martes, 20 de septiembre de 2022

SUBIDA AL MONTE CARMELO, por San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Parte IV

  


               Habla de la primera causa de esta noche, que es de la privación del apetito en todas las cosas, y da la razón por que se llama noche.

               Llamamos aquí noche a la privación del gusto en el apetito de todas las cosas; porque, así como la noche no es otra cosa sino privación de la luz, y, por el consiguiente, de todos los objetos que se pueden ver mediante la luz, por lo cual se queda la potencia visiva a oscuras y sin nada, así también se puede decir la mortificación del apetito noche para el alma, porque, privándose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es quedarse como a oscuras y sin nada. Porque, así como la potencia visiva mediante la luz se ceba y apacienta de los objetos que se pueden ver, y, apagada la luz no se ven, así el alma mediante el apetito se apacienta y ceba de todas las cosas que según sus potencias se pueden gustar; el cual también apagado, o, por mejor decir, mortificado, deja el alma de apacentarse en el gusto de todas las cosas, y así se queda según el apetito a oscuras y sin nada. 

               Pongamos ejemplo en todas las potencias. Privando el alma su apetito en el gusto de todo lo que el sentido del oído puede deleitar, según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada. Y privándose del gusto de todo lo que al sentido de la vista puede agradar, también según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada. Y privándose del gusto de toda la suavidad de olores que por el sentido del olfato el alma puede gustar, ni más ni menos según esta potencia, se queda a oscuras y sin nada. Y negando también el gusto de todos los manjares que pueden satisfacer al paladar, también se queda el alma a oscuras y sin nada. Y, finalmente, mortificándose el alma en todos los deleites y contentamientos que del sentido del tacto puede recibir, de la misma manera se queda el alma según esta potencia a oscuras y sin nada. De manera que el alma que hubiere negado y despedido de sí el gusto de todas las cosas, mortificando su apetito en ellas, podremos decir que está como de noche, a oscuras, lo cual no es otra cosa sino un vacío en ella de todos las cosas.

               La causa de esto es porque, como dicen los filósofos, el alma, luego que Dios la infunde en el cuerpo, está como una tabla rasa y lisa en que no está pintado nada; y si no es lo que por los sentidos va conociendo, de otra parte naturalmente no se le comunica nada. Y así, en tanto que está en el cuerpo, está como el que está en una cárcel oscura, el cual no sabe nada sino lo que alcanza a ver por las ventanas de la dicha cárcel, y si por allí no viese nada, no vería por otra parte. Y así, el alma, si no es lo que por los sentidos se le comunica, que son las ventanas de su cárcel, naturalmente por otra vía nada alcanzaría.

               De donde, si lo que puede recibir por los sentidos ella lo desecha y niega, bien podemos decir que se queda como a oscuras y vacía; pues, según parece por lo dicho, naturalmente no le puede entrar luz por otras lumbreras que las dichas. Porque, aunque es verdad que no puede dejar de oír, y ver, y oler, y gustar, y sentir, no le hace más al caso ni le embaraza más al alma, si lo niega y lo desecha, que si no lo viese ni lo oyese, etc. Como también el que quiere cerrar los ojos quedará a oscuras, como el ciego, que no tiene potencia para ver. Y así, al propósito habla David (Sal. 87, 16), diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus a iuventute mea; que quiere decir: Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro que era rico, porque no tenía en la riqueza su voluntad, y así era tanto como ser pobre realmente, mas antes, si fuera realmente pobre y de la voluntad no lo fuera, no era verdaderamente pobre, pues el ánima estaba rica y llena en el apetito. Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella. 

               Esta primera manera de noche, como después diremos, pertenece al alma según la parte sensitiva, que es una de las dos que arriba dijimos, por las cuales ha de pasar el alma para llegar a la unión. Ahora digamos cuánto conviene al alma salir de su casa en esta noche oscura de sentido para ir a la unión de Dios.



lunes, 19 de septiembre de 2022

LA SALETTE, AVISO DEL FINAL DE LOS TIEMPOS

 

 

...Lo dijo Nuestra Señora en La Salette y lo vemos cumpliéndose ahora a grandes pasos. 
Por nuestra parte lo hemos dicho siempre… Fruto innegable de las reformas del anómalo 
Concilio Vaticano II y de las reformas de los Papas posteriores, la Fe se ha perdido en masa. 
La Gran Apostasía, es perfectamente visible. 

Fabián Vázquez, Director de Radio Cristiandad 
(+ 24 Febrero de 2015)



               La Aparición de La Salette fue aprobada oficialmente por el Obispo de la Diócesis, y reconocida por el Papa Pío IX. El 19 de septiembre de 1851, (quinto aniversario de la aparición), Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo de la Diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que se podía leer: "Juzgamos que la Aparición de la Santísima Virgen a dos pastores el 19 de Septiembre de 1846, en la Parroquia de La Salette, Arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera y los Fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la Aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. (...) Por tanto prohibimos a los Fieles y Sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos."

              El 24 de Agosto de 1852, el Papa Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de Septiembre se fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermandad Misionera de La Salette, los Saletinos, cuyos frutos fueron muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. 

               Más tarde, el Papa León XIII elevó el Santuario de La Salette al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de "Nuestra Señora de La Salette", efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. 

               Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximino. El Secreto dado a Melanie fue publicado en 1879, con imprimátur del Obispo de Lecce.

               La Santísima Virgen clarifica en La Salette los Últimos Tiempos, y hace una llamada a los verdaderos imitadores de Su Hijo, a los "Apóstoles de los Últimos Tiempos", que ayudarán al triunfo definitivo de Jesucristo, cuando la Santa Iglesia volverá a ser piadosa, fuerte, humilde e imitadora de las virtudes de Jesucristo... "llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo."

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domingo, 18 de septiembre de 2022

LX ANIVERSARIO DE TERESA NEUMANN, LA ESTIGMATIZADA DE BAVIERA

 



               Un día después de la Estigmatización del Seráfico San Francisco de Asís, quiso la Divina Providencia que tuviera lugar la muerte de este mundo, para entrar a la Vida Eterna, de Teresa Neumann, Mística e hija de San Francisco en calidad de Terciaria de la Orden Franciscana.

               Teresa Neumann nació el 8 de Abril de 1898 en Konnersreuth, en la región norte de Baviera, Alemania; hija de un modesto sastre, siendo la primogénita de once hermanos. Teresa se empleó desde los catorce años en una granja  para aliviar la maltrecha economía familiar. 


SU PARTICULAR AMISTAD CON SANTA TERESITA

               Era muy devota de Santa Teresita del Niño Jesús y por eso se encomendaba con frecuencia a la Santa de Lisieux, a quien tomó por compañera y madrina espiritual, sintiendo su intercesión en varias ocasiones; cuando Teresa Neumann era una muchacha sufrió dos graves caídas que la dejarían prácticamente inválida, pero justo en los días en que Santa Teresita era sucesivamente beatificada y canonizada, Teresa Neumann, por su intercesión era sanada.

               Durante un incendio en un granero efecto Teresa se empeñó a fondo junto a sus vecinos para ayudar a extinguir el fuego, pero la joven sufrió una caída que le causaría una extraña enfermedad provocada por una luxación en la espina dorsal. Tenía veintiún años de edad y aquello solo era el comienzo de todos sus padecimientos posteriores que la tuvieron postrada en la cama muchísimos años, como una perfecta Alma Víctima: quedo casi inválida, ciega y hasta sorda; sus familiares la trasladaron a la buhardilla de la casa, esperando un fatal desenlace en cualquier momento. 

                Sin embargo, el Cielo tenía otros planes para la joven Teresa; el día de la Beatificación de Santa Teresa de Lisieux (29 de Abril de 1923) tiene una aparición de la Santa. Cinco días más tarde recobra la vista después de transcurridos cuatro años sin poder ver. 

               Dos años más tarde, el 17 de Mayo de 1925, mientras en Roma el Pontífice canonizaba a Santa Teresita del Niño Jesús, la joven Teresa Neumann vuelve a tener otra visión de la Santa de las rosas y es capaz de sentarse en la cama para luego echar a andar ante la mirada de su familia, que solo supo dar gracias a Dios ante el evidente Milagro, que fue comprobado por el Padre Naber, Párroco, y demás amigos de Teresa que habían sido testigos de su enfermedad. 

               Unos meses más tarde, en Noviembre de 1925, Teresa cae nuevamente enferma, siendo una apendicitis el motivo de sus sufrimientos. Una vez más la intercesión de Santa Teresita la libera de una operación quirúrgica que los médicos veían necesaria para no morir. Santa Teresita le revelará que mediante sus continuos padecimientos salvará muchas almas, preparándola así para el sacrificio mayor que se aproximaba.

LOS SAGRADOS ESTIGMAS EL VIERNES SANTO DE 1926

               Desde el 26 de Marzo de 1926, vísperas de la Pascua de Resurrección, Teresa tenía veintiocho años y nada la hacía sospechar que reviviría en su cuerpo los Santos Estigmas de la Crucifixión; así, cada Viernes, Teresa sufriría místicamente la Pasión de Cristo, que se manifestarían exteriormente en forma de estigmas sangrantes y lacrimaciones de sangre (raro fenómeno del que aparte del caso de Teresa Neumann solo se conoce el de la Mística Rosa María Andriani); los estigmas jamás se cerraron, incluso después de morir, en su cuerpo inerte se pudieron ver y fotografiar las santas heridas.

               Durante la Pasión ocurrían fenómenos extraordinarios como pérdida de peso, que después recuperaba rápidamente, visiones premonitorias, bilocaciones, hablaba griego, arameo y latín de los interrogatorios de Cristo (confirmado una y otra vez por todos los lingüistas independientes que la visitaban a menudo) y luego de la abundante pérdida de sangre, una fulminante recuperación física que no se hacía esperar el domingo por la mañana.

               A partir del 5 de Noviembre de 1926 aparecieron también los estigmas de la flagelación, del hombro y de la corona de espinas; como heridas místicas, jamás pudieron se cerraban ni sufrían de ulceraciones o infecciones. Estas heridas serían motivo de curiosidad y de fervor y supuso la visita de más de cuarenta mil personas al pequeño pueblo de Konnersreuth para admirar los estigmas de Teresa Neumann; muchos de aquellos curiosos que se aceraron a conocer a Teresa volvieron a la práctica religiosa tras años de mediocridad espiritual, o como la conversión de un joven judío, que no quiso demorar su conversión a la Verdadera Fe y se hizo bautizar en el mismo pueblo.




               El Padre Gemelli, Sacerdote franciscano y Rector de la Universidad de Milán había examinado los estigmas del Padre Pío, y fue enviado por orden de la Santa Sede, a estudiar el caso de Teresa Neumann, certificando poco después que no había en ella ningún rasgo histérico y que aquellos fenómenos no tenían explicación natural.

VISIONES MÍSTICAS DE LA VIDA DE CRISTO

                Además de las Visiones semanales de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, Teresa Neumann fue favorecida con estas otras: la del Nacimiento de Jesús la tuvo durante la noche de Navidad del año 1926; la de la Encarnación, el día 25 de Marzo de 1927; el día 6 de Agosto de 1926, tuvo la Visión de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor...


LOS DONES DE LA HIEROGNOSIS Y LA INEDIA EN TERESA NEUMANN

               Desde 1922 su única comida consistía en la Sagrada Eucaristía (rechazando instintivamente la muchas formas no consagradas que le ponían delante para probarla, y donde quedó manifiesto que el Señor la había bendecido con el don de la hierognosis, mediante el cual se puede distinguir lo divino, lo bendito de lo profano). 

               No fueron pocas las ocasiones en que al recibir la Sagrada Comunión entraba en éxtasis, incluso desde el momento en que el Sacerdote rezaba la fórmula Ecce Agnus Dei; en esos momentos, el rostro de Teresa se transformaba, iluminándose e impregnándola de una belleza angelical.

               El Obispo Diocesano de Ratisbona nombró una comisión formada por médicos y religiosas bajo juramento y las muchas comisiones laicas que le hicieron seguimientos exhaustivos, y que confirmaron punto por punto que no había trampa alguna, siendo absolutamente cierto que vivía exclusivamente de la Sagrada Eucaristía. Teresa, en contra de toda lógica científica, mantuvo siempre su peso normal, alrededor de 60 kilogramos; su tez aparecía siempre sonrosada y su carácter desenfadado y bromista hacía reír con frecuencia a cuantos la visitaban.




TERESA NEUMANN Y LOS NAZIS

              El fenómeno de la inedia fue también confirmado por la misma burocracia del Tercer Reich Alemán: en 1939 estalló la II Guerra Mundial e impusieron a la población un racionamiento que acabaría durando hasta finales de 1947. A partir de aquel momento, todos los alemanes tuvieron que adaptar el ritmo de sus vidas a una cartilla anual... excepto una persona: Teresa Neumann, a quien - ante la evidencia de que ni bebía ni comía- le fue inmediatamente retirada la cartilla por las autoridades nazis. Obtuvo en cambio la asignación de doble ración de jabón, dada la cantidad de ropa ensangrentada que había que lavar tras sus azarosos fines de semana. La GESTAPO, policía secreta alemana, la vigiló de cerca, e ella, su familia y al Párroco y Confesor de Teresa. 

               El fenómeno de la inedia, que se caracteriza por el sostenimiento del cuerpo sin necesidad de ingerir alimentos, tan solo la Sagrada Comunión, se prolongó en Teresa Neumann durante cuarenta años, siendo constatado por diversos facultativos del Reich alemán, que no eran precisamente simpatizantes con la figura de la Estigmatizada de Baviera.

MUERTE E INCORRUPCIÓN

               El 18 de Septiembre de 1962, hace hoy sesenta años, tras una vida llena de fenómenos inexplicados relacionados en su mayoría con la estigmatización, Teresa Neumann fallece víctima de un ataque cardíaco. Tras cinco días de ser expuesto su cadáver, sin tratamiento alguno para preservarlo, éste no muestra síntomas de descomposición ni rigidez.




sábado, 17 de septiembre de 2022

ESCLAVOS MILITANTES DE UNA REINA EN GUERRA, por Plinio Corrêa de Oliveira

   

               Hay un primer aspecto de la Realeza de Nuestra Señora que se refiere a la que es ejercida por Ella en el Cielo. Esa realeza consiste en que la Santísima Virgen fue exaltada por encima de todos los santos y los Ángeles, sobre los cuales posee un verdadero imperio. 

               No debemos entender esa soberanía como la de una reina madre terrena, que por ser madre del rey goza de una situación eminente en la corte, pero no posee el poder de mando. María Santísima, al contrario, fue instituida Reina de toda la Creación, y Dios le dio, de hecho, el gobierno del universo, del que hace parte el dominio sobre los espíritus celestes, de manera que los Ángeles, aunque superiores a Ella por naturaleza, le obedecen haciendo su voluntad en todo.




               Así, María es verdaderamente la Reina de los Ángeles y de los Santos, como también del género humano y de la Iglesia Católica. No hay en la creación absolutamente nada que no esté colocado bajo del cetro de Nuestra Señora.

               En la tierra, la realeza de María se ejerce principalmente en cuanto siendo Ella la Medianera de todas las gracias. Una vez que es Madre de Jesucristo, todos los pedidos suben hasta Dios por medio de Ella, y todos los favores y dones nos vienen de Dios por su intermedio. La Santísima Virgen posee la omnipotencia suplicante, pues por sus súplicas consigue absolutamente todo cuanto quiere, y nunca se oyó decir que un pedido de Ella no fuese plenamente atendido.

               Todo eso hace de la Santa Virgen María la verdadera Reina. Ese es el título por el cual nos consagramos a Ella como esclavos, que constituye un conjunto de atributos según los cuales Ella merece, de hecho, nuestra incondicional obediencia.

               Por consiguiente, la restauración de la realeza de Cristo en el mundo es la restauración del reinado de María. Sin embargo, como en todas las épocas de la Historia de la Iglesia hay algunas verdades que brillan más que otras, esa realeza de Nuestra Señora se ha explicitado mucho, y cada vez más, a partir de San Luis Grignión de Montfort hasta Fátima, donde Ella anunció: “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”. Si María triunfa, evidentemente como triunfadora reinará, pues uno de los títulos por los cuales una persona es investida legítimamente de la realeza es la conquista en una guerra justa.

               Nuestra Señora anuncia un título nuevo para Su Reino: Ella vencerá, es el talón de Ella que, una vez más, aplastará la cabeza de la serpiente, quebrará el dominio del demonio e implantará el Reinado de Su Sapiencial e Inmaculado Corazón.

               Por lo tanto, el sentido de nuestra consagración a María es de no hacer ni un solo acto que no tenga en vista restablecer el Reinado de esta Soberana Señora, haciéndola triunfar, aplastando las fuerzas de la Revolución. Nuestra posición es de esclavos militantes de una Reina que está en guerra y a quien debemos defender contra sus adversarios, luchando continua e incesantemente hasta que venga el Reino de María.

               En la actual era histórica, la autenticidad de esa consagración se pone en estos términos: luchar por la Virgen, suplicándole las fuerzas necesarias para llevar esa lucha hasta el fin.

          


viernes, 16 de septiembre de 2022

LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. VIGÉSIMA PRIMERA HORA: Segunda Hora de Agonía en la Cruz

               

"...quien piensa siempre en Mi Pasión 
forma en su corazón una fuente, 
y por cuanto más piensa tanto más 
esta fuente sea grande, y como las aguas 
que brotan son comunes a todos, 
esta fuente de Mi Pasión que se forma 
en el corazón sirve para el bien del alma, 
para gloria Mía y para bien de las criaturas." 


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Picarretta, 
el 10 Abril de 1913


Preparación antes de la Meditación 


               Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz. 

               Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora...(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir. 

               Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar. 

               Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo...




DE LA 1 A LAS 2 DE LA TARDE 

VIGÉSIMA PRIMERA HORA 

Segunda Hora de Agonía en la Cruz

                 Encadenado bien mío, Crucificado Amor mío, mientras oro contigo, la fuerza raptora de tu amor y de tus penas mantiene mi mirada fija en ti, pero el corazón se me rompe viéndote tanto sufrir... Tu deliras de amor y de dolor, y las llamas que abrasan tu Corazón se elevan tanto que están en acto de devorarte, reduciéndote a cenizas. Tu Amor reprimido es más fuerte que la misma muerte, y Tú queriendo desahogarlo, mirando al ladrón que está a Tu derecha, se lo robas al Infierno, con Tu gracia le tocas el corazón y ese ladrón se siente todo cambiado, te reconoce y te confiesa como Dios, y lleno de contrición te dice: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en el reino”, y Tú no vacilas en responderle: “Hoy estarás Conmigo en el Paraíso” y haces de él el primer triunfo de tu amor. Pero veo que en tu amor no solamente al ladrón le robas el corazón, sino también a tantos moribundos. Ah, Tú pones a su disposición tu Sangre, tu amor, tus méritos, y usas todos los artificios y estratagemas divinas para tocarles el corazón y robarlos todos para ti... Pero también aquí tu amor se ve obstaculizado... ¡Cuántos rechazos, cuántas desconfianzas, cuántas desesperaciones! Y es tan grande tu dolor, que de nuevo te reduce al silencio... Quiero reparar, oh Jesús mío, por aquellos que desesperan de la divina Misericordia en el momento de la muerte... 

               Dulce amor mío, inspírales a todos fe y confianza ilimitada en ti, especialmente a aquellos que se encuentran entre las angustias de la agonía, y en virtud de esta Palabra tuya concédeles luz, fuerza y ayuda para poder morir santamente y volar de la tierra al Cielo. En tu santísimo cuerpo; en tu Sangre, en tus llagas contienes a todas las almas, a todas, oh Jesús, así pues, por los méritos de tu preciosísima Sangre, no permitas que ni siquiera una sola alma se pierda. Que tu Sangre aún hoy les grite a todas, juntamente con tu Palabra: “Hoy estaréis conmigo en el Paraíso”. 

               Crucificado Jesús mío, tus penas aumentan cada vez más. Ah, sobre esta Cruz Tú eres el verdadero Rey de los Dolores, y en medio de tantas penas no se te escapa ningún alma, sino que le das tu Vida a cada una. Pero tu amor se ve resistido por las criaturas, despreciado, no tomado en cuenta, y al no poder desahogarse, se hace cada vez más intenso y te procura indecibles torturas; y en estas torturas va ideando qué más puede dar al hombre para vencerlo, y te hace decir: “¡Mira, oh alma, cuánto te he amado! ¡Si no quieres tener piedad de ti misma, ten piedad al menos de mi amor!”

               Entre tanto, viendo que no tienes ya nada más que darle, pues ya te has dado todo, vuelves tu mirada agonizante a tu Mamá... También Ella está más que agonizante por causa de tus penas, y es tan grande el amor que la tortura que la tiene crucificada a la par contigo... Madre e Hijo os comprendéis..., entonces Tú suspiras con satisfacción y te consuelas viendo que puedes dar tu Mamá a la criatura; y considerando en Juan a todo el género humano, con voz tan tierna que enternece a todos los corazones dices: “MUJER, HE AHÍ A TU HIJO” y a Juan: “HE AHÍ A TU MADRE”. 

               Tu voz desciende en su Corazón materno y juntamente con las voces de tu Sangre continúas diciéndole “Madre mía, te confío a todos mis hijos; todo el amor que me tienes a Mí, tenlo para cada uno de ellos; todos tus cuidados y ternuras maternas sean también para cada uno de mis hijos... Tú me los salvarás a todos.” La Mamá acepta... Pero son tan intensas tus penas, que de nuevo te reducen al silencio... Oh Jesús mío, quiero reparar por las ofensas que se le hacen a la Santísima Virgen, por las blasfemias e ingratitudes de tantos que no quieren reconocer los beneficios que nos has hecho a todos, dándonosla por Madre... ¿Cómo podremos agradecerte por tan gran beneficio? 

               Recurro a ti mismo, oh Jesús mío, y en agradecimiento te ofrezco tu misma Sangre, tus llagas y el amor infinito de tu Corazón... -Oh Mamá santa, ¿cuál no es tu conmoción al oír la voz de tu Hijo, que te deja como Madre de todos nosotros? Yo te doy las gracias, Virgen bendita, y para agradecerte como mereces te ofrezco la misma gratitud de tu Jesús. Oh dulce Mamá, sé Tú nuestra Madre, tómanos a tu cargo y no dejes que jamás te ofendamos en lo más mínimo; mantennos siempre estrechados a Jesús y con tus manos átanos a todos, a todos a El, de modo que nunca más podamos huir de El. Con tus mismas intenciones quiero reparar por todas las ofensas que se hacen a tu Jesús y a ti, dulce Mamá mía... 

               Oh Jesús mío, mientras continúas inmerso en tantas penas, abogas aun más por la causa de la salvación de las almas; y yo por mi parte no me quiero quedar indiferente, sino que quiero recorrer tus llagas, besarlas, curarlas y sumergirme en tu Sangre, para poder decir junto contigo: “¡Almas, almas!”. Y quiero sostener tu cabeza traspasada y dolorida para repararte y pedirte misericordia, amor y perdón para todas. Cuarta Palabra Penante Jesús mío, mientras me estoy abandonada y estrechada a tu Corazón numerando tus penas, veo que un temblor convulsivo invade tu santísima Humanidad; tus miembros se debaten como si quisieran separarse unos de otros, y entre contorsiones por los atroces espasmos, gritas fuertemente: “DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”. Ante este grito, todos tiemblan, las tinieblas se hacen más densas, y la Mamá petrificada palidece y casi se desmaya. 

               ¡Vida mía y Todo mío! ¡Jesús mío! ¿Qué veo? Ah, estás próximo a la muerte, y aun las mismas penas, tan fieles a ti, están por dejarte; y entre tanto, después de tanto sufrir, ves con inmenso dolor que no todas las almas están incorporadas en ti; por el contrario, ves que muchas se perderán, y sientes su dolorosa separación como si se arrancaran de tus miembros... Y Tú, debiendo satisfacer a la Divina Justicia también por ellas, sientes la muerte de cada una y hasta las penas mismas que sufrirán en el infierno, y gritas con fuerza a todos los corazones: “¡No me abandonéis! Si queréis que sufra más penas estoy dispuesto, pero no os separéis de mi Humanidad. ¡Este es el dolor de los dolores, ésta es la muerte de las muertes! ¡Todo lo demás me sería nada si no sufriera vuestra separación de Mi! ¡Ah, piedad de mi Sangre, de mis Llagas, de mi muerte! ¡Este grito será continuo en vuestros corazones: ¡Ah, no me abandonéis!”. 

               Amor mío, cuánto me duelo junto contigo... Te asfixias; tu santísima cabeza cae ya sobre tu pecho; la vida te abandona... Amor mío, me siento morir... Pero también yo quiero gritar contigo: ¡Almas, almas! No me separaré de esta Cruz y de estas llagas tuyas, para pedirte almas; y si Tú quieres, descenderé en los corazones de las criaturas, los rodearé con tus penas para que no se me escapen, y si me fuese posible quisiera ponerme a la puerta del infierno para hacer retroceder a las almas que quieren ir ahí y conducirlas a tu Corazón. Pero Tú agonizas y callas, y yo lloro tu cercana muerte... 

               Oh Jesús mío, te compadezco, estrecho tu Corazón fuertemente al mío, lo beso y lo miro con toda la ternura de que ahora soy capaz, y para procurarte un alivio mayor, hago mía la ternura divina y con ella quiero compadecerte, con ella quiero convertir mi corazón en un río de dulzura y derramarlo en el tuyo, para endulzar la amargura que sientes por la pérdida de las almas... Es en verdad doloroso este grito tuyo, oh Jesús; más que el abandono del Padre, es la pérdida de las almas que se alejan de ti, lo que hace escapar de tu Corazón este doloroso grito. 

               Oh Jesús mío, aumenta en todos la Gracia, para que nadie se pierda, y que mi reparación sea a favor de aquellas almas que habrían de perderse, para que no se pierdan. Te ruego además, oh Jesús mío, por este extremo abandono, que des ayuda a tantas almas amantes, que por tenerlas de compañeras en tu abandono, parece que las privas de ti, dejándolas en tinieblas. Que sus penas sean, oh Jesús, como voces que llamen a todas las almas a tu lado y te alivien en tu dolor.

               


Ofrecimiento después de Cada Hora

 

                Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos...

               Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”. 

               Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias...

               Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti. 

               Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. 

               Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer... 


LAS HORAS DE LA PASIÓN cuenta con aprobación eclesiástica:
Imprimatur dado en el año 1915 por Mons. Giuseppe María Leo,
Arzobispo de Trani-Barletta-Bisciglie, y con Nihil Obstat 
del Canónigo Aníbal María de Francia





jueves, 15 de septiembre de 2022

MIRA MI DOLOR E IMÍTAME EN LO QUE PUDIERES

  

“Miro ahora a todos los que viven en el mundo por ver 
si hay quien se compadezca de Mí y medite en Mi Dolor; 
mas hallo poquísimos que piensen en Mi tribulación 
y padecimientos. Y así tú, hija, no me olvides, aunque 
soy olvidada y menospreciada por muchos, 
mira Mi dolor e imítame en lo que pudieres. 
Considera Mis angustias y lágrimas, 
y duélete de que sean pocos los amigos de Dios”

Revelación de Nuestra Señora a Santa Brígida de Suecia



               Laméntase Jesús, por boca de Salmista, que estando para morir en la Cruz buscaba quien le consolase y no lo halló. Esperé, dice, que alguno se condoliese de mí, más nadie lo hizo (1). En las agonías de la Cruz, Jesús era maldecido y blasfemado por judíos y romanos. Junto a la Cruz de Cristo estaba también María, que, de haber podido, le hubiera proporcionado algún alivio; pero el dolor de esta afligida y amorosa Madre contribuía a aumentar las penas del Hijo, que tanto la amaba. De modo que, como dice San Bernardo, "las penas de María, al desbordar de Su Corazón, iban a inundar de amargura el Corazón de Jesús" (2) de tal manera, que el Redentor, al contemplar a María tan angustiada, sería atravesada Su Alma más por los dolores que padecía Su Madre que por los Suyos propios. Por esto dice San Bernardo "Oh Buen Jesús, grandes dolores padecéis en el cuerpo; pero los padecéis mayores en el Corazón, espejo de angustias de Vuestra Madre (3)

                 ¡Qué amarguras debieron inundar los amantes Corazones de Jesús y de María cuando Jesús, antes de expirar, tuvo que despedirse de Su Madre! He aquí las últimas palabras de despedida que Jesús dirigió a María: "Mujer, ahí tienes a Tu hijo"; y le señaló a Juan para que le recibiese en Su lugar por hijo.

                ¡Oh Reina de los Dolores! las recomendaciones de un hijo moribundo a quien ama entrañablemente se tienen en tan grande estima, que jamás se caen de la memoria de una madre. Acordaos pues, que Vuestro Hijo, que tanto os amaba, os dejó por hijo, en la persona de Juan, a este pobre pecador que yace postrado a vuestros pies. Por el amor que tenéis a Jesús, compadeceos de mí. Yo no os pido bienes de la tierra; pues al ver a Vuestro Hijo que muere por mí agobiado de dolores, al veros a Vos, Santísima Madre mía, que por mí sobrelleváis tantos trabajos; al considerar que por mis pecados merecía estar sepultado en el infierno, y que, esto no obstante, nada he padecido por Vuestro amor, quiero sufrir por Vos algún trabajo antes de morir. 

                Esta gracia os pido diciéndoos con San Buenaventura "¡Oh Señora!, si os he ofendido, herid mi corazón en justo castigo de mi culpa; y si os he amado, os pido en justa recompensa que hiráis mi corazón".

               Alcanzadme, oh María, grande devoción y continuo recuerdo de la Pasión de Vuestro Hijo. Y por las angustias que padecisteis al verlo expirar en la Cruz, alcanzadme una buena muerte. Asistidme, Reina mía, en aquel angustioso trance y concededme la gracia de morir amando y pronunciando los Santísimos Nombres de Jesús y de María.


San Alfonso María de Ligorio
El Amor del Alma


NOTAS ACLARATORIAS


   1- Salmo 68, vers. 21

   2- Il Martirio del Cuore di Maria. Siniscalchi

   3- Vida de Jesucristo, por Ludolfo de Sajonia



¿CÓMO PODEMOS CONSOLAR A NUESTRA SEÑORA?

             Muy fácil: basta con tomar apenas diez minutos cada día. Leer y meditar de en uno en uno los Siete Dolores de la Virgen Santa, desde la Profecía del anciano Simeón hasta aquél momento de dolor inenarrable como fue el de Nuestra Señora cuando vio a s Hijo muerto, colocado en el sepulcro. Creo que por mucho que meditemos, jamás lograremos adentrarnos por completo en el drama de la María Santísima.

             Si a la meditación de los Siete Dolores, le añadimos la recitación lenta de un Avemaría después del enunciado de cada uno de Sus Dolores, tengamos por seguro que estamos ofreciendo una óptima reparación a la que es Medianera de todas las gracias entre Dios y los hombres.



miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

"Nos autem gloriari opórtet 
in Cruce Dómini nostri Iesu Christi"

"Debemos gloriarnos 
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14

   


              El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


              De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

              La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

             El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


             Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


              A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 


              El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.




               Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

               Fue Santo Toribio de Astorga, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la Cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.



martes, 13 de septiembre de 2022

SUBIDA AL MONTE CARMELO, por San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Parte III

 

"...en una noche oscura, que es la privación 
y la purgación de todos sus apetitos sensuales 
acerca de todas las cosas exteriores del mundo 
y de las que eran deleitables a su carne, 
y también de los gustos de su voluntad..."



CANCIÓN PRIMERA

 En una noche oscura, 
con ansias, en amores inflamada, 
¡oh dichosa ventura! 
salí sin ser notada 
estando ya mi casa sosegada.


               En esta primera canción canta el alma la dichosa suerte y ventura que tuvo en salir de todas las cosas afuera, y de los apetitos e imperfecciones que hay en la parte sensitiva del hombre, por el desorden que tiene de la razón. Para cuya inteligencia es de saber que, para que una alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma, y aquí las llamamos noches, porque el alma, así en la una como en la otra, camina como de noche, a oscuras.

               La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del alma, de la cual se trata en la presente canción, y se tratará en la primera parte de este libro. Y la segunda es de la parte espiritual, de la cual habla la segunda canción que se sigue; y de esta también trataremos en la segunda y tercera parte, cuanto a lo activo; porque, cuanto a lo pasivo, será en la cuarta. Y esta primera noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu, según diremos a su tiempo. Y la segunda noche o purificación pertenece a los ya aprovechados, al tiempo que Dios los quiere ya poner en el estado de la unión con Dios; y esta es más oscura y tenebrosa y terrible purgación, según se dirá después. 

DECLARACIÓN DE LA CANCIÓN

               Quiere, pues, en suma, decir el alma en esta canción que salió - sacándola Dios- sólo por amor de Él, inflamada en su amor, en una noche oscura, que es la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo y de las que eran deleitables a su carne, y también de los gustos de su voluntad. Lo cual todo se hace en esta purgación del sentido. Y, por eso, dice que salía, estando ya su casa sosegada, que es la parte sensitiva, sosegados ya y dormidos los apetitos en ella, y ella en ellos. Porque no se sale de las penas y angustias de los retretes de los apetitos hasta que estén amortiguados y dormidos. Y esto dice que le fue dichosa ventura, salir sin ser notada, esto es, sin que ningún apetito de su carne ni de otra cosa se lo pudiese estorbar. Y también porque salió de noche, que (es) privándola Dios de todos ellos, lo cual era noche para ella. Y esto fue dichosa ventura, meterla Dios en esta noche, de donde se le siguió tanto bien, en la cual ella no atinara a entrar, porque no atina bien uno por sí solo a vaciarse de todos los apetitos para venir a Dios. 

               Esta es, en suma, la declaración de la canción. Y ahora nos habremos de ir por cada verso escribiendo sobre cada uno, y declarando lo que pertenece a nuestro propósito. Y el mismo estilo se lleva en las demás canciones, como en el prólogo dije, que, primero, se pondrá cada canción y se declarará, y después, cada verso.


En una noche oscura


               Por tres cosas podemos decir que se llama noche este tránsito que hace el alma a la unión de Dios. La primera, por parte del término de donde el alma sale, porque ha de ir careciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas; la cual negación y carencia es como noche para todos los sentidos del hombre. 

               La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión, lo cual es la Fe, que es también oscura para el entendimiento, como noche. 

               La tercera, por parte del termino adonde va, que es Dios, el cual, ni más ni menos, es noche oscura para el alma en esta vida. Las cuales tres noches han de pasar por el alma, o, por mejor decir, el alma por ellas, para venir a la divina unión con Dios. En el libro del santo Tobías (cap. 6, vers. 18-22) se figuraron estas tres maneras de noches por las tres noches que el ángel mandó a Tobías el mozo que pasasen antes que se juntase en uno con la esposa. En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en el fuego, que significa el corazón aficionado y apegado a las cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de quemar y purificar todo lo que es criatura con el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y temporales. 

               En la segunda noche le dijo que sería admitido en la compañía de los Santos Patriarcas, que son los padres de la Fe. Porque pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola en Fe (no como excluye la caridad, sino las otras noticias del entendimiento -como adelante diremos-) que es cosa que no cae en sentido. 

               En la tercera noche le dijo el ángel que conseguiría la bendición, que es Dios, el cual, mediante la segunda noche, que es Fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comunicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comunicación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa que es la Sabiduría de Dios. Como también el ángel dijo a Tobías que, pasada la tercera noche, se juntaría con su esposa con temor del Señor; el cual temor de Dios cuando está perfecto, está perfecto el amor, que (es) cuando se hace la transformación por amor del alma (con Dios). 

               Estas tres partes de noche todas son una noche; pero tiene tres partes como la noche. Porque la primera, que es la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba de carecer del objeto de las cosas. Y la segunda, que es la Fe, se compara a la media noche, que totalmente es oscura. Y la tercera, al despidiente, que es Dios, la cual es ya inmediata a la luz del día. Y, para que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas causas de por sí.



lunes, 12 de septiembre de 2022

EL DULCE Y SANTO NOMBRE DE MARÍA

   


               Así como después de Navidad se celebra la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, tras celebrar la Natividad de Nuestra Señora, es muy conveniente que honremos ahora el Santísimo Nombre de María, que parece significar "la Amada de Dios", tanto por su destino como Madre del Altísimo como por sus grandes y perfectas virtudes.

               San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la Devoción al Dulce Nombre de María; para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor Su excelencia, Sus grandezas y Su alta dignidad, que el Nombre de María. 

               También otros Santos como Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María y se constituyeron en resueltos propagadores de esta hermosa Devoción.

               La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca, después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca. El Papa Inocencio XI decretó el 25 de Noviembre del año 1683, que toda la Iglesia Católica celebrara solemnemente la fiesta del Nombre de María Nuestra Señora.



               Si de veras quieres ser devoto de la Virgen sólo invócala a diario con la misma oración con la que la saludó el Arcángel San Gabriel: el Avemaría. La llamamos así porque en su fórmula en latín comienza así Ave María gratia plena, Dóminus tecum...

              En esta sencilla súplica acude con el corazón a Nuestra Señora, es especial en los momentos de dolor y haz hincapié cuando pronuncies el "ahora..." porque Ella es presente en tu vida, en ese "ahora" que tienes tal problema de dinero, en ese "ahora" que te falta la salud... La Virgen es Nuestra Madre, pero también es Reina y Señora, por eso cuando reces, cuando a Ella te dirijas, hazlo con amor y confianza, pero también con el respeto que merece el pronunciar Su Dulce Nombre y encomendarnos a Su intercesión poderosa.

               El Avemaría lo puedes saborear mejor si lo rezas con el Ángelus, la salutación que nuestros padres y abuelos dedicaban a la Virgen tres veces al día y que te recomiendo hacer, por lo sencilla que es y por las muchas gracias e indulgencias que puedes obtener.

               "...cuando en la tarde suena el Ave María haced que desde entonces en adelante os arrodilléis, quitándoos la capucha por amor a Ella, rogándole, por último, que nos conceda aquello de que tenemos necesidad. Y digo que le hagáis esta reverencia tanto si estuvierais fuera de casa como si estuvierais en casa. Y lo digo tanto a vosotras mujeres como a los hombres; haced que este nombre de María lo tengáis en reverencia y devoción... 

               Y para que sepas cómo Ella no es ingrata cuando tú la saludas, aunque no le ruegues, Ella se vuelve hacia ti, recibiendo tus palabras con el mismo afecto que las dices; y si tú le ruegas con reverencia y fe ¿qué crees que Ella hace? Astitit Regina a destris tuis. "Está la Reina Madre de Dios a tu derecha y ruega por ti."


San Bernardino de Siena