Nació por el año 1305 de una familia muy pobre en el Périgord, en la Diócesis de Sarlat, Francia. Muerto su hermano, para no agravar más aún la miseria familiar abandonó a sus padres y hermanita y, siendo aún muy joven, se retiró a Monpazier donde se puso al servicio de una familia y a la vez asistía a la escuela. Vivía de limosna y a la vez enseñaba a los más pequeños.
Así vivió hasta la edad de veinte años en que lo descubrió el Prior de los Carmelitas de aquella villa y se lo llevó al convento donde estudió en un colegio que ellos tenían allí. Poco después el Prior de Bergerac se lo llevó a su convento donde Pedro Tomás tomó el hábito de carmelita y después de varios años de estudio de Filosofía y Teología se ordenó Sacerdote.
La Virgen María le socorrió en su extrema pobreza y pasó a estudiar y a enseñar a uno y otro convento como los de Burdeos, Albi, Agen y París donde unos años después consiguió, con gran brillantez, el Bachillerato en Teología.
Estando de Lector en el convento de Cahors y predicando durante unas rogativas obtuvo "una lluvia milagrosa".
El 15 de Mayo de 1345 fue elegido Procurador General de la Orden y fue enviado a la Curia Pontificia a Aviñón. A pesar de ser bastante deforme de cuerpo -tanto que a su Padre General le daba apuro presentarlo a los cardenales- pronto empezó a llamar la atención por su inteligencia, por su equilibrio en tratar las cuestiones, y sobre todo, por su gran virtud. Obtuvo el Magisterio en Teología y empezó a recibir distinciones de parte de la Curia Pontificia, siendo la primera el presidir el cortejo papal que trasladaba los restos mortales del Papa Clemente VI a la abadía de Chaise Dieu, predicando en las doce paradas que se hicieron durante el trayecto.
Desde este momento parece casi imposible la vertiginosa carrera que le esperaba a Pedro Tomás y las diferentes e importantes misiones que le fueron encomendadas. Sobre todo parece que tenía cualidades especiales para pacificar a los Príncipes y la Santa Sede o a aquellos entre sí. Muchas y muy delicadas misiones de este tipo le fueron encomendadas que sería largo enumerar y en todas ellas salió airoso y la Iglesia aumentó en su crédito ante los poderes seculares.
El 17 Noviembre de 1354 fue consagrado Obispo y nombrado Legado para Oriente y Patriarca de Constantinopla. Naciones enemistadas, diócesis con litigios, reyes y Papas que no se entendían... Allí acudía el Patriarca Pedro Tomás y la paz venía a llenar aquellos recelos, tiranteces y con frecuencia guerras mortales. Una cosa no toleraba nuestro santo: la herejía. Era intransigente con los herejes, y para darles ejemplo de que sería muy duro con ellos, hizo quemar públicamente en Creta los huesos de un hereje.
Fue el santo de la unión de los cristianos de su tiempo. Luchó con todas sus fuerzas por esta unión entre Católicos y "Ortodoxos" de Oriente en muy diversas misiones y consiguió frutos copiosos.
Siendo Procurador General de la Orden del Carmen, el día de Pentecostés de 1351, según la Tradición, consiguió de la Santísima Virgen la Promesa de que "su Orden del Carmen duraría para siempre". Fue siempre ésta, su devoción a la Virgen María, su nota peculiar y la extendía por todas sus correrías y apostolados.
Después de haber regentado el Patriarcado de Constantinopla con gran fruto para la Iglesia y deteriorado físicamente por su mucha penitencia y por su celo apostólico, murió santamente en Famagusta (Chipre) la noche de la Epifanía, 6 de Enero de 1366. Ese mismo año empezaba el Proceso de su Beatificación. En 1609, la Santa Sede autorizó la festividad de Pedro Tomás entre los Carmelitas, que fue confirmada por el Papa Urbano VIII en 1628.














