.

                    La primera fue en el momento de Su Presentación en el Templo. Entonces comprendió claramente lo grato que sería para Dios que se consagrara a Él mediante un voto de virginidad perpetua; y no esperó a tener más edad para cumplir este voto, demostrando así cómo Sus acciones estaban eminentemente caracterizadas por el don de Consejo que animaba cada una de ellas.

                    Nuevamente, en el momento de la Anunciación, este don resplandeció en María con un esplendor aún mayor. Aclamada por el Ángel como «llena de gracia» y exhortada por él a dar Su consentimiento para la realización de la Encarnación, la Santísima Virgen preguntó al Mensajero celestial acerca de las disposiciones de la Voluntad Divina respecto a ella; y al conocerlas, se ofreció sin reservas como humilde Sierva del Señor.

                    Oh Mujer sin igual, concédeme que, como Tú, pueda recurrir frecuentemente a las luces del Espíritu Santo, para que pueda conocer y cumplir en todas las cosas la Santa Voluntad de Dios, y para que en Ella encuentre la paz perfecta.

                    Así como quien recurre al consejo sabio se encamina hacia la seguridad, también quien descuida buscar consejo se expone a su propia ruina. El castigo que Dios suele infligir a los individuos y pueblos que, deliberadamente, pisotean Su Ley y violan Su Justicia, consiste en retirarles la guía del Espíritu Santo y dejarlos a merced de sus propias inclinaciones perversas: «Los dejo ir según los deseos de su corazón».

                    La consecuencia natural de la pérdida del don del Consejo es una temeridad obstinada, a la que vemos sucumbir en los impíos: esta insensatez suele ser precursora de la ruina y la muerte. El hombre carnal, que solo desea los bienes de este mundo y los placeres de los sentidos, se ve impulsado por un instinto ciego a buscar disfrutes; sin embargo, tarde o temprano, estas mismas cosas lo arrastran como un torbellino y perece miserablemente.

                    ¡Cuidado, alma mía, de despreciar la Luz del Espíritu Santo!. Recurre más bien al Autor de todo bien, diciendo con fe y humildad, como el Profeta: «Escucharé lo que el Señor me diga, porque Él anunciará la paz a su pueblo».

                    San Luis María Grignion de Montfort, llamado así por el castillo donde nació, manifestó desde temprana edad una gran devoción a la Santísima Virgen. Siendo aún niño, solía llamar a María con el dulce nombre de Madre y se alegraba al oír hablar de Sus virtudes y dignidad. Además, a veces le gustaba apartarse de sus compañeros para rezar el Rosario y cantar alabanzas a esta gloriosa Reina; y otras veces invitaba a otros a unirse a él en este piadoso acto.

                    Esta devoción se hizo más ferviente con el paso de los años, tanto que, al envejecer, sintió crecer en su interior un amor aún mayor por la Madre de Dios y de los hombres. Al ser ordenado Sacerdote, se entregó por completo a la obra de salvar almas, especialmente mediante las misiones, en las que nunca dejó de invocar la poderosa intercesión de María. Esta Reina celestial, como una madre amorosa, se dignó bendecir su labor con abundantes frutos, a pesar de las feroces persecuciones que sufrió.

                    En efecto, a María recurría en todas sus tribulaciones. A Ella consagraba todos sus trabajos y sufrimientos. Cada día, al terminar su labor, se postraba ante Su Altar como para obtener de Ella consuelo y alivio.

                    Tan ardiente era su deseo de incorporar a los Fieles al servicio de la Reina del Cielo, que, entre otros esfuerzos por propagar la devoción a Ella, pensó en establecer en todas partes la Cofradía del Santísimo Rosario.

                    Además, fundó una Congregación: los Misioneros de la Compañía de María, quienes se consagraron continuamente a esta santa obra. Fue principalmente gracias a esta singular devoción a la Madre de Dios que logró convertir a numerosos pecadores, santificar muchas almas y preservar al pueblo cristiano de la herejía del jansenismo, que se había infiltrado por doquier.

                    El nombre de San Luis María Grignion permanecerá siempre querido por los devotos de María gracias a un libro lleno de sabiduría celestial que escribió sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen. En este libro, el Apóstol de la Reina del Cielo enseña cómo consagrarnos por completo a Ella, poniendo en Sus manos todo lo que tenemos y todo lo que hacemos, para que sea nuestra Mediadora ante Su Hijo.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María